Valeria Salcedo murió traicionada por su esposo y por la mujer que llamaba hermana. Le quitaron su empresa, su familia, su dignidad y, al final, la vida.
Pero despertó de nuevo.
Esta vez volvió al día en que todo empezó: la mañana después de su boda, justo cuando estaban por acusarla de haber engañado a su marido. Solo que ahora Valeria ya sabe quiénes son sus enemigos, qué quieren quitarle y cuánto están dispuestos a destruirla.
Para sobrevivir, necesita poder. Y el poder tiene nombre: Santiago Alcázar, el hombre más temido del mundo empresarial mexicano.
Él no confía en ella. Ella tampoco piensa enamorarse de él.
Su matrimonio empieza como un trato: ella usará su apellido para vengarse, él usará sus secretos para encontrar la verdad de una mujer que nunca pudo olvidar.
Pero entre besos, amenazas, celos y enemigos que no dejan de aparecer, Valeria descubrirá que renacer no solo significa ajustar cuentas.
También puede significar aprender a elegir, por primera vez, a quién dejar entrar en su vida.
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Capítulo 12
Capítulo 12
—Abuela, lo que quiero es simple. Voy a recuperar todo lo que nos pertenece. Voy a levantar a los Salcedo otra vez. Quiero que quienes nos hicieron daño paguen. Quiero matar a quienes quisieron matarme.
Cada palabra de Valeria sonó firme.
Por un instante, la abuela la miró como si no la reconociera.
—Crecí, abuela. Ya no voy a vivir por un supuesto amor. Mucho menos voy a regalar la fortuna que ustedes levantaron con sangre. Haré que escupan todo lo que se tragaron.
Todo debía volver a su dueño.
La abuela le tomó la mano con fuerza y asintió.
—Bien. Si piensas así, me quedo tranquila. Pero ahora hay una muerte...
—Murió por su propio corazón. No somos responsables.
—¿Y Santiago?
—¿Qué?
—¿Aceptaste casarte con él para recuperar lo nuestro y hacer fuerte a la familia? ¿Lo estás usando?
¿Usarlo?
Entre ellos era... conveniencia mutua.
Cada uno calculaba y cada uno obtenía algo.
Pero para no preocupar a su abuela, Valeria negó.
—Abuela, ¿cómo crees? El señor Alcázar es demasiado inteligente. Si yo intentara usarlo, se daría cuenta. Nos vimos antes y sí hay cierta simpatía. La boda no estaba en mi plan, pero no es una simple utilización.
—Entonces está bien...
—¡Valeria Salcedo, sal ahora mismo!
El grito de Teresa Duarte, su madrastra, cortó la conversación.
Teresa.
La madrastra más dulce, más atenta, más “buena” del mundo.
Valeria llegó a verla como una madre.
Hasta que, antes de morir, supo la verdad: Teresa le dio medicamentos a ella y a su padre durante años. Esa mujer fue quien mandó a su padre a un hospital psiquiátrico, donde murió.
En esta vida iba a devolverle cada golpe.
Teresa entró, le agarró la ropa y la sacudió.
—Camila es tu hermana. ¿Cómo pudiste hacerle eso? ¿Qué te hicimos mi hija y yo para que la lastimes así?
Valeria le quitó las manos de encima.
—Señora Teresa, hable sin tocarme. Si me toca, respondo.
¿Señora Teresa?
Teresa se quedó helada. Esa mirada no era la de antes.
—Mamá, tienes que hacer justicia. Valeria obligó a Camila a beber algo y luego mandó hombres a... a destruirla. Camila está encerrada en su cuarto queriendo morirse. ¿Cómo vamos a vivir así?
Teresa fue directo a llorarle a la abuela.
—Ya volvió. Entonces vamos a verla.
Valeria ayudó a su abuela a caminar.
Teresa, aunque furiosa, las siguió.
Al llegar al cuarto, Camila vio a Valeria y empezó a gritar como loca. Lo de la noche anterior le cruzó la cabeza.
—Shh. Qué escándalo.
