María solo quería llegar a tiempo a la facultad. Pero después de un accidente, despierta en un mundo que debería existir únicamente dentro de las páginas de una novela.
Ahora es Livia, la hija del medio de una de las familias más poderosas de Nivaria.
Y hay un pequeño problema...
Conoce la historia.
Sabe que su vida está destinada a convertirse en un infierno, que un príncipe terminará destruyendo todo a su alrededor y que alguien que debería haber sido un gran rey acabará muriendo por una traición.
Pero Livia no piensa quedarse de brazos cruzados.
Si el destino ya escribió su final...
ella piensa reescribirlo. ❄️👑✨
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19
El tiempo había pasado.
No demasiado.
Pero lo suficiente para que Livia llegara a una conclusión importante.
La magia era mucho más complicada de lo que parecía.
Al principio había creído que controlar el viento sería algo sencillo.
Después de todo, ¿qué tan difícil podía ser?
Mover aire.
Crear una corriente.
Empujar algo.
Parecía bastante simple.
Hasta que una mañana intentó mover una pequeña hoja seca y terminó levantando tanto viento que Darian tuvo que perseguir varios papeles por todo el jardín.
Desde entonces, Livia había decidido que quizás debía dejar de subestimar las cosas.
Ahora entrenaba casi todos los días.
Y los resultados comenzaban a notarse.
Ya podía controlar pequeñas corrientes de aire sin destruir todo a su alrededor. Podía cambiar la dirección del viento, hacerlo más fuerte o más suave y sentir movimientos a cierta distancia.
Todavía no conocía el verdadero alcance de su poder.
Pero estaba aprendiendo.
Y eso era suficiente.
—Otra vez.
Livia respiró profundamente.
Cael permanecía frente a ella, observándola con los brazos cruzados.
—¿Otra vez?
—Sí.
—Pero acabo de hacerlo.
—Puedes hacerlo mejor.
Livia lo miró.
—¿Sabes qué? Estoy empezando a pensar que disfrutas demasiado verme sufrir.
Cael levantó una ceja.
—Estás exagerando.
—Eso dijiste la última vez que terminé sentada en el suelo durante veinte minutos.
—Fueron diez.
—Sentí que fueron veinte.
Cael intentó ocultar una sonrisa.
—Concéntrate.
Livia suspiró.
Se giró hacia el pequeño grupo de hojas que había colocado sobre el suelo.
Extendió la mano.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después, una corriente suave comenzó a moverse alrededor de las hojas.
Livia frunció el ceño.
La corriente aumentó lentamente.
Las hojas comenzaron a elevarse.
Una.
Dos.
Después todas.
Livia sonrió.
—¿Viste?
Cael no respondió.
Ella giró para mirarlo.
Y entonces se quedó callada.
Cael estaba observándola.
Pero no con la expresión seria que utilizaba durante los entrenamientos.
Había algo diferente en su mirada.
Livia lo sabía.
Y ese era exactamente el problema.
Porque últimamente ocurría demasiado.
Ella lo miraba.
Él la miraba.
Y durante unos segundos todo se volvía extraño.
Livia apartó la mirada.
Las hojas cayeron al suelo.
—Bueno.
Se cruzó de brazos.
—Creo que terminamos.
Cael miró las hojas.
—Livia.
—Sí.
—Todavía no terminamos.
—Qué pena.
Cael soltó una pequeña risa.
Livia intentó ignorar el sonido.
Realmente lo intentó.
No funcionó.
Últimamente todo relacionado con Cael era un problema.
Especialmente porque ella se negaba rotundamente a reconocer cuál era el verdadero problema.
—Estás distraída.
Livia abrió los ojos.
—No estoy distraída.
—Estabas mirando hacia mí.
—Estaba observando.
Cael levantó una ceja.
—¿Observando qué?
Livia miró alrededor.
El jardín.
Las hojas.
El cielo.
Cualquier cosa.
—Tu postura.
Cael permaneció en silencio.
—¿Mi postura?
—Sí.
—¿Y qué tiene mi postura?
Livia se quedó pensando.
Era una excelente pregunta.
—Es...
Cael esperó.
—Muy...
—¿Muy?
Livia señaló hacia él.
—Correcta.
Cael guardó silencio.
Ella asintió.
—Sí. Muy correcta.
