Cuando Lysandra Aster, la nieta olvidada de la Casa Aster, muere traicionada por sus propios familiares, cree que todo ha terminado. Sin embargo, despierta diez años en el pasado, cuando apenas tiene ocho años.
Con los recuerdos de su vida anterior, decide cambiar el destino de su familia. En lugar de buscar venganza, utilizará su inteligencia para fortalecer la casa Aster, proteger a quienes le fueron leales y descubrir el oscuro secreto que amenaza al imperio.
Mientras las demás familias nobles luchan por el poder, Lysandra teje alianzas, impulsa el comercio y se convierte en una estratega brillante. En el camino conocerá al reservado príncipe heredero Kael, un joven que también carga con un destino incierto.
Pero cambiar el pasado tiene un precio, y cada decisión acerca a Lysandra a una verdad que podría destruir el imperio... o convertirla en la mujer más poderosa de su época.
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Capítulo 12: La sombra de Umbra
La noche cubría la capital imperial con un manto de oscuridad.
En los tejados, una figura encapuchada avanzaba con agilidad, casi como si el viento la empujara. Finalmente se detuvo frente a un antiguo edificio abandonado en las afueras de la ciudad.
Al cruzar la puerta, descendió por una escalera de piedra hasta una enorme sala iluminada por antorchas.
En las paredes colgaban mapas, contratos y símbolos desconocidos.
En el centro de la habitación esperaba un hombre con una máscara de obsidiana.
Era el líder de Umbra, una organización de espías y mercenarios que vendía sus servicios al mejor postor.
—¿Trajiste la carta? —preguntó con voz grave.
El mensajero se arrodilló y le entregó el sobre.
El hombre rompió el sello con tranquilidad.
Solo había una frase escrita.
"Encuentren la debilidad de Lysandra Aster."
El líder dejó escapar una leve risa.
—¿Una niña?
Uno de sus subordinados dio un paso al frente.
—Según nuestros informes, no es una niña común.
El líder levantó una ceja.
—Explícate.
—En menos de un mes logró captar la atención del gran duque, del segundo príncipe, del Gran Mago Imperial... y del propio emperador.
El salón quedó en silencio.
Aquello no era normal.
—Interesante...
Cerró lentamente la carta.
—No hagan ningún movimiento todavía.
Primero quiero saber quién es realmente.
Al día siguiente, la familia Aster regresó a su mansión.
Los sirvientes los recibieron con una gran celebración.
—¡Bienvenido, excelencia!
—¡Felicidades, señorita Lysandra!
Todos sonreían con orgullo.
Incluso algunos caballeros que antes apenas la saludaban ahora la miraban con respeto.
Pero no todos compartían aquella alegría.
Desde el segundo piso, Aldren observaba la escena con una expresión imposible de descifrar.
—Cada vez es más querida...
Murmuró.
Eso era precisamente lo que más le preocupaba.
Después del almuerzo, Cedric llamó a Lysandra a su despacho.
Cuando la niña entró, encontró varios libros antiguos abiertos sobre la mesa.
El gran duque le hizo un gesto para que se acercara.
—Tengo una propuesta.
—¿Una propuesta?
—Quiero que, a partir de hoy, comiences a asistir a las reuniones económicas de la familia.
Lysandra abrió los ojos con sorpresa.
En su vida anterior no había recibido aquella oportunidad hasta los quince años...
Y aun así, nadie escuchaba sus opiniones.
Ahora apenas tenía ocho.
—¿Está seguro?
Cedric sonrió.
—Después de lo que ocurrió en el festival, sería un desperdicio ocultar tu talento.
Lysandra inclinó la cabeza.
—Haré todo lo posible para no decepcionarlo.
—Sé que no lo harás.
Dos días después se celebró la primera reunión.
Alrededor de la enorme mesa ovalada se encontraban los administradores, consejeros y miembros principales de la familia Aster.
Cuando vieron entrar a Lysandra, algunos fruncieron el ceño.
—¿Una niña participará?
—Esto es una reunión importante.
Aldren cruzó los brazos.
No dijo nada.
Quería ver cómo reaccionaba su padre.
Cedric golpeó suavemente la mesa con su bastón.
El salón quedó en silencio.
—Lysandra está aquí por decisión mía.
Quien tenga una objeción... puede retirarse.
Nadie volvió a hablar.
La reunión comenzó con normalidad.
Se discutieron rutas comerciales, inversiones y acuerdos con otras familias nobles.
Hasta que uno de los administradores presentó una propuesta.
—Propongo vender el bosque de Arlen.
Ya no produce beneficios.
Lysandra sintió un escalofrío.
El bosque de Arlen.
Era exactamente el lugar donde, años más tarde, descubrirían una inmensa mina de cristales mágicos.
En su vida anterior, aquella venta había sido uno de los mayores errores de la Casa Aster.
Si guardaba silencio...
La historia volvería a repetirse.
Levantó lentamente la mano.
Todos la miraron.
—Creo que no deberíamos venderlo.
El administrador soltó una pequeña risa.
—¿Y por qué no, señorita?
Lysandra respiró hondo.
—Porque el bosque aún no ha revelado todo su valor.
Varios presentes intercambiaron miradas confundidas.
Cedric apoyó los codos sobre la mesa.
—Continúa.
—En lugar de venderlo, deberíamos enviar un grupo de exploración. Si no encontramos nada útil, siempre podremos venderlo más adelante.
Pero si existe algún recurso oculto...
Perderemos mucho más de lo que ganaríamos con la venta.
El salón volvió a quedar en silencio.
Era una propuesta prudente.
No costaba demasiado dinero.
Y evitaba un posible error irreparable.
Cedric sonrió.
—Aprobado.
El administrador no tuvo más remedio que asentir.
Aldren, en cambio, sintió cómo la ira crecía dentro de él.
Otra vez.
Otra vez aquella niña había cambiado una decisión importante.
Y otra vez...
Su padre la había escuchado.
Aquella misma noche, mientras la lluvia comenzaba a caer sobre la mansión Aster, un cuervo negro se posó en el alféizar de la ventana del despacho de Aldren.
En una de sus patas llevaba un pequeño pergamino.
Aldren lo abrió de inmediato.
Solo decía unas pocas palabras.
"Umbra ha aceptado el encargo."
Una sonrisa fría apareció en su rostro.
—Ahora sí, Lysandra...
Veamos cuánto tiempo puedes seguir adelantándote al destino.