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LA SOMBRA DE LA PANTERA

LA SOMBRA DE LA PANTERA

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Ante la alta sociedad, él es un respetable magnate textil y un esposo devoto; en la sombra, es un despiadado mafioso que asesinó al padre de su esposa para doblegarla. Durante años, ella soportó amenazas, humillaciones y el chantaje de perder a su hijo, fingiendo debilidad mientras aprendía en secreto el arte de la supervivencia y la muerte.
Cuando creyó librarse mediante un lento veneno y una huida perfecta, el pasado regresó exigiendo venganza. Ahora, la mujer sumisa que solo "ladraba" ha muerto; en su lugar ha surgido la temida leyenda del bajo mundo conocida como La Pantera Negra. Un ajuste de cuentas definitivo donde el cazador se convertirá en la presa.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El eco de la última mirada

​La noche en la mansión Monasterio nunca era silenciosa del todo. Siempre había un zumbido sutil, ya fuera por el sistema de seguridad de última generación, el murmullo de los guardias en el exterior o la tensión asfixiante que se acumulaba entre las paredes de cristal y mármol. Para el mundo exterior, Rogelio Monasterio era el epítome del éxito: un empresario de la industria textil respetado, un filántropo justo y un padre y esposo amoroso que derrochaba atenciones con su adorada hija Isabella. Pero para Ariadna Rangel, esa mansión era un mausoleo dorado, una prisión construida con alambres de púas y sonrisas fingidas.

​Ariadna se encontraba en la cocina preparándose una taza de té, intentando calmar los temblores en sus manos. Desde hacía meses, su padre, don Samuel Rangel, un hombre de principios inquebrantables que nunca confió en las riquezas mal habidas de su yerno, había estado insistiendo en sacarla de allí. Samuel no soportaba ver a su hija consumirse bajo el yugo de un hombre al que él ya empezaba a investigar en las sombras.

​—Esto no puede seguir así, hija —le había dicho Samuel esa misma tarde mediante un mensaje codificado, insistiendo en verla esa misma noche para coordinar la huida junto al pequeño Luciano, que entonces tenía solo siete años—. Te sacaré de las garras de ese monstruo, cueste lo que cueste.

​Ariadna había aceptado con el corazón en la boca. Sabía los riesgos. Rogelio no toleraba la traición, ni siquiera la sospecha de ella. Y lo peor de todo es que esa noche, el plan se adelantó de la manera más cruel.

​Un ruido seco en el vestíbulo principal rompió el silencio de la medianoche. Ariadna dejó caer la taza, que se estalló en mil pedazos contra el suelo de porcelana, derramando el líquido caliente. Su corazón dio un vuelco. Con pasos apresurados, sintiendo el frío sudor recorrer su espalda, corrió hacia el pasillo que conectaba con la sala de estar.

​Allí, de pie bajo la fría luz de la lámpara de araña, estaba Rogelio. No llevaba su habitual chaqueta de diseñador; su camisa blanca estaba ligeramente abierta en el cuello y sostenía un arma con silenciador en la mano derecha. A pocos metros de él, arrodillado en el suelo, manchando la alfombra persa con sangre, se encontraba don Samuel Rangel. Sus manos estaban atadas a la espalda y su rostro reflejaba el cansancio de una vida de lucha, pero sobre todo, una profunda y desgarradora preocupación por su hija.

 Y a un lado, aferrado a la orilla del pasillo oscuro, con los ojos abiertos de par en par por el terror, estaba el pequeño Luciano, de siete años, quien había bajado atraído por los ruidos sin que su madre pudiera evitarlo.

​—¡Papá! —gritó Ariadna con un hilo de voz que se quebró de inmediato, corriendo hacia su padre y lanzándose al suelo para sostenerlo, ignorando por completo la pistola que Rogelio aún apuntaba.

​—¡Ariadna, no te acerques! —bramó Rogelio, con una voz gélida, carente de cualquier atisbo de humanidad, aunque en su rostro se dibujaba una sonrisa retorcida y calculadora.

​Don Samuel, escupiendo un hilo de sangre pero manteniendo la dignidad intacta, miró a su hija con los ojos llenos de lágrimas y le susurró con voz ronca:

​—Lo... lo intenté, mi amor... Perdóname...

