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Cartas para un alfa que nunca existió

Cartas para un alfa que nunca existió

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Comedia / ABO
Popularitas:174
Nilai: 5
nombre de autor: felina black

Ethan Ashford tiene veinte años, un tío empeñado en casarlo cuanto antes y una lista interminable de pretendientes ricos, educados… e insoportables.

Para librarse de la presión, se le ocurre una broma: inventar a un prometido imposible de investigar. Un alfa extranjero. Un capitán de la Fuerza Aérea de Corea del Sur. Un tal Kang Min-Jae que jamás podría presentarse en Ravenshire.

Una noche, sin pensarlo, Ethan le escribe una carta. Cuatro páginas de confesiones, quejas y sueños que nunca le ha contado a nadie. Y, por capricho, la envía.

Lo que Ethan no sabe es que, en una base aérea de Seúl, existe un hombre llamado Kang Min-Jae. Que la carta llegó a sus manos. Y que no puede dejar de leerla.

Carta tras carta, entre el humor, la soledad y una sinceridad que no se atreve a mostrar de frente, Ethan se enamora de alguien que cree que no existe. Y Min-Jae, que lleva meses guardando cada sobre en un cajón, se enamora de un desconocido al que no sabe cómo responder.

Hasta que una misión militar lo trae a la ciudad de las cartas, a pocas calles de una florería.

¿Qué pasa cuando el destinatario imaginario resulta ser real? ¿Y cuando la verdad hiere más que cualquier mentira?

NovelToon tiene autorización de felina black para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 — Una oportunidad inesperada

La lluvia había vuelto a Ravenshire.

Pequeñas gotas resbalaban por los cristales de la florería mientras Ethan acomodaba macetas junto al vitrina.

Era uno de esos días tranquilos.

Sin muchos clientes.

Sin eventos.

Sin visitas inesperadas.

O al menos eso creía.

—¡Señor Ashford!

Ethan levantó la cabeza.

Clara salió corriendo de la parte trasera de la tienda.

—¿Qué pasó?

—Llegó un encargo para ti.

—¿Un encargo?

—Sí.

—Yo no pedí nada.

—Entonces alguien lo pidió.

—Clara, esa lógica fue impresionante.

Ella puso los ojos en blanco.

—Solo ven.

Intrigado, Ethan la siguió hasta el depósito.

Sobre una mesa había una caja elegante.

Pequeña.

Atada con un listón azul.

Sin remitente.

Sin ninguna explicación.

—Qué raro...

—Muy raro.

Ethan la abrió con cuidado.

Dentro había un jarrón de porcelana pintado a mano.

Delicado.

Antiguo.

Precioso.

Y acompañado de una tarjeta.

Para alguien que ama las flores más de lo que debería.

Ethan reconoció la letra al instante.

—Oliver...

Clara sonrió.

—Ah.

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara?

—Esa cara.

—¿La cara de quien está viendo cómo nace un romance?

—Exactamente esa.

—No lo puedo evitar.

Ethan suspiró.

Sabía que Oliver estaba intentando ser amable.

Pero eso solo lo complicaba todo.

Porque seguía sin sentir lo que debería sentir.

Esa noche, sentado frente al escritorio, Ethan empezó otra carta.

La decimoséptima.

O quizá la decimoctava.

Ya no lo sabía.

Querido capitán Kang Min-Jae,

La sonrisa le salió de forma automática.

Hoy recibí un regalo.

Contó lo del jarrón.

Lo de Oliver.

Lo de Clara.

Y la incómoda sensación que seguía en su pecho.

Él de verdad se está esforzando.

La pluma vaciló.

Quizá el problema sea yo.

Se detuvo.

Observó la frase.

Luego negó con la cabeza.

No.

Eso tampoco parecía correcto.

Entonces añadió:

No es justo aceptar a alguien solo porque parece la opción correcta.

Esa frase sonaba más verdadera.

Más honesta.

Más suya.

Cuando terminó la carta, se quedó unos segundos mirando el sobre.

A veces se preguntaba qué diría el capitán si pudiera responder.

Seguramente se reiría de sus problemas.

O quizá le ofrecería algún consejo sabio.

Era curioso.

Después de tantos meses, Ethan ya podía imaginar respuestas de alguien que no existía.

Mientras tanto, en Seúl...

Min-Jae participaba en una reunión que se alargaba desde hacía casi dos horas.

Mapas.

Informes.

Planificación.

Documentos.

Todo extremadamente importante.

Todo extremadamente aburrido.

—Capitán Kang.

Levantó la vista.

El coronel recorría la sala con la mirada.

—Como comentamos antes, habrá una misión de cooperación internacional.

Min-Jae asintió.

Nada fuera de lo común.

Las fuerzas aéreas de distintos países realizaban ejercicios conjuntos con frecuencia.

—El lugar elegido será Britania.

El corazón de Min-Jae se detuvo.

Por un segundo.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

—¿Capitán?

—Sí, señor.

—¿Algún problema?

—Ninguno.

Mentira.

Un enorme problema.

Porque ahora su cerebro había dejado de funcionar por completo.

Britania.

La misma Britania de Ethan.

La misma Britania de las cartas.

La misma Britania que llevaba meses ocupando sus pensamientos.

—La misión durará aproximadamente tres semanas.

Min-Jae escuchó el resto de la reunión.

O al menos fingió escucharla.

Porque una sola palabra seguía resonando en su cabeza.

Britania.

Britania.

Britania.

Más tarde, Ji-Ho encontró a su amigo parado frente a la máquina de café.

Inmóvil.

Pensativo.

Casi alarmantemente inmóvil.

—¿Qué pasó?

Silencio.

—¿Min-Jae?

—Vamos a Britania.

Ji-Ho parpadeó.

—Bien.

—Dentro de dos meses.

—Bien.

—Para una misión conjunta.

—Eso es excelente.

Silencio.

Entonces Ji-Ho entrecerró los ojos.

—Espera.

—...

—¿Britania?

—Sí.

—¿La misma Britania?

—Sí.

—¿La Britania de Ethan?

Min-Jae permaneció en silencio.

Ji-Ho se llevó las manos a la cabeza.

—Dios mío.

—Basta.

—Esto parece guion de novela romántica.

—No lo parece.

—Parece mucho.

—Ji-Ho.

—¿Vas a ir a verlo?

La pregunta quedó flotando en el aire.

Pesada.

Peligrosa.

Tentadora.

Min-Jae no respondió enseguida.

Porque, por primera vez, la posibilidad parecía real.

Ya no era una fantasía.

Ni un sueño lejano.

Ni una hipótesis imposible.

Podía suceder.

Tal vez.

—No sé.

Ji-Ho sonrió.

—Mentira.

—¿Qué?

—Ya sabes exactamente lo que quieres hacer.

Esa noche, solo en su departamento, Min-Jae abrió el cajón de las cartas.

Sacó la más reciente.

La que hablaba de Oliver.

La leyó despacio.

Una vez.

Luego otra.

Su mirada se detuvo en una frase en particular.

No es justo aceptar a alguien solo porque parece la opción correcta.

Min-Jae sonrió.

Porque aquello era muy de Ethan.

Honesto.

Terco.

Valiente.

Incluso cuando estaba confundido.

Después caminó hasta la ventana.

Contempló las luces de la ciudad.

Y, por primera vez, se permitió imaginar algo.

Una pequeña florería.

Un jardín lleno de rosas.

Un joven omega sentado frente a un escritorio.

Y un encuentro que quizá estuviera más cerca de lo que cualquiera de los dos imaginaba.

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