Camila y Luciano son grandes amigos desde pequeños, ambos se quieren como hermanos, pero las trampas y envidia de una mujer perversa hacen que dos amigos, unan sus vidas por el bienestar de una inocente.
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¿Camila?
Daniela se quedó clavada en el sitio, la mano apretada contra su pecho, justo sobre esa cicatriz gruesa y rosada que aún recorría su torso de arriba abajo.
Tres meses habían pasado desde la operación, y aunque cada día ganaba un poco más de fuerza —podía caminar por el jardín, leer horas seguidas sin marearse, incluso probar clases suaves de respiración, su cuerpo aún aprendía a convivir con aquel corazón ajeno, Los puntos habían caído casi todos, pero la piel nueva seguía sensible, y en ese instante le ardía, como si la propia cicatriz vibrara al mismo ritmo que el corazón que debajo latía desbocado.
—Señor—alcanzó a susurrar, sintiendo cómo las mejillas se le encendían, sin entender por qué la presencia de aquel hombre le despertaba una emoción tan inmensa, ajena y propia a la vez— Perdón, no quería interrumpir.
Emiliano no respondió de inmediato, sus ojos se fijaron en ella, y en ese instante el mundo se detuvo, dio un paso adelante, lento, como si temiera que la imagen se desvaneciera entre sus manos.
No era solo el parecido, era la forma de levantar la mirada, el perfil suave de las mejillas, la misma curva de los labios, aquella expresión de dulzura mezclada con una tristeza antigua que tantas veces había visto en Camila, era como verla viva otra vez, como si el destino hubiera tomado sus rasgos y los hubiera moldeado de nuevo en otro rostro, la única diferencia era el color de cabello, Camila era pelinegra y aquella muchacha es rubia.
El corazón de Emiliano se encogió con fuerza, se quedó mirándola fijamente, escudriñando cada rasgo, buscando y encontrando similitudes que lo dejaron helado, la misma forma de los ojos grandes y azules, la frente, incluso el modo en que entrelazaba los dedos nerviosos, exactamente igual a como hacía Camila.
Un escalofrío le recorrió la espalda, no puede ser, pensó, con la mente nublada por la confusión y el recuerdo que aún le dolía en las entrañas. ¿Es casualidad? ¿O hay algo más que nadie sabe?
—No te disculpes —Dijo finalmente, y su voz sonó más grave, más temblorosa de lo que pretendía. —Solo perdóname si te miro con insistencia, es que tienes un parecido extraordinario con alguien que conocí, alguien a quien quise mucho.
— Daniela bajó la mirada, emocionada y confundida a la vez, mientras su corazón palpitaba emocionado, aquel corazón que antes latía en el pecho de Camila, seguía golpeando fuerte, desesperado, como si quisiera hablarle por sí mismo. —Muchos me lo dicen, aunque no sé a quién me parezco.
— ¿Camila?
El nombre escapó de los labios de Emiliano antes de que pudiera contenerse, Daniela lo miró con sorpresa, y él se enderezó de golpe, su mente empezó a armar piezas que no encajaban del todo pero que no podía ignorar para ser simple casualidad, y esa reacción del corazón de ella ante su presencia, todo eran señales que no podía dejar pasar.
—Camila era. —se detuvo, tragando con dificultad.— Era una persona muy buena, la más dulce que he conocido, al verte a ti, es como si ella estuviera aquí, mirándome con esos hermosos ojos tan similares al de ella.
Emiliano se despide con amabilidad,
pero al alejarse su mente ya no estaba en los negocios ni en la clínica, estaba en la duda, en la sospecha que acababa de arraigarse en su pecho
— ¿Será ella la receptora del corazón de mi Camila? ¿Por qué se emociona al verme?
Si ella lleva el corazón de Camila latiendo dentro de su pecho, llevaba también sus rasgos, su rostro, su aire y algo le gritaba que no era simple coincidencia, algo le decía que debía investigar, profundizar, averiguar de dónde venía realmente Daniela Fiore Smith, quiénes eran sus padres y por qué se parecía tanto a la mujer que amó y perdió.
Mientras tanto, Daniela se quedó en el pasillo, con la mano aún sobre la cicatriz, sintiendo que aquel corazón que le habían dado no solo le daba la vida, sino que también empezaba a revelarle secretos que llevaban diecinueve años ocultos.
— Ese hombre ¿será el amor de mi donante?Porque me nombró a Camila, ese nombre que resuena en mi mente, ahora aquel hombre lo menciona.