Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
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Preocupo por ella
Valeria permaneció inmóvil detrás de la pared.
Su pecho se sentía tan pesado que apenas podía respirar.
Bajó la mirada y sonrió con amargura.
—Claro...Así era como empezaba todo en la novela...
No quiso seguir mirando.
Se dio media vuelta y caminó hasta el patio trasero.
Las manos le temblaban.
No era porque desconfiara de Sebastián.
Era porque conocía el final de esa historia mejor que nadie.
"La protagonista siempre terminaba ocupando el lugar de la villana."
Dentro de la habitación, Susana soltó lentamente la mano de Sebastián.
—Perdón... creo que me emocioné demasiado.
Sebastián retiró la mano con naturalidad.
—No pasa nada.
Hubo unos segundos de silencio.
Entonces él habló.
—Susana...
—¿Sí?
—La Valeria que conoces... y la Valeria que yo he visto desde que desperté... parecen dos personas distintas.
Susana sonrió con tristeza.
—Eso mismo me asusta.
Bajó la mirada, como si estuviera dudando si continuar.
—¿Sabes cuál fue el rumor que más me impactó?
Sebastián la observó en silencio.
—Que un hombre vino hace unos días buscándola.
Él frunció el ceño.
—¿Un hombre?
—Sí.
Dicen que era uno de los hombres con los que salía cuando tú estabas en coma.
Sebastián sintió un vacío en el estómago.
Susana suspiró.
—No vi todo con mis propios ojos...Pero mucha gente del pueblo lo comentó Dicen que él le reclamaba porque lo había abandonado.
Sebastián no respondió.
—También escuché que ella casi lo golpeó para echarlo de la finca No sé si fue por vergüenza... o porque quería ocultar lo que pasó entre ellos.
Las dudas comenzaron a mezclarse en la mente de Sebastián.
Recordó que, efectivamente, unos vecinos habían mencionado que hubo un alboroto en la entrada de la finca.
Nunca le preguntó a Valeria qué había sucedido.
Susana volvió a hablar con voz suave.
—No quiero que pienses que estoy hablando mal de ella.
Solo...
Le dedicó una mirada cargada de aparente preocupación.
—No quiero perderte otra vez.
Sebastián levantó lentamente la cabeza.
—Susana.
Ella sonrió.
—¿Sí?
—Gracias por preocuparte por mí.
Pero...
Hizo una breve pausa.
—También quiero escuchar a Valeria antes de sacar conclusiones.
La sonrisa de Susana se congeló apenas un instante.
Fue tan breve que cualquiera habría pensado que lo imaginó.
—Claro...
Respondió enseguida con dulzura.
—Eso es lo correcto.
Aunque por dentro sintió una punzada de frustración.
Había esperado que Sebastián dudara mucho más.
En ese momento, Lucas apareció corriendo.
—¡Papá!
Sebastián sonrió al verlo.
—¿Qué pasa?
—Mamá no está por ningún lado.
La sonrisa de Sebastián desapareció.
Miró hacia la puerta abierta del patio.
Recordó el rostro pálido de Valeria antes de salir corriendo.
Sin saber por qué, sintió una extraña inquietud.
—Lucas...
—Vamos a buscarla.
Lucas tomó la silla de ruedas de Sebastián con cuidado.
—Papá... ¿vamos?
Sebastián intentó incorporarse por sí mismo.
Lucas se preocupó.
—Papá...
—Lucas tranquilo Si seguro mamá está bien.
Sebastián respiró hondo.
Susana dio un paso al frente.
—Yo puedo ir a buscarla.
—No ¿por qué no la puedo buscar? Es mi esposa.
La respuesta salió más rápida de lo que él esperaba.
Susana se quedó inmóvil.
Sebastián levantó la vista.
—Perdón es que afuera hace frío te podrías resfriar.
El niño estaba preocupado.
—Papi ¿vamos a buscar a mamá?.
Valeria estaba sentada bajo el viejo árbol donde tantas veces descansaba después de trabajar.
Miraba fijamente el suelo.
Las lágrimas caían en silencio.
No lloraba por Sebastián.
Lloraba porque, por primera vez desde que llegó a ese mundo, sintió que no importaba cuánto cambiara.
La historia seguía intentando convertirla en la villana.
—Mamá...
Valeria levantó la cabeza rápidamente y se secó las lágrimas estaban Lucas y Sebastián alli.
—Lucas Sebastián.
El niño caminó hasta ella.
—¿Estás triste?
Valeria sonrió con dificultad.
—Solo estoy un poco cansada.
Lucas negó con la cabeza.
—Eso es mentira.
La abrazó con fuerza.
—Cuando estoy cansado no lloro.
Las lágrimas volvieron a asomarse a los ojos de Valeria.
Correspondió el abrazo.
—Perdón...
—No quiero que me pidas perdón.
Lucas apoyó la cabeza sobre su pecho.
—Solo quiero que vuelvas.
