Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.
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Capítulo 22: Ruta del Orgullo — El cuarto bucle
La muerte dejó de sorprender a Kenji después del tercer bucle.
Seguía doliendo.
Seguía aterrando.
Pero algo dentro de él comenzaba a endurecerse.
Primer bucle: murió confundido.
Segundo: desesperado.
Tercero: furioso.
Y en el cuarto…
algo cambió.
Cuando abrió los ojos otra vez dentro del callejón y escuchó el eco inquietante de aquel:
“ahh…”
Kenji no gritó.
No preguntó qué estaba pasando.
No intentó entenderlo.
Solo permaneció inmóvil respirando lentamente.
La lluvia ya no existía.
El callejón seguía igual.
Y el miedo dentro de él comenzaba a transformarse en algo peor.
Orgullo.
Porque después de morir tantas veces…
llegó a una conclusión equivocada.
“No necesito ayuda.”
Sus ojos oscuros observaron lentamente la salida del callejón.
—Si dependo de otros… voy a morir otra vez.
Aquella idea comenzó a crecer rápidamente dentro de él.
Distorsionándose.
Corrompiéndose.
Entonces escuchó los pasos.
Cecilia estaba llegando otra vez.
Pero esta vez…
Kenji no salió a ayudarla.
No intentó hablar.
No intentó acercarse.
Simplemente observó desde la oscuridad.
La chica apareció corriendo detrás del ladrón mientras buscaba desesperadamente el collar.
Y exactamente como en los bucles anteriores…
los dos atacantes aparecieron.
Pero esta vez…
Kenji ya conocía todo.
Sabía dónde estaban. Cómo se moverían. Cuándo atacarían.
Y por eso…
actuó antes.
El primer hombre apareció detrás de Cecilia.
Kenji salió inmediatamente desde la oscuridad.
Golpe directo a la garganta.
El atacante cayó ahogándose.
El segundo intentó sacar un cuchillo.
Kenji atrapó su brazo.
Y entonces…
lo golpeó una vez.
Dos.
Tres.
Demasiado fuerte.
El sonido del hueso rompiéndose resonó dentro del callejón.
Cecilia abrió los ojos sorprendida.
—¿Qué…?
El hombre cayó al suelo todavía intentando respirar.
Pero Kenji no se detuvo.
Porque recordaba el dolor.
Recordaba morir.
Y el miedo seguía dentro de él.
Tomó el cuchillo.
Y lo enterró.
Silencio.
La sangre comenzó a extenderse lentamente por las piedras.
Cecilia quedó completamente inmóvil.
Kenji respiraba agitadamente observando el cuerpo.
Sus manos temblaban.
Pero no por culpa.
Por adrenalina.
Por miedo.
Por supervivencia.
El otro ladrón intentó huir inmediatamente.
Kenji levantó la mirada.
Y corrió tras él.
Lo alcanzó al final del callejón.
El hombre intentó suplicar.
Intentó explicar.
Pero Kenji ya no escuchaba correctamente.
Solo veía amenazas.
Solo veía futuras muertes.
El cuchillo volvió a bajar.
Una vez.
Y luego otra.
Cuando terminó…
el silencio cubrió completamente la calle.
Kenji permaneció inmóvil varios segundos.
Respirando.
Observando la sangre en sus manos.
Y entonces escuchó la voz de Cecilia detrás de él.
—…Tú…
Kenji giró lentamente.
Los ojos amatista de Cecilia estaban abiertos llenos de horror.
Porque lo que tenía enfrente…
no parecía un salvador.
Parecía alguien desesperado.
Roto.
Peligroso.
Kenji dio un paso hacia ella.
—Yo solo…
Pero Cecilia retrocedió inmediatamente.
El hielo apareció instintivamente alrededor de sus pies.
Miedo.
Ella le tenía miedo.
Y aquello atravesó algo dentro de Kenji.
Porque después de morir tantas veces… después de sufrir…
la primera persona que veía en ese mundo ahora lo observaba como un monstruo.
Sus ojos oscuros bajaron lentamente.
Entonces vio el collar tirado cerca del cuerpo del ladrón.
Lo recogió en silencio.
La joya reflejó tenuemente la luz de las calles.
Kenji lo sostuvo unos segundos.
Y luego se lo lanzó a Cecilia.
Ella lo atrapó automáticamente.
—Supongo que esto era lo importante.
Su voz sonó vacía.
Cansada.
Cecilia observó el collar temblando ligeramente.
