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Sangre De Dos Imperios : Bisturí Y Plomo

Sangre De Dos Imperios : Bisturí Y Plomo

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Mafia / Completas
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Aleksandra es una brillante residente de neurocirugía que creció en un orfanato creyendo que sus padres murieron en un accidente común. Desconoce que su padre fue un desertor de la mafia rusa que la entrenó en combate y manejo de armas antes de dejarle una fortuna oculta. Su ordenada vida da un vuelco la noche en que rescata de un callejón a Dante Moretti, el temido heredero de la mafia italiana, herido de muerte tras una emboscada.
Ella le salva la vida operándolo en secreto en su cocina y, entre la fiebre y el peligro, comparten una noche ardiente y desesperada. Al amanecer, él ha desaparecido. Descubriendo poco después que está embarazada, Aleksandra huye a Dubái con una beca médica para criar a su hijo lejos de la violencia.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Ojos de tormenta en el desierto

Tres años y medio después, el calor de Dubái se había convertido en la única piel que Dimitri conocía.

En la terraza del departamento del piso cuarenta y dos, el viento del atardecer soplaba desde el Golfo Pérsico arrastrando un olor tibio a salitre y arena dorada. Sobre una alfombra persa de seda oscura, un niño de tres años apilaba bloques de madera de forma milimétrica. No los tiraba, no los golpeaba como solían hacer los niños de su edad en el jardín de infantes; los alineaba con una paciencia meticulosa, observando la estabilidad de cada estructura antes de colocar la siguiente pieza.

Aleksandra lo observaba desde la cocina abierta, secándose las manos con un paño de lino.

Cada vez que el niño levantaba la cabeza, a ella se le cortaba el aire. Dimitri había heredado sus pómulos altos y el tono castaño claro de su cabello, pero sus ojos eran un calco brutal y despiadado de Dante Moretti. Esos iris grises, acerados, límpidos como el filo de una navaja, guardaban una intensidad impropia de la infancia. Incluso su postura al sentarse, con la espalda recta y los hombros firmes, proyectaba una sobriedad innata que no había sido enseñada.

—Dmitri, solnyshko —lo llamó en ruso, con esa voz suave que solo reservaba para él—. Ya es hora del baño. Mañana entras temprano al colegio.

El niño no protestó. Soltó con cuidado el último prisma de madera en la cúspide de su torre y se puso de pie con una agilidad felina, sin desbalancear la estructura. Corrió hacia ella con pasos silenciosos y abrazó sus piernas, escondiendo el rostro contra su pantalón de tela clara.

—Mami, ¿los barcos grandes del puerto van a dormir hoy? —preguntó en un italiano fluido, mezclado con la cadencia dulce del ruso que hablaban puertas adentro.

Aleksandra se agachó a su altura, acariciándole el cabello suave mientras aspiraba el aroma a colonia infantil y sol que desprendía su piel.

—Los barcos nunca duermen del todo, mi amor. Siempre hay alguien en cubierta cuidando el rumbo —respondió ella, sonriéndole con ternura mientras le acariciaba la mejilla—. Como nosotros. Siempre atentos.

Dimitri asintió con una seriedad cómplice. Desde que el niño había aprendido a caminar, Aleksandra había transformado su propio entrenamiento en juegos cotidianos de agilidad y memoria espacial. Le enseñaba a memorizar las salidas de emergencia de los centros comerciales, a notar qué personas caminaban detrás de ellos por la acera y a guardar silencio absoluto cuando ella le daba un toque específico con dos dedos sobre el hombro. Para Dimitri era un juego fascinante con su madre; para Aleksandra era el único seguro de vida que podía legarle a un niño que llevaba la sangre de dos linajes marcados por la muerte.

A sus veintinueve años, la vida de Aleksandra Rossi en los Emiratos era el modelo perfecto de éxito y respetabilidad.

Había completado la beca internacional en tiempo récord y el comité médico del Dubai Neuroscience Institute no había dudado un solo segundo en ofrecerle la jefatura adjunta del departamento de neurocirugía vascular y de base de cráneo. En los quirófanos la llamaban «la Dama de Hielo»: una cirujana capaz de operar aneurismas gigantes de doce horas sin que le temblara un solo músculo de la espalda, siempre contenida, pulcra y distante de la vida social de la élite de expatriados.

Fuera del hospital, nadie entraba a su círculo. No asistía a las galas benéficas en los hoteles de la palmera ni a las fiestas privadas en los yates de la marina. Su universo entero comenzaba en la puerta del quirófano y terminaba en los brazos de Dimitri.

Esa noche, tras arropar al niño en su cama baja con forma de barco y leerle dos capítulos de un cuento popular eslavo hasta que su respiración se volvió pesada y rítmica, Aleksandra regresó a la sala principal.

La ciudad abajo era un mar de luces doradas, autopistas elevadas surcadas por autos de alta gama y rascacielos que arañaban las nubes. Era una fortaleza construida a base de billones de dólares y tecnología de vigilancia omnipresente, el lugar más seguro del planeta según las estadísticas internacionales.

Se acercó a un pequeño escritorio de ébano junto al ventanal. Abrió el cajón inferior, deslizó el doble fondo de terciopelo y sacó una caja de madera lacada sin cerradura visible. En su interior descansaban dos objetos: una pistola Glock 43 negra, compacta, impecablemente aceitada y registrada con un permiso de porte especial que la directiva de seguridad del hospital le había facilitado por protocolo de altos dignatarios, y el encendedor Dupont de oro y laca negra.

