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Nadie Lloró Por Ella.

Nadie Lloró Por Ella.

Status: Terminada
Genre:Policial / Escena del crimen / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SugarBloom

Hay secretos que deberían permanecer enterrados. Y verdades que pueden destruirte.

Cuando un crimen sacude la tranquilidad de un pueblo donde todos parecen conocerse, una joven queda atrapada en un juego de mentiras, sospechas y traiciones. Cada pista conduce a una nueva pregunta, cada sospechoso oculta algo y cada respuesta parece alejarla aún más de la verdad.

En medio del caos, un enigmático chico despertará su curiosidad… aunque confiar en él podría ser su peor error.

Todos tienen un motivo. Todos guardan un secreto. Pero alguien ha conseguido mantenerse un paso por delante de los demás, escondiéndose a plena vista.

Y cuando la verdad salga a la luz, desearás no haber sospechado de la persona equivocada.

Novela 100% mía, acepto correcciones🤞

NovelToon tiene autorización de SugarBloom para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

11. El secreto que salió del río.

—Eso mismo dijiste cuando me viste salir del río.

La voz de Mara atravesó el sótano como una corriente de aire helado.

El hombre del anillo retrocedió un paso.

Solo uno.

Pero fue suficiente para que yo lo notara.

Hasta ese momento, se había movido con la seguridad de alguien que conocía cada rincón de la mansión, cada secreto y cada una de las mentiras que nos habían mantenido separados durante diez años. Había pronunciado mi nombre como si me perteneciera. Había utilizado el miedo de Gael para mantenernos quietos. Incluso había intentado convencerme de que yo era responsable de algo que no recordaba.

Sin embargo, aquella frase había conseguido lo que ninguna de nuestras preguntas logró.

Lo había asustado.

—No puede ser —repitió.

Desde el otro lado de la puerta metálica llegó una respiración agitada.

—¿Eso también vas a decir ahora? —preguntó Mara—. ¿Que nunca estuve ahí? ¿Que te confundiste de persona? ¿Que el río se llevó todas las pruebas?

El hombre apretó los puños.

Yo miré a Gael. Su expresión había cambiado por completo. Parecía estar contemplando una escena que llevaba años imaginando y que, aun así, no estaba preparado para presenciar.

—¿Vos sabías que alguien había salido del río? —le susurré.

No apartó los ojos de la figura del abrigo oscuro.

—No.

—Gael, mirame.

Finalmente, lo hizo.

—Te juro que no.

Quise creerle. De verdad quise.

Pero ya no sabía cuánto valían las promesas de las personas que habían estado presentes aquella noche.

Mi madre me había ocultado la verdad. Mateo había tardado diez años en contarme que me llevó a la mansión. Gael había escuchado golpes detrás de una puerta y nunca había intentado averiguar quién estaba encerrado.

Y ahora, un desconocido afirmaba que yo había abierto una puerta que no recordaba haber tocado.

—¿Quién sos? —le pregunté al hombre.

Él giró la cabeza hacia mí.

—Alguien que intenta evitar que cometas el mismo error dos veces.

—No te pregunté qué querés. Te pregunté quién sos.

—Los nombres no van a ayudarte.

—Entonces no te molestes en hablarme como si me conocieras.

Mi propia voz me sorprendió. Estaba temblando, pero no retrocedí.

El hombre observó la llave que todavía sostenía entre los dedos.

—Dámela.

Cerré la mano.

—No.

—Abril, no sabés lo que estás haciendo.

—Eso parece ser lo único que todos tienen claro sobre mí.

Él extendió la mano.

—La llave.

Gael se interpuso.

—Dijo que no.

Por primera vez, el hombre pareció perder la paciencia.

—Apartate, Gael.

—No.

—Tu padre ya cometió suficientes errores por meterse donde no debía. No hace falta que sigas sus pasos.

Gael se quedó inmóvil.

La frase había sido pronunciada con demasiada naturalidad. Como si el hombre conociera a su padre. Como si hubiera estado presente en conversaciones que nunca deberían haber llegado a sus oídos.

—¿Qué tiene que ver mi padre con esto? —preguntó Gael.

El desconocido no respondió.

—¿Qué le hiciste? —insistió Gael.

—Nada que no se haya buscado él mismo.

Vi cómo la mandíbula de Gael se tensaba.

Durante un segundo pensé que iba a abalanzarse sobre el hombre. Tenía las manos cerradas y la respiración irregular, y había algo en su mirada que nunca le había visto.

Pero entonces, detrás de la puerta metálica, Mara golpeó tres veces.

La misma señal de antes.

El hombre volvió la cabeza hacia el ruido.

