María soñaba con reencarnar dentro de una novela romántica… pero terminó en el cuerpo de la villana condenada a morir.
Ahora convertida en Xylara Darksong, deberá sobrevivir en un reino lleno de traiciones, seres mágicos y secretos oscuros mientras intenta cambiar el destino que ya conoce. Pero todo cambia cuando despierta a Arkon, el temible Rey de los Dragones, un poder capaz de destruir el imperio entero.
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Cap 15 - El Rey De Los Dragones
La luz roja envolvió completamente la mano de Xylara.
Ella retrocedió inmediatamente asustada.
— ¿¡Qué está pasando!?
Las cadenas de la enorme puerta comenzaron sacudirse violentamente mientras símbolos antiguos aparecían por todo el suelo.
Arkon reaccionó al instante.
Volvió a su forma original.
Sus enormes alas negras cubrieron a Xylara justo cuando una explosión de magia sacudió el pasillo.
BOOM.
Dalila cayó al suelo del susto.
Kael apenas logró mantenerse de pie.
Y Fenrir mostró los colmillos mientras gruñía agresivamente hacia la puerta.
Frente a ellos…
Arkon había dejado de fingir.
El rey de los dragones estaba de vuelta.
Sus ojos rojos brillaban peligrosamente en la oscuridad.
— Nadie toca a mi ama.
Xylara levantó lentamente la mirada hacia él.
Incluso después de verlo antes…
seguía siendo impresionante.
Imponente.
Aterrador.
Kael observó al enorme dragón sorprendido.
— Así que esta es tu verdadera forma…
Fenrir soltó una pequeña risa grave.
— Ahora entiendo el ego.
— Oye.
Pero Arkon no apartaba la mirada de la puerta.
Porque algo detrás de ella…
seguía despertando.
La voz volvió escucharse.
Más fuerte esta vez.
— La heredera… finalmente regresó…
Xylara sintió otro escalofrío.
— ¿Heredera?
Dalila abrió los ojos nerviosa.
— Mi reina… no creo que debamos seguir aquí.
— Muy tarde para eso — murmuró Kael.
Las cadenas empezaron romperse una por una.
CLANG.
CLANG.
CLANG.
Arkon inmediatamente se colocó frente a Xylara.
— Fenrir.
El enorme lobo levantó la cabeza.
— ¿Qué?
— Si algo sale de ahí… proteges a Xylara.
Fenrir lo miró sorprendido unos segundos.
— ¿Me estás dando órdenes dragón?
— Sí.
— Qué adorable.
— Fenrir — gruñó Kael.
El lobo bufó.
— Está bien.
Xylara observó todo confundida.
— ¿Alguien piensa explicarme qué está pasando?
Pero nadie alcanzó responder.
Porque la puerta explotó.
BOOOOM.
Una oleada de magia roja recorrió todo el túnel haciendo temblar el palacio completo.
Muy arriba…
en el despacho imperial…
la serpiente negra levantó violentamente la cabeza.
El emperador abrió los ojos alarmado.
— No…
En otra parte del palacio el leopardo de Logan empezó rugir desesperadamente.
Aria soltó la copa que tenía en la mano.
Y dentro del túnel…
el humo lentamente empezó disiparse.
Entonces todos lo vieron.
Un enorme altar negro.
Símbolos antiguos cubriendo las paredes.
Y justo en el centro…
una espada completamente roja atravesada en el suelo.
El ambiente era sofocante.
Oscuro.
Lleno de muerte.
Fenrir fue el primero en retroceder.
— Esa cosa…
Arkon enseñó lentamente los colmillos.
— Encontramos el arma.
La espada vibró.
Y una energía roja recorrió lentamente todo el lugar.
Xylara sintió un dolor horrible en el pecho.
Imágenes empezaron aparecer en su cabeza.
Fuego.
Dragones cayendo del cielo.
Gritos.
Sangre.
