Ellos son enemigos mortales en la escuela tras morir juntos en un accidente renacen en una novela dónde son los villanos
NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 5
—Juner.
La voz de un hombre resonó desde la entrada de la cámara nupcial.
Alma, que todavía sostenía el bastón con intenciones homicidas, se quedó quieta.
—¿Juner? —repitió el hombre con desprecio.
Ella miró a su izquierda y después a su derecha.
—¿Me dices a mí? —preguntó, señalándose el pecho.
El hombre arqueó una ceja.
—¿A quién más podría estar mirando, víbora asquerosa?
Alma abrió la boca, indignada.
—¡¿A quién llamas víbora?!
—A ti. ¿O también has perdido la vergüenza además de la memoria?
—¡Oye, viejo maleducado! ¡Ni siquiera te conozco!
—¡Le hiciste daño a Shusu! ¡A mi adorada y amada Shusu!
El hombre parecía a punto de arrancarle la cabeza.
Alma retrocedió un paso.
¿Shusu? ¿Quién demonios era Shusu?
Entonces, como si alguien hubiera abierto una compuerta dentro de su cerebro, un recuerdo apareció en su mente.
Una novela.
Una novela romántica de época que había estado leyendo antes de la excursión escolar. La historia de una princesa heredera falsa, un marqués despiadado y una mujer protagonista amada por todos.
Alma sintió que se le helaba la sangre.
Juner.
Ese era el nombre de la villana que había leído en la novela.
La falsa princesa heredera, una mujer arrogante que maltrataba a Shusu, la protagonista femenina, y que estaba casada con Xie Lang, el marqués más peligroso del imperio.
Y lo peor…
Lo peor era que Juner terminaba muriendo de la manera más horrible posible.
Alma se llevó ambas manos a la cabeza.
¡No puede ser!
¡No me digas que reencarné en esa mujer!
¡¿Por qué no pude convertirme en la protagonista?!
El hombre seguía mirándola con asco.
—¿Qué sucede? ¿Ahora vas a fingir inocencia? Siempre has sido una mujer despreciable, Juner.
Los ojos de Alma se llenaron de lágrimas.
—No es cierto… Soy inocente.
El silencio se extendió por la habitación.
Incluso el hombre pareció sorprenderse por aquella respuesta.
Alma comenzó a llorar de verdad.
—¡Yo no hice nada! ¡No sé quién es Shusu! ¡No sé dónde estoy! ¡Y tampoco quiero morir!
Mino, que había permanecido junto a ella, dejó de sonreír.
Al verla temblar, se acercó y la rodeó con los brazos.
Alma se aferró instintivamente a su ropa.
—Tranquila. Estoy aquí —murmuró él, acariciándole la espalda.
Después levantó la mirada hacia el hombre.
Su expresión había cambiado por completo.
—Si te atreves a lastimar a mi esposa, no me quedaré quieto.
El hombre soltó una carcajada.
—¿Tu esposa?
Miró a Alma y después a Mino, como si acabara de presenciar el espectáculo más ridículo de su vida.
—Soy el rey regente. ¿Qué podría hacerme un simple marqués como tú?
Mino no respondió inmediatamente.
El rey regente sonrió con crueldad.
—Aunque supongo que una falsa princesa heredera y un marqués despreciado se merecen mutuamente.
Se acomodó las mangas y se dirigió hacia la salida.
—Espero que sean muy felices juntos. Se merecen mutuamente para arruinarse la vida por siempre.
—Espera.
La voz de Mino lo detuvo antes de que cruzara la puerta.
El rey regente giró lentamente la cabeza.
Mino todavía tenía un brazo alrededor de Alma, pero su mirada era fría.
—Si le declaras la guerra a ella, también me la declaras a mí. Y ni creas que me quedaré de brazos cruzados mientras intentas hacerle daño.
El hombre dejó de sonreír.
Durante varios segundos, observó al marqués como si estuviera intentando descubrir si se trataba de una broma.
Juner y Xie Lang se odiaban.
Todo el mundo lo sabía.
Su matrimonio había sido una desgracia para ambos, y sus peleas eran tan frecuentes que los sirvientes apostaban sobre quién intentaría asesinar al otro primero.
Entonces, ¿por qué demonios Xie Lang estaba defendiendo a Juner?
¿Y por qué la abrazaba como si temiera que alguien se la arrebatara?
El rey regente entrecerró los ojos.
—Qué curioso, marqués.
Mino le sostuvo la mirada.
—No encuentro nada curioso en proteger a mi esposa.
—Ya veremos cuánto dura ese entusiasmo.
El rey regente se dio la vuelta y se marchó.
Cuando sus pasos desaparecieron por el corredor, Mino soltó lentamente el aire que había estado conteniendo.
Luego bajó la mirada.
