Cuando no te puedes enfrentar a la realidad, cuando solamente esperas qué otros decidan por ti….eso era lo que querían lograr con Vivian Ward, desde que su progenitor les abandonó a su madre y hermano gemelo, su madre enfermó de Cáncer, y su hermano siendo un completo inútil tenía muchas veces que arreglar sus desastres, hasta que llegó el día que le dio un ultimátum, pero su decisión le causó una maldita pesadilla.
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Perdiendo la cordura.
— Permíteme felicitarte, tienes una hermosa mujer como esposa. - manifestó Stefan haciendo que Dominic apretara la mandíbula.
Dominic ya había visto que no disimulaba verla. Y eso él lo interpretaba como una provocación. Óscar estaba temeroso que su hermano se le echara encima, lo estaba calculando
El mafioso había sentido sus palabras como hierro ardiente en sus costillas. Sabía que lo hacía por desconectarlo, se había dado cuenta de su mirada lascivia hacia ella. Deseó partirle la boca a punta de golpes, se forzó a contestarle firme.
— Te haz tomado tu tiempo para admirarla. - le dijo sonriendo. Vivían,… paladeo su nombre, una rara belleza original. Por eso es mi esposa. - la miel atrae a las moscas. - espetó jalándola con suavidad hacia él.
Stefan entendió la indirecta, una leve sonrisa disimuló su tensión.
Sin embargo Juliana no dejaba de mirarlos con rabia, se obligó a parecer tranquila aunque temblaba por dentro, algo que Stefan notó haciendo un leve gesto, de comprensión.
Óscar observaba con atención, recordó esa misma situación cuando su hermano vivía, estuvo alterado con Stefan, fue en una gala cuando tuvo la última oportunidad, de ver a su hermano por última vez, ¿entonces que había pasado en realidad? ¿Stefan tenía algo que ver con su muerte?
Había que averiguarlo, también se dio cuenta, como miraba a su cuñada. Se acercó para aligerar el ambiente mientras todos los miembros se presentaban ante la esposa del Don.
— Señor Blackwood. - yo también quiero felicitarle, es verdad su mujer es una belleza. - espetó Alonso padre de Juliana, hacer verdad el temía a una represalia por el Don.
Dominic no respondió al alago hacia su esposa, ella simplemente, asintió, se levantó, fue todo lo que soportó.
— Para otra ocasión que vuelvan hacer una reunión de mierda como está, no sé tomen la molestia en avisarme. No me hagan que desintegre esta maldita sociedad… el concejo no es para parodear, en ese caso háganlo en sus casas.
— Don no se enoje por favor. - se levantó el líder, todos sabían que Donminc no era para bromas.
— Se había propuesto conocer a la esposa del Don, no fue nuestra intención que esto se interpretara mal. Nuestro respeto a la señora.
— No quiero en la sala de reuniones un visitante nunca más. - dejó claro. Quiten cada silla extra y al que no le guste, vaya firmando su renuncia. Para la próxima solo serán los miembros.
Tomó de la mano a Vivían saliendo del lugar sin mirar atrás. Mientras que Óscar hacía su papel, para aligerar el pesado ambiente que se había formado.
— Señor Stefan que no le afecte el proceder de mi hermanito. - le dijo recalcando la palabra suele comportarse irracional. - sonrió, tiene un temperamento que se puede interpretar hostil, Stefan recordó que había escuchado hablar de Óscar como el hermano descarriado de los Blackwood.
— Como bienvenida señor Fischers, le invito a tomarnos una copa, hay un bar a tres cuadras de aquí.
— Encantado señor Blackwood. - lo miró intentando ver en ese hombre un hueco que le indicara dónde estaba el truco, pero se vio conforme.
Óscar salió no sin antes, darle la dirección. Y después le mandó un breve mensaje a Dominic.
BAR CANTINA.
Más tarde se encontraban los tres hombres sentados en una zona exclusiva del bar. Hans se había ido al bar con Stefan.
— ¿Y que le trae por este país Stefan? - preguntó de lo más quitado de la pena, se veía relajado. Pero Hans lo escudriñaba sin revelar nada. Pero ninguno conocían a Óscar.
— La verdad solamente ando conociendo, digamos de turista. - reafirmó su respuesta.
¿Y precisamente en california? Pensó el mafioso escondiendo su sarcasmo.
Mientras tanto, de regreso a la mansión, Vivían veía de reojo qué Dominic apretaba los puños de vez en cuando, no quiso preguntar, no quería avivar con su respuesta lo que había sucedido en el salón.
Todo el camino fue completamente silencioso, ni el dijo nada, ni el preguntó.
Al llegar a la mansión, el se fue directo a su despacho, se sirvió un vaso de wisky.
Vivían se dirigió a la habitación de Vicky a ver si ya estaba dormida, sólo le colocó una manta encima regresando a la habitación. En penumbras se desvistió, metiéndose a la ducha.
Cuando salió ya había una bombilla encendida, pero no veía a su esposo, seco su cabello con la misma toalla, pero una corriente helada y el olor a cigarrillo la hizo voltear hacia la ventana que daba al balcón, ahí estaba Dominic,
Se puso una bata de algodón encima y se acercó a él.
— No sabía que fumabas. - le dijo viendo darle una calada al cigarro.
Dominic expulsó el humo, apagando el cigarrillo.
— Solo lo hago cuando me siento tenso. - respondió mirándola. Vivían sintió escalofríos, esa mirada oscura, sobre su cuerpo la dejó inmóvil.
Dominic no podía creer los deseos que esa hermosa chica despertaba en él, haciéndole que reaccionara, llevándola contra la pared, empujando su cuerpo, en tanto su respiración pareció de alguien furioso, como si estuviera a punto de estallar, sino esa mirada brillante que detuvo sus latidos.
Sus miradas chocaron como planetas colisionando, arrasando con el control y la claridad de cada uno.
Se miraron directo a los ojos.
— Estoy celoso. - soltó de pronto. Él pasó saliva, ella tragó en seco. No me gustó como te miraba ese tipo. - le dijo mientras sus labios se deslizaban por su cuello.
— Eres mía. - le recordó, con esa posesión, como si temiese que se alejara. Olía demasiado bien, era como un imán tenía un no sé qué.
Sus labios se encontraron y como dos imanes se negaron a despegarse del otro.
Vivían sintió que ese hombre la hacía perder la razón, pero las ansias de lo que las caricias de su esposo le provocaron, no le permitieron pensar en más que en terminar y demostrarle que era completamente suya.
Los dedos que se deslizaron en su canal descontrolaron las pulsaciones en su centro, más cuando sintió la invasión abrupta y deliciosa del miembro que acabó con su cordura, pues dolía ante el tamaño, pero también envió oleadas de éxtasis por todo su cuerpo.
Su boca fue apropiada y no pudo sentir más que placer ante ese toque.
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