Y un enorme dragón negro rugiendo mientras era atravesado por cadenas rojas.
— ¡AHH! — Xylara cayó de rodillas agarrándose la cabeza.
— ¡Ama! — Arkon volvió inmediatamente a su lado.
Kael frunció el ceño.
— ¿Qué le ocurre?
Dalila se acercó aterrada.
— ¡Mi reina respire!
Pero Xylara seguía viendo imágenes.
Una guerra.
Un palacio ardiendo.
Y una mujer…
una mujer idéntica a ella llorando mientras abrazaba un huevo negro gigante.
— Protejan al heredero…
La voz resonó dentro de su cabeza.
Y entonces…
todo desapareció.
Xylara volvió respirar agitada.
Arkon la sostuvo cuidadosamente con una garra enorme.
— Mírame.
Ella levantó lentamente los ojos.
Los de Arkon estaban llenos de preocupación real.
— Estoy bien…
— No lo estabas.
Kael seguía observando la espada.
— Esa cosa está viva.
Fenrir gruñó.
— Quiere sangre.
Arkon volvió mirar el arma con odio.
— Fue creada usando almas de dragones.
Dalila palideció.
— ¿Qué…?
— Por eso puede controlar seres mágicos — continuó Arkon — alimentaron esa espada con dolor y muerte.
Xylara lentamente volvió ponerse de pie.
Y algo dentro de ella…
estaba cambiando.
Porque ahora podía sentirlo.
El poder.
La energía de Draconia.
La espada vibró otra vez.
Y una voz volvió resonar en todo el salón sellado.
— Destruye a los traidores…
Arkon extendió lentamente las alas.
— Con mucho gusto.
Pero antes de que pudiera acercarse—
Fenrir gruñó violentamente.
— Tenemos compañía.
Pasos.
Muchos pasos.
Y voces acercándose rápidamente por el túnel.
Kael maldijo por lo bajo.
— Nos encontraron.
La voz furiosa del emperador retumbó desde arriba.
— ¡NO DEJEN ESCAPAR A NADIE!
Xylara abrió los ojos alarmada.
Arkon sonrió lentamente.
Y esa sonrisa…
dio miedo.
— Perfecto — dijo mientras sus ojos rojos brillaban intensamente — ya quería dejar de esconderme.
Los pasos retumbaban cada vez más cerca.
Guardias imperiales descendían rápidamente por el túnel acompañados de varios seres mágicos. El rugido del leopardo negro de Logan se escuchó antes incluso de verlo aparecer.
Y detrás de todos ellos…
la enorme serpiente imperial.
Sus ojos dorados se clavaron inmediatamente en Arkon.
El silencio duró apenas un segundo.
Porque después—
la serpiente retrocedió aterrada.
El emperador bajó lentamente las escaleras.
Y al ver al enorme dragón negro frente al altar…
palideció.
— No puede ser…
Logan abrió los ojos completamente sorprendido.
Aria dejó escapar un jadeo.
— Un… dragón…
Arkon sonrió lentamente mostrando los colmillos.
— Qué gusto volver a ver sus caras de miedo.
La presión mágica explotó por todo el salón sellado.
Varios guardias cayeron al suelo incapaces de respirar.
El leopardo de Logan retrocedió gruñendo nervioso.
Y Fenrir…
simplemente observaba divertido.
— Ahora sí empezó el espectáculo.
Xylara seguía de pie junto al altar intentando recuperarse de las imágenes que había visto.
La espada roja seguía vibrando.
Como si reaccionara a Arkon.
O a ella.
El emperador apretó el bastón con fuerza.
— Así que sobreviviste…
Arkon entrecerró los ojos.
Y por primera vez…
su expresión dejó de parecer arrogante.
Ahora solo había odio.
— ¿De verdad creíste que podían exterminarnos tan fácilmente?
La serpiente imperial siseó agresivamente intentando acercarse, pero volvió detenerse apenas Arkon desplegó las alas.
