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LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:16.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En una guerra de orgullo y desprecio, ¿quién caerá primero? ¿El hombre que lo tiene todo o la mujer que aprendió a brillar sin luz?
Puntos clave de la trama

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 12

El silencio que siguió al descubrimiento del sobre fue tan gélido que pude sentirlo subir por mis piernas como una marea de invierno. Alexander no me soltó. Sus dedos, largos y fuertes, rodeaban mi muñeca con una firmeza que bordeaba lo doloroso, obligándome a sostener el papel frente a él. No podía ver su rostro, pero el cambio en su respiración —pesada, rítmica, cargada de una furia que intentaba contener— me decía que el contenido de ese sobre no era una simple nota de cortesía.

—¿De dónde has sacado esto, Elina? —su voz era un susurro peligroso, una barítono que vibró en el aire estático de la habitación.

—Estaba entre las flores —respondí, tratando de que mi voz no temblara, aunque mi corazón martilleaba contra mis costillas con una fuerza salvaje—. Las flores que tú mismo pusiste aquí, Alexander.

Sentí el roce de su otra mano cuando me arrebató el sobre. El sonido del papel rasgándose fue como un latigazo en la quietud de la suite. Hubo una pausa eterna. El aroma a sándalo que siempre lo envolvía se volvió más intenso, como si su propia agitación física lo estuviera desprendiendo en oleadas.

—¿Qué dice? —pregunté, dando un paso hacia el calor de su cuerpo, buscando una respuesta que temía recibir.

—Basura. Insinuaciones sin fundamento de alguien que quiere jugar a ser Dios en esta casa —escuché cómo arrugaba el papel. El sonido del papel crujiendo bajo su fuerza fue una muestra clara de su rabia—. No vuelvas a tocar nada que no haya sido revisado por mi seguridad personal. ¿Me has oído?

—¡Es mi habitación, Alexander! ¡Y se supone que eres tú quien me protege! —mi voz se elevó, cargada de la frustración de vivir en un mundo donde incluso los objetos tenían secretos que no podía descifrar—. Si alguien pudo entrar aquí para dejar una nota, ¿qué impide que dejen algo peor?

Él no respondió con palabras. Dio un paso hacia mí, acortando la distancia hasta que su pecho rozó el mío. Su mano subió desde mi muñeca hasta mi nuca, sus dedos enredándose en mi cabello con una urgencia posesiva. Me obligó a inclinar la cabeza hacia atrás, exponiendo mi cuello a su proximidad abrasadora. Sentí su aliento caliente contra mi piel, un contraste violento con el frío que sentía por dentro.

—Nadie va a tocarte —murmuró, y su boca rozó la curva de mi oreja, enviando una descarga eléctrica que me recorrió la columna—. He convertido esta mansión en una fortaleza por ti. Pero necesito que dejes de buscar respuestas donde solo hay peligros. Confía en mí, Elina. Solo en mí.

—¿Cómo puedo confiar en ti cuando te escucho comprar silencios en tu despacho? —la pregunta salió de mis labios antes de que mi cerebro pudiera frenarla.

La mano de Alexander en mi nuca se tensó. Su cuerpo se volvió rígido contra el mío. Por un momento, pensé que se alejaría, que el hielo volvería a cubrirlo todo, pero en su lugar, me apretó más contra él. Una de sus manos bajó por mi espalda, trazando el relieve de mi columna a través del encaje del vestido, una caricia lenta y deliberada que buscaba desarmar mi resistencia a través de los sentidos.

—Lo que oíste es el lenguaje de los negocios —dijo, su voz volviéndose una caricia oscura—. Protejo mis activos. Y tú eres el más valioso de ellos. No permitas que Marcus o Vanessa nublen tu juicio. Ellos quieren verte fuera de aquí porque eres mi único punto débil.

Se inclinó y buscó mis labios. Fue un beso cargado de una sensualidad agresiva, una mezcla de desesperación y dominio que me dejó sin aliento. Alexander me besaba como si quisiera marcarme, como si a través de ese contacto pudiera borrar las dudas que otros habían sembrado en mi mente. Mis manos encontraron sus hombros, agarrándose a la tela fina de su camisa, dejándome llevar por la marea de sensaciones que solo él sabía provocar. En la oscuridad de mi ceguera, su tacto era la única verdad absoluta, la única brújula que parecía funcionar, aunque me estuviera guiando hacia un precipicio.

