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El magnate y la mariposa

El magnate y la mariposa

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:19.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Elena Paz

Valentina Herrera tiene veinticinco años, un departamento diminuto en Narvarte y un trabajo que podría perder en cualquier momento. No pide mucho: pagar la renta, sobrevivir el Metro y que su jefa no la despida antes de fin de mes.

Una noche, su mejor amiga la arrastra a un bar en Polanco. Música cara, gente que huele a dinero, copas que cuestan lo que ella gana en un día. Valentina no pertenece ahí. Lo sabe. Todos lo saben.

Pero entonces aparece él.

Santiago Montero. Heredero de Grupo Montero. El tipo de hombre que no debería mirarla dos veces... y que no deja de buscarla después de esa noche.

Lo que empieza como un error de una copa de más se convierte en algo que Valentina no puede controlar: cenas en restaurantes donde no entiende el menú, un closet lleno de ropa que jamás podría pagar, y un hombre que la mira como si fuera lo único real en su mundo de cristal.

Pero la familia Montero no acepta a cualquiera. Don Fernando, el patriarca, tiene otros planes para su hijo. Planes que incluyen apellidos correctos, fortunas compatibles y una mujer que no viaje en Metro.

Y Santiago... Santiago tiene un secreto. Uno que va a destrozarla.

"Nunca más. Si me vuelves a mentir, desaparezco de tu vida para siempre."

¿Puede el amor sobrevivir a la mentira más cruel cuando esa mentira nació del amor más profundo?

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NovelToon tiene autorización de Elena Paz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12: Siete años

Isabella abrió la puerta con maquillaje perfecto y los ojos hinchados.

Ese contraste fue lo que más asustó a Valentina. Isa podía estar furiosa, despeinada, borracha de orgullo o vestida para destruir a medio mundo, pero nunca descuidaba el control de su propia imagen. Esa noche lo había intentado demasiado.

—No digas nada —pidió Isabella, haciéndose a un lado.

—No iba a decir nada.

—Tu cara ya dijo como quince cosas.

Valentina entró al departamento. Olía a vino blanco y perfume. Sobre el sillón había un vestido color champagne todavía dentro de una funda transparente, con la etiqueta colgando. En la mesa, dos copas: una vacía, otra intacta. El celular de Isabella descansaba boca arriba, como una amenaza pequeña.

—¿Emilio estuvo aquí?

Isabella soltó una risa sin humor.

—No. Emilio siempre está a punto de llegar.

Valentina dejó su bolsa en una silla.

—Isa...

—Me arreglé para una cena con sus papás. —Isabella señaló el vestido—. Me dijo que ahora sí quería que fuera. "Algo tranquilo", dijo. "Para que mi mamá te vea más seguido". Como si Doña Beatriz no llevara siete años viéndome lo suficiente para fingir que no existo.

La voz le tembló al final. Isabella se sirvió más vino, pero Valentina le quitó la botella con suavidad.

—Ya no.

—No me regañes. No tengo energía para ser digna.

—No vine a regañarte.

Isabella se sentó en el sillón y se quitó los tacones con rabia. Uno cayó de lado sobre la alfombra.

—Llevamos siete años juntos, Val. Siete. Tú conoces la historia desde el principio. Lo vi en una fiesta, me pareció un imbécil guapo, me persiguió como si yo fuera el premio más difícil de ganar. Y yo, estúpida, creí que un hombre que insistía tanto también sabría quedarse.

Valentina se sentó junto a ella.

—No eres estúpida.

—No. Soy peor. Soy paciente.

La frase dolió porque no sonó dramática. Sonó exacta.

Isabella tomó el celular y se lo mostró. Había mensajes de Emilio, todos educados, todos inútiles.

"Mi mamá no se siente bien."

"Mejor dejamos la cena para otro día."

"No te enojes, Isa."

"Te llamo mañana."

Valentina leyó la hora. El último mensaje había llegado a las ocho y doce. Ya casi era medianoche.

—¿Te llamó?

—No.

—¿Tú lo llamaste?

—Tres veces.

Valentina cerró los ojos un segundo.

—Tal vez de verdad pasó algo con su mamá.

Isabella la miró, y por primera vez Valentina vio no solo tristeza, sino cansancio acumulado en capas.

—Siempre pasa algo con su mamá. Si no se siente mal, se siente sola. Si no se siente sola, necesita hablar de la empresa. Si no es la empresa, es una comida familiar. Si no es comida, es un compromiso. Y Emilio siempre dice "después". Después hablamos. Después vemos. Después te presento bien. Después nos vamos de viaje. Después, después, después.

Valentina pensó en Santiago diciendo "todavía no" frente a la puerta del hospital. La comparación le rozó una parte sensible, pero la apartó. No era lo mismo. Quería creer que no era lo mismo.

Isabella abrió un cajón de la mesa y sacó un sobre lleno de papeles doblados.

—Mira.

