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MAS ALLA DE LA TORMENTA

MAS ALLA DE LA TORMENTA

Status: Terminada
Genre:Casarse por embarazo / Reencuentro / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:220
Nilai: 5
nombre de autor: Cecilia Ruiz Diaz

Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.

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CAPITULO 13: HOGAR.

CAPÍTULO 13: HOGAR

Juan Manuel hizo que lleven todas las pertenencias de su mujer al que era su cuarto.

-Puede acomodarse como guste.- dijo tratando de darse la vuelta.

-¿Esa gente son... Son salvajes?- pregunto Elena.

-"Esa gente".- respondió Juan Manuel desconcertado y enfadado -Esa gente...- repitio tratando de controlarse -Son personas como cualquiera y se merecen todo el respeto del mundo.-

-¡Yo no quiero estar aquí! ¡¿Oyó?!- Exclamó alterada.

-¡Tendrá que acostumbrarse!- respondió Juan Manuel en un firme tono -No le queda de otra, así que con permiso.- y salió de la habitación.

Elena quedó sola con un volcán de sentimientos. Estaba exhausta, asustada y en un lugar lejano a su hogar. Todos los cambios de estos días la tenían perturbada... ¿Quienes eran esas personas? Había escuchado cosas terribles de esa gente que parecían ser amigos de su reposo. Sentía miedo, quería volver a su casa, extrañaba a su familia. Se sento en la cama y comenzó a llorar. De pronto, tocaron la puerta y Carito entro con una bandeja en la mano, ya era hora de la cena.

-Disculpe, señora, Pero crei que quizás prefería comer aquí para descansar.-

-No quiero nada, márchese.- dijo secándose las lágrimas.

-¡QUIERO QUE SE VAYA!- grito.

La muchacha dejó la bandeja sobre el mueble y se marchó lo más rápido que pudo.

En la pequeña casita de Raúl y Carito se encontraba Juan Manuel contándole a su amigo todo lo vivido en ese último tiempo.

-Te juro que no lo puedo creer, peñi.- dijo el hombre anonadado.

-Si no lo puedes creer tú, imagínate yo...- respondió él -¿En qué lío se ha metido?- pregunto, tomándose la cabeza con las manos.

Raúl le apoyo la mano en el hombro compadeciéndolo.

-Pero cambiemos de tema.- continuo Juan Manuel -Mañana temprano partiré para conocer las nuevas tierras que compramos para sembrar trigo... Pero iré con uno o dos de los nuevos peones que contratamos. Eres el único en quien confió para hacerse cargo de todo aquí.

-Gracias, amigo, por la confianza.- respondió Raúl.

-Y yo agradezco que me hospedes en tu casa, Pero será todo por un tiempo, mientras terminan la casa grande.- explico él.

-No hay problema por eso.-

-Ahora dime ¿Alguna novedad mientras no estuve?- pregunto de nuevo.

-Bueno, además de que... Hay un nuevo presidente en el país.- respondió su amigo con sarcasmo.

-Sí, ya me enteré en Buenos Aires.-

-El Francés... Ha preguntado por ti... Al parecer te la tiene "Junada" por lo... Por lo de la chica.- explico con dificultad Raúl.

Juan Manuel se reclinó en la silla y lo miro.

-Bueno... Ya veremos qué hacer con eso.- respondió.

-Te he juntado algunos periódicos viejos, por si quieres leer.- dijo el hombre poniéndolos en la mesa.

-Sí, Gracias, sobre todo los de economía.-

-Bueno, entonces, te dejo solo para que te pongas al día y descanses.- dijo su amigo saliendo del cuarto.

Juan Manuel tomó un periódico, Pero lo miraba sin leer en realidad. Luego de tanto tiempo, Adela regresaba a su mente... Adela ¿Qué sería de la vida de su adorada Adela?-

En los últimos meses, la vida de Adela no había Sido nada fácil. Ese hombre con el que se había casado, a pesar de darle todo, parecía un salvaje. Solo deseaba su cuerpo, la tomaba cuantas veces quería, en cualquier lugar y en cualquier momento. En su cuarto, en la sala. Hubo ocasiones, en las que echaba a todos del comedor, y la poseía sobre la mesa son toda la comida servida. Trataba de no ir al despacho, porque apenas la veía ahí, la llevaba hacia el escritorio y la tomaba boca abajo, sin importarle el dolor que le generaba presionar su abultado vientre de embarazo. Pero si lo rechazaba, el hombre, lograba su cometido por medio de maltrato, empujones y golpes. Que dejaban grandes huellas sobre su piel tan blanca.

Por más que ya no vendía su cuerpo, seguía siendo un objetivo para ese hombre que ahora era su marido.

Para su suerte, el médico la había ido a visitar por un sangrado que había tenido en ese último mes, y les había recomendado nada de intimidad. Algo a lo que él esposó, preocupado, había accedido, ya que estaba ansioso por la llegada, del que él creía, que sería si primogénito. Le daban fecha para fines de diciembre, Pero ella sabía, perfectamente, que su bebé llegaría cualquier fecha de ese mes de noviembre.