Fue un movimiento mínimo.

Un instante de distracción.

Y yo lo aproveché.

Corrí hacia la puerta metálica y giré la llave.

—¡Abril, no! —gritó Gael.

El mecanismo cedió.

El hombre se lanzó hacia mí, pero Gael lo interceptó. Escuché un golpe, un insulto y el ruido de algo que caía al suelo.

No miré atrás.

Empujé la puerta con ambas manos.

El metal chirrió tan fuerte que el sonido me atravesó los oídos.

Al otro lado había una habitación estrecha, iluminada por una bombilla que colgaba del techo. Las paredes estaban cubiertas de manchas de humedad y el aire olía a polvo, madera mojada y encierro.

En el centro había una silla.

Una mesa.

Un colchón viejo contra la pared.

Y una mujer.

Estaba de pie junto a la mesa, sosteniéndose con una mano. Llevaba ropa oscura, demasiado grande para su cuerpo, y tenía el cabello castaño recogido de cualquier manera. Su rostro estaba pálido y cansado.

Pero fueron sus ojos los que me detuvieron.

Eran los mismos ojos de la fotografía.

Los mismos que aparecían en las imágenes de Mara Vidal, la chica que Santa Aurelia había llorado durante años sin saber si realmente estaba muerta.

Ella me miró.

Yo la miré.

Y durante un instante ninguna de las dos pudo pronunciar una palabra.

Después, la mujer sonrió débilmente.

—Hola, Abril.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza.

Di un paso hacia ella.

Luego otro.

—¿Mara?

Sus labios temblaron.

—Sí.

Negué con la cabeza, incapaz de aceptar una respuesta tan sencilla después de diez años de preguntas.

—No. No puede ser.

—Lo sé.

—Pero vos…

La frase se me rompió en la garganta.

Mara bajó la mirada.

—Me dijeron que habías crecido mucho. Que tenías el pelo más largo. Que seguías haciendo preguntas incluso cuando todos te pedían que te callaras.

Soltó una pequeña risa, aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—Supongo que algunas cosas no cambian.

Quise abrazarla.

Quise gritarle que estaba enojada, preguntarle por qué había desaparecido, exigirle que me explicara cómo había podido dejar que toda una ciudad creyera que estaba muerta.

Pero, cuando intenté acercarme, ella levantó una mano.

—Esperá.

Me detuve.

—¿Por qué?

Mara miró por encima de mi hombro, hacia la puerta abierta.

—Porque todavía no estamos a salvo.

Entonces escuché a Gael gritar mi nombre.

Me volví.

El hombre del anillo había conseguido apartarlo y ahora avanzaba hacia nosotros. Gael intentaba levantarse, apoyándose contra la pared.

Mara palideció.

—No dejes que entre.

—¿Quién es? —pregunté.

—No importa. Cerrá la puerta.

El hombre aceleró el paso.

Tomé el borde metálico y tiré con todas mis fuerzas. La puerta se cerró con un estruendo justo cuando él llegaba al umbral.

Escuché un golpe del otro lado.

Después, su voz.

—¡Abril! ¡Alejate de ella!

Retrocedí, respirando con dificultad.

Mara se acercó a la puerta y apoyó la frente contra el metal.

—Siempre llegás tarde —murmuró.

Por primera vez, su voz no sonó asustada.

Sonó furiosa.

No sé cuánto tiempo permanecimos encerradas en aquella habitación.

Tal vez fueron dos minutos. Tal vez diez.

Los golpes cesaron, pero ninguna de las dos se atrevió a acercarse a la puerta.

A través de ella llegaban sonidos confusos: pasos, algo que se arrastraba y, finalmente, un silencio que parecía demasiado deliberado.

—¿Se fue? —pregunté.

Mara negó con la cabeza.

—No lo sé.

—¿Quién es?

Se apartó de la puerta y me miró.

—Todavía no puedo decírtelo.

Sentí que la rabia empezaba a desplazar el miedo.

—¿En serio? ¿Después de todo esto, también vos vas a decirme que no podés contarme la verdad?

—No es tan sencillo.

—¡Llevo diez años viviendo entre secretos que ni siquiera recuerdo! Mi madre me mintió. Mateo me mintió. Gael me mintió. Y ahora vos aparecés de la nada, encerrada en un sótano, diciéndome que estás viva, pero que no podés explicarme quién te mantuvo acá.

Mara bajó la cabeza.

—Tenés razón.

Aquella respuesta me desarmó.

Había esperado una excusa, una explicación incompleta o una nueva advertencia. No que reconociera mi enojo.

