Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
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Los niños.
En su cuarto, Rodo destrozaba todo a su paso: libros volaban por el aire, ¡juguetes se estrellaban furiosamente contra las paredes! Gritos desgarradores se colgaban por los pasillos.
—¡Porque... porque soy yo el malo mientras ese bastardo es el inocente! —grita, con la voz rota por la rabia, al borde del colapso absoluto— Si me esforcé, si lo intenté... ¡pero aún así no logré nada! Mamá siempre dice que el dinero lo soluciona todo, pero ese estúpido niño no estuvo dispuesto a cederme su lugar... y mucho menos a cambiar nuestras pruebas a cambio del dinero que le ofrecí.
¿Entonces por qué soy yo el equivocado? ¡Si tan solo hubiera aceptado la propuesta, todos estaríamos felices ahora! Fue mamá quien me dijo que no hablaría del asunto con papá, fue ella quien me dijo que si ese niño no me escuchaba, lo obligaría a saber cuál era su lugar... ¡y ahora soy yo quien está pagando todo!
¿Ahora qué voy a hacer? ¡Me expulsaron y me mandaron a un estúpido psicólogo! Menos mal, papá tiene dinero y podrá limpiar mi historial. De igual manera, ¿de qué sirve estudiar tanto si después de todo yo voy a heredar el dinero que papá guarda cada mes? ¡Es estúpido hacer el esfuerzo si de todas formas voy a vivir bien!
Sí, todo estará bien como siempre lo ha estado. Mañana mamá volverá y convencerá a papá de solucionar este problema... y yo volveré a mi vida habitual. Conecto la consola y me pongo a jugar. Ni siquiera escucho cuando mi padre entra en la habitación. Me doy cuenta de su presencia cuando apaga la televisión de golpe con una expresión severa en su rostro.
—¡Hey! ¡Estaba a punto de ganar la partida!
—No tienes permitido usar nada hasta que subas todas tus notas y te disculpes con ese niño —dijo papá furioso, con una voz firme que no admite discusión.
—¡Ni en sueños! ¡Que se jodan! Eso le pasa por ser mejor que yo y yo estar dispuesto a hacerte a un lado como se lo ordené desde el comienzo.
Siento la fuerte cachetada en mi mejilla, ¡es la primera vez en mi vida que alguien me golpea! Me quedo helado, tocando la piel enrojecida, ardiente, mientras mi cabeza no entiende lo que acaba de suceder.
—¿Qué... qué... qué acabas de hacer? ¿ Acaso tu me golpeaste?
—Rodo, yo no permitiré que te conviertas en un mal hombre —dijo con la voz aún más endurecida, con los ojos llenos de un dolor que no logro entender del todo — Y si digo que ya no hay beneficios, es porque no los va a haber. No hasta que cambies esta actitud prepotente qué tienes y admitas tus errores y te disculpes por ellos como es debido.
—¡Papá, estás loco! ¿Cómo te atreves a golpearme? _ fue lo único que pude responder, no le había prestado atención a ninguna de sus palabras, solo al dolor de mi mejilla y al rencor en mi corazón al verme traicionado.
—Vives bajo mi techo, yo pago todos tus caprichos y lo único que te pido es que seas un buen estudiante —respondio, con una calma aterradora que me hizo retroceder de inmediato— Al ver que eres incapaz de hacer tu única responsabilidad, ya no tendrás nada de mí.
—¡No... no lo voy a permitir!
Veo cómo rompe el televisor y la consola frente a mis ojos, ¡lleno de un odio puro por su castigo! Los trozos de plástico y cristal se esparcen por el suelo como fragmentos de mi vida misma.
—Rodo, tienes solo 10 años, no eres un adulto y no vas a hacer lo que se te dé la gana — sentencia, con una seriedad escalofriante— Mañana irás y te disculparás con ese niño. Volverás a estudiar y sacarás las materias... y esto jamás volverá a pasar. O terminarás en la academia militar.
Ya no había escapatoria, era la primera vez que papá estaba así de enojado, era la primera vez que me gritaba y sin dudas la primera vez que me levantaba la mano. De seguir así de verdad me enviaría al reformatorio...
—¡Le diré a mamá lo que me hiciste! _ respondí con lágrimas en los ojos. - Ella jamás permitirá que te salgas con la tuya.
—No me importa y cuida tu boca qué yo soy tu padre — me respondió, caminando hacia la puerta, la sombra de su silueta llenando el umbral— Desde ahora las cosas van a cambiar aquí... y te aseguro que no te gustará nada si no cambias esa actitud que tienes.
Afuera Octavio se queda sentado en los escalones pensando en todo lo sucedido. En cómo estaba actuando ese niño.
