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LA IMPOSTORA DE SU PROPIA VIDA

LA IMPOSTORA DE SU PROPIA VIDA

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Dos hermanas gemelas, idénticas en apariencia pero completamente distintas por dentro. La favorita de todos, hermosa y vanidosa, se casó con un hombre millonario y tuvo tres hijos, pero no ama a nadie: maltrata a sus pequeños, engaña a su esposo y solo se queda por su dinero. La otra, siempre ignorada y menospreciada, es dulce, tímida y muy inteligente, y nunca tuvo un lugar propio en el mundo. Hasta que un día la hermana caprichosa decide huir y le ordena que tome su lugar: que viva su vida, que finja ser ella, que soporte lo que ella ya no quiere. Y así comienza la historia de una chica que se convierte en impostora de su propia sangre, descubriendo que la vida que le dieron era mucho más valiosa de lo que nadie jamás supo ver.

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CAPÍTULO 10 EL HOGAR QUE NOS HICIMOS

Seis meses después.

El sol de la mañana entraba por las ventanas de la cocina en grandes franjas doradas, iluminando el polvo que bailaba en el aire, la mesa llena de tazas y platos, y el desorden feliz de cinco personas viviendo juntas. Elisa estaba de pie junto a la estufa, batiendo huevos en un tazón, tarareando una canción que su madre le había enseñado de niña. Llevaba una bata suave color crema, el pelo recogido con una cinta azul, y por primera vez en mucho tiempo no tenía que fingir ser nadie más que ella misma.

—¡Mamá Elisa! —gritó Lucas desde la puerta, corriendo con los calcetines resbaladizos por el piso—. ¡Sofía me robó mi lápiz rojo! ¡Dile que me lo devuelva!

—¡No es tuyo, es mío! —replicó la niña apareciendo detrás de él, escondiendo el lápiz detrás de la espalda—. ¡Lo encontré primero!

Elisa soltó el batidor, se secó las manos en el delantal y se agachó a su altura, fingiendo seriedad aunque se le escapaba una sonrisa.

—Bueno, bueno —dijo—. Lucas, se lo prestas a Sofía un rato, y luego te lo devuelve. Y tú, Sofía, pides las cosas prestadas, ¿de acuerdo? Así todos contentos.

Los dos asintieron al mismo tiempo, y en un segundo ya estaban corriendo juntos hacia la mesa, olvidados del pleito. Elisa los miró con ternura. Todavía les decía "mamá Elisa", aunque sabían la verdad. Sabían que no era su tía, que no era Valeria, que era la mujer que había venido para quedarse. Poco a poco, con paciencia y mucho amor, habían dejado de llamarla "la tía que se parecía a mamá" y empezaron a llamarla mamá de verdad. Y ella sentía que se le llenaba el pecho cada vez que lo decían.

—Huele delicioso —dijo una voz suave desde la puerta.

Se giró. Allí estaba su madre, doña Marisa, apoyada en el marco, con su bastón en una mano y una sonrisa dulce en los labios. Ya podía caminar mejor: la operación de la rodilla había sido un éxito, y cada día daba pasos más largos por el jardín. Tenía la habitación del piso de abajo, grande y luminosa, con una ventana que daba a las rosas que Elisa le había plantado apenas llegó.

—Siéntese, mamá —le dijo Elisa acercándole una silla—. Ya casi está todo listo.

—¿Y tú? —preguntó Eduardo entrando en ese momento, abrazándola por la cintura por detrás y dándole un beso en la sien—. ¿Tú ya desayunaste, señora mía?

—Aún no —respondió ella, recostándose contra su pecho—. Estoy esperando a que todos estemos juntos.

Mateo fue el último en bajar. Llevaba la mochila al hombro, los libros bajo el brazo, y en la cara esa expresión de tranquilidad que ahora tenía siempre. Ya no se encogía cuando hablaba, ya no miraba al suelo. Se sentó en su lugar, saludó a todos con una sonrisa, y puso una mano sobre la de ella encima de la mesa.

—Hoy me toca leer en clase —dijo—. Voy a leer el cuento que me ayudaste a escribir. El de la niña que vivía en dos casas.

Elisa le apretó la mano.

—Seguro que lo haces hermoso —le dijo—. Estoy muy orgullosa de ti.

Desayunaron todos juntos, hablando sin parar, riendo, contando planes para el fin de semana: ir al parque, comer helado, plantar flores nuevas en el jardín. Doña Carmen llegó justo cuando terminaban, entrando como siempre sin llamar, con su bolso de cuero y su paso firme, y puso una caja de galletas recién hechas en el centro de la mesa.

—Para los niños —dijo—. Y para ti, me traje unas semillas de rosas rojas. Las vi en el mercado y pensé que te gustarían.

Elisa se levantó y la abrazó fuerte. La anciana la apretó igual de fuerte, como siempre hacía. Ya no era solo suegra. Era familia también.