Aleksandra tomó el encendedor entre sus dedos. El metal conservaba ese peso familiar y sólido. Con el pulgar rozó las iniciales D. M. grabadas en la base.

A veces, en la soledad de las madrugadas cuando el silencio del departamento se volvía opresivo, cerraba los ojos y volvía a sentir el olor a lluvia y sangre de aquella noche en Milán. Se preguntaba si Dante seguiría vivo, si la guerra interna habría terminado por consumirlo o si gobernaba su territorio desde las sombras. Nunca había buscado su nombre en los registros públicos; cualquier búsqueda digital desde una red institucional podía dejar una traza electrónica que algún hacker de la mafia pudiera rastrear. Para el mundo, Aleksandra Rossi era una huérfana italiana sin parientes vivos.

Un tintineo seco interrumpió sus pensamientos.

Su teléfono de guardia, el de uso exclusivo para emergencias de código rojo neuroquirúrgico, comenzó a vibrar con insistencia sobre la mesa de cristal.

Aleksandra guardó el encendedor y la pistola en el compartimento secreto, cerró el escritorio y atendió de inmediato.

—Doctora Rossi al habla.

—Doctora, disculpe la hora —la voz agitada pertenecía al doctor Al-Mansoor, director médico del instituto de guardia esa noche—. Tenemos una colisión múltiple de alta energía en la autopista Sheikh Zayed, cerca de la salida a Jebel Ali. Varios vehículos blindados involucrados. Acaban de ingresar al helipuerto a un paciente diplomático europeo con un traumatismo craneoencefálico grave y signos de herniación uncal inminente.

Aleksandra ya estaba caminando hacia el vestidor, cambiándose el pantalón de seda por un jean cómodo y zapatillas con una rapidez automática.

—¿Datos del paciente? —preguntó mientras se sujetaba el teléfono entre el hombro y la oreja y se ataba el cabello en una trenza tensa.

—Un alto ejecutivo del consorcio logístico portuario que negocia la concesión de terminales privadas entre Italia y los Emiratos. Traumatismo cerrado, fractura conminuta de peñasco temporal izquierdo y hematoma epidural masivo en expansión. Ya está intubado, pupila izquierda midriática y no reactiva. Necesitamos apertura de quirófano híbrido y craneotomía descompresiva de urgencia ya mismo. Ninguno de los cirujanos de guardia se anima a entrar sin usted.

—Salgo para allá. Dígale a la instrumentadora que prepare el craneótomo neumático y tres clips vasculares fenestrados por si hay compromiso del seno sigmoideo. Llego en ocho minutos.

Cortó la llamada. Golpeó suavemente la puerta de la habitación de servicio donde dormía Amina, la niñera filipina de confianza que cuidaba de Dimitri cuando las guardias imprevistas la reclamaban.

—Amina, tengo una emergencia quirúrgica. Cierra la puerta con doble traba por dentro y no abras bajo ninguna circunstancia. Si Dimitri despierta, dile que mamá vuelve para el desayuno.

—Descuide, doctora, yo me encargo —respondió la mujer con voz soñolienta pero eficiente.

Aleksandra tomó su bolso, se calzó la chaqueta ligera y salió al pasillo a paso rápido.

Mientras el ascensor panorámico descendía a toda velocidad devorando los cuarenta pisos hacia el garaje, una punzada fría, antigua e inexplicable le atravesó el estómago. Era ese sexto sentido que su padre siempre le decía que nunca debía ignorar: la certeza biológica de que el viento había cambiado de dirección y la tormenta estaba a punto de romper contra la costa.

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Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
Maria Laura Perez: Gracias 😘
total 1 replies
Marta Luisa Nebreda Escalante
porqué ella no instruye al hijo como su padre hizo con ella ? quedará a cargo de dos dinastías y el chico cero instrucción 🤔🤔🤔🤔🤔
Marta Luisa Nebreda Escalante
no sólo que lo abrió sino que ella se abrió de piernas a él 🤣
Marta Luisa Nebreda Escalante
ella es más mafiosa que él, porque viene de la mafia rusa 🤔🤦
Marta Luisa Nebreda Escalante
no quiere llevarlo hacia la mafia de su padre y qué lindo ejemplo le está dando al hijo con un arma en la mano.....va va vs🤔
Ana Cortes
felicidades me encantó tu novela fue fluida y no monótona lo único que al final las edades de los hermanos no coincidían ya que de principio se llevaban por tres años al final fueron por seis años todo lo demás lo disfrute al máximo éxito y bendiciones♥️♥️♥️
Marta Luisa Nebreda Escalante
jajaja jajaja 🤣, idiota e inconsciente dijo porque se fué y no pensó lo mismo cuando se encamo 😂😂😂😂😂😂
Ana Cortes
dios los libre
Mayra C Velez V
cuándo le dirá papá ☺️
Mayra C Velez V
madre mía 🤭
Ana Cortes
como dra puede irse sin pensar en sus pacientes de Dubai irse sin dar ninguna explicacion
Mayra C Velez V
mas de cuatro años... tres años y medio de Dimitri más el embarazo
Mayra C Velez V
/Toasted//Shy//Gosh/
Maria Gudiño
y el trabajo en Dubai 🤔🤔🤔?????
Mayra C Velez V
"en tú cama"
Mayra C Velez V
"en tu cocina" creo
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