Alma seguía aferrada a su ropa.
Tenía la cara empapada de lágrimas.
—Oye, hámster…
Ella levantó la cabeza.
—¡Todo es tu culpa, idiota!
Mino parpadeó.
—¿Qué?
—¡Si no te hubieras lanzado al agua, ahora no estaría casada contigo! ¡Y si no me hubieras molestado durante toda mi vida, quizá habría tenido una muerte tranquila! ¡Ahora estoy dentro de una novela y voy a morir de la peor manera posible!
—¡¿Y cómo se supone que iba a saber que saltar a un río nos llevaría a una novela?!
—¡No lo sé! ¡Pero algo habrás hecho mal!
—¡¿Yo?!
—¡TÚ!
—¡Fuiste tú quien se cayó primero!
—¡PORQUE EL PUENTE SE ROMPIÓ!
—¡PUES YO ME TIRÉ PARA SALVARTE!
—¡NADIE TE LO PIDIÓ!
Mino se llevó ambas manos a la cabeza.
Había muerto por ella.
Había cruzado a otra vida con ella.
Y ni siquiera había recibido un agradecimiento.
Definitivamente, esta mujer va a acabar conmigo.
—¡Basta!
La voz de la nodriza los hizo callar.
La mujer golpeó el suelo con su bastón.
—¡¿Qué vergüenza es esta?! ¡Es el día de su boda! ¿Qué dirán los invitados si los novios terminan matándose antes de que termine la noche?
Alma y Mino intercambiaron una mirada.
—Ella empezó —dijo él.
—¡Mentiroso! ¡Tú empezaste!
—¡Acabas de gritarme!
—¡Porque eres insoportable!
—¡Y tú eres una llorona!
La nodriza alzó el bastón.
Ambos cerraron la boca.
—Escúchenme bien, jovencitos. No pienso tolerar estas peleas. Si vuelvo a escuchar un solo grito, los castigaré personalmente. ¿Me han entendido?
Alma asintió con la cabeza.
Mino también.
—Bien. Ahora siéntense y compórtense como recién casados.
La nodriza salió de la habitación, satisfecha de haber recuperado la paz.
La puerta se cerró.
Alma y Mino permanecieron inmóviles durante unos segundos.
Después, ella se inclinó hacia él y susurró:
—Voy a matarte mientras duermes.
Mino le devolvió una sonrisa encantadora.
—Qué romántica, esposa mía.
—¡NO ME LLAMES ASÍ!
—¡Silencio! —gritó la nodriza desde el corredor.
Los dos se taparon la boca.
Alma sintió que iba a llorar otra vez.
Estoy condenada.
Y, por primera vez en su vida, no estaba exagerando.
Porque ahora recordaba perfectamente el destino de Juner.
En la novela original, la falsa princesa heredera se convertía en enemiga de Shusu, perdía todos sus privilegios y terminaba ejecutada públicamente.
Xie Lang tampoco tenía un futuro mucho mejor.
El marqués era un villano que se enfrentaba a la familia imperial y terminaba pagando por sus crímenes.
Los dos estaban destinados a destruirse.
Y ahora…
Ahora estaban casados.
Alma miró de reojo a Mino, que parecía estar pensando con una seriedad inusual.
—¿Qué estás tramando? —preguntó ella.
Él la miró.
—Estoy pensando en cómo sobreviviremos.
Alma se quedó callada.
Mino le tendió la mano.
—Escucha, hámster. No sé cómo hemos llegado aquí, pero no pienso morir otra vez. Así que, por ahora, tendremos que cooperar.
Ella miró su mano con desconfianza.
—¿Cooperar contigo?
—Sí.
—¿Con mi peor enemigo?
—Tu único enemigo en este momento es el rey regente, y acaba de amenazarnos a los dos.
Alma apretó los labios.
Odiaba admitirlo, pero tenía razón.
Si estaban dentro de aquella novela, necesitaban conocer las reglas de ese mundo y evitar el final que les esperaba.
Y, sobre todo, necesitaban impedir que los demás descubrieran que algo había cambiado.
Alma tomó su mano.
—Está bien. Pero solo hasta que encontremos una manera de sobrevivir.
Mino entrelazó los dedos con los suyos y sonrió.
—Por supuesto, esposa mía.
Ella volvió a levantar el bastón.
—¡MINO!
—¡Está bien, está bien! ¡Ya me callo!
Pero mientras Alma lo perseguía alrededor de la cama, Mino no pudo evitar sonreír.
Había una cosa que la novela jamás podría predecir.
En su vida anterior, él había amado a Alma en secreto.
Y en esta vida, por primera vez, tenía una excusa perfecta para permanecer a su lado.
Aunque tuviera que soportar que su esposa intentara asesinarlo todas las noches.