Valentina no quería mirar, pero lo hizo. Reservaciones canceladas. Dos boletos a Oaxaca que nunca usaron porque Doña Beatriz organizó una comida familiar el mismo fin de semana. La confirmación de un hotel en Valle de Guadalupe que Emilio cambió por una "reunión urgente". Una tarjeta de cumpleaños con la letra de él: "El próximo año lo celebramos en grande, te lo prometo."

—Eso fue hace cuatro cumpleaños —dijo Isabella.

Valentina sintió rabia, no la rabia explosiva de una pelea, sino una más pesada.

—¿Por qué guardas todo esto?

Isabella pasó el pulgar sobre una de las hojas.

—Al principio porque pensaba que algún día nos íbamos a reír. Luego porque necesitaba pruebas de que no estaba exagerando.

—Isa...

—¿Sabes cuántas veces fui "la amiga" en reuniones donde todos sabían que dormíamos juntos? ¿Cuántas veces me presentó sin tocarme la espalda para que su mamá no hiciera esa cara?

Valentina no supo qué decir. Había heridas que no necesitaban sangre para verse abiertas.

Y lo peor era que, mientras escuchaba a Isabella, una parte incómoda de ella empezó a revisar sus propios "todavía no", uno por uno.

—¿Le has dicho lo que quieres?

Isabella rió bajo.

—Val, no tengo quince años. Claro que se lo he dicho.

—¿Y?

—Y me besa la frente. Me dice que me ama. Que no es buen momento. Que su familia es complicada. Que su mamá necesita tiempo.

La mano de Valentina se cerró sobre el borde del sillón.

—Eso no responde nada.

—Exacto.

Isabella se levantó y caminó hacia la ventana. Desde ahí se veía una avenida con luces rojas de tráfico. Su reflejo en el vidrio parecía el de otra mujer: elegante, quieta, a punto de quebrarse sin permitírselo.

—Hoy pensé que iba a pedirme matrimonio.

Valentina sintió un golpe en el pecho.

—¿Por la cena?

—Por todo. Estaba raro. Tierno. Nervioso. Me dijo que quería hablar con sus papás, que había cosas que ordenar. Yo fui y compré este vestido como idiota. Hasta me hice manicure.

Levantó la mano. Las uñas color nude brillaban perfectas.

—Me senté aquí esperando que pasara por mí. A las ocho me escribió que se cancelaba.

—Isa...

—No es la primera vez que me deja vestida esperando. Esa es la parte humillante. Una debería aprender con una sola.

Valentina se acercó y la abrazó por la espalda. Isabella se quedó rígida un momento, luego se dobló apenas, como si el cuerpo por fin aceptara lo que la boca todavía no.

—Estoy cansada, Val —susurró—. Cansada de ser la novia eterna. Cansada de que todos sepan que estoy con él, pero nadie en su familia diga mi nombre como si fuera futuro.

Valentina la apretó más.

—¿Qué necesitas?

—No sé.

—Mentira.

Isabella se limpió una lágrima con cuidado para no arruinar más el maquillaje.

—Necesito que me elija. Sin condiciones. Sin pedir permiso. Sin esconderme detrás de la paciencia.

Valentina no dijo "lo hará". No podía mentirle así.

Se quedaron en silencio hasta que el celular vibró sobre la mesa.

Las dos miraron.

Emilio.

Isabella no se movió.

—¿Quieres que conteste yo?

—No.

El teléfono dejó de sonar. Luego entró un mensaje.

"Perdón por lo de hoy. Mamá quiere verte mañana para aclarar las cosas."

Isabella leyó la pantalla y se quedó tan quieta que Valentina supo que esa invitación no traía paz.

—Doña Beatriz nunca quiere aclarar nada —dijo Isabella.

Valentina tomó el teléfono y leyó el mensaje otra vez.

—¿Vas a ir?

Isabella levantó la barbilla. El orgullo volvió a acomodársele en el rostro como una máscara conocida.

—Sí.

—Voy contigo.

—No.

—Isa.

—Esta vez no. Si esa señora quiere verme como poca cosa, que me mire de frente.

Valentina entendió que insistir sería quitarle una batalla que necesitaba pelear.

—Entonces me llamas apenas salgas.

Isabella asintió en silencio.

El celular vibró de nuevo.

Otro mensaje de Emilio.

"Por favor, sé amable con ella."

Isabella sonrió. Una sonrisa tan fría que a Valentina se le erizó la piel.

—Mira qué considerado —dijo—. A mí nadie me pidió que fueran amables conmigo.

1
Zaira
Bella me encanto.
Aida Rodriguez
q feo fin
MANATE
💯🤗
AYA
😒😒😒 que boba🙄
Elena Yobany Santacruz Alejandria
dios q hombre terco..pero mas ella no afloja solo se complica.
Rosa Rodelo
Foto
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰
Elena Yobany Santacruz Alejandria
q paciencia tiene nuestro protagonista 🥰🥰
milagros perales
Me encantó
Yanira Aguilar
hermosa novela
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