Me levantó en vilo, un movimiento fluido que me hizo soltar un pequeño jadeo, y me depositó sobre la cama. El peso de su cuerpo sobre el mío fue un ancla bienvenida. Sentí sus manos recorriendo mis piernas, subiendo el dobladillo del vestido con una lentitud tortuosa. Cada roce de sus palmas ásperas contra mi piel era una promesa de olvido. Alexander no sabía pedir perdón, no sabía consolar con palabras, así que utilizaba su cuerpo para reclamar mi lealtad.

—Eres mía —gemía contra mi cuello, su voz rota por un deseo que ya no tenía nada de fingido—. No importa quién haya cortado esos frenos, Elina. Ahora estás bajo mi guardia. Y nunca, nunca te dejaré ir.

La tarde se desvaneció en una penumbra que yo solo podía percibir por el cambio en la temperatura de la habitación y el cansancio dulce que se instaló en mis extremidades. Alexander se quedó a mi lado un tiempo inusual, su respiración volviendo a la normalidad mientras acariciaba mi cabello con una distracción casi tierna. Fue uno de esos raros momentos donde la farsa del matrimonio por contrato parecía desmoronarse para dejar paso a algo mucho más real y aterrador.

Sin embargo, el hechizo se rompió cuando su teléfono vibró en la mesita de noche. Escuché el clic rítmico de sus dedos sobre la pantalla y luego el suspiro pesado que indicaba que el mundo exterior había regresado para reclamarlo.

—Tengo que bajar —dijo, y sentí que se levantaba, el colchón recuperando su forma original—. Cenaremos aquí arriba. He pedido que preparen algo ligero. No quiero que te enfrentes a Hudson o a Marcus esta noche.

—Alexander... —lo llamé cuando escuché sus pasos dirigirse a la puerta.

—¿Sí?

—El sobre... ¿qué decía realmente?

Hubo un silencio largo. Podía imaginarlo allí de pie, con la mano en el pomo de la puerta, debatiéndose entre su necesidad de control y la creciente conexión que nos unía.

—Decía que el accidente fue solo el principio —respondió finalmente, y su voz sonó más sombría que nunca—. Alguien quiere que creas que yo soy el culpable para que te alejes de mi protección. Pero no les daré ese gusto.

La puerta se cerró y me quedé sola con el aroma de las peonías y el eco de su advertencia. Me levanté y caminé hacia el ventanal, dejando que la brisa nocturna enfriara mi rostro. El jardín abajo estaba en silencio, pero ahora cada susurro del viento me parecía una amenaza. ¿Y si Alexander tenía razón? ¿Y si alguien estaba usando mi ceguera para destruir la fusión entre nuestras familias? ¿O si él era el maestro de ceremonias de toda esta tragedia?

Pasé la siguiente hora tratando de recomponer mi mente. Decidí que no podía quedarme de brazos cruzados. Si Alexander me ocultaba cosas "por mi bien", yo tendría que encontrarlas por mi cuenta. Salí de la suite con cuidado, guiándome por el tacto de la pared de seda. Sabía que Alexander estaba en su despacho o en el comedor con Marcus, así que me dirigí hacia la biblioteca privada de su abuelo, un lugar que rara vez se usaba pero donde se guardaban los archivos familiares más antiguos.

El aire en la biblioteca olía a polvo, cera de abejas y olvido. Caminé con precaución, mis dedos rozando los lomos de cuero de los libros. Buscaba algo específico, un compartimento que el jardinero había mencionado una vez, un lugar donde el viejo Thorne guardaba los "asuntos sin resolver".

Me llevó tiempo, pero mis dedos encontraron una irregularidad en el panel de madera tras el escritorio principal. Un clic metálico resonó en la habitación y una pequeña puerta se abrió. Dentro, mi mano tropezó con carpetas de anillas y documentos sueltos. Al tacto, uno de ellos se sentía diferente: papel fotográfico.

Sentí que alguien entraba en la habitación. No eran los pasos pesados de Alexander, ni el taconeo de Hudson. Eran pasos ligeros, casi imperceptibles.

—Es una curiosidad peligrosa la que tienes, Elina —la voz de Marcus salió de las sombras, tan cerca que pude oler el rastro de su colonia cítrica.

—Marcus... —retrocedí, tratando de ocultar lo que había encontrado tras mi espalda.

—No te molestes. Sé lo que buscas. Buscas la prueba de que mi primo no es el caballero de armadura brillante que pretende ser —escuché cómo caminaba a mi alrededor, rodeándome como un depredador—. ¿Sabías que Alexander fue el último en ver tu coche antes de que salieras de casa aquel día? El peritaje dice que los frenos fueron manipulados en el garaje de esta mansión. No en la carretera, Elina. Aquí. Bajo sus ojos.

