Cuando la curiosidad te quita tu primera vida.. significa ¿que deberías cambiar? Vesta no lo cree.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Duque Reed 3
Mientras el duque seguía riéndose, Vesta permanecía rígida en su asiento.
Pálida.
Muy pálida.
Con las manos apretadas sobre su falda magenta.
Y con una única conclusión en mente.
[La curiosidad sí mata.]
[Creo que esta es la segunda vez.]
[¡¿Por qué fui a ver qué ocurría en el pueblo?!]
[¡Debí quedarme bordando!]
Miró el jardín rojo.
Las rosas rojas.
La pérgola roja.
Al duque peligrosamente atractivo.
[El atractivo león me atrapó en su cueva.]
Finalmente, el duque apagó la pequeña llama que danzaba sobre sus dedos.
El fuego desapareció.
Vesta soltó un suspiro tembloroso.
—Ahora siéntese.. Negociaremos.
Ella lo miró con desconfianza.
Luego miró sus dedos.
Luego volvió a mirarlo.
—¿Promete que no volverá a hacer aparecer fuego?
—Por ahora.
—¿"Por ahora"?
—Siéntese, lady Vesta.
Tras unos segundos de duda, volvió a ocupar su asiento.
Pero manteniendo una prudente distancia.
—Entonces... ¿Qué quiere a cambio de guardar silencio?
El duque la observó unos segundos.
Y luego respondió con absoluta serenidad:
—Un heredero.
Vesta se quedó inmóvil.
Se levantó de golpe.
—¡¡¿QUÉ?!!
El eco de su grito resonó por todo el jardín.
Un pájaro salió volando de un árbol cercano.
El duque Reed apoyó la mejilla sobre su mano.
Y, para horror de Vesta...
Parecía divertirse.
—Escuchó bien.
—¡¡NO, NO ESCUCHÉ BIEN!!
—Quiero un heredero.
—¡¡ESO NO ES UNA PETICIÓN NORMAL!!
Él soltó una pequeña risa.
—Varios duques han contraído matrimonio en los últimos años.
—¡¿Y?!
—Algunos incluso son menores que yo.
—¡¿Y?!
—Quizás ha llegado el momento de pensar seriamente en la continuidad de mi casa.
Vesta lo señaló con indignación.
—¡Yo sólo vine a tomar té!
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—¡Quería agradecerle!
Lo miró con expresión horrorizada.
—¡Y ver a un hombre guapo!
El duque arqueó una ceja.
—¿Sólo eso?
—¡Sí!
Hizo una pausa.
—Bueno...
Desvió la mirada.
—Quizás también pensé que podría surgir algo más.
Lo volvió a mirar.
—¡Pero definitivamente no esperaba saltar directamente a una conversación sobre herederos!
Por primera vez, el duque pareció genuinamente sorprendido por la sinceridad brutal de aquella joven.
Vesta continuó hablando rápidamente.
—¡Tengo dinero!
—No tanto como yo.
—¡Podría compensarlo de otra manera!
—¿Cómo?
—¡Podría trabajar!
El duque soltó una carcajada baja.
—Lady Vesta.
Se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Soy un duque. Poseo recursos que superan ampliamente a los de la Casa Dupont. Y trabajadores mucho más capacitados que usted.
Vesta infló las mejillas.
—¡Puedo aprender!
La sonrisa del duque se hizo apenas más pronunciada.
—No lo dudo.
Su mirada oscura permaneció fija sobre ella.
—Pero el matrimonio es una posibilidad razonable que cualquier noble consideraría al pensar en herederos.
Vesta se quedó callada.
Y luego cruzó los brazos.
—Eso sigue siendo una locura para una primera cita.
—Técnicamente, no es una cita
—¡Eso lo empeora!
El duque volvió a reír.
El silencio se instaló entre ambos.
Vesta respiró profundamente.
Y poco a poco comenzó a recuperar la compostura.
Lo observó con más atención.
Seguía siendo atractivo.
Demasiado.
Pero ya no era únicamente el villano misterioso de una fantasía romántica.
Era un hombre real.
Mayor.
Pragmático.
Acostumbrado a pensar en deberes, sucesión y alianzas.
Mientras que ella...
Bueno.
Ella era una mujer que había muerto viendo un escándalo vecinal y despertado en el cuerpo de una noble.
No exactamente la candidata ideal para conversaciones sobre linajes.
Finalmente, Vesta suspiró.
—Duque Reed.
—¿Sí?
Lo fulminó con la mirada.
—¿Sabe qué es lo peor de todo esto?
Él la observó con curiosidad.
—¿Qué?
Vesta señaló su rostro.
—Que podría haberme convencido de otra forma
El duque parpadeó.
—Y eso complica muchísimo mi conciencia..
El silencio duró un segundo.
Dos.
Y luego el hombre soltó otra carcajada inesperada.
Una risa genuina.
Vesta aprovechó aquel instante.
Se levantó.
Retrocedió un paso.
Y señaló acusadoramente al duque.
—Necesito tiempo para procesar esta conversación.
—Lady Vesta.
—¡No!
Tomó su falda.
—Yo vine a tomar té.
Señaló la mesa.
—Hablar del clima.
Señaló el jardín.
—Comentar sobre escuelas.
Se señaló a sí misma.
—Y quizás coquetear un poco.
Señaló al duque.
—¡No vine preparada para discutir sobre la sucesión de un ducado!
El duque la miró.
Y una vez más aquella expresión divertida apareció en sus ojos.
—Entonces reflexione sobre ello.
Vesta dio otro paso hacia atrás.
—Lo haré.
Otro más.
—Muy lejos de aquí.
Y otro.
—Con mi padre.
Otro.
—Y mis proyectos educativos.
Otro.
—Y quizás escondida bajo una manta durante tres días.
El duque observó cómo retrocedía estratégicamente hacia la salida del jardín.
—Lady Vesta.
Ella lo señaló.
—¡Y no vuelva a sacar fuego de los dedos sin avisar!
—Lo tendré en cuenta.
Vesta lo miró unos segundos más.
El hombre seguía sentado bajo la pérgola roja.
Sereno.
Elegante.
Con aquella sonrisa apenas perceptible.
Y ella sintió una mezcla absolutamente absurda de emociones.
Estaba asustada.
Molesta.
Confundida.
Y, desgraciadamente...
Seguía encontrándolo atractivo.
[¿Por qué tenía que ser tan guapo?]
Dio media vuelta.
Y escapó del jardín con toda la dignidad que le permitían sus zapatos elegantes.
Mientras caminaba rápidamente por los pasillos de la Mansión Reed, sólo pudo pensar una cosa:
[Definitivamente...]
[Definitivamente necesito replantearme mis gustos en hombres.]
Hizo una pausa mental.
[...aunque sigo pensando que el atractivo león es muy guapo.]
Y luego añadió con una mezcla de frustración y resignación..
[Y eso probablemente será mi siguiente problema.]