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La Primera Vez Que Te Vi

La Primera Vez Que Te Vi

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Fantasía épica / Completas
Popularitas:209
Nilai: 5
nombre de autor: TaquitoFLs

Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.

NovelToon tiene autorización de TaquitoFLs para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El nombre que no debió escucharse

Ray X recibió al mensajero en privado, en la sala más profunda del palacio, donde ni siquiera sus propios hijos tenían permitido entrar sin ser llamados.

—Habla.

—Mi señor. Confirmé la identidad del dragón que visita The Hero. Es Blanck, tal como sospechaba.

—Eso ya lo sabía. Dime algo que no sepa.

El mensajero tragó saliva antes de continuar, consciente de que lo que estaba a punto de decir podía cambiar por completo el peso de su reporte.

—Anoche se acercó lo suficiente para escuchar parte de una conversación. Habla con una mujer de aquel pueblo. Con una intimidad que va mucho más allá de cualquier misión, mi señor.

—Eso tampoco es una sorpresa. Mi hijo siempre tuvo debilidad por lo que no debería importarle. —Ray X se recostó en su asiento, la paciencia intacta, casi aburrida—. ¿Eso es todo?

—No, mi señor. —El mensajero dudó un instante más—. Mencionó un nombre. Uno de sus hermanos.

Ray X abrió los ojos con un interés genuino por primera vez en toda la conversación.

—¿Cuál?

—Isolde, mi señor.

El silencio que siguió duró más de lo que el mensajero hubiera querido soportar. Ray X no se movió, no cambió la expresión, pero algo en el aire de la habitación se volvió más denso, como si la temperatura misma respondiera a sus pensamientos.

—¿Qué exactamente dijo de ella?

—No pude escuchar todo, mi señor. Solo que hizo una promesa. Algo sobre sacarla de aquí. Darle "algo mejor" a lo que tiene ahora.

Ray X se quedó en silencio un largo momento, procesando la información con la misma frialdad calculadora con la que procesaba cualquier otra pieza de su imperio.

—Retírate. No hables de esto con nadie más.

El mensajero se inclinó y desapareció, dejando a Ray X solo con sus pensamientos — y con una sospecha que empezaba a tomar forma, despacio, como una grieta abriéndose en algo que él siempre creyó sólido.

Isolde notó el cambio antes de que nadie le dijera una sola palabra.

Su padre siempre había sido distante, calculador, pero en los días que siguieron, esa distancia se volvió otra cosa — una atención específica, dirigida solo a ella, que la hacía sentir observada incluso cuando estaba sola en su propia habitación.

—¿Pasa algo, padre? —se atrevió a preguntar, durante la cena mensual, cuando sintió su mirada sobre ella por tercera vez en la misma noche.

—¿Debería pasar algo?

—No lo sé. Se siente como si estuvieras esperando que yo diga algo.

Ray X sonrió — una sonrisa que no llegaba a los ojos, la misma que usaba cuando ya conocía la respuesta a una pregunta antes de hacerla.

—Solo estoy observando a mis hijos, Isolde. Es lo que hace un buen padre.

Ella no le creyó. Pero tampoco se atrevió a insistir.

Al otro lado de la mesa, Blanck observaba el intercambio con una tensión que no podía permitirse mostrar del todo. Algo en el tono de su padre, en la forma en que sus ojos se detenían en Isolde un segundo más de lo necesario, le decía que algo se había movido en las sombras sin que él lo notara.

Esa noche, cuando el resto de sus hermanos se retiraron, Blanck buscó a Isolde antes de que ella pudiera llegar a su propia habitación.

—¿Ha pasado algo? —le preguntó, en voz baja—. Padre te miraba distinto.

—No lo sé. —Isolde se abrazó a sí misma, un gesto que rara vez permitía que nadie viera—. Pero tengo un mal presentimiento. Como si supiera algo que yo no sé.

Blanck sintió el peso de la advertencia de Kate volviendo de golpe. Entre más gente sepa, más difícil es de proteger. Había sido descuidado. En algún momento, en algún lugar, había hablado con más libertad de la que debía, y ahora esa libertad amenazaba con costarle a la única persona que no merecía pagar el precio.

—Ten cuidado los próximos días —le dijo—. No hagas nada que llame la atención. Nada fuera de lo normal.

—Me estás asustando.

—No quiero asustarte. Quiero que estés a salvo.

Isolde lo miró, la desconfianza y el miedo mezclándose en su expresión de una forma que Blanck nunca antes había visto en ella.

—¿Tiene esto algo que ver con la promesa que me hiciste?

Blanck no respondió de inmediato, y ese silencio fue respuesta suficiente.

—Blanck. —Su voz bajó todavía más—. Dime la verdad. ¿Padre sabe algo?

—No lo sé con certeza. Pero prefiero que estemos preparados a que nos tome por sorpresa.

Esa misma noche, muy lejos de ahí, Kate esperaba a Blanck junto al fuego de siempre, sin saber que él tardaría en llegar, con la mente puesta por completo en la advertencia que le había dado a su hermana y en el temor de no haber llegado a tiempo con ella.

Cuando por fin cruzó, horas más tarde de lo habitual, Kate notó de inmediato que algo estaba mal.

—Te tardaste.

—Tuve que quedarme. Hablar con alguien.

—¿Con tu hermana?

Blanck asintió, sentándose junto al fuego con un peso en los hombros que Kate no había visto antes en él.

—Creo que mi padre empieza a sospechar. No de mí exactamente. De ella.

Kate se quedó en silencio un momento, sopesando el peligro real de lo que eso significaba.

—Entonces tenemos que movernos rápido. Antes de que tu padre tenga tiempo de confirmar lo que sospecha.

—¿Movernos cómo? Ni siquiera sé cómo sacarla de ahí sin que parezca una traición evidente.

—No lo sé todavía. —Kate tomó su mano, el mismo gesto de siempre, pero esta vez cargado de una urgencia nueva—. Pero vamos a encontrar la forma. Los dos juntos, como dijimos.

Blanck asintió, aferrándose a esa promesa con la misma fuerza con la que se había aferrado a la que le hizo a Isolde. Pero muy dentro de él, una parte que no quería reconocer del todo, ya sabía que el tiempo se les estaba acabando más rápido de lo que cualquiera de los dos podía controlar.

Y en el palacio sin ventanas, mientras ambos se aferraban a la esperanza de encontrar una solución, Ray X ya había tomado una decisión propia.

No confrontaría a Blanck. No todavía.

Confrontaría, primero, a quien más fácil sería quebrar.

Continuará...

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