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La Heredera Que Debia Morir

La Heredera Que Debia Morir

Status: En proceso
Genre:Época / Brujas / Reencarnación
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: sterlina

interesante

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CAPÍTULO 11-Sospechas y latidos ocultos.

Mientras tanto, en el palacio, el emperador leía con detenimiento la información del duque. Sus ojos recorrían cada línea con precisión, analizando más allá de las palabras.

Veía que había sido un comerciante con una hija, que había conquistado a la duquesa y que ambos se casaron en una boda modesta, por petición expresa de ella. Que tenía otra hija además de la que tuvo con Sara. Que, tras la muerte de la duquesa, volvió a casarse, nombrando a su actual esposa como duquesa.

También observó lo próspero que se había vuelto el ducado bajo su gestión.

Pero algo no encajaba.

Frunció ligeramente el ceño, deteniéndose en un detalle que hasta ese momento parecía insignificante.

—¿Pero por qué solo ha presentado a una de sus hijas? ¿Dónde está la otra? —se preguntó en voz baja.

Revisó nuevamente los documentos.

Nada.

En los registros de la academia solo aparecía una.

Una sola hija.

El silencio en la sala se volvió más denso.

—¿Será que le entregó su otra hija a su madre… y solo está criando a la hija que tuvo con Sara? —murmuró, pensativo.

Pero ni siquiera esa explicación terminaba de convencerlo.

Había algo más.

Algo oculto.

Y él pensaba descubrirlo.

Una semana después, en la academia imperial, el ambiente era completamente distinto.

Simone caminaba por los jardines con una ligereza inusual, como si sus pensamientos estuvieran en otro lugar. Sus ojos brillaban con emoción contenida.

Al encontrarse con los príncipes, no pudo ocultarlo.

—Estoy muy feliz por la invitación que el rey le había enviado a mi familia… y estoy sumamente ansiosa por que llegue ese día.

El segundo príncipe, Edward, fue el primero en responder, con una sonrisa que mezclaba cortesía y entusiasmo.

—Lady Simone, para nosotros es un placer recibirlos. Por fin podremos enseñarle el castillo.

Sus palabras eran elegantes, pero su mirada… demasiado atenta.

El príncipe heredero, Dominic, intervino con calma.

—Sí, lady. Así podrá conocer la biblioteca que tanto desea visitar.

Los ojos de Simone se iluminaron aún más.

—Sí… me gustaría mucho —respondió—. Me gustaría que alguien más fuera… es igual que yo, le gusta mucho leer y aprender.

Edward inclinó ligeramente la cabeza, curioso.

—¿Una amiga?

—No —respondió ella.

Frunciendo el ceño.

—¿Será algún pretendiente? —continuó él, con una ligera tensión en la voz que intentaba disimular.

Pero en el instante en que Simone iba a responder, alguien llegó interrumpiendo la conversación, cambiando el tema y preguntándole sobre un vestido vistoso que llevaba ese día.

Simone sonrió con educación… pero no respondió a la pregunta anterior.

Y eso fue suficiente.

El príncipe Edward se quedó en silencio, frustrado.

Su mente ya había llenado los espacios en blanco.

Minutos después, los príncipes decidieron despedirse y marcharse juntos.

El sonido de sus pasos resonaba suavemente en los pasillos.

—Cambia esa cara, hermano —dijo Dominic con naturalidad.

Edward soltó un suspiro.

—¿No viste cómo le brillaban los ojos cuando mencionó a esa persona? Y no es ninguna amiga.

Dominic lo miró de reojo.

—Que nosotros sepamos, no tiene hermanos.

Edward apretó la mandíbula.

—Entonces debe ser algún enamorado.

—No te hagas ideas, hermano.

Pero Edward negó con la cabeza, claramente afectado.

—¿Cómo quieres que no me haga ideas?

Desde que llega el tiempo de volver a casa,

ella es la primera en empacar. ¿Te acuerdas de la vez que el duque estaba aquí en la capital? Ella se quedó con ellos… pero cuando se fueron, no quiso quedarse ese fin de semana. Tenía una urgencia de irse, como si quisiera ver a alguien… o como si alguien la estuviera esperando.

Dominic guardó silencio.

Edward continuó, ahora con una mezcla de frustración y admiración.

—Sabes que desde el primer día que la vi, esa niña me gustó. Parecía superficial… por eso no me acercaba. Pensé que era igual a las otras, de vestidos y té.

Una leve sonrisa apareció en su rostro al recordar.

—Pero ¿te acuerdas cuando nos tocó la clase de debate de politica? Uuuaaaooo… fue genial. Se fue para el ducado, y cuando regresó… llegó más bonita, con vestidos sencillos pero elegantes. Y cuando comenzamos, pensábamos que íbamos a perder… pero fue todo lo contrario.

Su voz se llenó de emoción.

—Hablaba con una elegancia increíble. Dominó la clase. Se sabía todo… absolutamente todo. Y quedamos mejor que el instituto entero.

Dominic alzó una ceja, divertido.

—Fue genial. Hasta nuestro padre nos felicitó

—continuó Edward—, porque la conclusión y reflexiones que dio sobre cómo resolver el conflicto con Oriente… fueron excelentes. Padre incluso lo puso en práctica.

Hizo una breve pausa.

—Y ya ves… ahora tenemos un tratado de paz y comercio con ese imperio.

Dominic extendió la mano y le entregó un pañuelo.

—Toma.

Edward lo miró confundido.

—¿Qué es esto?

—Para que te limpies la baba que botaste hablando de ella.

Edward lo empujó ligeramente.

—Idiota.

Dominic sonrió con calma.

—No soy idiota. Tú pareces un idiota hablando de ella… y no te declaras.

Edward desvió la mirada.

—Vas a dejar que alguien más te la gane Edward.

El silencio cayó entre ellos por un momento.

—Pero… según los rumores, hablan de ti y de ella con un compromiso —añadió Edward.

Dominic negó con rapidez.

—Pero ella no me interesa… la veo como amiga, nada más.

Edward lo miró fijamente, sin creerle del todo.

Domini suspiró.

—Además… ¿cómo me voy a interesar en ella si sé que tú te mueres por ella?

Edward no respondió de inmediato.

Pero su silencio… lo dijo todo.

Te amo mucho hermano Dominic abrazo a Edward.

Habla con padre y dile que ella te interesa, yo estaré ahí apoyándote y aclararé con él los rumores.

Y mientras los rumores crecían, mientras los sentimientos comenzaban a enredarse entre miradas y palabras no dichas…

Ella no sabía.

No sabía que ese día había marcado el comienzo de todo.

En el ducado, el duque estaba feliz por la invitación.

Convencido.

Seguro.

Pensando que todo aquello era por él…

O por su hija.

Después de todo, conocía bien los rumores del supuesto compromiso.

Lo que no sabía…

Era que no todos los juegos se juegan a la vista.

Y que, esta vez…

Él también estaba siendo observado.

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Stephani Rivera
me gusta que estas hermanastras se lleven bien y no como en algunas obras que solo es envidia y odio🥰
Ana Tello
Hermosa historia
Ana Fernandez
el comienzo es interesante, aunque bastante cliché a ver cómo sigue
Stephani Rivera
bueno tiene un comienzo algo peculiar
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