Durante unos segundos ninguno habló.
Cael finalmente sonrió.
Livia cerró los ojos.
—No te rías.
—No estoy riendo.
—Estás a punto de hacerlo.
—No puedo evitarlo.
—Bueno, evítalo.
Cael soltó una risa.
Livia recogió una pequeña rama del suelo.
—Te advierto que estoy entrenando.
—¿Eso es una amenaza?
—Tal vez.
—Con una rama.
Livia miró la rama.
—No arruines el momento.
Cael volvió a reír.
Y Livia decidió que definitivamente necesitaba alejarse.
Porque si continuaba escuchándolo reír, probablemente terminaría reconociendo algo que todavía no quería reconocer.
Así que se dio media vuelta.
—Voy a descansar.
—Livia.
—Estoy cansada.
—Solo entrenamos una hora.
—Una hora terrible.
Cael caminó detrás de ella.
—Mañana continuamos.
—No prometo aparecer.
—Aparecerás.
Livia se detuvo.
Giró lentamente.
—¿Estás seguro?
Cael sonrió.
—Sí.
Livia lo miró durante unos segundos.
Después continuó caminando.
—Qué confianza.
Pero no pudo evitar sonreír.
Y, afortunadamente, Cael no pudo verlo.
O eso creyó.
---
Aquella tarde, Livia tuvo que asistir al palacio.
Desde que su compromiso con Elías se había hecho oficial, la reina Isolde había decidido que era momento de comenzar con mayor seriedad su preparación como futura princesa heredera.
Livia había descubierto rápidamente que ser futura princesa era mucho menos emocionante de lo que parecía.
Y muchísimo más agotador.
—Una futura princesa debe conocer cada una de las familias importantes del reino.
—Sí, Majestad.
—También debe comprender las alianzas entre las diferentes casas nobles.
—Sí, Majestad.
—Y aprender a reconocer cuándo alguien intenta manipular una conversación.
Livia parpadeó.
Aquello, al menos, le pareció útil.
—¿Y si alguien lo hace demasiado mal?
La reina la miró.
Livia sonrió.
—¿También debo fingir que no me di cuenta?
El silencio se prolongó durante unos segundos.
Isolde cerró lentamente el libro que tenía frente a ella.
—Livia.
—Sí.
—Algún día tendrás que aprender a no decir todo lo que piensas.
Livia inclinó ligeramente la cabeza.
—Estoy trabajando en ello.
La reina no parecía convencida.
Después de varias horas de clases, conversaciones y explicaciones sobre cosas que Livia estaba bastante segura de que olvidaría en cuanto saliera de la habitación, finalmente recibió permiso para retirarse.
—Por hoy es suficiente.
Livia casi se levantó demasiado rápido.
—Muchas gracias, Majestad.
Isolde levantó una ceja.
—Livia.
Ella volvió a sentarse lentamente.
—Perdón.
La reina suspiró.
—Puedes irte.
Esta vez Livia no perdió tiempo.
Salió de la habitación con toda la dignidad que pudo reunir y, en cuanto estuvo lo suficientemente lejos, dejó escapar un suspiro.
—Sobreviví.
—¿A qué?
Livia se detuvo.
Cael estaba apoyado contra una de las columnas del corredor.
Ella lo miró.
—A tu madrastra.
Cael levantó una ceja.
—Es la reina.
—También es tu madrastra.
—No estoy seguro de que debas decirlo de esa manera.
—Estoy comprometida con su hijo. Creo que ya somos prácticamente familia.
Cael intentó no reírse.
—Eso no funciona así.
Livia comenzó a caminar.
—Bueno, debería funcionar.
Cael caminó a su lado.
—¿Cómo fueron las clases?
Livia lo miró.
—¿Quieres la respuesta educada o la verdadera?
—La verdadera.
—Tengo la cabeza llena de nombres de nobles.
Cael sonrió.
—Eso es importante.
—No.
—Livia.
—¿Sabes cuántas familias importantes existen?
—Sí.
Ella lo miró con horror.
—Entonces eres parte del problema.
Cael soltó una risa.
Livia intentó ignorarlo.
—Y ahora tengo que aprender quién está aliado con quién, quién odia a quién y quién finge no odiar a alguien mientras sonríe.
—Eso también es importante.
—¿Por qué?
Cael la miró.