—No voy a pedirte que me perdones —continuó—. Ni siquiera voy a pedirte que me creas. Pero necesito que escuches algo antes de que ese hombre consiga entrar.

Se acercó a la mesa.

Sobre ella había una pequeña grabadora, varias hojas dobladas y una fotografía enmarcada, colocada boca abajo.

Mara tomó una de las hojas.

—La noche del diecisiete de octubre no empezó con mi desaparición. Empezó un día antes.

Sentí un escalofrío.

—La fotografía que encontramos estaba fechada el dieciséis —dije—. A las diez y cuarenta y uno de la noche.

Ella levantó los ojos.

—Entonces ya encontraste una parte.

—¿Qué parte?

Mara dejó la hoja sobre la mesa.

—La razón por la que estábamos en esta casa.

Me acerqué.

—¿Qué pasó?

Mara respiró hondo, como si cada palabra le costara un esfuerzo enorme.

—Había descubierto algo sobre una persona que todos conocíamos. Algo que podía destruir a varias familias. Al principio pensé que era una mentira, una historia inventada para asustarme. Pero encontré documentos. Fotografías. Registros que demostraban que alguien había estado ocultando lo que realmente ocurrió con una chica muchos años antes.

—¿Qué chica?

Mara me sostuvo la mirada.

—Una chica que también desapareció.

El sótano pareció hacerse más pequeño.

—¿Antes que vos?

Asintió.

—Mucho antes.

—¿Y qué le pasó?

—Eso intentaba averiguar cuando me encontraron.

Miré las hojas sobre la mesa. Algunas tenían fechas; otras, nombres escritos a mano. No alcancé a distinguirlos todos, pero uno se repetía varias veces.

VALDÉS.

—¿Inés sabía lo que habías descubierto? —pregunté.

—Sí.

—¿Mi madre?

Mara vaciló.

Fue apenas un segundo, pero lo vi.

—Elena sabía algunas cosas.

—¿Cuáles?

—Que había personas dispuestas a hacer cualquier cosa para que la verdad no saliera a la luz.

Me apoyé contra la mesa.

—¿Y yo qué tengo que ver?

Mara me miró con una tristeza que no supe interpretar.

—Vos escuchaste algo que no debías.

—¿Qué escuché?

—No lo sé con certeza.

—¡Pero acabás de decir que…!

—¡Porque no puedo recordar toda esa noche, Abril!

Su voz se quebró.

El silencio que siguió fue diferente a los anteriores. Ya no estaba lleno de amenazas ni de pasos ocultos. Estaba lleno de algo mucho más incómodo: la posibilidad de que Mara tampoco tuviera todas las respuestas.

Se llevó una mano a la frente.

—Hay partes que recuerdo con claridad. Otras están mezcladas. Recuerdo el río, el frío, una luz que me lastimaba los ojos. Recuerdo que alguien me sujetaba la mano y que yo no quería soltarla. Pero no recuerdo quién era.

—¿Y cómo llegaste acá?

—Me trajeron.

—¿Quién?

—No lo vi.

—¿Cuánto tiempo llevás encerrada?

Mara no respondió inmediatamente.

Miró la bombilla del techo, como si estuviera calculando algo.

—No sé qué fecha es hoy.

Sentí una punzada de angustia.

—Es doce de octubre.

Su rostro cambió.

—¿Del año…?

Se lo dije.

Mara cerró los ojos.

Por un instante pareció que iba a desmayarse, así que me acerqué para sostenerla. Esta vez no intentó apartarse.

—Diez años —susurró.

Asentí lentamente.

—Diez años.

Se llevó una mano a la boca.

No lloró enseguida. Primero se quedó quieta, mirando un punto invisible de la pared. Después sus hombros comenzaron a temblar y se cubrió el rostro.

No sabía qué hacer.

No sabía si abrazarla, si dejarla sola o si exigirle que me contara cómo había sobrevivido todo ese tiempo.

Al final, hice lo único que me salió de manera natural.

Me acerqué y la abracé.

Mara se aferró a mí con una fuerza inesperada, como si temiera que alguien fuera a separarnos de nuevo.

Durante unos segundos, no hubo secretos, ni sospechosos, ni fotografías.

Solo una mujer que todos creían muerta y una chica que nunca había podido entender por qué su nombre aparecía en el centro de una historia que no recordaba.

—Lo siento —murmuró Mara contra mi hombro.

Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.

—No sé si puedo perdonarte.

—No te lo estoy pidiendo.

—Estoy enojada con vos.

—Lo sé.

—Y tengo miedo.

Mara se apartó apenas para mirarme.

—Yo también.

Aquella confesión fue mucho más aterradora que cualquier amenaza.

