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Mi Joven Profesor

Mi Joven Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Una llamada que necesitaba hacer

Esa noche no podía dormir.

Daniela ya estaba dormida en su cuarto, la casa estaba completamente en silencio y yo seguía sentado en la sala mirando el celular como un bobo.

Tenía la cabeza llena de pensamientos.

Y mientras más intentaba dejar de pensar en Aracely… peor era.

Así que hice algo que llevaba semanas pensando.

Llamé a Julián.

Mi mejor amigo desde hace años.

Ese man era ingeniero electromagnético y trabajaba casi todo el tiempo metido en proyectos, cables y equipos rarísimos que yo nunca terminaba de entender. Pero aparte de eso, siempre había sido el tipo de persona que me escuchaba cuando yo estaba vuelto nada.

El teléfono sonó varias veces.

Hasta que contestó.

—“Aló, mano.”

—“¿Qué hubo, Julián?”

—“Uy, Rafael, ¿todo bien? Usted casi nunca llama a esta hora.”

Solté una risa cansada.

—“Sí… bueno, más o menos.”

Él se quedó callado unos segundos.

—“¿Qué pasó?”

Me recosté en el sofá mirando el techo.

—“Necesito hablar con alguien.”

—“Hable pues.”

Respiré profundo.

—“Pero no me vaya a juzgar.”

Julián soltó una risa.

—“Uy no, ahora sí me preocupó. ¿Qué hizo?”

—“Nada… todavía.”

—“¿Todavía?”

—“Cállese y escuche.”

—“Bueno, bueno. Cuente.”

Me pasé la mano por la cara antes de hablar.

—“Creo que estoy enamorado.”

Él soltó una carcajada.

—“¿Y cuál es el problema? Yo pensé que había matado a alguien.”

—“Espérese.”

—“Ajá.”

—“Estoy enamorado de una exalumna.”

Y ahí sí se quedó callado.

Completamente callado.

—“…¿Cómo así?”

—“Así como escuchó.”

—“Rafa, ¿usted me está hablando en serio?”

—“Sí.”

Escuché cómo soltó el aire despacio.

—“Uy mano…”

—“Sí, así mismo dije yo.”

Hubo un silencio incómodo.

Después Julián habló otra vez.

—“Bueno, espere. Exalumna… ¿actual o ya salió del liceo?”

—“Ya salió. Está en la universidad.”

—“¿Y cuántos años tiene?”

—“Dieciocho recién cumplidos.”

—“¿Y usted?”

—“Veintitrés.”

—“Mmm…”

Yo cerré los ojos.

—“Ya sé cómo suena.”

—“Sí, suena complicado.”

—“Bastante.”

Julián guardó silencio unos segundos más.

—“¿Y desde cuándo siente eso?”

Me acomodé mejor en el sofá.

—“No sé exactamente… supongo que empezó mientras todavía estaba en clases.”

—“¿Ella sabía algo?”

Solté una risa nerviosa.

—“Ella fue la primera en sentir cosas.”

—“¿Cómo así?”

—“Me escribió cartas. Una vez escribió ‘te amo profe Rafael’ en una pizarra.”

—“No joda.”

—“Sí.”

—“¿Y usted qué hizo?”

—“Poner límites.”

—“¿Nunca pasó nada?”

—“Nada.”

Él soltó el aire.

—“Bueno… al menos tuvo cabeza.”

—“Intenté.”

Me quedé mirando el techo otra vez.

—“Pero ahora ya no está en el liceo.”

—“Y ahí fue cuando empezó lo suyo.”

—“Sí.”

—“Juemadre…”

Se hizo silencio unos segundos.

Hasta que Julián habló:

—“¿Y qué siente exactamente?”

Me demoré un poco en responder.

Porque ni yo mismo entendía todo eso.

—“La extraño.”

—“¿Solo eso?”

Negué aunque él no podía verme.

—“No. Pienso en ella todo el tiempo.”

—“Ajá.”