—Porque algún día tendrás que sobrevivir en este palacio.
Livia guardó silencio.
Aquella respuesta no le gustó.
Cael lo notó.
—Era una broma.
—No fue una buena.
—Lo sé.
Livia lo miró.
—¿Estás intentando mejorar tu sentido del humor?
—Quizás.
—No lo hagas.
Cael volvió a reír.
Salieron hacia uno de los jardines del palacio.
Livia respiró profundamente al sentir el aire fresco.
—Mucho mejor.
—¿Te gustan las clases?
—No.
—No lo parecías.
—Eso fue sarcasmo.
—Lo sé.
Livia lo miró.
—Últimamente estás demasiado satisfecho contigo mismo.
—¿Y eso te molesta?
Ella abrió la boca.
Y durante unos segundos no encontró una respuesta.
Porque Cael estaba sonriendo.
Y, otra vez, Livia tuvo que recordar que no podía comenzar a pensar demasiado en aquello.
Así que desvió la mirada.
—No.
—¿No?
—No me molesta.
Cael sonrió.
Livia continuó caminando.
—Y deja de mirarme así.
—¿Así cómo?
—Así.
—Eso no explica nada.
—Exactamente.
Cael soltó una risa.
Y Livia decidió que necesitaba terminar aquella conversación antes de que su propio cerebro comenzara a traicionarla.
---
Elías los observaba desde una de las ventanas del palacio.
Había terminado una reunión con uno de los consejeros y se dirigía hacia sus habitaciones cuando vio movimiento en el jardín.
Primero reconoció a Livia.
Después a Cael.
Y, por alguna razón, se detuvo.
No estaba espiándolos.
Simplemente estaba observando.
Eso era diferente.
Al menos, eso intentó convencerse.
Livia estaba sonriendo.
Cael también.
Y aquello volvió a provocarle aquella incomodidad que no lograba comprender.
Cael se inclinó ligeramente para escuchar algo que Livia estaba diciendo.
Ella levantó las manos mientras hablaba, aparentemente intentando explicar algo.
Elías frunció el ceño.
Seguía queriendo a Mariana.
Eso no había cambiado.
Al menos, eso creía.
Pero cada vez que veía a Cael cerca de Livia, algo dentro de él se tensaba.
Era extraño.
Livia era su prometida.
Por supuesto que Cael no debería estar demasiado cerca de ella.
Esa era una explicación completamente razonable.
Una explicación que no tenía nada que ver con los sentimientos.
Absolutamente nada.
—¿Qué estás mirando?
Elías se giró.
Mariana estaba detrás de él.
—Nada.
Ella se acercó a la ventana.
La expresión de Mariana cambió ligeramente cuando vio el jardín.
Livia.
Cael.
—Parece que se llevan bien —comentó.
Elías no respondió.
—Demasiado bien.
Él giró para mirarla.
—¿Qué quieres decir?
Mariana sonrió.
—Nada.
Pero ambos sabían que no era nada.
Elías volvió a mirar hacia el jardín.
Livia acababa de detenerse.
Cael dijo algo.
Y ella comenzó a reír.
Elías apretó ligeramente la mandíbula.
—Cael siempre ha sido cercano a su familia.
Mariana lo observó.
—Claro.
La respuesta fue demasiado tranquila.
Demasiado rápida.
Y por alguna razón, aquello consiguió que Elías se sintiera todavía peor.
---
Dos días después, el reino recibió una visita importante.
La noticia llegó al palacio desde primera hora de la mañana.
El rey del reino vecino llegaría acompañado por su hija.
Una princesa.
La visita era oficial.
Política.
Y, según los rumores, también era una oportunidad para fortalecer las relaciones entre ambos territorios.
Sin embargo, Livia no tardó en comprender que no todos estaban tan tranquilos como intentaban aparentar.
Los sirvientes corrían de un lado a otro.
Los nobles preparaban sus mejores ropas.
El palacio estaba siendo decorado.
Y todos hablaban de la gran cena que tendría lugar aquella noche.
—Esto parece demasiado esfuerzo para una visita.
Livia observó las decoraciones mientras ajustaban los últimos detalles de su vestido.
Elisa sonrió.
—Es un rey.
—Sigue siendo una visita.
—Livia.
—Está bien.
