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Todo Empezó En Navidad

Todo Empezó En Navidad

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance entre patrón y sirvienta
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Una tarde fría de diciembre, Lucía se cruza con una niña perdida en la calle. Sin dudarlo la consuela y protege, sin imaginar que ese pequeño acto cambiará su vida para siempre. Su padre, Alejandro Ferrer, un poderoso empresario, no puede ignorar la angustia y la felicidad que Lucía despierta en su hija.
Mientras Alejandro busca desesperadamente a alguien que cuide a Emma, se da cuenta de que ninguna niñera parece estar a la altura… se da cuenta de que su hija no deja de mencionar a “la chica de la bufanda”. Y decide contratarla. Entre tensiones, celos y secretos, Lucía tendrá que marcar sus límites mientras Alejandro se debate entre lo correcto y lo que su corazón comienza a desear.
Una historia de amor, familia y segundas oportunidades, donde la Navidad no solo trae luces y regalos, sino también destinos que no pueden ignorarse.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peso de la gratitud

​La mañana siguiente a la "expedición secreta" a la cocina, la mansión Ferrer amaneció imbuida de una energía distinta, una que rompía la inercia de la rigidez habitual. El sol de California, brillante y desprovisto de nubes, entraba a raudales por los inmensos ventanales de la planta baja. Los rayos de luz impactaban contra las superficies de granito pulido y las estructuras de vidrio, creando un juego de reflejos que Lucía apenas se atrevía a tocar, como si el simple contacto de sus dedos pudiera empañar aquella perfección milimétrica.

​Alejandro estaba instalado en el comedor principal. Ante él, un café negro humeaba en una taza de porcelana translúcida, rodeado de varios informes financieros y una tablet que escupía datos bursátiles sin descanso. Sin embargo, su atención estaba fracturada; no lograba concentrarse en los números que normalmente eran su único lenguaje. Sus ojos se desviaban de forma constante hacia la entrada arqueada del comedor, esperando el sonido de unos pasos que no fueran los del personal de servicio.

​Cuando finalmente apareció Lucía, llevando a Emma de la mano, el aire en la habitación pareció cambiar de densidad. Alejandro notó de inmediato que la joven vestía de forma sencilla: un pantalón oscuro de corte recto y una blusa color crema, una prenda que, a pesar de su humildad, resaltaba una belleza natural y una sencillez que contrastaba violentamente con la opulencia barroca del lugar. Emma, por su parte, caminaba con un vigor que Alejandro no recordaba haber visto en meses; sus mejillas tenían un tinte rosado y sus ojos ya no buscaban el suelo, sino el rostro de la mujer que la acompañaba.

​—Buenos días —dijo Lucía, con una timidez que, sin embargo, no lograba ocultar la firmeza de su carácter.

​—Buenos días —respondió Alejandro, cerrando su tablet con un gesto seco, casi defensivo. Se quedó observando, en un silencio hipnótico, cómo Lucía ayudaba a la niña a sentarse, acomodándole la silla y verificando que estuviera cómoda con una naturalidad y una ternura que él siempre había delegado en el servicio profesional.

​Había algo en la forma en que Lucía tocaba las cosas —con cuidado pero sin miedo— que fascinaba a Alejandro. No se movía como alguien que se siente inferior, sino como alguien que respeta su entorno pero valora más a las personas.

​—He dispuesto que el coche esté listo en media hora —anunció él, recuperando su tono de mando—. Andrés las acompañará a la Clínica Saint Jude para el ingreso de tu madre. Todo está coordinado con el personal de admisiones.

​Lucía se detuvo en seco, con una mano aún apoyada suavemente en el hombro de Emma. Sus ojos se encontraron con los de Alejandro, y él vio, por primera vez sin la barrera de la lluvia o la noche, una chispa de vulnerabilidad mezclada con un agradecimiento tan puro que lo hizo sentir físicamente incómodo. Él estaba acostumbrado a la gratitud interesada, a los apretones de manos por negocios o a la adulación por poder, pero no a la mirada de alguien a quien le acababan de devolver la esperanza.

​—Señor Ferrer... lo que está haciendo por mi madre... —empezó ella, con la voz quebrándose levemente en el aire—. No tengo palabras para decirle lo que esto significa. Ella es todo lo que tengo.

​—Es parte de nuestro acuerdo, Lucía —la interrumpió él rápidamente, endureciendo su expresión para protegerse del calor de la emoción de la joven—. Necesito que Emma tenga toda tu atención. Si tu madre está bien cuidada en el mejor centro de la ciudad, tu mente estará aquí, conmigo, enfocada en mi hija. Es una decisión puramente pragmática. Un empleado sin preocupaciones rinde mejor.

​Lucía asintió lentamente, aunque en el fondo sabía que Alejandro usaba la palabra "pragmática" como un escudo. Ella comprendía que, para él, la frialdad era una herramienta de supervivencia, pero para ella, lo que estaba ocurriendo era, sencillamente, la salvación de su pequeña familia.

​Mientras el desayuno transcurría bajo un velo de silencio respetuoso, Lucía no podía evitar recorrer la estancia con la mirada. La mansión era, en efecto, un laberinto de lujos que desafiaban la comprensión de alguien criado en los barrios humildes de Culver City. Techos altísimos con molduras artesanales que parecían haber sido esculpidas por ángeles, obras de arte contemporáneo que probablemente costaban más que su antiguo vecindario entero, y un silencio sepulcral que solo se rompía por el tintineo de los cubiertos de plata sobre los platos de cerámica fina.