—“A veces estoy dando clases y me acuerdo de cosas que decía.”

—“Mmm.”

—“Y siento raro no verla.”

Julián soltó un suspiro.

—“¿Usted sí está tragado entonces?”

—“Creo.”

—“¿Cree no, Rafael. Usted está enamorado.”

Esas palabras me pegaron duro.

Porque escucharlo de otra persona hacía todo más real.

Me quedé callado.

Hasta que él volvió a preguntar:

—“¿Y ella?”

—“No sé.”

—“¿Nunca volvieron a hablar?”

—“No.”

—“¿Ni mensajes?”

—“Nada.”

—“¿Y usted quiere buscarla?”

Esa pregunta me dejó pensando.

Mucho.

Porque sí quería.

Pero al mismo tiempo sentía miedo.

—“No sé si debería.”

—“Bueno, eso ya es otra cosa.”

Julián bajó un poco el tono.

—“Mire, Rafa… honestamente, lo importante aquí es cómo maneje la situación.”

—“¿Cómo así?”

—“Pues sí, ella ya no es su estudiante. Pero igual todo empezó cuando sí lo era.”

Yo cerré los ojos.

—“Y eso es lo que me tiene mal.”

—“Normal.”

Me levanté del sofá y caminé por la sala.

—“Yo nunca quise que esto pasara.”

—“Los sentimientos no se planean.”

—“Pero sí se controlan.”

—“Hasta cierto punto.”

Me quedé mirando la ventana.

La calle estaba completamente sola.

—“Lo peor es que no me había enamorado así nunca.”

—“¿Nunca?”

—“Nunca.”

—“¿Ni con la mamá de Daniela bueno la quería Pero no estuve tan tragado como ahora ?”

Me quedé callado un momento.

—“No de esta manera.”

Julián soltó un silbido bajito.

—“Entonces sí está grave la cosa.”

—“Gracias por el apoyo.”

Él se rió.

—“No, en serio. Se le nota en la voz.”

Me senté otra vez.

—“¿Usted cree que soy mala persona?”

La respuesta de Julián llegó rápido.

—“No.”

—“¿Seguro?”

—“Rafa, usted no cruzó límites. Eso importa.”

—“Pero igual siento culpa.”

—“Porque sabe que es delicado.”

—“Sí.”

Hubo otro silencio.

Después él habló más serio.

—“La pregunta es otra.”

—“¿Cuál?”

—“¿Qué piensa hacer?”

Y esa era precisamente la pregunta que más miedo me daba.

Porque honestamente…

No tenía idea.

Miré hacia el cuarto de Daniela.

Todo estaba oscuro.

Tranquilo.

Y aun así mi cabeza seguía hecha un caos.

—“No sé qué hacer,” admití.

—“Entonces no haga nada todavía.”

—“¿Cómo así?”

—“Déjese sentir primero. Entienda bien qué quiere y qué significa todo esto.”

—“¿Y si mientras tanto ella conoce a alguien?”

Julián soltó una risa corta.

—“Uy, ahí sí se le salió el enamorado.”

Yo también me reí un poco.

Por primera vez en días.

Después suspiré.

—“La extraño mucho, Julián.”

—“Ya me di cuenta.”

—“Y siento raro porque cuando estaba cerca trataba de alejarme… pero ahora que no está siento un vacío horrible.”

—“Eso pasa cuando alguien le mueve el piso de verdad.”

Miré el reloj.

Ya era tarde.

Muy tarde.

Pero esa llamada me estaba ayudando más de lo que esperaba.

—“Gracias por escucharme, mano.”

—“Pa’ eso estamos.”

—“¿Usted cree que estoy jodido?”

Él soltó una carcajada.

—“Sí. Bastante.”

Yo me reí bajito.

Y después de semanas sintiéndome ahogado…

Por primera vez sentí que al menos alguien entendía el peso que llevaba encima.

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Yulexi De Fernández
cuando me termine de ver la serie que me estoy viendo le subo los otros capítulos
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