Valeria se tapó un oído con fastidio.
—¿Escándalo? ¿La dejaste así y no sientes culpa? ¿No te da lástima?
Teresa abrazó a Camila, intentando calmarla.
—El dolor de otros no siempre se comparte. A mí solo me parece ruido.
—Tú... Mamá, tienes que ayudar a Camila. Nosotros...
—¿Ayudarla en qué? ¿Se sienten ofendidas? Camila intentó drogarme y le salió mal. ¿Ahora me culpan?
—Yo...
—Todos en la cena pueden declarar que Camila quiso competir conmigo por Santiago y, cuando perdió, intentó hacerme daño. ¿Quería matarme y yo no podía defenderme? ¿O prefieren que llame al señor Alcázar para que confirme?
Valeria mencionó a Santiago a propósito.
Camila quería matarla, sí, pero lo ocurrido la noche anterior no la dejaba bien parada. Si Santiago hablaba, ella perdía más.
Solo pudo llorar.
—Aunque... aunque...
—¿Aunque qué? ¿Quiere decir que, aunque ella tuviera esa intención, yo no debía ser tan cruel ni mandarla a ese cuarto?
—Fue demasiado cruel para una mujer.
—Si yo estuviera llorando en esa cama, ¿diría que Camila fue cruel? Ella puso la droga en el jugo. Ella lo bebió. Ella reservó el cuarto. Ella contrató a los hombres. Ella arregló todo. ¿Qué me reclama?
Madre e hija abrieron la boca, pero no pudieron responder.
Valeria se acercó a Camila.
Teresa se tensó.
—¿Qué vas a hacer?
Valeria le tomó la barbilla a Camila.
—Si sigues con este tema, no solo me ofendes a mí. También ofendes a mi prometido, Santiago Alcázar. Te conviene tragarte los dientes rotos y quedarte callada.
—Hermana, ¿cómo te volviste así?
—Gracias a ti y a Damián. Quien me traiciona no termina bien. Obedece, o esto apenas empezará. Cada vez que la señora Teresa mencione el asunto, yo lo haré público otra vez. Los medios lo van a repetir hasta que tu nombre quede destruido. Soñar con casarte será eso: un sueño.
—No te atrevas —amenazó Teresa.
—Es la primera vez que veo esta cara suya, señora Teresa. ¿Cuándo apareció? ¿O siempre fue así? Si cree que no me atrevo, inténtelo.
—Eres demasiado venenosa.
—Sí. Lo soy. Y en la habitación de anoche había cámaras. Yo guardaré el video. Así que sean obedientes.
Valeria ayudó a su abuela a salir.
Camila cayó de la cama y se arrodilló frente a ella.
—Hermana, me equivoqué. No debí competir por el señor Alcázar. No debí enredarme con Damián ni traicionarte. No debí tener celos ni hacerte daño. Perdóname. Ya no volveré a hacerlo.
—Si sabías que terminarías así, ¿para qué empezaste? Veré cómo te portas.
Valeria se fue sin mirar atrás.
—Hermana, perdóname.
Camila gritó hasta romperse la garganta.
Teresa la levantó, llorando de rabia.
—Perra. Voy a matar a esa perra.
—¿Matarla? Con Santiago protegiéndola, nadie puede tocarla. No va a perdonarme. Va a publicar el video.
—No puede. También sería una vergüenza para los Salcedo.
Antes de que Teresa terminara, Camila buscó su celular.
Al ver la pantalla, se quedó sin sangre.
El teléfono cayó al suelo.
Teresa lo recogió. También se quedó inmóvil.
—Publicó el video. Está loca.
—No está loca. Quiere volvernos locas a nosotras. Con el señor Alcázar detrás, podría matarme con una palabra y no lo hizo. ¿Qué está planeando? ¿Cuál es su verdadero objetivo?
Camila lo entendía.
Valeria ya no era simple.
y ahí se dan cuenta que es una sustituta y arde Troya ella merece a alguien que la quiera a ella no a un recuerdo