Ciento veintitrés años después de que la Inquisición del Primer Mandato silenciara un ritual prohibido, extraños acontecimientos comienzan a extenderse por todo el Imperio.
Enkyo, un joven de la ciudad de Newline, sueña con seguir los pasos de los soldados imperiales a pesar de la oposición de su padre. Sin embargo, cuando una expedición de caza termina en tragedia, presencia algo que no debería existir.
Bajo la superficie del mundo, antiguas fuerzas olvidadas desde hace mucho tiempo comienzan a despertar. Mientras verdades ocultas vuelven a emerger y las sombras de una era perdida regresan, Enkyo se verá atrapado entre el Imperio, el conocimiento prohibido y un legado más antiguo que la propia humanidad.
Algunos heredan reinos. Otros heredan pesadillas.
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Capítulo 12 — Ecos de juicio nublado (Parte ll)
Derek permaneció de pie frente al soldado arrodillado.
—¿Qué ocurrió exactamente?
El soldado tragó saliva.
—Cuando regresamos para realizar el relevo de la guardia…
Vaciló.
La mirada de Derek se endureció.
—Habla.
—Encontramos sangre por toda la zona. El subcapitán y los tres soldados ya habían sido asesinados, mi Lord.
Derek continuó observándolo.
—Ya veo… Así que eso fue lo que ocurrió.
Dirigió la mirada hacia el exterior de la fortificación.
—Qué incompetencia.
El soldado levantó ligeramente el rostro. Varios de los hombres cercanos intercambiaron miradas.
Derek avanzó tres pasos.
—Eso es lo que les ocurre a los incompetentes.
Se detuvo frente a la entrada y contempló el camino que se extendía más allá de las murallas.
—En esta vida, solo sobreviven los más fuertes.
A lo lejos, un grupo de jinetes comenzó a hacerse visible.
Derek entrecerró los ojos.
Al frente de la formación cabalgaba el general Julius.
Sus miradas se encontraron antes de que el grupo alcanzara la entrada.
Derek levantó una mano.
—Abran las puertas.
Los soldados obedecieron y permitieron que Julius y sus acompañantes ingresaran.
Una vez dentro, Julius hizo detenerse a sus hombres.
—No se separen. Permanezcan juntos hasta que reciban nuevas órdenes.
Derek se acercó para recibirlo.
—No esperaba verte aquí, Julius. Creí que enviarían a Valerius.
Julius desmontó y se arrodilló brevemente ante él.
—Mi Lord.
Después se puso de pie.
—Valerius quizá habría sido una mejor elección, pero yo era el general imperial más cercano. Recibí la orden de presentarme aquí lo antes posible.
Sostuvo la mirada de Derek.
—Mi presencia fue solicitada por una razón. Quisiera saber por qué fui convocado.
Una sonrisa apareció en el rostro de Derek.
—Tan directo como siempre. Por eso me agradas.
Su expresión perdió parte de aquella ligereza.
—Pero dejemos las formalidades a un lado. Ayer ocurrió un asesinato, Julius.
Las cejas del general se elevaron ligeramente.
—¿Un asesinato?
—Cuatro, para ser exactos.
Derek comenzó a caminar.
—Tres soldados y un subcapitán fueron asesinados durante su turno de vigilancia. El capitán regresó después de inspeccionar a los nuevos reclutas, encontró los cuerpos e informó al comandante. Desde entonces, hemos intentado descubrir qué ocurrió.
Se detuvo y miró hacia Julius.
—Aunque supongo que un hombre con tus capacidades podría encontrar algo que los demás pasaron por alto.
Después dirigió la mirada hacia los soldados cercanos.
—Este no es el lugar apropiado para continuar hablando. Acompáñame.
Julius aceptó con una ligera inclinación de cabeza.
Antes de seguirlo, se dirigió a sus hombres.
—Permanezcan aquí y esperen mi regreso.
Derek lo condujo a través de los corredores de la fortificación hasta su habitación privada.
Una vez dentro, cerró la puerta.
—El Consejo parece bastante inquieto últimamente —comentó mientras regresaba a su asiento—. La última reunión no terminó precisamente bien.
Julius permaneció de pie.
Derek apoyó un brazo sobre el asiento.
—La investigación sobre la familia Greygar continúa.
Dejó transcurrir varios segundos.
—¿Tienes algo que decir?
—Ya dije todo lo que tenía que decir durante la reunión del Consejo.
La voz de Julius se endureció.
