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UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Embarazo no planeado / Romance
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Mckasse

Un alfa embarazado de un Omega dominante

Dante Lombard Sanford siempre vivió a la sombra de su familia, hasta que conoció a Trébol Armstrong, un omega dominante que desafía todas las reglas. Lo que comienza como una atracción imposible termina convirtiéndose en un amor capaz de romper las leyes de la biología y los prejuicios de la sociedad.

Cuando Dante descubre que está embarazado de un omega, ambos deberán enfrentarse al rechazo, las ambiciones familiares y a quienes intentarán separarlos. Juntos demostrarán que el verdadero amor no entiende de jerarquías, solo de la valentía para elegir a la persona correcta.

NovelToon tiene autorización de Mckasse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las cosas como són

Dante Lombard Sanford había descubierto algo humillante, peligroso y extrañamente placentero: obedecer a Trébol Armstrong le gustaba más de lo que estaba dispuesto a admitir en voz alta.

Luego de algunos besos extras, y miradas llenas de deseo, sentado en la cocina de Trébol con una camiseta prestada, el cabello aún húmedo, una taza de café entre las manos y la sensación indecente de que el mundo se había movido de eje sin pedirle permiso.

Trébol se desplazaba por la cocina con una facilidad ofensiva, como si no acabara de besar a Dante hasta dejarle las piernas flojas y luego le hubiera ordenado desayunar como si tal cosa. Llevaba una camiseta negra ajustada y un pantalón deportivo gris. Nada especial. Nada indecente.

Y aun así Dante no podía dejar de mirarlo. Estaba para comérselo y aún así estaba dispuesto a que se lo comiera a él en cambio.

Estaba embobado como un niño al que le dan un caramelo, tal vez era el modo en que sus brazos se tensaban al romper los huevos sobre el sartén. Tal vez el perfil sereno, firme, concentrado. Tal vez el simple hecho de que, después de años de sentirse el segundo en todo, alguien por fin lo hubiera mirado a la cara y le hubiese dicho: te quiero consciente, no roto. Te quiero para mí y debajo de mi.

Eso era peor que el deseo.

Eso era intimidad absoluta llena de posesión.

—Si me sigues mirando así, te voy a cobrar el desayuno —dijo Trébol, sin volverse.

Dante sonrió por encima de la taza.

—No te estoy mirando. Te admiro.

—Claro. Y yo soy un beta con alergia al gimnasio.

—No sabía que eras tan inseguro.

Trébol soltó una risa nasal y colocó un plato frente a él.

—Comamos, ya la mía está lista y la tuya se enfría. Tengo que ir a trabajar y tu también.

Dante bajó la vista.

Huevos, tostadas, aguacate y fruta.

—¿Dónde está la parte grasosa y deliciosa que se supone que uno come después de una noche trágica?

—En casa de la gente que quiere morirse a los cuarenta.

—Qué agresivo para alguien que me besó hace menos de doce minutos.

—Qué valiente para alguien que casi colapsa en mi baño.

Dante levantó la vista.

Trébol lo estaba observando ahora, apoyado de espaldas a la encimera, con los brazos cruzados y esa expresión suya entre fastidio y ternura mal disimulada.

Dante carraspeó.

—Sobre eso…

—No.

—¿No?

—No vamos a convertir esta cocina en un tribunal emocional a las ocho de la mañana.

—Pero yo sí quería hablar de—

—No. —Trébol señaló el plato con un dedo—. Primero comes. Después tomas agua. Después me cuentas cómo te sientes y si hay algún síntoma raro. Y solo entonces veremos si mereces seguir besándome o si te mando a tu casa con una lista de vitaminas y vergüenza.

Dante parpadeó.

Aquello no sonaba a sugerencia. Sonaba a orden.

Y el problema era que una parte muy específica, muy inconveniente y muy masculina de su anatomía decidió reaccionar con un entusiasmo que merecía cárcel.

Trébol lo notó.

Por supuesto que lo notó y sonrió por dentro.

Le bastó una sola mirada, una elevación apenas visible de ceja y esa media sonrisa cruel que se le dibujó en la boca.

— Es solo que...

—No me digas —murmuró—. ¿Ya empezamos?

Dante se atragantó con el café.

—No sé de qué hablas, ya voy a comer.

—Claro que sí.

—Trébol es solo que tú y yo... Entonces nosotros somos...

—Come.

Dante obedeció.

Y ese fue el primer error de la mañana.

O el primero de muchos.

Lo que ninguno de los dos sabía era que el desastre de la gala no había sido solo una consecuencia del estrés, del alcohol o de la cercanía de Amelia.

Había sido provocado.

La confirmación llegó ese mismo mediodía en la empresa de Dante.

Antes de eso, Dante había vuelto a su casa a cambiarse, a enfrentarse a un interrogatorio de Deivid por desaparecer en medio de la donación que incluía frases como “tienes cara de que te besaron hasta cambiarte la química cerebral” y a ignorar dos llamadas de Dimitri.

Después, en el trabajo luego de varias reuniones, quería salir directo hacia el gimnasio para ver a Trébol aunque se habían despedido hacía apenas ocho horas.

No lo admitió ni ante sí mismo.

Simplemente quería aparecer allí con gafas oscuras, un café helado en la mano y la dignidad ligeramente averiada.