​—¡Cierra la boca, viejo maldito! —espetó Rogelio, dando un paso al frente y pateando el hombro de Samuel con desprecio—. ¿Creíste que podías burlarme? ¿Creíste que podías planear la huida de mi esposa y de mi heredero a mis espaldas y salir impune?

​—¡Eres un enfermo, Rogelio! ¡Mátame a mí, pero déjalo en paz! —grito Ariadna con desesperación, cubriendo con su cuerpo el de su padre, mientras las lágrimas surcaban su rostro sin tregua.

​Rogelio se agachó lentamente hasta quedar a la altura de su esposa. Con una mano enguantada, le tomó el mentón con fuerza, obligándola a mirarlo a los ojos, mientras el pequeño Luciano observaba a pocos metros, temblando de miedo pero con una chispa de rabia inusual encendiéndose en su mirada infantil.

​—Mírame bien, Ariadna —susurró Rogelio con una calma aterradora que helaba la sangre—. Tu padre cometió el grave error de creer que la familia puede traicionar y salir rosqueada. En mi mundo y en mi casa, la traición se paga con la vida. Quiero que mires esto muy bien y que se lo grabes a fuego en la cabeza a nuestro hijo.

​—¡No, por favor, no lo hagas! —suplicó Ariadna, aferrándose a las solapas de la camisa manchada de su padre.

​—Esto es para que aprendas una lección que nunca jamás vas a olvidar —continuó Rogelio, sin apartar sus fríos ojos de los de ella—. Hasta la familia que traiciona tiene sus consecuencias. Si intentas escapar de nuevo, si vuelves a desafiarme... el siguiente no será tu padre, serán tu madre y tu hermana Diana. Una a una, las voy a arrancar de este mundo hasta dejarte completamente sola. ¿Entendido?

​Ariadna abrió los ojos de par en par, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones. Comprendió en ese preciso instante que las súplicas no servían de nada, que el hombre con el que se había casado era un monstruo absoluto capaz de cualquier atrocidad bajo la fachada de un respetable empresario.

​—Te odio... Te juro que te odio con todas mis fuerzas —balbució ella con la voz ahogada en llanto.

​Rogelio soltó una carcajada seca, desprovista de gracia.

​—Puedes odiarme todo lo que quieras, mi amor. En público seguirás siendo mi reina, la mujer más afortunada del mundo. Pero en privado, eres mía y harás exactamente lo que yo ordene.

​Sin darle tiempo a replicar, Rogelio levantó el arma con absoluta parsimonia y mirando fijamente a los ojos a Ariadna, apretó el gatillo. El estampido sordo del silenciador resonó como un trueno sordo en la inmensidad de la sala. Don Samuel dio un último suspiro y su cuerpo se desplomó por completo sobre los brazos de su hija.

​—¡Noooo! —el grito desgarrador de Ariadna retumbó en las paredes de la mansión, un grito que marcó el fin de la mujer sumisa que había sido hasta ese segundo.

​A lo lejos, en la penumbra del pasillo, el pequeño Luciano se mordió los labios hasta hacerse sangre para contener el llanto, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos. En ese silencio de muerte, cruzó una mirada con su madre: una mirada de entendimiento silencioso, de dolor infinito, y de un pacto macabro sellado con sangre.

​Rogelio guardó el arma en su saco, se acomodó los puños de la camisa con total tranquilidad y, mirando el cuerpo sin vida de su suegro, dio media vuelta hacia el niño.

​—Lleva a tu hijo a la habitación, Ariadna —ordenó Rogelio con voz autoritaria, como si acabara de tirar la basura—. Mañana tenemos una gala benéfica y quiero que luzcas perfecta. No toleraré caras tristes ante la prensa.

​Ariadna abrazó el cuerpo inertes de su padre, sintiendo cómo el calor se le escapaba de las manos, mientras por dentro, entre las cenizas de su dolor, nacía algo oscuro, frío y letal. La mujer que solo sabía "ladrar" había muerto esa noche; lo que quedaba en su lugar comenzaría a afilar sus garras en las sombras.

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LUZ AMPARO SALINAS ANGULO
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏se a abo la guerra/Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
LUZ AMPARO SALINAS ANGULO
Ojo pof ojo la ley.del maz fuerte🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Renata Mabel
me encanta esta historia 🦆✨
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