Valeria sintió un calor en el corazón.
Le acarició el cabello levanto la mira.
—¿Sebastián estás bien?-se Seca las lágrimas
—Sí
Dijo serio y Frío.
Ella bajó la mirada.
Era lógico.
Después de lo que había dicho delante de Susana...
Y después de todo el pasado de la antigua Valeria...
Cualquiera dudaría ya que Susana era amiga de la infancia de el ella no sabía que le había contado de ella.
En ese momento, una voz saliendo .
—Valeria.
Los dos voltearon.
Sebastián extendió su mano hacía ella se levantó le hizo sentar arriba de la piernas de el .
Su respiración era pesada.
Valeria abrió los ojos con sorpresa.

—¡¿Qué haces?!
Le Mira fijamente.
—Dime ¿que pasa? Por qué estás llorando.
Se acercó muy cerca mientras ella se iba alejando Pero antes de que perdiera el equilibrio agarro la ropa de Sebastián .
Sebastián la observó en silencio.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente, él dijo en voz baja:
—¿Te hice mal? Que ¿te lastimo?.
Valeria se quedó inmóvil.
—No No tu no me hiciste nada.
Aquellas dos palabras hicieron que el corazón de Valeria latiera con fuerza.
Sin embargo, antes de que pudiera responder, la voz de Susana llegó desde el interior de la casa.
—¡Sebastián! ¿Dónde estás?
Al escucharla, Valeria sintió cómo el ambiente volvía a tensarse.
Y comprendió que aquella visita apenas era el comienzo de los problemas que estaban por llegar.
La voz de Susana volvió a escucharse desde el interior de la casa.
—¡Sebastián! ¿Dónde estás?
Ninguno de los dos respondió.
Valeria seguía sentada sobre las piernas de Sebastián, completamente inmóvil.
Él no apartó la mirada.
—Respóndeme.
Su voz era tranquila, pero firme.
—No estabas llorando solo por lo que pasó hace un rato.
Valeria bajó la cabeza.
—Yo...
No sabía qué decir.
¿Le contaba la verdad?
¿Que una fuerza desconocida la obligaba a actuar como la villana?
Ni ella misma entendía lo que estaba ocurriendo.
Sebastián levantó una mano y, con cuidado, limpió una lágrima que aún permanecía en su mejilla.
—No me gusta verte llorar.
Valeria abrió los ojos con sorpresa.
Su corazón dio un vuelco.
Lucas sonrió al verlos.
—¡Sabía que papá iba a hacer sonreír a mamá!
Sebastián dejó escapar una leve risa.
—Lucas...
—¿Qué?
—Ve un momento por allí papá y mamá tiene que hablar algo .
—¿Eh?... Está bien.
El niño salió corriendo hacia un lugar alejado .
Ahora solo quedaron ellos dos.
El viento movía suavemente las ramas del árbol.
Sebastián volvió a mirarla.
—Ahora sí.
—Dime la verdad.
Valeria jugueteó nerviosa con la tela de su pijama.
—¿Sobre qué?
—¿Por qué saliste corriendo?
Ella desvió la mirada.
No podía responder.
Si decía que el sistema la había obligado a insultar a Susana, sonaría completamente loca.
Sebastián suspiró.
—¿Fue por mí?
Valeria negó enseguida.
—No.
—¿Entonces fue por Susana?
Su cuerpo se tensó.
Ese pequeño gesto no pasó desapercibido para Sebastián.
Él entrecerró ligeramente los ojos.
—¿La conoces de antes?
—No...
Respondió demasiado rápido.
—Solo...
No terminó la frase.
En ese instante, Susana salió de la casa.
Al ver a Valeria sentada sobre las piernas de Sebastián, se quedó inmóvil.
Su sonrisa se endureció por apenas un segundo.
Tan solo un segundo.
Después volvió a adoptar aquella expresión dulce de siempre.
—Aquí estaban...
Susana sonrió con amabilidad.
—Valeria, perdón si mi visita te incomodó.
No era una disculpa.
Era una prueba.
Quería ver cómo reaccionaba.
Valeria respiró hondo.
Recordó cómo el sistema había tomado el control de su cuerpo unos minutos antes.
Apretó los puños.
"Por favor... no otra vez."
Pero esta vez...
No ocurrió nada.
Levantó la mirada y sonrió con educación.
—No... la que debe disculparse soy yo.
—Lo que dije hace un momento fue muy grosero.
Susana parpadeó con aparente sorpresa.
—No te preocupes.
Seguro estabas muy estresada.
Mientras pronunciaba esas palabras, sus ojos se desviaron un instante hacia la mano de Sebastián, que seguía rodeando con naturalidad la cintura de Valeria.
Y esa simple escena hizo que, por primera vez, una pequeña sensación de inquietud naciera en el corazón de Susana.
Porque el Sebastián que ella conocía... nunca había permitido que otra mujer estuviera tan cerca de él.