Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 17: La Casa de seguridad
ADLER
La casa de seguridad de mi padre no se parecía a nada de lo que Kaelyn había imaginado. Ni siquiera yo recordaba haberla visto tan acogedora. Era una construcción sencilla, escondida entre los árboles y alejada de la ciudad. No tenía el aspecto de una fortaleza ni las dimensiones de una mansión.
Era una simple casa. Cómoda. Discreta. Segura.
Y, sobre todo, desconocida para casi todo el mundo. Kaelyn recorrió el interior lentamente mientras sostenía a Mateo.
Los hombres que custodiaban el lugar tampoco eran los mismos que había contratado anteriormente. Después de lo sucedido con Liza, despedí a todo el equipo. No porque fueran responsables directamente. Eran incompetentes.
Los nuevos guardaespaldas eran diferentes. No vestían como guardaespaldas. No permanecían parados frente a las puertas. No llamaban la atención. Algunos parecían trabajadores comunes.
Otros podían pasar por vecinos. Eran discretos. Eficientes. Y, sobre todo, sabían desaparecer cuando era necesario. Kaelyn los observó durante los primeros día.
—Son diferentes.
—Sí.
—¿Más eficientes?
—Mucho.
Ella asintió.
—Me gusta más así.
La miré.
—¿Por qué?
—Porque no siento que vivo dentro de una cárcel.
Sonreí.
—Esa era la idea.
...****************...
Pasaron dos meses. Dos meses lejos de nuestra antigua casa. Dos meses en los que aprendimos a vivir de una manera diferente. La policía nos mantenía informados.
Aída continuaba en la cárcel. Liza seguía en el hospital. Su estado había permanecido estable luego de las convulsiones, pero los médicos todavía buscaban un donante compatible.
Kaelyn conocía todos los detalles. Yo también. Pero ninguno hablaba demasiado de ello. Nuestra prioridad eran nuestros hijos.
Sofía y Mateo crecían rápidamente. Y yo comenzaba a descubrir algo que jamás imaginé. Ser padre era aterrador. No porque mis hijos fueran difíciles. Si no porque podía pasar horas mirándolos dormir y preguntándome cómo diablos alguien podía amar tanto a dos personas tan pequeñas.
Pero aquellos dos meses también habían cambiado algo entre nosotros. Kaelyn comenzó a conocerme. Realmente a conocerme. No al CEO. No al hombre que todos temían.
A mí. Y eso era mucho más peligroso. Porque había cosas que jamás había contado. Pequeñas cosas. Detalles insignificantes. Vergonzosos.
Como que odiaba dormir con demasiadas almohadas. Que no podía soportar ciertos alimentos. Y, sobre todo, que tenía una colección de fotografías de Sofía y Mateo. Demasiadas.
—Adler.
Levanté la mirada.
—¿Qué?—Kaelyn sostenía mi teléfono.
—Tienes treinta y ocho fotos de Sofía durmiendo.
Me quedé en silencio.
—No. Son cuarenta y cinco.
Ella comenzó a sonreír.
—¡¿Cuarenta y cinco?!
—No le veo el problema.
—¡Son muchas fotos de la misma niña dormida!
—No es verdad. Cada una es diferente.
—Tiene los ojos cerrados en todas.
—Su expresión cambia—Kaelyn se echó a reír.
—Eres adorable.
—No lo soy.
—Sí lo eres.
—No.
Se acercó.
—Muchísimo.
La miré fijamente.
—No vuelvas a decirlo.
—Adorable.
—Kaelyn—Sonrió.
—Adorable—Me dio un beso rápido. Un roce leve. Suficiente para dejarme inmóvil durante un segundo. Después se apartó.
—¿Qué?—La observé.
—Eso fue injusto.
—¿Por qué?
—Porque sabes perfectamente lo que provocas.
Su sonrisa se hizo más amplia.
—Quizá.
La sujeté suavemente por la cintura y la acerqué.
—Entonces no vuelvas a provocarme.
—¿Y si quiero hacerlo?—La besé. No fue un beso rápido. Fue lento al principio. Después más intenso.
Ella rodeó mi cuello con sus brazos y correspondió sin dudar. Durante unos instantes olvidé absolutamente todo.
La amenaza. La casa de seguridad. La policía. Aída. Liza.
Solo existíamos nosotros. Cuando nos separamos, nuestras frentes quedaron juntas.
—Deberíamos...
—Sí—murmuró.
Volví a besarla. Pero entonces escuchamos un llanto. Nos quedamos quietos. Otro llanto se unió al primero. Kaelyn cerró los ojos.
—Nuestros hijos tienen un pésimo sentido del momento.
Solté una carcajada.
—Definitivamente heredaron eso de ti.
—¿De mí?
—Sí.
—Mentiroso.
Nos separamos y fuimos a la habitación. Sofía lloraba. Mateo también. Los tomé en brazos. Primero a mi hija. El llanto comenzó a disminuir. La miré. Su pequeño cabello oscuro era como el de Kaelyn. Tenía la sonrisa de su madre.
—Va a parecerse a ti.
Kaelyn se acercó.
—¿Tú crees?
—Estoy seguro—Acaricié suavemente la cabeza de Sofía—. Tendrá tu cabello.
Ella sonrió.
—¿Y Mateo?—Dijo tomando a Mateo en brazos. Estaba dormido. Su expresión era seria. Arrugaba el entrecejo exactamente como yo.
—Este pobre niño ya tiene mi carácter.
Kaelyn soltó una carcajada.
—Eso sí me preocupa.
—A mí no—Miré a Mateo—. Será fuerte.
Después miré a Sofía.
—Y ella será peligrosa.
Kaelyn arqueó una ceja.
—¿Peligrosa?
—Tiene tu sonrisa.
La miré.
—Eso es suficiente.
Kaelyn negó con la cabeza riéndose. Me acerqué y besé su frente. Miré a mis hijos. Dos pequeños que habían cambiado completamente mi vida. Sofía tenía una sonrisa de su madre. Mateo tenía mi ceño. Pero ambos tenían algo mucho más importante. Nos tenían a nosotros.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