Porque Mara Vidal, la chica que había desaparecido sin dejar un cuerpo, la muchacha a la que Santa Aurelia había convertido en una leyenda triste, estaba viva.

Y tenía miedo.

Un ruido detrás de la puerta nos hizo separarnos.

Tres golpes.

Luego dos más.

Me quedé inmóvil.

—¿Es él? —susurré.

Mara negó lentamente.

—No.

—¿Cómo lo sabés?

Se acercó a la puerta y escuchó.

Al otro lado, una voz masculina habló en un susurro:

—Abril. Soy yo.

Gael.

Corrí hacia la puerta y giré la llave. Abrí apenas lo suficiente para verlo.

Tenía el labio lastimado y una marca rojiza en la mejilla. Respiraba con dificultad, pero estaba de pie.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Sí. ¿Vos?

Asentí.

Su mirada se desplazó por encima de mi hombro y se detuvo en Mara.

Por primera vez desde que lo conocía, vi que se quedaba completamente sin palabras.

Mara lo observó con una expresión imposible de descifrar.

—Hola, Gael.

Él dio un paso hacia ella.

—No.

Mara frunció el ceño.

—¿No qué?

—No podés ser vos.

—Entiendo que te cueste creerlo.

—Te vi…

Se interrumpió.

Mara esperó.

Gael tragó saliva.

—Te vi en el río.

—No me viste a mí.

—Había alguien…

—Había una persona con mi abrigo. Eso es lo que viste.

Gael negó con la cabeza.

—No. Yo escuché…

—Escuchaste lo que querían que escucharas.

Él retrocedió como si hubiera recibido un golpe.

Yo miré a uno y a otra, intentando seguir una conversación que parecía haber comenzado diez años antes de mi nacimiento.

—¿De qué están hablando?

Mara se sentó lentamente en la silla.

—De la noche en que todos creyeron que yo había muerto.

Gael seguía mirándola.

—¿Quién estaba en el río?

Mara entrelazó las manos sobre la mesa.

—Eso es lo que todavía tenemos que averiguar.

—¿No lo sabés?

—Sé que alguien preparó todo para que pareciera que yo había muerto. Sé que mi abrigo apareció cerca de la orilla. Sé que encontraron mi pulsera y un zapato. Y sé que alguien se aseguró de que mi familia organizara un funeral sin tener un cuerpo que enterrar.

Miró a Gael.

—Pero no sé quién puso esas cosas ahí.

Él se quedó callado.

—¿Y por qué te encerraron? —pregunté.

Mara levantó la vista hacia mí.

—Porque vi a alguien después de salir del río.

—¿A quién?

Sus ojos se desplazaron hacia la puerta.

Por un momento pensé que volvería a negarse a responder. Que me daría otra frase misteriosa, otra advertencia que me obligaría a pasar una noche entera intentando descifrarla.

Pero esta vez habló.

—A alguien que todos ustedes conocen.

Un frío lento me recorrió la espalda.

—¿Quién?

Mara abrió la boca.

Entonces el teléfono de Gael comenzó a sonar.

Los tres miramos la pantalla.

El número era desconocido.

Gael rechazó la llamada.

El teléfono volvió a sonar inmediatamente.

—Atendé —le dije.

—No.

—Gael…

—No sabemos quién está llamando.

—Precisamente por eso.

Me miró durante un segundo y finalmente deslizó el dedo por la pantalla.

—¿Qué querés? —preguntó.

No escuchamos ninguna respuesta, pero su expresión cambió de inmediato.

Primero frunció el ceño.

Después palideció.

Por último, apartó lentamente el teléfono de su oído y miró a Mara.

—¿Qué pasa? —pregunté.

Gael no respondió.

—¿Qué te dijeron?

Me mostró la pantalla.

Había llegado un mensaje.

QUÉ BONITO QUE HAYAN VUELTO A ENCONTRARSE.

Debajo aparecía una fotografía.

Era una imagen de la habitación en la que estábamos. Se veía la mesa, la silla y a Mara sentada con las manos entrelazadas.

La fotografía había sido tomada desde arriba.

Desde el techo.

Levanté la cabeza de golpe.

La bombilla se balanceaba suavemente.

Y, detrás de ella, en una esquina donde la humedad había desprendido parte del revoque, había un pequeño dispositivo negro.

Una cámara.

Mara siguió mi mirada y se puso de pie tan rápido que la silla cayó al suelo.

—No —susurró.

Se acercó a la pared y arrancó el dispositivo de un tirón.

El cable se desprendió junto con un pedazo de yeso.

—¡Nos estuvo mirando todo el tiempo!

