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LA OSCURA TENTACIÓN DEL CEO

LA OSCURA TENTACIÓN DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor prohibido / Amor-odio
Popularitas:14.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Alexa Hills desprecia a su jefe, el arrogante y poderoso Azkarion DArgent, casi tanto como a su asfixiante deuda. Sin embargo, cuando un oscuro incidente destruye su estabilidad, la renuncia parece su única salida... hasta que Azkarion le presenta una oferta imposible de rechazar.

A cambio de su libertad financiera, Alexa deberá firmar un contrato de matrimonio y entregarse al mundo de un hombre con obsesiones ocultas y una tentación secreta que roza lo prohibido. Atada por un papel y rodeada de lujos peligrosos, Alexa descubrirá que el mayor riesgo no es el contrato, sino sucumbir a los deseos irresistibles que su "esposo" despierta en ella.

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capitulo 12

Me tomó de la barbilla, obligándome a mirarlo. Estábamos tan cerca que podía ver las pequeñas motas plateadas en su iris. Por un segundo, la máscara del CEO se agrietó y vi la sombra de aquel niño que lo perdió todo, el niño que solo entendía el mundo a través del control y la posesión.

—Esta noche vamos a asistir a una gala privada en el yate de los Miller —continuó, su voz bajando a ese tono aterciopelado que me desarmaba—. Quiero que lleves el vestido rojo que dejé en tu armario. Quiero que cada hombre en ese barco sepa que eres intocable. Y quiero que tú no olvides a quién perteneces cuando las luces se apaguen.

Se alejó antes de que pudiera protestar. Pasé el resto del día en un estado de nerviosismo absoluto. Llamé a mi padre desde un teléfono desechable, rogándole que no aceptara dinero de nadie, pero él sonaba eufórico, casi delirante. Me decía que "un viejo amigo" estaba haciendo justicia, que pronto no necesitaríamos el dinero de DArgent. Colgué con el corazón en la garganta. Alguien estaba tendiendo una trampa, y mi familia caminaba directamente hacia ella.

La noche llegó con una brisa marina fría que cortaba la piel. El yate de los Miller era una ciudad flotante de cristal y luces LED. Azkarion me ayudó a subir a bordo, su mano firme en mi cintura. El vestido rojo era una provocación: seda líquida que se abría en un tajo infinito hasta mi cadera y un escote que dejaba poco a la imaginación. Me sentía expuesta, una carnada de lujo en un nido de tiburones.

—Sonríe, Alexa —susurró Azkarion mientras caminábamos hacia el puente superior—. Eres la envidia de todas las mujeres de este barco.

—Y la presa de todos los hombres, según tú —repliqué, sintiendo las miradas lascivas de los socios de Azkarion.

Bebimos champán y hablamos de negocios, de cuotas de mercado y de expansiones internacionales. Yo era la decoración perfecta, la mujer inteligente y hermosa que validaba el estatus de Azkarion. Pero mi mente estaba en otro lugar. Buscaba el rostro que pudiera estar detrás de "Luz de Luna".

De repente, un hombre se separó de un grupo de inversores y se acercó a nosotros. Era joven, rubio, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos azules. Reconocí su rostro de las revistas de finanzas: Julian Vane, el hijo del detective que había escuchado en el despacho de Azkarion y uno de sus rivales más encarnizados.

—DArgent. Qué placer verte —dijo Julian, su mirada deslizándose descaradamente por mi cuerpo—. Y esta debe de ser la famosa Alexa. Las fotos no le hacen justicia. Tienes un gusto exquisito para las adquisiciones.

Azkarion tensó el brazo alrededor de mi cintura. La hostilidad entre ellos era casi tangible, una vibración pesada que hacía que el aire fuera difícil de respirar.

—No es una adquisición, Julian. Es mi prometida. Y te sugiero que mantengas tus ojos en tus propios negocios.

Julian soltó una risotada, balanceando su copa de cristal.

—Oh, claro. El amor. Ese concepto tan extraño para ti. Me pregunto qué pensará la dulce Alexa cuando descubra que su "salvador" tiene más en común con el diablo de lo que ella imagina.

—Ya lo sabe —respondí yo, sorprendiéndome a mí misma—. Y prefiere al diablo que conoce que a un oportunista que se esconde tras una copa de champán.

Julian levantó una ceja, impresionado. Azkarion me miró de reojo, y por un instante, vi un destello de orgullo genuino en su rostro. Me había defendido, o mejor dicho, nos había defendido.

—Interesante —murmuró Julian—. Espero que esa lealtad dure cuando las deudas empiecen a cobrarse de verdad.

Se alejó con una inclinación de cabeza. Azkarion me arrastró hacia una zona más privada del yate, lejos de la orquesta y el barullo. Me acorraló contra la barandilla, el sonido de las olas chocando contra el casco como fondo de nuestra disputa silenciosa.

—¿Por qué has hecho eso? —preguntó, su rostro a centímetros del mío.

—No me gusta que me utilicen para atacarte. Si alguien va a destruirte, seré yo, no un imbécil como él.

Azkarion soltó un suspiro ronco y apoyó la frente contra la mía. Por primera vez, no sentí el control, sino una vulnerabilidad electrizante. Sus manos subieron a mi rostro, sus dedos enredándose en mi cabello.

—Me vas a volver loco, