sin espoiler
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LA MENTIRA
La noche había caído cuando la joven llegó a su casa.
Cerró la puerta detrás de ella.
Respiraba agitadamente.
Había lágrimas en sus ojos.
Pero aquellas lágrimas no eran producto del miedo.
Eran parte de un plan.
Había salido de la mansión de Christopher furiosa.
Kalel había defendido a Mirelith.
Había rechazado ponerse de su lado.
Y, para ella, aquello era imperdonable.
—Me las vas a pagar... —murmuró.
Miró su reflejo en el espejo.
Entonces tomó una decisión.
Con movimientos deliberados, desordenó su cabello y rasgó parte de su ropa para hacer parecer que había ocurrido algo violento.
Después dejó caer algunas lágrimas.
Cuando estuvo satisfecha con su apariencia, salió de la habitación.
—¡Papá!
Su voz resonó por toda la casa.
Un hombre apareció inmediatamente desde el despacho.
—¿Qué ocurre?
Ella corrió hacia él.
—¡Papá!
El hombre la sostuvo al verla llorando.
—¿Qué pasó?
Ella tardó unos segundos en responder.
—Fue Kalel...
Su padre se quedó inmóvil.
—¿Kalel?
Ella asintió entre lágrimas.
—Me hizo daño.
El rostro del hombre cambió inmediatamente.
—¿Qué quieres decir?
La joven comenzó a llorar con más fuerza.
—No quería hacerlo...
—¿Hacer qué?
Ella escondió el rostro contra el pecho de su padre.
—Kalel @bvsø de mí.
El silencio fue absoluto.
Su padre quedó completamente paralizado.
La preocupación se transformó rápidamente en furia.
—¿Estás segura?
Ella asintió.
—Sí.
—¿Dónde ocurrió?
—En la mansión.
El hombre apretó los puños.
—¿Christopher estaba allí?
—No.
Aquella respuesta hizo que su expresión se endureciera todavía más.
—¿Y nadie te ayudó?
Ella negó con la cabeza.
—No 😭
Su padre respiró profundamente.
—Voy a llamar a un médico.
Ella rápidamente negó.
—No.
—¿Por qué?
—Tengo miedo.
Él la abrazó.
—No tienes que tener miedo.
Ella cerró los ojos.
Había conseguido exactamente lo que quería.
Su padre estaba convencido.
Y ahora estaba furioso con Kalel.
—Te prometo algo —dijo él con voz grave—. Nadie va a hacerte daño y salir impune.
La joven bajó la mirada.
—Papá...
—¿Sí?
—No quiero que esto provoque una guerra.
Él la miró.
—No tienes que preocuparte por eso.
Su expresión se volvió fría.
—Yo me encargaré.
La joven fingió preocupación.
—Por favor, no hagas nada 😭
Pero en el fondo sabía que aquella frase tendría el efecto contrario.
Su padre tomó el teléfono.
—Necesito localizar a Kalel.
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Mientras tanto, en la mansión, Kalel permanecía en el salón.
No sabía nada de lo que estaba ocurriendo.
Mirelith estaba leyendo tranquilamente.
—¿Crees que tu novia estará bien? —preguntó ella.
Kalel suspiró.
—Está enojada conmigo.
—Probablemente necesite tiempo.
—Sí.
Kalel se sentó.
—Pero creo que la discusión fue necesaria.
Mirelith levantó la mirada.
—¿Por qué?
—Porque no quiero que siga tratándote como si fueras su enemiga.
Mirelith sonrió ligeramente.
—Gracias.
Antes de que Kalel pudiera responder, su teléfono comenzó a sonar.
Miró la pantalla.
No reconocía el número.
Contestó.
—¿Sí?
Una voz masculina respondió.
—¿Kalel?
—Sí.
—Tenemos que hablar.
Kalel frunció el ceño.
—¿Quién es?
—El padre de tu novia.
Kalel se quedó serio.
—¿Qué ocurre?
El hombre respondió con una voz fría.
—Tú sabes perfectamente lo que ocurrió.
Kalel se levantó.
—No sé de qué está hablando.
—Mi hija está en casa llorando.
Kalel sintió que algo no estaba bien.
—¿Qué?
—Dice que le hiciste daño.
El rostro de Kalel perdió el color.
—Eso es mentira.
Mirelith levantó inmediatamente la mirada.
—¿Qué sucede?
Kalel apenas podía hablar.
—Está diciendo que...
Se quedó callado.
El hombre al teléfono continuó:
—No vuelvas a acercarte a mi hija.
—¡Yo no le hice nada!
—Eso lo decidiré yo.
La llamada terminó.
Kalel permaneció inmóvil.
Mirelith se acercó.
—Kalel, ¿qué pasó?
Él la miró completamente desconcertado.
—Ella está diciendo que le hice daño.
Mirelith abrió los ojos.
—¿Qué?
—Es mentira.
—Te creo.
Kalel respiró profundamente.
—No entiendo por qué haría algo así.
Mirelith permaneció a su lado.
—Tienes que mantener la calma.
Pero Kalel sabía que aquello ya había dejado de ser una simple discusión.
El padre de su novia le creía.
Y estaba furioso.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, aquel hombre preparaba a sus propios hombres.
Había escuchado una sola versión de la historia.
Y para él era suficiente.
—Quiero que encuentren a Kalel.
Uno de sus hombres asintió.
—Sí, señor.
—Pero no hagan nada todavía.
El hombre tomó su abrigo.
—Primero quiero escucharlo de su propia boca.
En la mansión, Kalel observó su teléfono.
No sabía cómo demostrar que aquella acusación era falsa.
Y lo peor era que, en ese momento, nadie parecía dispuesto a escuchar su versión.
Mirelith colocó una mano sobre su hombro.
—No estás solo.
Kalel la miró.
—Gracias.
Pero ninguno de los dos sabía que aquella mentira acababa de poner en marcha un conflicto mucho mayor.
Porque el padre de la joven no conocía la verdad.
Y estaba a punto de enfrentarse a una familia mucho más poderosa de lo que imaginaba.