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Latidos Que Se Esconden

Latidos Que Se Esconden

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance
Popularitas:921
Nilai: 5
nombre de autor: Autor lucia

Desde la ventana de su habitación, Mireya aprendió a escapar sin salir de casa.

A sus dieciséis años, el mundo le quedaba grande: discusiones detrás de las paredes, una bebé llorando en la habitación contigua y la palabra separación flotando como una sombra imposible de ignorar. Pero al otro lado de la calle había algo distinto. O alguien.

Ryan.

Veintiuno. Cabello castaño arrulado. Ojos verdes imposibles de olvidar. Siempre tranquilo. Siempre ajeno a la mirada que lo observaba cada tarde.

Él nunca la notaba.

Hasta que el destino decidió que una ventana no sería suficiente para mantenerlos separados.

Y lo que comenzó como simple curiosidad... estaba a punto de cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Capítulo 4: El pastel

Cuando llego a casa después del primer día de clases, lo primero que noto es que la casa está… demasiado tranquila.

No hay gritos.

No hay discusiones.

No hay puertas cerrándose con fuerza.

Solo silencio.

Lo cual, en esta casa, casi siempre significa que algo está a punto de pasar.

Dejo mi mochila en la silla del comedor y camino hacia la cocina.

Mi madre está ahí.

La doctora Lilian Collins siempre parece perfecta, incluso cuando está en casa. Su cabello oscuro está recogido de forma impecable y todavía lleva su bata blanca del hospital, como si quitársela fuera perder parte de su autoridad.

Está decorando algo sobre la mesa.

Un pastel.

—Llegaste —dice sin mirarme.

—Sí.

—¿Cómo estuvo el colegio?

Es una pregunta automática. No espera realmente una respuesta larga.

—Bien.

Ella asiente, como si eso confirmara algo.

Entonces gira el pastel hacia mí.

Es grande. De chocolate. Con una capa brillante de glaseado.

—Necesito que hagas algo por mí.

Eso nunca es una buena señal.

—¿Qué cosa?

—Vas a llevar este pastel a la casa de al lado.

Parpadeo.

—¿A los vecinos nuevos?

—Sí.

—¿Por qué?

Mi madre suspira ligeramente, como si la pregunta fuera innecesaria.

—Porque es lo que hacen las personas educadas cuando llegan vecinos nuevos.

Me acerco un poco más a la mesa.

—¿Y por qué no vas tú?

—Porque acabo de llegar de una cirugía de seis horas, Mireya.

Punto válido.

Pero entonces añade:

—Además… vive una colega ahí.

Levanto una ceja.

—¿Una colega?

—Sí.

—¿Quién?

Mi madre se limpia las manos con una servilleta.

—La enfermera Elena Gallagher.

El nombre no me dice nada.

Mi madre se encoge ligeramente de hombros.

—Trabajó un tiempo en el hospital.

La forma en que lo dice suena… rara.

—¿Trabajó?

—Sí.

Silencio.

Luego añade, con una sonrisa pequeña que no llega a sus ojos:

—Aunque, claro, nunca estuvo exactamente a nuestro nivel.

Ah.

Ahí está.

Mi madre siempre habla así de algunas personas. Como si el mundo fuera una especie de escalera invisible y ella supiera exactamente quién está por encima y quién por debajo.

—¿Entonces es tu amiga? —pregunto.

Mi madre se queda quieta un segundo.

—Colega —corrige.

La palabra suena mucho más fría.

—Pero es importante mantener las apariencias.

Empuja la caja del pastel hacia mí.

—Así que vas a llevar esto, vas a decir que somos los vecinos de al lado y vas a ser educada.

—¿Algo más?

—Sí.

Me mira finalmente.

—No te quedes mucho tiempo.

Genial.

—Claro.

---

Cinco minutos después estoy parada frente a la casa de al lado sosteniendo una caja de pastel.

De cerca, la casa se ve diferente.

Las luces del porche están encendidas y se escuchan voces dentro.

Dudo un segundo antes de tocar el timbre.

Lo hago.

Un momento después la puerta se abre.

No es Ryan.

Es una mujer de unos cuarenta y tantos años.

Tiene el mismo tipo de cabello oscuro y rizado que él.

Debe ser su madre.

—Hola —dice con una sonrisa amable—. ¿Sí?

—Hola… eh… soy Mireya. Vivo en la casa de al lado.

Levanto la caja.

—Mi madre pidió que les trajera esto.

La mujer parece sorprendida.

—Oh, qué detalle tan lindo.

Abre un poco más la puerta.

—Pasa, por favor.

—No puedo quedarme mucho —digo rápidamente—. Mi mamá solo quería darles la bienvenida.

—Igual entra un momento.

La casa se siente… diferente a la mía.

Más desordenada.

Pero también más viva.

Hay fotos en las paredes. Risas desde la sala.

No parece una casa donde la gente camina con cuidado para no provocar una pelea.

—Soy Elena Gallagher —dice la mujer.

—Mireya.

—¿Eres hija de Lilian Collins?

Asiento.

Ella sonríe con algo que no logro descifrar.

—Trabajamos juntas hace años en el hospital. Yo era enfermera allí.

—Sí… mi mamá lo mencionó.

—Tu madre siempre fue muy brillante.

La forma en que lo dice es sincera.

Pero también hay algo más ahí.

Algo que no entiendo.

Entonces escucho una voz desde la sala.