—Y no permitiré que ese asunto vuelva a discutirse aquí. Si fui convocado para investigar los asesinatos, eso es lo que haré.
Se volvió hacia la puerta.
Derek se puso de pie de inmediato.
—Recuerda bien quién eres.
Julius se detuvo, aunque no se volvió.
—No confiamos en cualquiera que se presenta ante nosotros —continuó Derek—. Eso es algo que yo mismo te enseñé.
Julius permaneció en silencio durante un instante.
Después abrió la puerta y abandonó la habitación sin responder.
La cerró detrás de él.
El comandante y el capitán encargado del puesto lo esperaban en el corredor. Los hombres que habían acompañado a Julius se acercaron al verlo salir.
—Llévenme hasta los cuerpos —ordenó.
El capitán y el comandante lo condujeron hasta una cámara interior preparada para resguardar a los muertos.
Los cuatro cadáveres permanecían parcialmente cubiertos con telas.
Julius se acercó al primero.
Retiró la cubierta y examinó las heridas.
El cráneo había quedado deformado por un impacto violento.
El capitán permanecía a poca distancia.
—Dos de ellos parecen haber sido arrojados desde lo alto de la fortificación.
Julius examinó cuidadosamente el cuerpo.
—Alguien tuvo que hacerlo —añadió el capitán—. Pero no comprendemos cómo.
Julius no respondió.
No había señales evidentes de lucha.
Tampoco encontró heridas que indicaran que el hombre había intentado defenderse.
Parecía haber sido tomado por sorpresa.
Julius se dirigió hacia el segundo cuerpo que había caído desde lo alto y repitió el examen.
Después se detuvo frente al soldado decapitado.
Se inclinó para observar el cuello con mayor atención.
El corte era limpio.
Demasiado preciso para haber sido realizado durante un enfrentamiento prolongado.
Sin embargo, tampoco parecía haber sido provocado por el filo de una espada.
Cerca de la herida permanecía adherido un residuo oscuro.
Julius lo observó durante varios segundos.
No lo tocó.
Después levantó una de las manos del cadáver y examinó los dedos y las uñas.
No encontró ningún rastro que indicara resistencia.
Volvió a colocarla sobre el suelo y se dirigió hacia el último cuerpo.
Cuando retiró la tela, vio una profunda perforación que atravesaba la zona situada entre el pecho y la parte superior del abdomen.
La herida había sido provocada con una fuerza considerable.
Julius la contempló en silencio.
El corte limpio.
Los cuerpos arrojados desde lo alto.
La perforación.
La ausencia de señales de lucha.
Y aquel residuo oscuro.
Poco a poco, las heridas comenzaron a conectarse con algo que ya había presenciado.
Levantó la mirada hacia el comandante y el capitán.
—Durante aquel turno, ¿vieron entrar o salir a alguien?
Los dos hombres se miraron entre sí.
—No, general —respondió el comandante—. El puesto se encontraba bajo alerta máxima. Nadie tenía permitido entrar ni salir.
Julius volvió la mirada hacia los cadáveres.
Las imágenes de la destrucción de Celok regresaron a su mente.
Las púas negras.
Los cuerpos.
La forma en que aquella sustancia se descomponía al separarse de su estructura.
Una posibilidad comenzó a tomar forma.
Sin ofrecer ninguna explicación, Julius se incorporó y abandonó la cámara.
…
Caminó hacia los hombres que lo acompañaban.
—Debemos regresar a la capital lo antes posible.
El comandante se acercó a él.
—¿Encontró algo, general?
Julius permaneció en silencio durante varios segundos.
—Eso es lo que debo confirmar.
Lord Derek se aproximó desde el extremo más alejado del corredor.
—Bien… Imagino que llegaste a la misma conclusión que yo.
Julius sostuvo su mirada.
—Debo informar a Lord Cidwuar.
Derek inclinó ligeramente la cabeza.
—Que la luz del Creador guíe nuestros pasos.
—Que la luz del Creador guíe nuestros pasos —respondió Julius.
El general hizo una señal a sus hombres y comenzó a retirarse junto a ellos.
Mientras se alejaban, el capitán se acercó a Derek.
—Mi Lord, ¿qué haremos con los cuerpos?
Derek dirigió una última mirada hacia la cámara.
—Entiérrenlos con dignidad.
Los soldados recibieron la orden y comenzaron a preparar las sepulturas.
…
El tiempo transcurrió.
