Esta vez, tratare de darles algunas ideas al final de cada capítulos espero que mi regreso y estas nueva novela les guste, ya que estuve ausente por temas personales y médicos, un abrazo y un saludo a todas mis seguidoras...
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12
El aire dentro de la habitación se volvió cada vez más pesado. Los muebles destrozados cubrían el suelo, mientras los cristales de las ventanas rotas reflejaban la luz de la mañana. Valery respiraba con dificultad. El pequeño corte en su brazo había comenzado a sangrar, y el constante intercambio de golpes empezaba a agotar sus fuerzas.
La mujer de negro sonrió con crueldad.
—Debo admitir que eres mejor de lo que esperaba, emperatriz.
Valery sostuvo el cuchillo con firmeza.
—Todavía estás a tiempo de decirme quién te envió.
—¿Y arruinar la diversión?
La asesina volvió a lanzarse contra ella. Esta vez no buscó herirla en un brazo ni inmovilizarla; dirigió la hoja directamente hacia su cuello.
Del otro lado de la puerta, los guardias seguían intentando derribarla.
—¡Majestad!
—¡Resista!
Un nuevo golpe hizo temblar la madera, pero el sello mágico permanecía intacto.
Dentro de la habitación, Valery apenas alcanzó a desviar el ataque. La daga rozó su mejilla, dejando un fino hilo de sangre.
La asesina sonrió.
—Se acabó.
Levantó el arma una vez más.
Pero antes de que pudiera descenderla, una explosión estremeció todo el castillo.
La pared detrás de la atacante estalló en miles de fragmentos de piedra.
Una inmensa aura oscura invadió la habitación.
Los soldados retrocedieron instintivamente.
El aire comenzó a vibrar.
Entre el polvo apareció la imponente figura de Valek.
Sus ojos brillaban con un intenso color carmesí, mientras una energía negra recorría todo su cuerpo. Su expresión era completamente distinta a la habitual. No había frialdad.
Había furia.
Una furia capaz de hacer temblar incluso a los demonios.
La asesina dio un paso hacia atrás.
—¿Cómo...?
Valek ni siquiera respondió.
En un parpadeo apareció frente a ella.
Su espada pasó rozando su cuerpo.
La mujer apenas logró reaccionar, levantando su daga para defenderse.
El choque de ambas armas produjo un estruendo que hizo vibrar el suelo.
La atacante salió despedida contra la pared.
Antes de que pudiera incorporarse, Valek volvió a desaparecer.
Esta vez su espada alcanzó a cortar profundamente el costado izquierdo de la mujer.
Un grito de dolor resonó por toda la habitación.
La asesina comprendió de inmediato que no tenía ninguna posibilidad.
Con una rápida señal lanzó una pequeña esfera al suelo.
Una densa nube de humo cubrió el lugar.
—¡Cobarde! —rugió uno de los guardias.
Cuando el humo comenzó a disiparse, la mujer ya no estaba.
Solo unas gotas de sangre marcaban el camino por donde había escapado.
Valek no intentó perseguirla.
Giró inmediatamente hacia Valery.
La joven permanecía de pie, aunque respiraba con dificultad. Su brazo sangraba y el corte de la mejilla comenzaba a teñirse de rojo.
Por primera vez desde que ambos se conocieron, Valek sintió un verdadero miedo.
Se acercó rápidamente.
—Valery...
Tomó con cuidado su rostro entre las manos.
—¿Dónde más estás herida?
Ella negó con la cabeza.
—Solo fueron rasguños...
Valek observó el corte de su brazo.
Apretó la mandíbula.
Aquellas heridas, por pequeñas que fueran, bastaban para despertar toda su ira.
Los guardias entraron finalmente en la habitación.
Al ver el estado del lugar, ninguno se atrevió a hablar.
El emperador se incorporó lentamente.
Su voz sonó más fría que nunca.
—Cierren todas las puertas del Imperio.
Los soldados levantaron la cabeza.
—Sí, majestad.
—Nadie entra.
Nadie sale.
Quiero encontrar a esa mujer, aunque tenga que registrar cada bosque, cada pueblo y cada montaña.
Sus ojos brillaron con intensidad.
—Y cuando la encuentren... tráiganmela con vida.
Uno de los capitanes dudó.
—¿Con vida?
Valek asintió lentamente.
—Quiero saber quién tuvo el valor de tocar a mi esposa.
Los soldados desaparecieron de inmediato para cumplir la orden.
Mientras los médicos atendían a Valery, uno de los guardias que había estado vigilando el castillo dio un paso al frente.
—Majestad... hay algo más que debe saber.
Valek volvió la mirada hacia él.
—Habla.
—Ayer recibimos la visita de un hombre que logró infiltrarse en el castillo haciéndose pasar por un amigo de usted majestad .
El emperador frunció el ceño.
—¿Quién?
—Dijo llamarse Julián.
Durante un instante, todo quedó en silencio.
La expresión de Valek cambió por completo.
La temperatura de la habitación pareció descender.
—¿Julián... estuvo aquí?
—Sí, majestad.
El guardia bajó la cabeza.
—La emperatriz fue quien descubrió quien era
Valek giró lentamente hacia Valery.
Ella desvió la mirada.
—Solo vino a provocarte.
El emperador cerró los ojos durante un momento.
—Maldito ogro...
Valery permaneció en silencio unos segundos.
Después levantó la vista.
—Hay algo que quiero preguntarte.
Valek volvió a mirarla.
—¿Qué sucede?
La joven respiró profundamente.
—La mujer que me atacó...
Hizo una pausa.
—¿Era una de tus amantes?
La habitación quedó completamente en silencio.
Hasta los médicos dejaron de moverse.
Valek abrió ligeramente los ojos, sorprendido por aquella pregunta.
—¿Qué?
—No sería extraño.
Valery cruzó los brazos con evidente molestia.
—Antes de casarte conmigo eras conocido por acostarte con quien querías. Tal vez alguna de ellas se enteró de que ahora soy tu esposa y decidió deshacerse de mí.
Valek negó inmediatamente.
—No.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Valery desvió la mirada.
—No me mientas.
—No lo hago.
El emperador dio un paso hacia ella.
—Jamás permitiría que una mujer con la que compartí una noche se acercara a ti.
Valery lo observó con desconfianza.
—Entonces explícame por qué intentaron matarme apenas saliste del castillo.
Valek guardó silencio unos segundos.
Después respondió con absoluta seriedad.
—Porque tú eres mi mayor debilidad.
Sus palabras hicieron que la molestia de Valery vacilara por un instante.
—Mis enemigos ya entendieron que no pueden derrotarme en un campo de batalla. Por eso vendrán por ti.
El emperador tomó suavemente la mano de su esposa.
—Y te juro, Valery... que encontraré a quien ordenó este ataque.
Su mirada volvió a endurecerse.
—Ya sea esa asesina... o Julián.
Porque, si ambos están relacionados, esta vez no habrá rincón del mundo donde puedan esconderse de mí.