Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
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Capítulo 12: El intercambio de almas
El viento rugía sobre las llanuras prohibidas.
La hierba se inclinaba mientras las sombras giraban alrededor de Emilia y del joven que acababa de sostenerla entre sus brazos.
Derek observó a la muchacha inconsciente.
Su largo cabello negro se movía suavemente con la brisa.
Aquellos ojos rojos, ahora cerrados, le resultaban extrañamente familiares.
—Es ella...
Murmuró.
Era la joven que había visto en la visión del cuervo.
Pero antes de que pudiera comprender lo que estaba ocurriendo, el círculo mágico bajo sus pies comenzó a brillar con una intensidad cegadora.
Las antiguas piedras emitieron una luz plateada.
Símbolos desconocidos aparecieron flotando en el aire.
Derek intentó alejar a la joven del lugar.
Pero era demasiado tarde.
Una poderosa energía los envolvió.
El cielo se oscureció.
Las sombras y la luz se mezclaron.
Y una voz antigua resonó en toda la llanura.
—Dos destinos.
—Dos almas.
—Un solo camino.
Entonces todo desapareció.
Emilia abrió lentamente los ojos.
Le dolía todo el cuerpo.
Intentó levantarse.
Y descubrió que estaba acostada sobre la hierba.
El cielo nocturno brillaba sobre ella.
—¿Qué ocurrió?
Susurró.
Se llevó una mano a la cabeza.
Algo no estaba bien.
Su mano era demasiado grande.
Sus dedos eran diferentes.
Su respiración se aceleró.
Miró sus brazos.
Cubiertos por una ropa que jamás había visto.
Un uniforme negro adornado con detalles plateados.
Se puso de pie de un salto.
Y entonces vio un pequeño lago a pocos metros.
Corrió hacia él.
Se arrodilló junto al agua.
Y el reflejo la dejó sin aliento.
Un joven de cabello largo y negro la observaba desde la superficie.
Sus ojos eran violetas.
Su rostro era serio.
Y era increíblemente apuesto.
Emilia cayó sentada sobre la hierba.
—No...
Volvió a mirar.
El reflejo seguía allí.
—No puede ser...
Se tocó el rostro.
La imagen hizo lo mismo.
Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.
—Soy... Derek.
A pocos metros de allí.
Otra persona despertaba lentamente.
La joven abrió los ojos confundida.
Su cabeza daba vueltas.
Miró sus manos.
Pequeñas.
Delicadas.
De piel blanca.
Frunció el ceño.
Se levantó rápidamente.
Su largo cabello negro cayó sobre sus hombros.
Corrió hasta el lago.
Y al observar el reflejo del agua se quedó inmóvil.
Una muchacha de ojos rojos la miraba.
—¿Qué clase de brujería es esta?
La voz ya no era la suya.
Era una voz femenina.
La joven apretó los puños.
—¿Quién eres?
Preguntó mirando su propio reflejo.
En ese momento escuchó pasos.
Al girarse encontró a Emilia.
O mejor dicho...
Al cuerpo de Derek.
Ambos quedaron en silencio.
Emilia abrió mucho los ojos.
—¿Tú... eres Derek?
La muchacha de ojos rojos retrocedió.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Emilia comprendió inmediatamente.
El intercambio había ocurrido.
La verdadera historia acababa de comenzar.
—Porque yo soy Emilia.
La joven frunció el ceño.
—No conozco a ninguna Emilia.
—Yo tampoco entiendo esto.
—¿Qué me hiciste?
—¡Yo no hice nada!
Los dos comenzaron a discutir.
—¡Devuélveme mi cuerpo!
Exclamó Derek.
—¡También quiero recuperar el mío!
Respondió Emilia.
El silencio regresó.
Ambos se observaron detenidamente.
Derek descubrió que aquella desconocida parecía realmente asustada.
No estaba actuando.
Emilia, por su parte, comprendió que el príncipe dragón no era el hombre frío que imaginaba.
En sus ojos había preocupación.
Y también tristeza.
—Espera.
Dijo Derek.
—¿Quién eres realmente?
Emilia bajó la mirada.
¿Cómo podía explicar algo tan imposible?
Respiró profundamente.
—Vengo de otro mundo.
Derek permaneció en silencio.
—Morí...
Continuó ella.
—Y desperté en el cuerpo de Ester.
Los ojos violetas de Derek se abrieron con sorpresa.
—Eso es imposible.
—Lo sé.
—Entonces demuestra que dices la verdad.
Emilia pensó unos segundos.
Luego recordó algo.
—Tu padre te obliga a entrenar todos los días.
Derek se tensó.
—Tu madre te protege cuando puede.
El joven no respondió.
—Y tienes miedo de no convertirte completamente en dragón.
El silencio se volvió absoluto.
Nadie conocía aquel secreto.
Nadie.
Derek dio un paso atrás.
—¿Cómo sabes eso?
Emilia levantó la mirada.
—Porque conocía tu historia.
—¿Mi historia?
—Antes de llegar aquí eras un personaje de una novela.
Aquellas palabras parecían absurdas.
Pero la sinceridad en la mirada de Emilia hizo que Derek dudara.
Por primera vez en mucho tiempo alguien había descubierto el dolor que guardaba en su corazón.
Y no se había burlado de él.
La noche avanzó.
Ambos permanecieron sentados junto al lago.
Hablando.
Emilia le contó parte de su vida.
Le habló de su familia.
De sus libros.
De la enfermedad.
Sin mencionar todavía todos los detalles.
Derek escuchó atentamente.
También le habló de su infancia.
De los entrenamientos.
De la presión por ser heredero.
Del miedo a decepcionar a todos.
Poco a poco la desconfianza comenzó a desaparecer.
—Entonces...
Dijo Derek.
—Ahora tú estás en mi cuerpo.
Emilia asintió.
—Y tú en el de Ester.
—Esto es un desastre.
Ella soltó una pequeña risa.
—Sí.
El joven la miró sorprendido.
—¿Por qué te ríes?
—Porque eres exactamente como imaginaba.
—¿Eso es bueno?
—Mucho mejor.
Derek desvió la mirada.
Una ligera sonrisa apareció en su rostro.
Era la primera vez en mucho tiempo que sonreía de verdad.
Pero aquella tranquilidad duró muy poco.
De repente, una poderosa presencia mágica cubrió las llanuras.
Los dos se pusieron de pie.
A lo lejos, una figura los observaba.
Vestía una larga capa oscura.
Y sus ojos brillaban con una luz roja.
Una voz profunda rompió el silencio.
—Interesante...
La figura dio un paso adelante.
—El antiguo hechizo realmente se ha activado.
Emilia sintió un escalofrío.
Derek se colocó delante de ella para protegerla.
El desconocido sonrió.
—No teman.
Aún no he venido a matarlos.
El viento comenzó a soplar con fuerza.
Y la misteriosa figura desapareció entre las sombras.
Dejando una única certeza.
Alguien había descubierto su secreto.
Y ese alguien no parecía tener buenas intenciones.