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La Vida Que Nos Falta

La Vida Que Nos Falta

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor prohibido
Popularitas:716
Nilai: 5
nombre de autor: Y.Valeri

Victoria tenía dieciocho años cuando conoció a Stefano.
Él tenía veintidós, una sonrisa imposible de ignorar y demasiadas verdades que decidió callar.

Para ella fue su primer gran amor. Para él, una historia que nunca debió comenzar.

Victoria creyó conocer al hombre del que se estaba enamorando, hasta que descubrió que Stefano guardaba un secreto capaz de cambiarlo todo. Intentó alejarse. Volvió. Lo perdonó. Y cuando finalmente creyó haber aceptado la verdad, descubrió que apenas conocía una parte de ella.

Lo que siguió fueron años de encuentros, despedidas y decisiones que terminaron llevándolos por caminos distintos.

Victoria creció. Amó. Construyó una vida que ya no dependía de Stefano.

Pero algunas historias no terminan cuando dos personas se separan.

A veces solo esperan el momento en que ambos tengan suficiente vida encima para entender lo que realmente perdieron.

NovelToon tiene autorización de Y.Valeri para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que no debía extrañar

Los primeros días fueron fáciles.

Eso fue lo que Victoria se dijo.

No había mensajes.

No había llamadas.

No tenía que mirar la hora antes de salir de clases ni preguntarse si aquel carro que acababa de pasar era el de Stefano.

Universidad.

Casa.

Trabajos.

Exámenes.

Una vida normal.

Exactamente lo que había querido.

Lo complicado empezó cuando dejó de estar enojada.

Porque la rabia ocupaba espacio.

Mientras estuvo furiosa, no tuvo que preguntarse si lo extrañaba.

Después sí.

Una mañana salió de la universidad con dos compañeras y vio un carro igual al de Stefano pasar por la avenida.

Giró la cabeza por instinto.

No era él.

—¿Qué? —preguntó una de sus amigas.

—Nada.

Siguió caminando.

Le molestó que su cuerpo lo hubiera reconocido antes que ella.

O que creería reconocerlo.

• • •

La semana siguiente le devolvieron un examen.

Sesenta y cuatro.

Victoria miró la nota como si pudiera cambiar por vergüenza.

—No puede ser.

La profesora ya había seguido con la clase.

Victoria volvió a leer las respuestas.

Había estudiado.

No lo suficiente, al parecer.

Ese día regresó a casa con la cabeza llena de fórmulas, fechas y una sensación horrible de estar perdiendo el tiempo en todo.

Su madre la encontró rodeada de apuntes.

—¿Comiste?

—Después.

—Eso dijiste hace una hora.

-Mamá.

—Está bien.

Victoria siguió estudiando.

Durante varias horas no pensó en Stefano.

Cuando se dio cuenta, ya estaba anocheciendo.

Y eso le produjo algo extraño.

Alivio.

Tal vez así iba a ser.

Un día entero sin pensarlo.

Después dos.

Después ninguno.

• • •

No ocurrió de esa manera.

Unos días después, al salir de una clase, lo vio.

Stefano no estaba frente a la universidad.

Nunca se estacionaba ahí.

Su carro estaba bastante más adelante, donde comenzaban los comercios y la gente dejaba de mirar quién entraba o salía de la U.

Victoria lo reconoció desde lejos.

Pudo seguir de largo.

De hecho, lo hizo.

Camino media cuadra.

Después de escuchar una bocina corta.

Una sola vez.

No volvió la cabeza.

Siguió.

Cuando llegó a la esquina se detuvo.

—Qué idiota.

No sabía si se refería a él oa ella.

Miró hacia atrás.

El carro seguía ahí.

Stefano no había bajado.

Victoria regresó.

Él abrió la ventana cuando el vio se acercaba.

—Hola.

—Hola.

Nada más.

Victoria cruzó los brazos.

—¿Qué haces aquí?

—Tenía que pasar cerca.

—Claro.

Stefano sonrió apenas.

—Es verdad.

—No te pregunté si era verdad.

Hubo un silencio.

— ¿Cómo estás? —preguntó él.

—Bien.

—¿La universidad?

Victoria levantó la carpeta.

—Tratando de matarme.

Él soltó una risa.

Fue tan normal que a Victoria le molestó.

—Tengo que irme.

—Está bien.

Ella dio un paso atrás.

—Bueno.

—Bueno.

Victoria volvió a caminar.

No hubo disculpas.

No hubo explicaciones.

Tampoco hablaron de lo que había pasado entre ellos.

Stefano no la siguió.

Eso estuvo bien.

Y no estuvo bien.

• • •

Pasaron varios días.

Victoria estudió para repetir el examen.

Salió con sus amigas.

Discutió con su madre.

Durmió poco.

Tomó demasiado café.

Stefano no apareció.

Una tarde, después de clases, el teléfono vibró.

Era temprano.

Todavía había sol.

Victoria miró el nombre.

No contestó.

Dejó que terminara.

Unos minutos después volvió a sonar.

Esta vez sí respondió.

—¿Qué?

—Hola.

—Eso no responde.

—Solo quería saber cómo te fue con el examen.

Victoria se quedó callada.

Había olvidado que se lo había contado meses atrás, cuando todavía podía hablar con él de cualquier cosa.

—Todavía no lo repito.

—Ah.

—Es la próxima semana.

—Te va a ir bien.

—No sabes.

—Sí sé.

Victoria miró a la gente saliendo de la universidad.

—¿Eso era todo?

-Si.

Ella esperó.

Stefano también.

—Mentiroso —dijo finalmente.

Él soltó una risa breve.

—También quería escucharte.

Victoria cerró los ojos.

No debía gustarle oír eso.

Le gustó.

Hablaron unos minutos.

De la universidad.

Del tráfico.

De una cafetería que había cerrado.

De nada importante.

No hablaron de su esposa.

No hablaron de la casa de Stefano.

No hablaron de por qué él había desaparecido durante días.

Cuando colgaron, Victoria siguió caminando.

No habían arreglado nada.

No habían vuelto.

Ni siquiera sabía qué habían hecho.

Solo habían hablado.

Y, sin embargo, algo que ella había intentado cerrar acababa de quedar entreabierto otra vez.

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Yara
/Proud/
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