Tenía miedo.
Y todos lo notaron.
Logan dio un paso adelante protegiendo a Aria.
— Padre… tenemos que salir de aquí.
— Nadie se moverá — dijo Arkon.
Las paredes temblaron.
Fuego rojo comenzó recorrer lentamente el suelo alrededor del dragón.
Los guardias empezaron retroceder aterrados.
Dalila observaba la escena temblando.
Porque sabía perfectamente qué significaba eso.
Arkon estaba perdiendo el control.
Xylara también lo notó.
— Arkon…
Pero él no la escuchaba.
Seguía mirando al emperador.
— Por tu culpa Draconia cayó.
La espada roja brilló intensamente.
Y algo dentro de Arkon reaccionó.
El odio.
La ira.
Todo el dolor que llevaba siglos encerrado.
BOOOOM.
El fuego explotó violentamente alrededor de él.
Varias columnas del salón sellado se rompieron.
Aria gritó asustada.
Logan cubrió rápidamente al emperador mientras el leopardo rugía desesperado.
Fenrir mostró los colmillos impresionado.
— Vaya…
Kael frunció el ceño.
— Está descontrolándose.
Dalila palideció.
— Igual que los antiguos dragones…
Esas palabras hicieron que Xylara reaccionara inmediatamente.
Porque eso era exactamente lo que querían evitar.
Arkon estaba cayendo en la misma locura.
La espada.
Era esa espada.
Xylara corrió hacia él ignorando el calor del fuego.
— ¡Xylara! — gritó Kael.
Pero ella siguió avanzando.
Arkon rugió furioso.
El techo entero tembló.
Los ojos rojos del dragón brillaban salvajemente.
Ya ni siquiera parecía verla.
— ¡ARKON!
Nada.
El fuego siguió expandiéndose.
La serpiente imperial intentó atacar aprovechando la distracción.
Grave error.
Arkon giró violentamente la cabeza.
Y rugió.
La onda de choque lanzó a la serpiente contra una pared destruyendo parte del túnel.
El emperador abrió los ojos horrorizado.
— ¡Retírense!
Pero ya era tarde.
El salón sellado empezaba colapsar.
Xylara finalmente llegó frente al enorme dragón.
El calor era insoportable.
Las lágrimas empezaron salirle solas por el humo.
Pero aun así levantó la mano.
Y tocó el rostro de Arkon.
Todo se detuvo.
El fuego.
La presión.
Incluso el aire.
Los ojos salvajes del dragón bajaron lentamente hacia ella.
— …Ama…
Xylara respiraba agitada.
— Mírame… mírame bien.
Arkon seguía temblando.
La espada roja vibró violentamente intentando influenciarlo otra vez.
Xylara lo entendió inmediatamente.
Esa cosa quería volverlo loco.
Igual que antes.
Así que sujetó con más fuerza el rostro del dragón.
— Tú no eres como ellos.
El salón quedó en silencio.
Incluso el emperador observaba inmóvil.
— No voy a dejar que te controlen otra vez — continuó Xylara — así que cálmate… por favor.
Arkon cerró lentamente los ojos.
Y el fuego empezó desaparecer poco a poco.
Dalila casi se pone llorar del alivio.
Fenrir observó impresionado.
— Ella realmente puede detenerlo…
Kael sonrió apenas.
— Porque él jamás la dañaría.
El emperador apretó los dientes.
Ahora ya no quedaban dudas.
La princesa de Draconia estaba viva.
Y el rey de los dragones…
había nacido con ella
La espada roja volvió brillar.
Más fuerte.
Y entonces—
una grieta apareció en el techo.
Luego otra.
Y otra más.
Kael levantó rápidamente la cabeza.
— Salgamos de aquí ahora.
Pero antes de moverse…
la voz antigua volvió resonar por todo el salón.
Más clara.
Más despierta.
— El heredero… debe regresar al trono…