Su madre se acercó para acomodar un pequeño detalle en su cabello.
—Esta noche debes comportarte.
Livia abrió los ojos.
—¿Cuándo no me comporté?
Elisa la miró.
Livia guardó silencio.
—No respondas.
—No iba a hacerlo.
—Eso es lo que dices cuando vas a hacer algo.
Livia suspiró.
—Prometo intentar no causar ningún problema.
Su madre la miró con sospecha.
—¿Intentar?
—No puedo prometer cosas imposibles.
Elisa cerró los ojos durante unos segundos.
—Voy a fingir que eso me tranquiliza.
---
La llegada de los visitantes fue recibida con música y una gran ceremonia.
Livia observó desde su lugar junto a su familia.
El rey visitante descendió del carruaje.
Era un hombre mayor.
Su expresión era seria.
Y su mirada recorrió el palacio con demasiado interés.
Después descendió su hija.
La princesa.
Era hermosa.
Elegante.
Y sonreía.
Pero Livia no tardó en sentir que aquella sonrisa no alcanzaba sus ojos.
No sabía explicar por qué.
Tal vez era simplemente una impresión.
Pero desde que había llegado a aquel mundo había aprendido a confiar en sus presentimientos.
El rey Adrián se acercó para recibirlos.
—Es un honor tenerlos en nuestro reino.
—El honor es nuestro.
Las palabras fueron amables.
Las sonrisas también.
Pero Livia sintió algo extraño.
Como si estuviera observando una obra de teatro.
Todos sabían exactamente qué debían decir.
Y nadie decía lo que realmente pensaba.
---
Horas más tarde, lejos del gran salón, Adrián se reunió a solas con el rey visitante.
No había música.
No había nobles.
No había sonrisas.
Solo dos hombres sentados frente a un mapa.
—El reino del sur sigue teniendo problemas para defender sus fronteras —dijo el visitante.
Adrián observó el mapa.
—Lo sé.
Era un reino pequeño.
Con menos soldados.
Menos recursos.
Y una posición estratégica que ambos hombres deseaban.
—Si atacamos por el este...
—Se defenderán desde el río.
El rey visitante sonrió.
—No si los obligamos a dividir sus fuerzas.
Adrián levantó la mirada.
Durante unos segundos ninguno habló.
No era necesario.
Ambos entendían.
Un ataque.
Una alianza.
Y un reino pequeño atrapado entre dos enemigos.
—Necesitaremos tiempo —dijo Adrián.
—Tendremos tiempo.
El visitante señaló el mapa.
—Primero debemos asegurarnos de que nadie descubra nuestros planes.
Adrián sonrió levemente.
—Eso no será un problema.
---
La cena comenzó al caer la noche.
El gran salón estaba lleno.
Nobles.
Consejeros.
Miembros de las familias más importantes del reino.
La familia real.
Los visitantes.
Livia se encontraba sentada junto a Elías.
Su prometido parecía particularmente serio.
Mariana estaba cerca.
No lo suficientemente cerca como para llamar la atención.
Pero lo bastante para que Livia supiera que quería estar allí.
Cael estaba sentado más lejos.
Y, para desgracia de Livia, eso no impidió que sus miradas se encontraran varias veces.
La primera vez fue un accidente.
La segunda también.
La tercera...
Livia decidió que necesitaba concentrarse en la comida.
—¿Te encuentras bien?
Elías la miró.
Livia levantó la cabeza.
—Sí.
—Pareces distraída.
Ella sonrió.
—Es una cena muy interesante.
Elías miró alrededor.
—Estamos comiendo.
—Exactamente.
Elías la observó durante unos segundos.
—No te entiendo.
—Eso me dicen seguido.
La respuesta hizo que él sonriera ligeramente.
Livia se sorprendió.
Porque últimamente Elías parecía diferente.
Más atento.
Más presente.
Y aquello tampoco era algo que necesitara en su vida.
Uno era suficiente.
No necesitaba dos príncipes complicándole la existencia.
Así que volvió a concentrarse en su plato.
---
Mariana esperaba.
Había preparado todo cuidadosamente.
No podía cometer otro error.
No después de lo ocurrido con Livia.
Esta vez su objetivo era diferente.
Quería asegurarse de que Elías permaneciera unido a ella.
Que su futuro estuviera ligado al suyo.