Lo dejo recapacitando en su cuarto destrozado. Es increíble que ese dulce niño al que amo se esté convirtiendo en un rebelde. ¿Pero qué hay de ese pequeño? ¿Era verdad que Briella me dejó por alguien más e incluso formó una familia lejos de mí? Reconocí al niño de inmediato, fue el mismo con quien me choqué ese día en el hotel. Ahora entiendo por qué lo noté tan familiar.
Tiene sus ojos... y su sonrisa. Además de todo su carisma, tan educado que parece un pequeño caballerito. Sin duda se nota la dedicación y el amor que Briella le ha puesto al criarlo. Briella... algún día me dirás qué fue lo que pasó hace once años atrás... o viviré en la incertidumbre toda mi vida, cargando in peso que cada día se vuelve más abrumador e insoportable.
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En su cuarto, Leo lloraba aferrado a su almohada, sus sollozos apenas audibles, ahogados por la tela.
—Yo no quería que todo esto pasara... yo no quería darle tantos problemas a mamá —murmura, con la voz entrecortada— Debí haber aceptado el dinero que ese niño me ofreció y así todo esto no habría pasado. Pero eso era deshonesto... y mamá me enseñó a ser un niño bueno que no miente. Aun así, le mentí a ella al guardar silencio.
¿Ahora qué pasará? Mamá está sola y nadie la protege. En cambio, Rodo tiene a sus dos padres que lo aman... y seguro molestarán a mamá por lo sucedido. Me gustaría ya ser un adulto, así nadie molestaría o intimidaría a mi mami nunca más.
—Leo, ¿estás bien, cariño...? —escucho la voz de mamá, suave, desde la puerta entreabierta, como un bálsamo.
—¡Mamá, perdóname! —grito, liberando todo el llanto que oprimía mi pecho.
—¿Qué dices, pequeño? Todo estará bien —me abraza, y su aroma familiar me calma un poco, me envuelve en seguridad.
—No, mamá... ¿qué pasa si pierdes tu trabajo por mi culpa? _ la angustia me lastimaba por dentro, mamá ha trabajado tan duro todos estos años. es la primera vez que esta bien y no quiero que ella pierda esa tranquilidad por mi culpa.
—Es solo un trabajo, amor —dice, acariciando mi cabello con ternura infinita— A mí lo único que me importa es tu seguridad y tu bienestar. Así que, por favor, nunca más te guardes algo tan grave. Eso lastima a mamá más que cualquier otra cosa, ¿lo entiendes, mi amor?
—Sí, mamá, perdóname por mentir y por lastimarte. _ le respondo con la cabeza perdida en su pecho.
—Promételo, Leo.
—Lo prometo, mami... jamás volveré a ocultarte nada y me esforzaré en ganar el concurso, así tendré dinero.
—¿Qué dinero? _ dice levantando mi rostro para verme a los ojos.
—Al ganador le dan un gran cheque y estoy seguro de que ganaré... y te daré ese premio, mami. Todo es para ti, mi esfuerzo es todo tuyo.
De sus ojos bellos brotan lágrimas que rápidamente limpia con la manga de su suéter gastado.
—Mi ángel, no sabes cuánto te amo, hijo mío —sus lágrimas caen sobre mi cabeza, cálidas y reconfortantes como lluvia de verano— Pero si ganas, tienes que guardar ese dinero para poder seguir estudiando, para eso funcionan los torneos. No te preocupes por mi aunque valoro demasiado tu corazón bondadoso.
—Pero yo quiero ayudarte. _ insisto limpiado sus lágrimas que no dejan de caer.
—Y lo haces, amor —me besa la frente, un gesto de amor puro— Estoy muy orgullosa de ti, mi príncipe, y me pone muy feliz ver que eres tan responsable y considerado. Pero Leo, yo soy la adulta aquí y es mi deber cuidarte y mantenerte. No te esfuerces demasiado... disfruta de esta edad que nunca volverá. Mamá puede con todo si tú eres feliz.
Ya no podía insistir, ya no quería que mi mamá llorara más o se preocupara por mi.
—Sí, mamá... gracias por ser tan buena. _ Le di un abrazo fuerte.
—Gracias por ser mi hijo.
Briella se acomoda en la cama atrayendo a su pequeño príncipe junto a ella mientras su cabeza no deja de ir a mil por hora.
Lo acurruco a mi lado mientras acaricio su cabello, y pienso en qué pasará de ahora en más. Roxana definitivamente no se quedará quieta... y si descubre que Leo es hijo de Octavio, estoy segura de que le intentara hacer daño. Esa mujer no solo es malvada, es despiadada y cruel.. pero yo por mi hijo soy capaz de todo.