En un principio hacía mucho reposo, Pero con él pasar de los días se sentía un poco mejor, así que por las tardes, cuando el sol bajaba. Salía a caminar por el jardín, con su nuevo amigo Naro, a quien su esposo se la había encomendado para que la cuide.

Naro, o Genaro, en honor al hermano de Ramón, era un mulato de unos 30 años. Era diferente a todos los que Adela conocía, ya de por sí era alto, de buena estructura física. Sus ojos de un almendrado perfecto, nariz repintada. Pero además del físico, podría una elegancia sin igual, ilustrado y con mucha educación.

En ocasiones, sentía una cierta atracción por él, aunque quizás era la desolación que sentía por su amarga vida, o por el amor de ese gran amor que había perdido la vida tratando de protegerla.

Cuatro días después, Juan Manuel regreso a su casa. Está vez, se había movilizado a caballo. Lo prefirió así porque lo creyó más cómodo para él y para sus acompañantes.

Cuando llegó fue directo a sus amigos para preguntarles cómo habían estado esos días.

-En el campo todo muy tranquilo.- respondió Raúl.

-Y... ¿Por aquí?- volvió a preguntar.

Carito y María se miraron de forma extraña.

-También, bien.- respondió la mujer mayor.

Juan Manuel se daba cuenta de que algo ocurría.

-¿De verdad?- insistió.

-Sí.- respondió María, pero Carito bajaba la mirada.

-¿Y mi esposa?- siguiente indagando él. Sospechaba que algo sucedía por ahí.

-Está bien.- dijo Carito al fin -La primera noche, antes de que te "Jueras" le lleve comida, como tú dijiste, Pero me corrió tratándome mal. Al otro día, regrese en el desayuno con otra bandeja y solo había comido una rodaja de pan, volvió a gritarme que me "Juera". Así que desde ahí solo tocó la puerta y le dejo la bandeja afuera.-

-¡Se atrevió a tratarte mal!- exclamó Juan Manuel apretando los dientes y con el enojo reflejado en su mirada.

-Pero eso no me importa, lleva 4 días sin salir del cuarto, bañarse o comer. Le hará mal, Juanma.- agrego la joven.

-¡AY, ESTA NIÑA!- grito el esposo y se dio la vuelta marchando hacia la habitación de su mujer.

Sabiendo el carácter de su amigo, las dos mujeres salieron corriendo tras él, tratando de impedir algún tipo de locura, Pero Raúl suspiro profundo y también lo siguió, lo más tranquilo que pudo. Sabía que por más que hiciese, el temperamento de su amigo era indomable Cuando estaba enojado.

Juan Manuel abrió la puerta de golpe, provocando que su esposa se levantará de un salto de la cama, aun en camisón.

-¡¿Cómo se ha atrevido a trata mal a Carito?!- pregunto muy enfadado.

-¡Solo quiero que me dejen sola!- exclamó la joven.

-¡¿Y por eso tiene que ser insolente?!- respondio él.

-¡YO NO QUIERO ESTAR AQUÍ, EN UN LUGAR COMO ESTE Y CON SALVAJES!- grito Elena.

-¡Ellos son salvajes?! ¡Usted es una chiquilla insolente, caprichosa, y mal educada, que trata mal a todo el mundo por creerse superior!- el crítico duramente -¡Tanta educación y ni siquiera se baña! ¡Sucia!-

-¡¿Sucia?!- exclamó la joven -¡¿CÓMO QUIERE QUE ME BAÑE SI NI SIQUIERA BAÑERA HAY EN ESTE MUGROSO LUGAR?!- volvió a gritar.

-¡Mejor cállese antes se pierda más la compostura...!- estaba diciendo él.

-¿Qué hará? ¿Me golpeará?- pregunto ella acercándose prepotente y con la cabeza erguida -¿Qué más se puede esperar de un amigo de salvajes?-

-Vuelva a decir esa palabra... Y juro que le lavo la boca con jabón.- la amenazó.

-"Salvaje"- volvió a decir su esposa desafiante.

La paciencia de Juan Manuel culminó, la levanto en su hombro como bolsa de papá y se dirigió hacia afuera, mientras Elena le gritaba como loca que la bajara y las dos mujeres iban por detrás.

Así la llevo hacia el bebedero de los animales y la dejo caer en el agua, luego tuvo la intención de marcharse, pero escucho...

-¡Qué asco! ¡Usted es un salv...!- Pero Juan Manuel se volteó para mirarla con fiereza -Es un rufián.- se retractó.

Así, el hombre solo se dio la vuelta y se marchó.

-Ocupense de ella.- les dijo a María y Carito a la pasada, sin dejar de caminar -Vamos a trabajar Raúl.- finalizo más tranquilo cuando llegue a su amigo y se marcharon sin mirar atrás.

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