Kenji solo quería una vida tranquila, pero reencarnó como el profesor más temido del mundo... sin saber que también es el más fuerte.
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Los preparativos para recibir al profesor
El salón del trono estalló en actividad apenas los caballeros confirmaron que Kenji había aceptado la invitación. Ministros, nobles y sirvientes comenzaron a entrar y salir con pergaminos en las manos mientras el rey seguía de pie frente al enorme mapa del reino.
La reina observaba la escena con serenidad, aunque incluso ella notaba el nerviosismo de todos los presentes. Nadie quería cometer el más mínimo error durante la visita del hombre que ya era conocido entre la nobleza como "el Profesor del Fin del Mundo".
El capitán de los Caballeros Reales dio un paso al frente y habló con absoluta seriedad.
—Su Majestad, recomiendo movilizar a toda la Guardia Real. Si algún noble imprudente llega a faltar al respeto al profesor, las consecuencias podrían ser desastrosas.
El rey asintió lentamente. —Estoy de acuerdo.
Nadie provocará problemas durante el banquete. Quiero que todos los duques, marqueses y condes reciban una notificación oficial.
Si alguno piensa comportarse con arrogancia delante del profesor Kenji... será expulsado inmediatamente del palacio.
Los ministros comenzaron a escribir frenéticamente. Uno de ellos levantó tímidamente la mano.
—Majestad... ¿también invitaremos a los grandes magos del reino?
El rey permaneció pensativo unos segundos antes de responder. —Sí. Quiero que todos lo conozcan. Quizá podamos aprender algo de alguien capaz de hacer retroceder a un Dragón Emperador.
Ninguno de los presentes se atrevió a corregir aquella afirmación, aunque varios sabían que los informes aseguraban que el profesor ni siquiera se había movido de la academia.
Aquello hacía la historia mucho más aterradora. Si un dragón huyó sin enfrentarlo... ¿qué habría sentido realmente aquella bestia?
Mientras tanto, en la mansión, Kenji seguía terminando tranquilamente su taza de té.
El mayordomo permanecía a un lado con una libreta en las manos mientras varias sirvientas retiraban los platos de la cena.
El profesor suspiró satisfecho. —Estaba todo delicioso.
Muchas gracias por el esfuerzo. Las jóvenes sonrieron con enorme felicidad.
Para ellas, recibir un simple agradecimiento de su señor valía más que cualquier recompensa. El mayordomo carraspeó educadamente antes de hablar.
—Señor Kenji, mañana llegarán los sastres reales para tomar sus medidas. También vendrán joyeros, artesanos, alquimistas y los mejores diseñadores del reino para preparar su vestimenta para el banquete.
Kenji casi escupió el té. —¿Tantas personas... solo por un traje?
El mayordomo respondió con total naturalidad. —Por supuesto. Es imposible permitir que nuestro señor vista algo inferior a la perfección.
Kenji sintió un ligero dolor de cabeza. «Solo quería un traje sencillo... ¿Por qué hacen tanto escándalo?».
Se quedó unos segundos pensando antes de sonreír con cierta vergüenza. —Mientras no gasten demasiado dinero, me parece bien.
En cuanto aquellas palabras salieron de su boca, el mayordomo sintió una profunda admiración.
«Nuestro señor incluso se preocupa por las finanzas del reino...».
Las sirvientas comenzaron a asentir emocionadas.
«Es tan humilde que sigue pensando en el dinero incluso teniendo un poder capaz de gobernar el mundo entero.»
A cientos de metros de la mansión, Dani y varios alumnos seguían escondidos detrás de un muro.
Ninguno había tenido el valor de marcharse.
Habían visto entrar y salir carruajes reales durante toda la tarde y eso solo confirmaba sus sospechas.
Uno de los estudiantes habló en voz baja. —¿Cuántas personas importantes conocen al profesor?
Dani respondió sin apartar la vista de la residencia. —Creo que sería más fácil preguntar quién no lo conoce.
Otro alumno tragó saliva. —¿Y nosotros intentamos desafiar a alguien así el primer día...?
Todos recordaron el momento en que habían querido humillar a su nuevo profesor.
El silencio que siguió fue tan incómodo que varios comenzaron a pedir perdón mentalmente, convencidos de que Kenji podía escuchar incluso sus pensamientos si así lo deseaba.
Dentro de la mansión, el pequeño gato blanco seguía dormido sobre el sofá del salón principal mientras Kenji observaba por la ventana el cielo completamente estrellado.
Sonrió con tranquilidad y apoyó la frente sobre el cristal.
«Qué bonito es este lugar... Ojalá todos los días fueran así de tranquilos.»
En ese mismo instante, en el Palacio Real, más de quinientas personas trabajaban sin descanso para organizar el banquete más importante de la historia del reino, completamente convencidas de que el futuro de toda la nación dependía de que el profesor Kenji quedara satisfecho con una simple cena.
Continuará...