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Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Romance / Fantasía LGBT
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: Damian Benitez

una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)

NovelToon tiene autorización de Damian Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La primera prueba de Zeus

La luna iluminaba el monte Olimpo.

El aire estaba cargado de electricidad. Los rayos caían a lo lejos mientras Zeus permanecía de pie frente al Espejo del Mundo.

La imagen de Sara seguía reflejada en sus aguas cristalinas.

Trabajando.

Ayudando.

Sonriendo.

El rey de los dioses apretó con fuerza el cetro.

—Si esta mortal es tan especial como creen... lo demostraré.

A su lado apareció Hermes.

—¿Qué piensas hacer?

Zeus levantó una mano.

—La pondré a prueba sin que ella sepa que soy yo.

Hermes frunció el ceño.

—¿No será demasiado cruel?

—Si una simple prueba destruye su determinación, entonces nunca fue digna de representar a la humanidad.

Desde la entrada del salón, Ares y Afrodita escuchaban en silencio.

Ambos comprendieron que nada bueno estaba por suceder.

A la mañana siguiente, Sara salió de casa con una sonrisa, como de costumbre.

—Volveré antes del anochecer —le dijo a su madre.

—Cuídate mucho.

—Lo haré.

Daniel corrió hasta ella.

—¡No olvides que hoy prometiste enseñarme a plantar tomates!

Sara rió.

—No lo olvidé.

Le revolvió el cabello y comenzó a caminar hacia el mercado.

El cielo estaba despejado.

Demasiado despejado.

En las nubes, Zeus observaba cada uno de sus movimientos.

—Veamos cuánto resiste...

Levantó discretamente una mano.

Al llegar al mercado, Sara encontró un gran alboroto.

El comerciante para quien trabajaba caminaba de un lado a otro con expresión desesperada.

—¡Todo desapareció!

—¿Qué ocurrió? —preguntó Sara.

—Las herramientas... las semillas... el dinero de la caja... ¡Nos robaron todo durante la noche!

Los demás trabajadores comenzaron a discutir.

—Sin herramientas no podremos trabajar.

—¿Y quién nos pagará?

El comerciante bajó la cabeza.

—No tengo cómo mantener abierto el negocio.

Sara sintió un nudo en el estómago.

Aquella era la única fuente de ingresos estable que tenía.

Sin embargo, respiró hondo.

—No podemos rendirnos.

El hombre la miró confundido.

—¿Qué propones?

Sara observó unas viejas herramientas oxidadas almacenadas en un rincón.

—Todavía sirven.

—Pero están rotas.

—Entonces las repararemos.

Los trabajadores comenzaron a murmurar.

Uno de ellos negó con la cabeza.

—Es una pérdida de tiempo.

Otro tomó su abrigo.

—Yo me voy.

En pocos minutos casi todos abandonaron el lugar.

Solo quedaron Sara, el comerciante y un anciano.

Desde el Olimpo, Zeus observaba la escena.

—Ahora veremos si continúa sonriendo.

Ares cruzó los brazos.

—Ella no se irá.

Zeus lo miró de reojo.

—¿Tan seguro estás?

—Sí.

Sara tomó un martillo.

—Empecemos.

Durante horas reparó herramientas, limpió el almacén y organizó lo poco que quedaba.

Sus manos terminaron cubiertas de grasa y pequeñas heridas.

El anciano sonrió.

—Hace años que no veía a alguien trabajar con tanto entusiasmo.

Sara respondió sin dejar de martillar.

—Si esperamos un milagro, nunca saldremos adelante.

Mientras tanto, en una calle cercana, Afrodita caminaba disfrazada de mortal.

Quería observar a Sara desde más cerca.

La diosa sonrió al verla trabajar.

—Siempre encuentra una solución...

Sin darse cuenta, comenzó a admirarla cada vez más.Al caer la tarde, ocurrió algo inesperado.

Varias personas del barrio comenzaron a acercarse.

El primero fue el hombre cuya casa Sara había ayudado a reparar.

—Escuché que necesitaban ayuda.

Después llegó la viuda.

—Yo puedo cocinar para los trabajadores.

Luego apareció el anciano del huerto.

—Traje algunas herramientas que ya no uso.

Uno a uno, comenzaron a llegar más vecinos.

En menos de una hora, el mercado volvió a llenarse de vida.

El comerciante no podía creer lo que veía.

—¿Por qué hacen todo esto?

Una mujer sonrió.

—Porque Sara nunca nos dejó solos.

Ahora nos toca ayudarla a ella.

En el Olimpo, el silencio reinaba.

Zeus observaba cómo decenas de personas trabajaban juntas.

No porque alguien las obligara.

No por miedo.

Lo hacían porque una joven había sembrado bondad durante semanas.

Atenea sonrió discretamente.

—Las acciones inspiran más que las palabras.

Zeus no respondió.

Su expresión permanecía seria.

Pero, en el fondo, una pequeña duda comenzaba a crecer.

Esa noche, cuando todos regresaron a sus hogares, Sara caminaba bajo un cielo lleno de estrellas.

Estaba agotada.

Sin embargo, sonreía.

De pronto, escuchó una voz detrás de ella.

—Trabajas demasiado.

Sara se dio la vuelta.

Un joven alto, de cabello oscuro y ojos intensos, estaba apoyado contra un árbol. Vestía ropa sencilla, pero había algo en su presencia que imponía respeto.

Era Ares, ocultando su naturaleza divina.

Sara arqueó una ceja.

—¿Nos conocemos?

Ares dudó por un instante.

Era la primera vez en siglos que hablaba con un ser humano por iniciativa propia.

—No... solo te he visto ayudar a muchas personas.

Sara sonrió con amabilidad.

—Entonces supongo que ya somos conocidos.

Ares no pudo evitar devolverle una leve sonrisa.

Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, una voz femenina interrumpió la conversación.

—¿Interrumpo?

Sara giró la cabeza.

Una hermosa joven de largo cabello dorado se acercaba con una expresión amable.

Era Afrodita, también disfrazada de mortal.

Al verla, Ares comprendió que las cosas acababan de complicarse.

Y sin saberlo, Sara estaba a punto de conocer, cara a cara, a los dos dioses que cambiarían su destino para siempre.

Fin del Capítulo 7.

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