Gael revisó el aparato.

—Esto está conectado a algo.

—¿A qué? —pregunté.

—No lo sé.

El teléfono vibró de nuevo.

Otro mensaje.

Esta vez no había fotografía.

Solo una frase.

YA QUE ENCONTRASTE A MARA, PREGUNTALE POR QUÉ DEJÓ QUE TODOS CREYERAN QUE VOS HABÍAS MUERTO TAMBIÉN.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

Leí el mensaje una vez.

Después otra.

—¿Qué significa esto? —pregunté.

Mara no dijo nada.

La miré.

—¿Por qué dice eso?

Ella se había quedado completamente quieta, con la cámara rota entre las manos.

—Mara.

No respondió.

—¡Mara, mirame!

Finalmente levantó la cabeza.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Porque hubo una segunda persona que desapareció aquella noche.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

Mara me miró directamente.

—Vos, Abril.

Negué con la cabeza.

—Yo estoy acá.

—Ahora, sí.

Su voz se quebró.

—Pero durante tres días, nadie supo dónde estabas. Tu madre te buscó por todo el pueblo. Mateo no habló con nadie. Y cuando finalmente apareciste, no recordabas tu nombre.

Me quedé sin palabras.

Tres días.

Mi madre nunca me había contado que había desaparecido durante tres días.

Mateo jamás había mencionado que me había perdido.

Gael tampoco.

—¿Dónde estuve? —pregunté.

Mara cerró los ojos.

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabés? ¡Estabas ahí!

—¡No estuve con vos durante esos tres días!

Su grito rebotó en las paredes.

Después se llevó una mano a la boca, arrepentida.

Me alejé un paso.

—Entonces, ¿cómo sabés que desaparecí?

Mara bajó la mirada hacia la cámara rota.

—Porque cuando salí del río, alguien me mostró una fotografía tuya.

—¿Qué fotografía?

—Vos, acostada en una cama. Tenías los ojos cerrados. Había una fecha escrita en el reverso.

Sentí que me temblaban las piernas.

—¿Qué fecha?

Mara levantó la mirada.

—El veinte de octubre.

El día en que, según todos los registros que había visto, yo ya estaba de vuelta en casa.

El día en que mi madre había asegurado que me había encontrado durmiendo en mi habitación.

El día en que, por primera vez después de la desaparición de Mara, yo había vuelto a hablar.

Miré a Gael.

Él parecía tan desconcertado como yo.

—¿Quién te mostró esa fotografía? —pregunté.

Mara abrió la boca.

Pero antes de que pudiera responder, escuchamos un sonido metálico en la puerta de la habitación.

La llave estaba girando desde el otro lado.

Alguien había cerrado la puerta mientras nosotros hablábamos.

Y ahora estaba intentando entrar.

Gael se interpuso entre Mara y la entrada.

Yo retrocedí hacia la mesa.

La manija bajó lentamente.

Una vez.

Dos.

Después, una voz femenina habló desde el otro lado.

Una voz que conocía mejor que ninguna otra.

—Abril, mi amor. Abrí la puerta.

Se me detuvo el corazón.

Mara cerró los ojos con una expresión de derrota absoluta.

—No —susurró—. Por favor, no ella.

Mi madre volvió a hablar.

—Sé que estás ahí, hija.

Y entonces dijo algo que me hizo comprender que había llegado hasta aquella mansión sabiendo perfectamente quién estaba encerrado en el sótano.

—Tenemos que irnos antes de que Mara te cuente lo que hicimos con la otra niña.

__________🌸

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Anonimus✨
Una obra de arte, me llaman más la atención los policiales desde el libro, quiero más novelas tuyas autor porfa termina de completar las demás novelas que tienes☺️☺️☺️☺️
Fénix.
Bravo🙌
Fénix.
No puede ser!! hubo algunos capitulos en los que me perdí pero me atrapó completamente 👏👏 bravo quiero más novelas tuyas🤭👏
Anonimus✨
Ostraaas! pero que pasada ella tiene algo que ver con la muerte de la chica??/Shame//Shame//Shame//Shame/
Anonimus✨
Se conocían? no puede ser!!!!/Shy/
Anonimus✨
Uuuuh no mames wey!!
Anonimus✨
Que genial el prólogo! la me imagino el resto de la historia
Fénix.
uffff que intrigante quiero más /Whimper//Whimper//Whimper/
Fénix.
Interesante historia, es mi primera vez leyendo una novela policial jaja le veo potencial, espero más caps😊😊😊
🌸SugarBloom🌸: Entonces espero que te guste mucho esta novela ☺️☺️
total 1 replies
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