Las palas golpeaban la tierra una y otra vez, retirando capas de suelo hasta formar cuatro tumbas.
Cuando terminaron de abrir la primera, dos soldados levantaron uno de los cuerpos y lo bajaron lentamente.
La figura desapareció dentro de la oscuridad de la fosa.
Durante un instante…
Solo permaneció aquel vacío.
Una oscuridad profunda.
Sin embargo, poco a poco, aquella oscuridad comenzó a moverse.
Ya no era el interior de una tumba.
Era un líquido oscuro que giraba lentamente dentro de una copa.
Habían transcurrido varias horas.
En la capital, Lord Cidwuar Mowbray permanecía sentado, sosteniendo la copa entre los dedos.
La llevó hasta sus labios y bebió una pequeña cantidad de vino antes de dejarla sobre la mesa.
Su mirada permanecía fija en los documentos extendidos frente a él.
—¿Eso fue realmente lo que ocurrió?
Apartó uno de los informes.
—El grupo que se encuentra en Celok consiguió encontrar algo, pero aun así… todavía nada está claro.
Un sirviente apareció en la entrada de la habitación.
—Mi Lord.
Cidwuar levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
—El general Julius acaba de llegar.
Cidwuar se puso de pie de inmediato.
—Hazlo pasar.
El sirviente inclinó la cabeza y se retiró.
Poco después, Julius entró en la habitación.
Antes de que pudiera arrodillarse, Cidwuar levantó una mano.
—No será necesario. Cuéntame qué ocurrió.
Julius comenzó a relatar lo sucedido en el puesto fronterizo.
Le habló de los cuatro cadáveres.
De los dos hombres arrojados desde el nivel superior.
Del soldado decapitado.
De la perforación que atravesaba el cuerpo de la última víctima.
También explicó que no había señales de lucha ni indicios de que alguien hubiera entrado o salido durante el turno de vigilancia.
Mientras escuchaba, la serenidad de Cidwuar comenzó a desvanecerse.
Julius terminó su relato.
—Nada de lo que ha ocurrido ha sido sencillo, mi Lord. Pero ahora, más que nunca, debemos estar preparados.
Cidwuar se apartó lentamente de la mesa.
—El Consejo existe precisamente para momentos como este. No podemos permitir que la inquietud gobierne nuestras decisiones.
Julius asintió.
Después de un breve silencio, volvió a hablar.
—¿Ha recibido noticias del grupo que permaneció en la zona norte de Celok?
—Sí. Un ave mensajera llegó antes que tú.
Cidwuar tomó uno de los informes y lo desplegó.
—Uno de los soldados sufrió una pequeña herida en la mano mientras intentaban recoger varios fragmentos de las púas negras.
Julius mantuvo la mirada fija en él.
—¿Y qué ocurrió?
—Los fragmentos reaccionaron.
Julius permaneció inmóvil.
—¿De qué manera?
Cidwuar bajó la mirada hacia el informe.
—La sustancia no se descompuso de inmediato como las muestras anteriores. Permaneció intacta y pareció sentirse atraída por la herida.
Las imágenes de los cuerpos regresaron a la mente de Julius.
El corte limpio que atravesaba el cuello.
La herida que no parecía haber sido provocada por una espada.
Y el residuo oscuro que permanecía junto a ella.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
—No puede ser…
Cidwuar dejó el informe sobre la mesa.
—¿Qué ocurre?
Julius levantó la mirada.
Durante varios segundos, pareció ordenar cada una de las piezas antes de responder.
—Mi Lord…
Hizo una breve pausa.
—Lo que ocurrió en Celok no terminó allí.
Cidwuar permaneció en silencio.
Julius continuó:
—Mi Lord… aquello que destruyó Celok no Desapareció.
—También estuvo en la frontera.
también me gusta que cada uno tenga una persona la diferente a pesar de que todavía no hay un desarrollo completo de personajes, también puedo notar que en este tipo de trabajo mejor dicho obra, veo una forma expresiva y un léxico muy notable, la manera en Cómo surge una batalla y cómo se logra entender es algo que pocos autores logran describir
estoy muy ansioso de seguir con este tipo de obra la verdad, no muchas veces se ve algo con bastante potencial y de verdad me enamoro de las relaciones que tiene los personajes y el conflicto que hay🩷🩷
I'm truly surprised; the story is increasingly drawing me in and captivating me. And I really don't know how to explain the feeling of how all of this is unfolding at a spectacular pace../Drool//Drool/