—¿Mamá?

Mi corazón da un pequeño salto.

No esperaba escuchar otra voz.

Pasos se acercan por el pasillo.

Tranquilos. Sin prisa.

Y entonces aparece.

El chico que vi esa mañana.

Ryan.

Por un segundo me quedo completamente quieta.

En la mañana apenas fue un momento. Yo iba caminando hacia el colegio con mi mochila colgando de un hombro cuando lo vi salir de esta misma casa. Él estaba cerrando la puerta mientras hablaba con alguien adentro.

Solo lo miré un segundo.

Un segundo largo.

Lo suficiente para notar su cabello rizado y que era mucho más alto que la mayoría de las personas que veía en mi barrio.

Pero ahora está mucho más cerca.

Mucho más real.

Ryan camina hacia el pasillo con una tranquilidad que hace que todo parezca natural, como si no hubiera nada extraño en encontrar a una chica desconocida en la puerta de su casa.

Lleva una camiseta gris sencilla y unos jeans oscuros. Las mangas de la camiseta están un poco arremangadas y dejan ver sus antebrazos. No parece arreglado para impresionar a nadie.

Simplemente… está cómodo.

Su cabello oscuro y rizado cae un poco sobre su frente de forma desordenada, como si nunca se preocupara demasiado por peinarlo.

Pero lo que más me llama la atención ahora son sus ojos.

Verdes.

En la mañana no lo noté.

Pero ahora, con la luz del pasillo cayendo sobre su rostro, el color se ve más claro.

Ryan se detiene cuando me ve.

Sus cejas se levantan apenas, como si estuviera tratando de entender quién soy.

No hay reconocimiento.

Claro.

Solo me vio pasar una vez en la mañana.

—Ryan —dice Elena con naturalidad—. Ella es nuestra vecina.

Ryan asiente ligeramente.

—Oh.

Sus ojos vuelven a mí.

No me mira de forma incómoda.

Solo curioso.

Como alguien que intenta recordar si ya te ha visto antes.

—Hola.

Su voz es tranquila.

Más grave de lo que esperaba.

—Hola.

Respondo intentando que mi voz suene normal.

Elena levanta la caja del pastel que todavía tengo entre las manos.

—Nos trajo esto para darnos la bienvenida.

Ryan baja la mirada hacia la caja.

Luego vuelve a mirarme.

Una pequeña sonrisa aparece en su rostro.

No es una sonrisa grande.

Es suave.

Casi perezosa.

—Entonces gracias.

—Fue idea de mi mamá —digo rápido—. No mía.

Ryan parece un poco divertido por eso.

—Igual se agradece.

Camina un par de pasos hacia mí.

Cuando está más cerca noto que es incluso más alto de lo que pensé.

Tengo que levantar un poco la cabeza para mirarlo bien.

Extiende las manos para tomar la caja.

Cuando la agarra, sus dedos rozan los míos apenas.

Es un contacto pequeño.

Tan rápido que casi parece un accidente.

Pero igual siento un pequeño cosquilleo extraño en el estómago.

Probablemente solo estoy nerviosa porque estoy en casa de gente que no conozco.

Ryan sostiene la caja con facilidad.

—Soy Ryan —dice.

—Mireya.

Él asiente una vez.

—Mucho gusto, Mireya.

Lo dice con una naturalidad tranquila, como si este tipo de presentaciones fueran algo cotidiano para él.

Y supongo que lo son.

Por un momento se hace un pequeño silencio.

No es incómodo.

Pero tampoco sé qué más decir.

Entonces recuerdo lo que dijo mi mamá.

"No te quedes mucho tiempo."

—Bueno… —digo dando un pequeño paso hacia atrás— creo que ya debería irme.

Elena parece un poco decepcionada.

—¿Tan rápido?

—Mi mamá dijo que solo trajera el pastel.

Ryan suelta una pequeña risa.

No es fuerte.

Es más como un respiro divertido.

—Entonces mejor obedecer.

Eso me hace sonreír un poco.

—Gracias por el pastel —dice él.

Asiento.

—De nada.

Camino hacia la puerta mientras Elena me acompaña.

La casa sigue sintiéndose diferente a la mía.

En la sala hay una televisión encendida, una chaqueta tirada sobre el sofá y un par de cajas aún sin desempacar.

Todo parece… vivido.

No perfecto.

Pero real.

Cuando salgo al porche, el aire de la tarde se siente más fresco.

El cielo está empezando a oscurecer y las luces de la calle ya están encendidas.

Bajo los escalones lentamente.

Cuando llego a la mitad del pequeño jardín, no sé por qué miro hacia atrás.

Ryan sigue parado en la puerta.

No me está mirando exactamente.

Está apoyado contra el marco mientras su mamá dice algo que no alcanzo a escuchar.

Tiene la caja del pastel en las manos.

Por un segundo parece pensativo.

Luego dice algo y Elena se ríe.

Entonces vuelvo a caminar hacia mi casa.

Cuando cierro la puerta detrás de mí, el silencio de mi casa vuelve a envolverlo todo.

El chico de la casa de al lado.

Ryan.

Probablemente para él esto solo fue una visita normal de una vecina.

Una más.

Pero para mí…

Fue la primera vez que realmente lo conocí.

Aunque solo haya sido por unos minutos.

1
Mary Ney
Más capítulos por favor ☺️ gracias escritora
Yelitza Goyo
interesante 🤔🤔
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