Aethelgard Draconis (El Patriarca): Un vampiro de presencia imponente y fría elegancia, con siglos de existencia a sus espaldas. Su mente es una fortaleza inquebrantable.
Nyxandra Draconis (La Matriarca): De una belleza etérea y calculadora. Es la estratega del clan, capaz de leer las intenciones más ocultas antes de que sean pronunciadas.
Kaelen Draconis: El hermano mayor. Protector, de pocas palabras y con un aire de misterio melancólico que oculta una ferocidad implacable.
Vespera Draconis: La hermana menor. Ágil, perspicaz y con una fascinación peligrosa por el mundo efímero de los humanos.
Onyx Draconis (El Protagonista): El miembro más introspectivo de la familia. Vive con el peso de una eternidad que apenas comienza a comprender hasta que un giro del destino cruza su camino.
orden
- Ecos De Cenizas y Ónix
- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno
- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte
- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer
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El Encuentro Inevitable
La campana metálica que anunciaba el inicio oficial de la jornada escolar en el Instituto Oakhaven resonó con un tono estridente y frío a través de los largos pasillos repletos de estudiantes que corrían para alcanzar sus casilleros. El ambiente interior estaba cargado de humedad, risas amortiguadas, olor a café barato de máquina y el murmullo constante de los jóvenes que buscaban refugio frente a las bajas temperaturas de la mañana. Onyx caminaba con paso firme, elegante y milimétricamente medido, flanqueado a una distancia prudente y protectora por Kaelen y Vespera, quienes mantenían una vigilancia periférica constante sobre cada movimiento a su alrededor, evaluando las reacciones de los humanos como si se tratara de un campo de batalla camuflado bajo una falsa y frágil apariencia de normalidad cotidiana.
—Recuerda estrictamente las palabras de papá, Onyx —susurró Kaelen con un tono de voz tan bajo que apenas rozaba las vibraciones del aire, un registro acústico calculado específicamente para no ser captado por ningún oído humano cercano mientras avanzaban hacia la zona de los casilleros metálicos—. Hoy no habrá distracciones de ningún tipo. Mantendrás la vista al frente, cumplirás con las horas obligatorias en el aula asignada y regresaremos en perfecta formación a la mansión antes del mediodía. Cualquier anomalía o despliegue de velocidad en tu comportamiento atraerá miradas innecesarias que pondrán en riesgo la seguridad de todos.
—No necesito que me recuerdes constantemente las reglas de supervivencia, Kaelen —respondió Onyx con una sequidez glacial, deteniéndose frente a su casillero asignado y girando la combinación de seguridad con movimientos mecánicos, precisos y fríos.
Sin embargo, en el preciso instante en que la puerta de metal se abrió con un leve chirrido, un aroma sutil, cálido y familiar atravesó de golpe el denso bullicio del pasillo, cortando de tajo cualquier intento de concentración fría por su parte. A unos pocos metros de distancia, saliendo del aula de literatura con una pila de libros de pasta dura sujetos firmemente contra el pecho, se encontraba Lyra. Al girar hacia el pasillo principal con la prisa típica de entre clases, sus ojos se cruzaron de inmediato con la profunda oscuridad de los de Onyx.
El tiempo pareció detenerse por completo a su alrededor, congelando la dinámica del edificio. El ruido ensordecedor de los estudiantes chocando contra las taquillas y las conversaciones cruzadas se desvanecieron hasta convertirse en un zumbido de fondo absolutamente irrelevante. Lyra se detuvo en seco, con un leve rubor encendiendo instantáneamente sus mejillas, mientras una mezcla de asombro, confusión y una intensa timidez se reflejaba de manera transparente en su mirada.
Para Onyx, la cercanía de su pulso cardíaco resonaba en el silencio de su mente como un recordatorio implacable de que todas las barreras de contención que había intentado construir la noche anterior se derrumbaban con el simple hecho de compartir el mismo espacio aéreo. A pocos metros, Kaelen y Vespera observaron la escena con los músculos completamente tensos y preparados para intervenir en el momento exacto en que la situación amenazara con salirse de control, plenamente conscientes de que el destino del clan ya había comenzado a girar de manera irreversible hacia una tormenta de la que no podrían escapar.
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