Observó discretamente la copa destinada a él.
Todo debía ocurrir sin llamar la atención.
Mariana respiró profundamente.
Por fin algo estaba saliendo como había planeado.
---
En el otro extremo de la mesa, Adrián también observaba.
Su atención no estaba en los visitantes.
Ni en la conversación.
Estaba en Livia.
La joven hablaba con Elías.
Parecía tranquila.
Demasiado tranquila.
Adrián recordó las palabras de su hijo.
Livia posee magia.
Todavía no sabía hasta dónde podía llegar.
Pero estaba seguro de una cosa.
No podía permitir que aquel poder estuviera fuera de su alcance.
La copa destinada a Livia esperaba.
Su plan era diferente.
Quería comenzar a ejercer mayor influencia sobre ella.
Asegurarse de que permaneciera ligada a la familia real.
Porque Livia había cambiado.
Y Adrián no podía permitir que siguiera cambiando sin que él supiera exactamente hacia dónde.
El rey hizo una pequeña señal.
Un sirviente comenzó a moverse.
La copa avanzó lentamente por la mesa.
Todo parecía perfectamente normal.
---
Livia se inclinó ligeramente para hablar con Elisa.
Durante unos segundos dejó de prestar atención a lo que ocurría frente a ella.
Los sirvientes comenzaron a recorrer la mesa para rellenar las copas.
Había conversaciones por todas partes.
Nobles hablando entre ellos.
Risas.
El sonido de los cubiertos.
Una persona se levantó de su asiento para saludar a uno de los visitantes.
Otra se inclinó para hablar con alguien del otro extremo de la mesa.
Y, en medio de aquel movimiento, las copas fueron cambiando de lugar.
Nadie pareció notarlo.
Mariana observaba discretamente a Elías.
Cuando vio que una copa era colocada frente a él, sintió que su corazón se aceleraba.
Había esperado demasiado tiempo para aquel momento.
Todo estaba preparado.
Todo debía salir bien.
Elías tomó la copa.
Mariana contuvo la respiración.
Por un instante tuvo miedo de que algo saliera mal.
Pero entonces él levantó el recipiente y bebió.
Una sonrisa casi imperceptible apareció en los labios de Mariana.
Por fin.
Esta vez su plan había funcionado.
---
En otro extremo de la mesa, Adrián también observaba.
No prestaba atención a las conversaciones.
Ni a los invitados.
Sus ojos estaban puestos en Livia.
Cuando vio que un sirviente se acercaba hacia ella con una copa, sintió que finalmente todo comenzaba a acomodarse.
La joven la tomó.
O eso creyó.
Desde su posición, el movimiento de las personas y los sirvientes impedía ver con claridad cada detalle.
Adrián simplemente vio una copa llegar hasta aquella parte de la mesa.
Y, poco después, vio a Livia levantar una copa.
El rey no observó nada más.
No lo necesitaba.
Para él, el plan había salido perfectamente.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
---
La música continuó.
Las conversaciones siguieron llenando el gran salón.
La princesa visitante levantó su copa y bebió tranquilamente.
Livia continuó hablando con Elisa.
Elías conversó con uno de los nobles.
Y nadie pareció notar que, en medio de aquella cena, dos planes secretos acababan de ponerse en marcha.
Mariana observó a Elías.
Estaba satisfecha.
Segura de que, por primera vez, algo había salido exactamente como ella quería.
Adrián observó a Livia.
Convencido de que finalmente comenzaría a tenerla bajo su control.
Ambos creían haber ganado.
Ambos estaban seguros de que sus planes habían funcionado.
Pero ninguno de los dos había visto lo que realmente había ocurrido.
Livia, ajena a todo aquello, tomó otra copa que tenía frente a ella.
Cael conversaba con uno de los invitados.
La princesa sonreía mientras escuchaba a su padre.
Y Elías continuaba hablando como si nada hubiera cambiado.
Por ahora.
Porque aquella noche todavía no había terminado.
Y dos personas estaban a punto de descubrir que, a veces, incluso el plan más cuidadosamente preparado podía terminar en las manos equivocadas.
de ser así q cael sea el salvador...😅
lo estás haciendo increíble y tú historia me a enganchado....
no pares 👍🏽 lo haces genial y lo importante esq tú lo disfrutes siempre
ánimo y bendiciones
😊