Esa tarde, cuando los niños volvieron del colegio, los llamó a todos a la sala. Se sentaron en círculo en el suelo: Mateo, Sofía, Lucas, su madre, Eduardo y Doña Carmen. Elisa tomó aire, miró a cada uno a los ojos, y habló despacio, con voz clara y serena:

—Hace seis meses yo no era yo aquí. Yo era Valeria, mi hermana. No era mi casa, no era mi vida. Pero ustedes me recibieron, me cuidaron, me quisieron. Y ahora sí es mi vida. Es nuestra vida. Valeria se fue y no va a volver. Nadie sabe dónde está, ni qué hace. Y no importa. Lo que importa es que ahora estamos todos juntos. Y somos una familia. Una familia de verdad.

Mateo fue el primero en moverse. Se acercó y la abrazó. Luego Sofía, luego Lucas. Eduardo rodeó a todos con sus brazos, Doña Carmen y doña Marisa se unieron al abrazo, y por un momento todos estaban apretados unos contra otros, formando un solo grupo, unidos por el cariño que habían construido día a día.

—Somos familia —repitió Lucas, muy contento, y todos rieron.

Pasaron los meses y las cosas siguieron mejorando cada día. Elisa siguió cosiendo y arreglando ropa para las mujeres del barrio, trabajando desde casa mientras cuidaba a los pequeños. Eduardo le ayudó a montar un pequeño taller en el garaje, con una mesa grande y luz clara, para que tuviera espacio de sobra. Su madre se encargaba de la huerta que hicieron en un rincón del jardín: cultivaban tomates, lechugas, albahaca y fresas, y cada tarde los niños la ayudaban a regar.

Nadie volvió a oír hablar de Valeria ni de Ramiro. Un día llegó una carta sin remitente, con una sola frase escrita en letra que reconoció al instante: *Vivan bien. No vuelvan a buscarme.* Nadie respondió. Nadie quiso saber más. Era como si se hubiera desvanecido en la niebla, dejando atrás solo el daño que había causado y la vida que ella había reconstruido mejor de lo que jamás soñó.

Una tarde de primavera, estaba sentada en el porche delantero, viendo a los niños jugar en el jardín. Mateo enseñaba a Lucas a lanzar una pelota, Sofía perseguía una mariposa amarilla entre las rosas. Eduardo se acercó y se sentó a su lado, le tomó la mano y la entrelazó con la suya.

—¿Eres feliz? —le preguntó en voz baja, como si quisiera asegurarse de que era real.

Elisa miró a su alrededor: la casa grande y acogedora, el jardín lleno de vida, los niños riendo, su madre hablando con Doña Carmen en la puerta, el hombre que amaba a su lado. Pensó en todo lo que había pasado: el miedo, las mentiras, la lluvia, la oscuridad del almacén, la amenaza constante de perderlo todo. Y luego pensó en lo que había ganado: un hogar, un amor, tres hijos que la llamaban mamá, dos madres que la querían, una vida que era suya, de verdad.

Levantó la vista hacia él y sonrió, con los ojos brillantes de felicidad.

—Sí —respondió—. Soy la mujer más feliz del mundo.

Él le acarició la mejilla y la besó suavemente, mientras el sol se ponía detrás de los árboles, tiñendo todo de un color dorado cálido y suave. Allí, en ese momento, todo estaba bien. Todo estaba en su lugar.

No había sido un camino fácil. Pero al final, habían llegado. Y habían llegado juntos.

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Graciela Calcaterra
Esto cada vez tiene menos sentido,no era que lo había dejado en el aula de la escuela? Y ahora resulta que está en la casa.Coherencia por favor,esto es una burla!
Graciela Calcaterra
Esto cada vez tiene menos sentido,no era que lo había dejado en el aula de la escuela? Y ahora resulta que está en la casa.Coherencia por favor,esto es una burla!
Graciela Calcaterra
Ahora se llama Eduardo no Leonardo,muy confusas está novela, repetís texto,confusa
nezhan: ¡Hola Graciela! Disculpa la confusión 🙏 Tienes toda la razón, cometí errores con el nombre y repeticiones de texto. Ya los corregí de inmediato. Muchas gracias por avisarme, de verdad lo valoro mucho. ¡Gracias por leer!
total 1 replies
Graciela Calcaterra
Tiene 23 años y un hijo de 8 años,lo tuvo a los 15 , entonces que se casó a los 14 años 🤔?
nezhan: ¡Hola! 😊 Muchas gracias por leer y por fijarte en ese detalle. Te lo explico: ella tiene 23 años y su hijo 8, lo que significa que lo tuvo a los 15 años, no que se casara a los 14. Esa confusión se debe a que al leerlo rápido puede parecer que digo que se casó a esa edad, pero en realidad se casó poco después de cumplir los 15, ya que en esa época y en ese entorno era costumbre hacerlo así al quedar embarazada. ¡Gracias por tu pregunta!
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