​Sin embargo, lo que más la perturbaba no era la sala, sino la habitación que Alejandro le había asignado la noche anterior. No era el cuarto de servicio que ella esperaba, pequeño y funcional. Era una suite de invitados de pleno derecho en el ala principal, con una cama inmensa vestida con sábanas blancas que olían a lavanda fresca y un ventanal de pared a pared que ofrecía una vista privilegiada de los jardines traseros, donde los robles se mecían con la brisa del Pacífico.

​Allí, en la mesita de noche, Alejandro había ordenado colocar flores frescas. Lucía se había detenido a observarlas al despertar: no eran las orquídeas exóticas y distantes que decoraban el gran vestíbulo, sino margaritas. Eran flores sencillas, cálidas y vibrantes que parecían decirle que, en ese mausoleo de mármol, todavía quedaba espacio para la calidez de lo cotidiano.

​Media hora más tarde, el bullicio contenido se trasladó a la entrada principal. Bajo el pórtico de columnas blancas, el chofer ayudaba a Elena a subir al vehículo de lujo. Lucía se quedó un momento en la escalinata, observando a su madre. Elena, aunque todavía débil, le sonreía desde el interior del coche con un semblante que parecía haber recuperado algo de color solo por el hecho de saberse protegida.

​Alejandro salió de la casa y se colocó a su lado. No dijo nada al principio, manteniendo una distancia prudente que marcaba la jerarquía, pero su presencia era tan sólida como la de las montañas que rodeaban la propiedad.

​—Estará en las mejores manos —dijo él finalmente, con la vista puesta en el horizonte, donde las colinas empezaban a brillar bajo el sol—. El doctor Harrison es el jefe de oncología y medicina interna. Es un hombre difícil de impresionar, pero es el mejor. Nadie entra en esa clínica si no es bajo mi supervisión personal.

​Lucía lo miró de reojo. Alejandro estaba allí, impecable en su traje gris carbón, con la mandíbula tensa y la mirada perdida en algún punto lejano. Parecía un hombre que intentaba controlar el mundo entero, los hilos del destino y la salud de los extraños, solo para evitar que algo a su alrededor se rompiera. Parecía un hombre que creía que, si dejaba de vigilar un segundo, todo se derrumbaría.

​—Usted siempre tiene que tener el control de todo, ¿verdad? —preguntó Lucía con una voz suave, casi como un pensamiento en voz alta.

​Alejandro giró la cabeza hacia ella, genuinamente sorprendido por la observación directa. Pocos se atrevían a cuestionar su metodología.

​—El caos no construye imperios, Lucía —respondió él con su lógica de hierro—. Y el caos ciertamente no protege a las personas. Para que Emma esté a salvo, para que tu madre se recupere, tiene que haber un orden. Alguien tiene que sostener la estructura.

​—A veces —respondió ella, dando un paso hacia la puerta para buscar a Emma, que la esperaba dentro—, las personas no necesitan ser protegidas por estructuras o imperios. A veces solo necesitan saber que no están solas en medio del caos. El control es un muro, Alejandro. Y los muros también separan.

​Él no respondió. Se quedó solo en la entrada, sintiendo cómo el aire frío de la mañana le rozaba el rostro mientras veía el coche alejarse por el sendero arbolado. Las palabras de Lucía quedaron flotando a su alrededor, desafiando su visión del mundo. Alejandro Ferrer tenía el imperio, tenía el control total de sus empresas y tenía el dinero suficiente para comprar casi cualquier cosa en la tierra.

​Pero mientras veía a Lucía entrar de nuevo a la casa, escuchando cómo Emma gritaba su nombre con una alegría que él no podía fabricar con dinero, se preguntó si ella, con sus manos vacías y su abrigo azul, no poseía algo mucho más valioso. Se preguntó si ella era la dueña de una paz que él había perdido y a pesar de todo su poder, no había logrado recuperar.

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Arely Anahi Pacheco Mezo
ahora que empiezan a construir algo entre ellos va a venir la vivora d la cuñada a meterse 😡😡 ojalá y puedan salir victoriosos de las pruebas que vendrán y algo me dice k esa cuñada tuvo todoo que ver con que fallezca su hermana todo x envida y querer al cuñado
Melisuga
¡Qué lindo capítulo!
💖😍💖😍💖
Melisuga
¡Me encanta esta declaración!
💖💖💖
Carmen Palencia
excelente novela de verdad que la felicito por esta hermosa historia gracias por actualizar espero nos deleites con varios capitulos seguidos que estoy ansiosa por seguir leyendo más de esta hermosa novela
Erika Estrada
gracias por los capítulos me encanta 😍🥰💕
Melisuga
¡Qué tremenda confesión!
😍😍😍
Anabella González
uy que capitulo tan calido, me encanta
Carola Videla 😈🇦🇷
que se vayan todos al demonio
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísimo capítulo 👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Alejandro deja tus tontos prejuicios y disfruta del amor
Mine Romero
Creó que Falta el capítulo del beso en el despacho🙂 me encanta la novela
Carola Videla 😈🇦🇷
m3e encanta la novela, felicitaciones 👏🏾
Carola Videla 😈🇦🇷
la dueña de la casa y denlos corazones de su hija y de él
Carola Videla 😈🇦🇷
este es más terco que ella🤦‍♀️
Carola Videla 😈🇦🇷
es amor , cual es el problema, no sean tercos , los corazones no conocen status, o profesiones
Anabella González
Hay que belleza de capitulo me muero
Mine Romero
Excelente capítulo me encantó muchas gracias por actualizar 👏👏👏🙌🙌🙌
Inocencia Cruz Cruz
ay que emoción, autora por favor más capitulos🤭
Carola Videla 😈🇦🇷
cada vez les quedan menos lugares donde esconder sus sentimientos
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