Dante estaba por salir de su oficina cuando una voz masculina lo detuvo.

—Lombard.

Se giró.

Bruno Moretti caminaba hacia él desde la recepción con el ceño fruncido. Bruno era uno de los abogados junior de la firma Sanford & Vale, dos años menor que Dante, un beta hiperactivo con talento para descubrir chismes corporativos antes que recursos humanos y un sentido de lealtad sorprendentemente decente.

Dante arqueó una ceja.

—Si vienes a decirme que tengo una reunión, te juro que renuncio.

Bruno no sonrió.

Eso bastó para que Dante enderezara la espalda.

—Necesito hablar contigo. A solas.

Trébol, desde el otro lado, notó el cambio inmediato en la expresión de Dante. Le hizo una seña breve con la cabeza, como preguntando si todo iba bien. Dante respondió con un gesto mínimo de “un momento” y siguió a Bruno hasta una oficina vacía del segundo piso.

Apenas cerraron la puerta, Bruno se pasó una mano por el cabello y soltó:

—No sé cómo decirte esto sin sonar como un imbécil, así que lo voy a escupir de una vez. Creo que Amelia te drogó en la gala. Uno de los camareros contratados se lo dijo a su superior y este se acercó a mi. La vió echarte algo antes de darte una bebida.

El mundo se detuvo.

Dante se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Bruno tragó saliva.

— Después, cuando te fuiste del salón ya no pude decirte, yo salí detrás de Amelia porque… bueno, quería confirmarlo. La vi hablando con su mejor amiga. Comento algo sobre que no caiste a tiempo en sus planes.

Dante frunció el ceño.

—¿Estás seguro?

—Le creo a Jhon el encargado de esa firma de Catering, salimos un par de veces el año pasado y todavía cree que tengo una cara confiable. El punto es que estaba asustado, no quería tener problemas. Me dijo que Amelia le ofreció dinero al camarero para echarte un polvo en la bebida . Algo “suave”, según ella. Algo que supuestamente te iba a poner más relajado y receptivo. El no acepto y ella se ofreció en llevarte una copa. Parece que lo hizo antes de dártela o la puso en alguna bandeja y otro camarero te la llevó.

Dante sintió un golpe de hielo recorrerle la columna.

Las imágenes de la noche anterior se le cruzaron por la cabeza: Amelia acercándose con aquella sonrisa falsa. La copa. El calor repentino. La velocidad con que su cuerpo se había salido de control.

Su mandíbula se endureció.

—¿Entonces no hay dudas?

Bruno sacó el teléfono del bolsillo y se lo tendió.

—Me mandó esto.

Era una captura de pantalla con la conversación de su amigo.

No había pruebas concretas, pero sí suficiente tema para que el asco subiera como bilis.

Dante apretó tanto el móvil que casi lo rompe.

—Hija de puta.

Bruno bajó la voz.

—Creo que quería llevarte a un hotel. Escuché que le decía a una amiga que “si Dante por fin pasaba una noche con ella de nuevo, iba a dejar de hacerse el orgulloso”. No hice caso. Luego se quejo con la misma amiga de que un Omega que parecía alfa le ganó sacandote de allí.

Dante cerró los ojos un segundo.

De pronto entendió la magnitud real de lo que había estado a punto de pasar.

Si Trébol no hubiese notado el cambio. Si lo hubiera dejado solo. Si Amelia lo hubiese sacado de allí antes.

Le revolvió el estómago.

—¿Se lo dijiste a alguien más?

—No. Solo a ti. Y ahora mismo me debato entre ayudarte a enterrarla o recomendarte un buen abogado penalista.

Dante soltó una risa seca, sin humor.

—No sé qué haría sin ti, Bruno.

—Probablemente ir preso por homicidio elegante.

Dante le devolvió el teléfono.

—Gracias.

Bruno lo miró con seriedad.

—¿Tú estás bien? No volví a verte.

Dante pensó en la ducha de Trébol. En su voz firme. En el supresor. En el beso y la confesión de la mañana.

—Sí —dijo al final—. Gracias a alguien, sí.

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Mckasse Escritora
🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Shu! Shu! alejate, tengo un 🔪 y no temer en usarlo Dimitri! * saco el 🔪*
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Ah no, deja a la parejita quita!!
Dalia Lara
q trebol se ponga celoso🤣🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]: Siii, sería epico!!
total 1 replies
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Jajajajaja
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
¡¡¡ME-EN-CAN-TA!!!
(⁠~⁠ ̄⁠³⁠ ̄⁠)~
(⁠人⁠*⁠´⁠∀⁠`⁠)⁠。⁠*゚⁠+
(⁠。⁠♡⁠‿⁠♡⁠。⁠)
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por éstos hermosos capitulos autora!! 🖤🤭
Patricia Polo
bueno Trébol a luchar contra la ex y el hermano envidioso de Dante 🤣😂🤭
Teresa Perez
autora hermosa felicidades cuando vas a seguir haciendo capitulo xfa gracias
Mckasse Escritora: prepara café para las dos casi los voy subiendo. díganme de dónde me leen.🥰
total 1 replies
Patricia Polo
excelente que emoción tanto que la he esperado 👏👏👏🥰🥰🤭☺️ gracias escritora eres la mejor
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