Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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La mentira dentro del recuerdo
Capítulo 11 —
—Yo.
Mateo leyó el mensaje varias veces.
No respondió.
Valentina miró la pantalla esperando los tres puntos que indicaban que estaba escribiendo.
Nada.
—Perfecto... —murmuró—. Justo ahora se quedó sin palabras.
Finalmente apareció:
Mateo:
"No estás segura de eso."
Valentina apretó el celular.
Valentina:
"Hay una fotografía."
Mateo:
"Las fotografías pueden mentir."
Ella frunció el ceño.
Valentina:
"¿Cómo puede mentir una fotografía?"
La respuesta tardó unos segundos.
Mateo:
"Porque alguien puede decidir qué mostrarte."
Valentina dejó de escribir.
Aquella respuesta no le gustó.
Nada.
Media hora después, Mateo estaba frente a su puerta.
Valentina abrió.
—¿Qué pasó?
Mateo entró sin decir nada.
—Buenos días para ti también.
Él la miró.
—¿Dónde está la fotografía?
Valentina se cruzó de brazos.
—¿Por qué?
—Porque necesito verla.
—¿Para qué?
—Valentina...
—No. Ya estoy cansada de que todos me digan qué hacer.
Mateo suspiró.
—Está bien.
Ella tomó la fotografía de la mesa y se la entregó.
Mateo la observó durante unos segundos.
Después la giró.
Leyó la frase escrita detrás.
Su expresión cambió.
—¿Qué? —preguntó Valentina.
Mateo no respondió.
—Mateo.
—Esto no estaba aquí.
—¿Qué cosa?
—Esta frase.
Valentina frunció el ceño.
—¿Cómo sabes?
—Porque yo vi esta fotografía aquella noche.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Y qué decía?
Mateo la miró.
—Nada.
—¿Nada?
—La parte de atrás estaba en blanco.
Valentina sintió que el estómago se le revolvía.
—Entonces alguien escribió esto después.
Mateo asintió.
—Sí.
—¿Y por qué alguien querría hacerme creer que yo provoqué el incendio?
Mateo no respondió.
Valentina lo miró fijamente.
—Tú sabes algo.
—Sí.
—¿Qué?
Mateo guardó silencio.
—¡Mateo!
Él levantó la mirada.
—Tú no provocaste el incendio.
Valentina se quedó quieta.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque yo estaba contigo.
La habitación quedó en silencio.
—¿Qué?
Mateo respiró profundamente.
—Yo estaba contigo cuando comenzó el fuego.
—Entonces dime qué pasó.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque me hiciste prometer que nunca te lo diría.
Valentina soltó una risa incrédula.
—¿Otra promesa secreta?
—Sí.
—Estoy empezando a odiar las promesas que hacía antes de perder la memoria.
Mateo sonrió ligeramente.
—Yo también.
Pero la sonrisa desapareció enseguida.
—Aquella noche entraste a la casa de Clara.
—¿Por qué?
—Porque pensabas que allí estaba la prueba que necesitabas.
—¿Qué prueba?
Mateo la miró.
—Una grabación.
Valentina sintió un pequeño pinchazo en la cabeza.
Una puerta.
Una cámara.
Un teléfono sobre una mesa.
Y su propia voz:
"Si esto sale mal, entrégaselo a Mateo."
Abrió los ojos.
—Una grabación...
Mateo se acercó.
—¿La recuerdas?
—Un poco.
—¿Qué más?
Valentina cerró los ojos.
Otra imagen.
Ella corriendo por un pasillo.
Clara gritándole algo.
Damián apareciendo en la puerta.
Después...
fuego.
Mucho fuego.
Valentina abrió los ojos bruscamente.
—Damián estaba allí.
Mateo asintió.
—Sí.
—Y Clara.
—Sí.
—Y tú.
—Sí.
Valentina respiró con dificultad.
—Entonces ¿por qué todos me hacen creer que yo fui la culpable?
Mateo la miró fijamente.
—Porque alguien necesitaba un culpable.
En ese momento, se escuchó un golpe en la puerta.
Los dos se quedaron inmóviles.
Otro golpe.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Mateo.
—No.
Mateo se acercó a la puerta.
Miró por la mirilla.
Su rostro cambió.
—Es Damián.
Valentina se quedó helada.
—¿Qué quiere?