No sabía qué decir.
Porque el chico frente a ella acababa de salvarla.
Pero también…
acababa de matar brutalmente a dos personas sin dudar.
Entonces…
pasos comenzaron a acercarse desde la entrada del callejón.
Ren.
Pero en esta ruta…
todo ya había cambiado.
Porque cuando el Caballero Santo llegó…
lo primero que vio fue:
dos cadáveres.
Cecilia aterrada.
Y a Kenji de pie cubierto de sangre.
Capítulo 22
Ruta del Orgullo — Parte 2
El silencio cubría el callejón.
La sangre seguía deslizándose lentamente entre las piedras mientras Ren observaba los cuerpos en el suelo.
Y frente a él…
Kenji.
Cubierto de sangre.
Respirando agitadamente.
Sus ojos oscuros parecían vacíos.
Como si todavía siguiera peleando contra algo invisible.
Ren dio un pequeño paso hacia adelante.
—Oye—
Pero antes de que pudiera terminar…
Kenji retrocedió.
Instintivamente.
Como un animal herido.
Sus ojos se movieron rápidamente entre: Ren, Cecilia, los cuerpos, y la salida del callejón.
Entonces tomó una decisión.
Corrió.
Desapareciendo inmediatamente entre las calles oscuras antes de que Ren pudiera detenerlo.
—¡Espera!
Demasiado tarde.
El Caballero Santo permaneció inmóvil unos segundos observando el lugar donde el chico desapareció.
Luego bajó lentamente la mirada hacia los cadáveres.
Y algo dentro de él se sintió extraño.
Porque aquello no parecía un asesinato normal.
Parecía…
desesperación.
Cecilia seguía completamente inmóvil sosteniendo el collar con ambas manos.
Sus ojos amatista temblaban.
Porque todavía podía ver claramente el rostro de Kenji mientras atacaba.
No parecía disfrutarlo.
No parecía furioso.
Parecía aterrado.
Como alguien convencido de que si dudaba un segundo…
iba a morir.
Ren se acercó lentamente hacia ella.
—¿Está herida?
Cecilia tardó varios segundos en responder.
—…No.
Su voz fue apenas un susurro.
El Caballero Santo observó nuevamente los cuerpos.
Frunció ligeramente el ceño.
—Fue demasiado violento…
Cecilia apretó lentamente el collar.
—Pero me salvó.
Ren guardó silencio.
Porque eso era precisamente lo extraño.
El chico protegió a Cecilia.
Pero la brutalidad de sus movimientos parecía completamente desproporcionada.
Como si hubiera reaccionado desde trauma puro.
No desde lógica.
No desde entrenamiento.
Algo no encajaba.
Y aquello permaneció dentro de ambos incluso después de abandonar el callejón.
…
Las semanas pasaron.
Pero Cecilia no logró olvidar.
Algunas noches despertaba recordando: la sangre, la mirada vacía de Kenji, y la forma en que desapareció entre la oscuridad.
No sabía quién era.
No entendía qué había ocurrido realmente.
Pero algo dentro de ella seguía pensando en él.
Porque había visto miedo en sus ojos.
Muchísimo miedo.
Mientras tanto…
Ren también investigó discretamente.
Preguntó en tabernas. Mercados. Incluso entre mercenarios.
Nadie conocía a un chico llamado Kenji.
Era como si hubiera aparecido de la nada…
y luego desaparecido otra vez.
Eso inquietaba a Ren más de lo que quería admitir.
Porque el Caballero Santo tenía buena intuición sobre personas.
Y aquella noche sintió algo extraño en Kenji.
No maldad.
No exactamente.
Sino…
alguien completamente perdido.
Pero lejos de ellos…
en los barrios más oscuros de la capital…
Kenji seguía vivo.
Y cada día empeoraba más.
Dormía en callejones. Robaba comida. Y evitaba completamente acercarse a otras personas.
Porque había llegado a una conclusión.
Las personas eran peligrosas.
Confiar era peligroso.
Y depender de alguien…
terminaba en muerte.
El recuerdo de Cecilia retrocediendo aterrada seguía clavado dentro de su cabeza.
Por eso decidió algo.
No volvería a necesitar a nadie.
Y lentamente…
sin darse cuenta…
el orgullo comenzó a consumirlo.
No el orgullo arrogante.
Sino uno mucho más triste.
El orgullo de alguien que decide sufrir solo antes que volver a sentirse débil otra vez.