NovelToon NovelToon
Rechazada por gorda, elegida como madre

Rechazada por gorda, elegida como madre

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Grandes Curvas / Divorcio / Amor Campestre / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CovieVy

El día que su divorcio quedó firmado, Mireya terminó en el suelo del estacionamiento del juzgado, con las rodillas ensangrentadas, noventa y cinco kilos de humillación y cuatro dólares en la cartera. Su exmarido la llamó «gorda». Su exsuegra y su excuñada, «cerda». Nadie se detuvo a ayudarla.

Esa misma tarde, un anuncio en las redes sociales le abre una puerta imposible: SE BUSCA A ALGUIEN DISPUESTA A SER MADRASTRA.

Al final de un camino de tierra la espera una hacienda enorme, un niño de cinco años que se niega a comer y a dejarse tocar, y Álvaro Zarreta: un hombre de mirada helada que no necesita una esposa, solo una madre para su hijo. Una prueba absurda, un plato de arroz frito y un matrimonio por contrato después, Mireya descubre que la tierra descuidada de esa hacienda le habla como a nadie, que un niño puede enamorarse de quien le roba la comida, y que hasta el hombre más callado sabe, a su manera, celar.

Pero su pasado no se ha ido. El exmarido que la tiró como basura reaparece. Las reglas del contrato no son tan claras como parecían. Y en esa casa hay un pasado del que nadie le ha hablado.

NovelToon tiene autorización de CovieVy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

18. Vencer el encanto de Cleopatra

Mireya miró a Álvaro. Álvaro le sostuvo la mirada.

Pasaron unos segundos, hasta que Mireya habló.

—Si usted... digo, si tú no quieres venir con nosotros, no pasa nada.

Álvaro asintió.

—Cierto.

—Mañana Elián y yo seguimos como siempre.

Álvaro frunció el ceño de inmediato.

—¿Por qué?

Mireya parecía confundida.

—¿No dijiste que no querías venir?

Álvaro guardó silencio.

Elián soltó otra carcajada.

—¿Por qué Papá cada día se confunde más? —preguntó con toda inocencia.

Camilo volvió a bajar la cabeza. La pregunta inocente de Elián había dado justo en el blanco. Parece que el nuevo encanto de la señora ha vencido al de Cleopatra, pensó junto al patrón.

Álvaro tamborileó los dedos sobre la mesa.

—Creo que cambié de opinión.

Mireya frunció la frente.

—¿Y eso tan de repente?

Álvaro buscó una respuesta a toda prisa.

—Ah, es que Elián me obligó hace rato.

Mireya miró a Elián, que se reía cada vez más fuerte.

—Está bien.

Elián levantó la mano con la cuchara.

—¡Yupi! Mañana Mamá, Papá y yo vamos a sembrar todos juntos.

Álvaro lo miró rígido, sintiéndose un poco atrapado. Aunque nadie lo había atrapado.

—¿A qué hora empezamos?

—Temprano.

—¿A qué hora exactamente?

—Después del desayuno.

Álvaro asintió, resignado.

—De acuerdo.

En realidad, aquello no era trabajo suyo. Él solo era el dueño de la tierra que los trabajadores cultivaban. Pero algo, no sabía qué, lo empujaba a unirse a esa alianza de madre e hijo.

Mireya volvió a su comida.

Álvaro también comió.

Pero a los pocos bocados, Mireya dijo:

—Álvaaaro.

—¿Mmm?

—Si vas a venir a sembrar, no te pongas zapatos caros.

Álvaro miró sus zapatos.

—¿Crees que soy un citadino?

Mireya sonrió con torpeza.

—Es que me da miedo que se ensucien.

Elián sonrió satisfecho.

—¡Hurra! Papá no puede mentir, ¿eh? Mañana vienes a jugar con nosotros en la tierra.

Álvaro miró a su hijo. O sea que, para Elián, trabajar el huerto es revolver tierra.

De pronto le dio risa por dentro la forma en que su hijo hablaba cada vez más. Solo carraspeó un momento y siguió comiendo.

Luego miró a Mireya, que ahora le daba de comer a Elián.

Notó un pequeño cambio: la casa, siempre silenciosa, empezaba a sentirse distinta.

Aunque le gustaba la tranquilidad, tampoco le molestaba este pequeño alboroto.

* * *

A mediodía, Álvaro estaba en su estudio. Había una carpeta abierta sobre el escritorio. Sus ojos repasaban el contrato matrimonial que él mismo había redactado.

Encontró una frase.

No existe obligación de entrometerse en la vida privada del otro.

Álvaro golpeteó el escritorio con los dedos. Luego leyó la siguiente.

Mireya no está obligada a inmiscuirse en los asuntos laborales de Álvaro.

Frunció el ceño.

—Aquí está el problema.

Tomó la pluma.

Y tachó ese fragmento.

Pero cuando iba a reescribirlo, se oyó una voz afuera.

—¡Papá!

Álvaro se detuvo. La puerta se abrió. Elián entró con Mireya.

El niño traía algo en las manos.

—¡Mira, Papá!

Álvaro observó el objeto. Un azadón pequeño.

—¿Qué es eso?

—Es de Mamá.

Álvaro arqueó una ceja.

—¿Trajiste un azadón a mi estudio?

Elián asintió.

—Mamá dice que mañana tienes que usar este.

Álvaro miró a Mireya.

Mireya no parecía sentirse nada culpable.

—Yo nunca dije eso.

Elián rio.

—¡Mentí!

Salió corriendo. Mireya fue tras él.

Pero antes de irse, se detuvo en el umbral.

—Álvaaaro.

—¿Qué?

—Mañana no llegues tarde.

Álvaro levantó una ceja.

—¿Te atreves a darme órdenes?

Mireya sonrió apenas.

—No es una orden. Solo te lo recuerdo.

Y se fue. Álvaro volvió a mirar el contrato sobre su escritorio. La pluma seguía en su mano.

Despacio, tachó una frase más. Y murmuró:

—Parece que este contrato sí hay que cambiarlo.

Esta vez no era porque quisiera acercarse a Mireya. Tampoco porque necesitara una esposa.

Era porque, por primera vez en años, Álvaro quería que alguien lo esperara al volver a casa.

Qué mal se siente llegar y descubrir que nadie te recibe.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play