n plena boda, la mejor amiga de Lucía Herrera expone sus fotos íntimas. Su prometido la llama zorra, la golpea y le arranca el vestido de novia… para casarse con la traidora.
Cinco años después, Lucía regresa con sus mellizos, Mateo y Sofía, sin saber quién es su padre. Hasta que se cruza con Adrián Valdés, un poderoso CEO que parece la versión adulta de Mateo.
—Quiero a mis hijos conmigo.
—No voy a separarme de ellos.
Mateo se planta frente a él. Sofía se aferra a la mano de su madre.
—¡No se meta con mi mami, imbécil! ¡Primero tendrá que vérselas conmigo!
Pero el padre de los mellizos también es el tío de su ex. Y para no perder a sus hijos, Lucía acepta casarse con él por contrato.
Esta vez, vuelve a la familia Valdés por la puerta grande.
El hombre que la echó de su propia boda tendrá que llamarla tía.
NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 3
Capítulo 3. Averigua quién es esa mujer
Adrián Valdés la miró con el rostro serio y frío.
—No hace falta. Los padres deberían vigilar a sus hijos en todo momento.
—Exacto. Toda la ropa del señor Valdés está hecha a medida. ¿De verdad puede pagarla? —añadió con dureza Iván Salas, el asistente que estaba detrás de él.
Era el mismo que había regañado a Mateo.
Iván fulminó a Lucía con la mirada. Ninguna mujer había logrado acercarse así a su jefe. ¡Qué atrevimiento el suyo!
—¡Es solo un pantalón! ¡Yo puedo pagarlo! —protestó Mateo, todavía sujeto de la mano de su madre.
Él había causado el problema. No iba a permitir que regañaran a su mami por su culpa.
La mirada profunda de Adrián se posó en el niño. Frunció apenas el ceño.
¿Por qué le resultaba familiar esa cara?
Iván soltó una risita burlona.
—¿Y con qué vas a pagar, mocoso?
Mateo abrió su mochila de patito amarillo y sacó una alcancía con forma de cerdito. Vació todos sus ahorros.
—Mire. ¿Con esto alcanza?
Al ver aquel dinero, una sonrisa casi imperceptible cruzó el rostro helado de Adrián. Quizá le había recordado algo.
Cuando habló, su voz ya no sonó tan fría.
—Guarda tus ahorros. Y la próxima vez fíjate por dónde caminas.
—¿Cree que no puedo pagar, señor? —Mateo frunció el ceño y miró al hombre, mucho más alto que él.
Lucía no quería prolongar la discusión. Si ya no les exigían nada, lo sensato era marcharse.
Atrajo al niño hacia ella y volvió a disculparse.
—Lamento mucho las molestias que les causamos a los dos.
Tras repetir sus disculpas, tomó a Mateo de una mano y a Sofía de la otra. Se alejó con los dos, pasando junto a Adrián.
Él también se disponía a irse. Pero cuando Lucía pasó a su lado, percibió un aroma tenue que reconoció de inmediato.
Se detuvo en seco. Sus pupilas se contrajeron.
Giró la cabeza, pero la mujer ya se alejaba con los dos niños.
Pronto los tres desaparecieron entre la gente del aeropuerto. Adrián permaneció inmóvil.
Iván miró a su jefe sin comprender.
—Señor Valdés, ¿quiere que les exija el pago? —preguntó con cautela.
Adrián entrecerró los ojos.
¿Por qué esa mujer tenía aquel aroma?
Llevaba cinco años buscando. Había percibido muchas fragancias en otras mujeres, pero ninguna era la que recordaba.
—Averigua quién es esa mujer —ordenó con absoluta calma.
Iván se sorprendió, aunque asintió de inmediato.
—Entendido.
Nunca había visto a una mujer despertar el interés de su jefe. Y esa ya tenía dos hijos. ¿Acaso al señor Valdés le interesaban las mujeres casadas?
Lucía salió del aeropuerto con Mateo y Sofía y tomó un taxi hacia el departamento de Camila.
No sabía por qué, pero aquel hombre la había dejado inquieta. Mientras se alejaba con sus hijos, había sentido una mirada clavada en la espalda.
Camila los esperaba a la entrada de su edificio.
En cuanto vio bajar a Lucía, corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.
—¡Luci, por fin volviste! ¡Te extrañé muchísimo!
Lucía apenas podía soportar tanto entusiasmo.
—Ya, ya. Afloja un poco. ¡No puedo respirar!
Camila la soltó. Tenía los ojos enrojecidos.
—A ver, déjame mirarte. Quiero ver cómo quedaste después de ser mamá.
La recorrió con la mirada, admirada.
—¡Pero si sigues teniendo un cuerpazo! Con ese cuerpo puedes volver a encontrar el amor cuando quieras.
Mateo estaba al lado de su madre, con su pequeña maleta. Sofía, algo más reservada, miraba a Camila desde el otro lado.
—Señora, ¿qué es eso de volver a encontrar el amor? —preguntó, mirándola con sus inocentes ojos azules.
—¡Así que tú eres Mateo! ¡Qué niño tan guapo y tan lindo! Y tú debes de ser Sofía. ¡Si eres igualita a tu mami!
Camila le acarició el cabello a Sofía y luego alzó a Mateo entre sus brazos sin darle tiempo a protestar.
Mateo se retorció, como si acabara de caer en las garras de un lobo. Agitó las manos hacia su madre, pidiendo auxilio.
—Mami, sálvame…
Lucía no sabía si reír o consolarlo.
—Es tu madrina, cariño. No es mala.
—Eso mismo. Soy tu madrina. Vamos, mi niño, dime «madrina». Quiero oírte.
Mateo hizo un puchero y se negó.
—Yo quiero un papá, no una madrina.