—No lo sé.
Mateo abrió.
Damián entró rápidamente.
—Tenemos que irnos.
—¿Qué pasó? —preguntó Valentina.
Damián cerró la puerta.
—La policía encontró la casa.
—¿Qué casa?
—La de Clara.
Valentina palideció.
—¿Y qué encontraron?
Damián miró a Mateo.
—La grabación.
Mateo se tensó.
—¿Dónde está?
Damián negó con la cabeza.
—No la tienen.
—Entonces, ¿qué encontraron?
Damián miró a Valentina.
—A alguien.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿A quién?
Damián tardó unos segundos en responder.
—A Clara.
Silencio.
Valentina miró a Mateo.
Después a Damián.
—Pero Clara desapareció en el incendio.
—Eso creíamos.
—¿Está viva?
Damián asintió.
—Sí.
Valentina sintió que el mundo se detenía.
—¿Dónde está?
Damián respondió:
—En el hospital.
Llegaron al hospital una hora después.
Emilia estaba allí.
Cuando vio a Damián, su expresión se endureció.
—¿Qué haces aquí?
—La encontraron.
Emilia palideció.
—¿A Clara?
Damián asintió.
Valentina observaba a los tres.
—¿Por qué nadie me dijo que ella podía estar viva?
Emilia bajó la mirada.
—Porque no sabíamos si sobreviviría.
—Quiero verla.
—No.
Valentina la miró.
—¿Por qué?
—Porque no sabes lo que puede recordar.
Valentina soltó una risa amarga.
—Parece que soy la única persona aquí que no puede recordar nada.
Mateo se acercó.
—Valentina...
—No.
Ella lo miró.
—Quiero verla.
Clara estaba dormida.
Conectada a varios aparatos.
Valentina se acercó lentamente.
La observó.
Era idéntica a Emilia.
Entonces Clara abrió los ojos.
Valentina retrocedió.
Clara la miró fijamente.
No parecía confundida.
Parecía reconocerla.
—Tú...
Valentina se acercó.
—¿Me conoces?
Clara comenzó a respirar con dificultad.
—No...
Miró hacia la puerta.
—No debiste volver.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Volver a dónde?
Clara levantó lentamente una mano.
Señaló a Valentina.
—Tú empezaste todo.
Valentina quedó inmóvil.
Mateo dio un paso hacia ellas.
—Clara, no la presiones.
Pero Clara negó con la cabeza.
—Ella tiene que recordar.
Valentina se acercó.
—¿Qué hice?
Clara la miró directamente.
—No encendiste el fuego.
Valentina sintió que el corazón se le detenía.
—Entonces, ¿qué hice?
Clara tragó saliva.
—Tú...
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Tú provocaste que él lo hiciera.
—¿Quién?
Clara miró hacia Mateo.
Después hacia Damián.
Y finalmente volvió a mirar a Valentina.
—El hombre que estaba dispuesto a matar por ti.
Valentina sintió un frío recorriéndole todo el cuerpo.
—¿Quién?
Clara abrió la boca.
Pero antes de poder responder, una alarma comenzó a sonar.
Los médicos entraron corriendo.
—¡Todos afuera!
Mateo tomó a Valentina de la mano y la sacó de la habitación.
Ella no se resistió.
Por primera vez, no le importó que la tocara.
Solo quería respuestas.
Cuando estuvieron en el pasillo, Valentina lo miró.
—¿Qué quiso decir?
Mateo no respondió.
—Mateo.
Él apretó la mandíbula.
—No lo sé.
—Mientes.
—No.
—Entonces mírame y dime que no sabes quién es.
Mateo levantó los ojos.
Y no pudo hacerlo.
Valentina sintió que se le rompía algo por dentro.
—Tú sabes quién es.
Mateo guardó silencio.
—¿Quién es?
Finalmente, él respondió en voz baja:
—Yo.
Valentina quedó completamente inmóvil.
—¿Qué?
Mateo respiró profundamente.
—El hombre que estaba dispuesto a matar por ti...
La miró directamente.
—Era yo.
Y antes de que Valentina pudiera decir una palabra, escucharon a alguien gritar desde la habitación de Clara:
—¡SE DESPERTÓ!
Mateo cerró los ojos.
Porque sabía que, después de eso, ya no podría seguir mintiéndole.