⚠️🔞El duque Marek Kizilbash gobierna un territorio sitiado por la peste y las bestias. Dispuesto a todo para salvar a su pueblo, compra en el mercado negro a Naim, un peligroso y orgulloso licántropo de pura sangre.
Lo que el duque ignora es que el contacto carnal despertará la magia ancestral del bosque, desatando un embarazo místico tan acelerado como violento. Atado a Marek por una marca de sangre inquebrantable, el cuerpo trigueño del indomable shou se transformará para gestar al heredero de una nueva era.
Con el consejo de nobles traidores conspirando en las sombras y la Iglesia del Sur avanzando con carros de fuego para destruir la "abominación", Marek y Naim transformarán la torre del castillo en un santuario sagrado. Una historia de dominación absoluta, erotismo salvaje, masacres en las colinas y un amor que se bautizará con la sangre de sus enemigos. Esta novela es sucia y grotesca. Están advertidos.🔞⚠️
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Las aguas se han roto
El invierno en el norte alcanzó su punto más hostil, pero el aire dentro de la torre oeste del Castillo de Alva quemaba. Naim había entrado en su cuarto mes de gestación. Para los licántropos de pura sangre de los clanes cenizos, este era el último tramo. La magia ancestral del bosque comprimía el tiempo humano; el cachorro híbrido dentro de su vientre ya estaba completamente desarrollado, con sus huesos endurecidos por la sangre de las runas y su instinto despierto por el lazo de almas.
Marek Kizilbash se desabrochó la capa de piel de zorro y la dejó caer al suelo de piedra. Se acercó al nido con pasos pesados, con los ojos oscuros fijos en la cama de telas que dominaba el centro de la habitación. Naim yacía bocarriba, completamente desnudo. El cambio biológico en su cuerpo era monumental. La esfera de su vientre bajo se había expandido hasta su límite absoluto, alzándose como una colina de piel, tensa y caliente que brillaba por el sudor febril.
La curva de su gestación era tan grande y pesada que al shou le costaba respirar por sí solo; sus costillas se marcaban con fuerza con cada bocanada de aire. Sus caderas lucían notablemente más anchas, adaptadas de forma para el parto inminente, y sus pezones oscuros estaban turgentes, derramando gotas de un fluido blanquecino que corría por los costados de su abdomen hinchado.
Al sentir la presencia del duque, Naim abrió sus ojos. Eran dos orbes que resplandecían con una fijeza salvaje, desesperada y profundamente carnal. Se llevó una mano a la curva baja de su vientre, donde el cachorro daba patadas violentas que deformaban la piel hacia afuera de forma visible.
—Marek… —el nombre del noble escapó de sus labios carnosos como un rugido ronco y suplicante—. El cachorro… está arañando mis paredes internas. Quiere salir, pero la magia del bosque dice que aún no tiene suficiente fuerza en sus venas. Necesito tu calor. Necesito que me llenes con tu semilla ahora mismo o siento que mi vientre va a estallar de dolor.
El vacío del cuarto mes ya no era solo hambre; era una exigencia física destructiva. El útero de Naim succionaba la energía vital de Marek a través del semen para endurecer el linaje del cachorro antes de que se rompieran las aguas. El aroma que desprendía el cuerpo preñado del lobo era espeso, ultra dulce y almizclado, un perfume primitivo que inundó el cerebro del duque, barriendo con cualquier rastro de control aristocrático.
Marek sintió que su propia entrepierna se ponía rígida y dolorosa de inmediato. El duque se subió al nido y se posicionó sobre las piernas musculosas del licántropo.
Debido a la inmensa redondez del vientre de Naim, la penetración tradicional de espaldas era imposible sin aplastar al cachorro. Marek acomodó al shou en una posición de rodillas, pero obligándolo a apoyar el pecho y los hombros sobre una pila densa de colchas de piel de oso. Naim elevó sus caderas hacia el techo de la torre, arqueando la espalda por completo. Desde esa postura, la gran esfera de su vientre de cuatro meses colgaba hacia abajo de forma pronunciada, meciéndose con el balanceo de sus jadeos. Su intimidad anal quedaba totalmente expuesta.
Marek se alineó desde atrás y se impulsó hacia adelante, hundiéndose por completo de una sola estocada brutal y profunda dentro del cuerpo ardiente del licántropo.
—¡Ah… Marek! ¡Siiii! ¡Tócalo todo! —aulló Naim, enterrando sus garras directamente en la madera del suelo, destrozando las fibras con la pura fuerza de su espasmo.
Marek comenzó a embestir con fuerza rítmica, pesada y constante. El sonido ruidoso y húmedo de sus cuerpos chocando, compitiendo con el rugido del viento invernal afuera. Con cada estocada del noble, el vientre redondo y pesado de Naim se sacudía hacia adelante y hacia atrás, absorbiendo el flujo místico de la penetración. Marek se inclinó sobre su espalda, pegando su pecho velludo contra la columna vertebral del lobo. Abrió las mandíbulas y volvió a clavar sus dientes en la cicatriz en forma de colmillo de su cuello, renovando la marca de dueño. Naim soltó un grito desgarrador de dolor y delicia, empujando sus caderas hacia atrás con desesperación para recibir cada centímetro de la hombría de Marek en lo más profundo de su útero.
—Eres mía, bestia. Tu hijo nacerá en mis manos —gruñó Marek entre dientes, aumentando la velocidad de sus estocadas de forma frenética para alcanzar el clímax.
—Soy tuyo… ¡Marek, llénalo todo! ¡El cachorro está bebiendo! —aulló el licántropo.
Marek, hundiéndose, tocando el cuello del útero que ya empezaba a dilatarse. La runa de la espiral en su mano derecha vendada brilló con una luz roja incandescente. Con un rugido ronco que salió desde el pecho, el duque se contrajo por completo y liberó un torrente inmenso de semen espeso, en el fondo del vientre de Naim.
Al recibir la descarga caliente que estabilizaba la magia de su hijo, el cuerpo del licántropo colapsó de placer. El shou se vino de inmediato las capas del nido, cayendo deshecho, temblando y jadeando.
Pasaron las horas en absoluto silencio mientras la noche invernal caía fuera del castillo. La mano vendada de Marek descansaba con firmeza protectora sobre la inmensa curva del vientre de su shou, sintiendo cómo los espasmos internos del útero absorbían el fluido carnal con una calidez reconfortante.
De repente, un dolor agudo y diferente cruzó el rostro de Naim. El licántropo abrió los ojos de oro puro, aferrándose al brazo de Marek con una fuerza que hizo crujir los huesos del duque. Un líquido claro y tibio, mezclado con hilos de sangre, comenzó a derramarse en abundancia entre sus muslos trigueños, empapando el semen que aún corría por su piel.
Naim miró al duque con una mezcla de terror y orgullo salvaje.
—Marek… las aguas se han roto —susurró el lobo, jadeando con fuerza mientras su vientre se contraía con un espasmo violento que deformó la piel—. El cuarto mes ha terminado. Tu hijo… tu heredero va a nacer ahora mismo en este nido.
Marek sintió que el corazón le daba un vuelco salvaje de adrenalina. Se retiró de inmediato con un sonido húmedo y se arrodilló entre las piernas abiertas de Naim, preparado para recibir el fruto de su unión carnal en medio de la tormenta del norte.