Sentí una punzada de dolor en el pecho. Las piezas empezaban a encajar de una forma monstruosa. Alexander comprando silencios, Alexander encerrándome "por mi seguridad", Alexander alejándome de todos...

—¿Por qué me dices esto? —pregunté, mi voz temblando por la rabia y el miedo.

—Porque no soporto ver cómo te consume —su mano rozó mi hombro, pero la aparté con asco—. Alexander no te quiere, Elina. Te necesita. Necesita que el mundo crea que es un marido devoto para que nadie mire debajo de la alfombra. El accidente te dio la debilidad perfecta para que él pudiera ser tu dueño absoluto.

—¡Vete de aquí! —grité, sintiendo que las lágrimas empezaban a nublar mi visión inexistente.

—Me voy. Pero quédate con esto: si de verdad quieres saber quién dio la orden, busca el archivo con el sello rojo. El que Alexander guarda bajo llave en su caja fuerte —escuché sus pasos alejarse, dejándome de nuevo en el silencio de la biblioteca.

Me quedé allí, temblando, con el papel fotográfico en la mano. La duda se había convertido en una certeza corrosiva. Si Marcus decía la verdad, el hombre que me había besado con tanta pasión hace apenas unas horas era el mismo hombre que me había condenado a vivir en las sombras.

Regresé a la suite antes de que Alexander volviera. Me metí en la cama, fingiendo dormir cuando escuché que la puerta se abría. Sentí su presencia acercándose, el peso de su cuerpo hundiéndose en el colchón a mi lado. Alexander extendió una mano y acarició mi mejilla con una delicadeza que me hizo querer gritar.

—Todo estará bien, Elina —susurró en la oscuridad, creyéndome dormida—. Pronto todo esto terminará y podré darte la vida que mereces.

Me quedé inmóvil, conteniendo la respiración, sintiendo cómo su calor me envolvía. Elina Colón, la esposa que no podía ver, acababa de comprender que la mayor mentira de su vida no era el contrato matrimonial, sino el hombre que dormía a su lado, sosteniendo las llaves de su prisión y, quizás, los fragmentos de su propia luz destruida.

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Clarita Gonzalez
estás istorias ya se están volviendo aburridoras asi
Clarita Gonzalez
😭😭😭😭😭
Clarita Gonzalez
Huy no está buena pero cuando terminara está istoria y como será el final no será esperar cuando pongan los otros capítulos q rrabia
Clarita Gonzalez
bueno escritora hasta cuándo esperamos los últimos capitulos ya muchas semanas y nada no deje las novelas a medias
Sonia Nalbandian
Holaa.. tendrías q buscar y utilizar otro término,ya q en infinidades de oportunidades repetis😭 SEXUALIDAD!!!
Clarita Gonzalez
🤭🤭😭😭😭
Clarita Gonzalez: q rrabia no termina las novelas completas y uno espere y espere semanas y nada
total 1 replies
Clarita Gonzalez
😭🤭
Melanny Guevara
no entendí, no la habían operado antes?
Clarita Gonzalez
😭😭
Clarita Gonzalez
hay q pereza lo dejan a uno en ascuas y la escritora no deja BN los capitulos ni los termina😭
Clarita Gonzalez
escritora lleva cuatro semanas q no escribe los capitulos de la novela porfavor son varias q se quedan así por falta de escritura
Clarita Gonzalez
cuando sube los otros capítulos escritora 👏
Clarita Gonzalez
hay escritora porq tan corto este capítulo porfavor no nos deje así en ascuas siga la lectura de la historia porfavor gracias eee dejado de leer varias novelas pensando q terminaban así 👏🥰
Clarita Gonzalez
faltan más capitulos escritora porfavor espero q estés BN para q termines los capitulos dios te bendiga grandemente tus manos para q sigas escribiendo 🥰
Luisana Carmona
me gusta el contraste de las palabras y la secuencia de la narración extensa que te atrapa y sigues leyendo cada palabra sin parar Hasta el final
Luisana Carmona
está novela oh es muy nueva o solo no comentan ☺️
Clarita Gonzalez
hay escritora q termine BN está istoria muy traumática para ellos pero el muy lindo como la proteje🥰
Betty Saavedra Alvarado
Elina te obligaron a casarte con Alexander tu le vas a dar guerra
Cliente anónimo
Por que en cada capítulo colocas al sensualidad ?
Clarita Gonzalez
escritora y como termina esta historia no hay final o sigue la otra parte y cuando
Clarita Gonzalez: si me gustó y mucho pero le falta para saber en qué termina esta maravillosa historieta 👏
total 1 replies
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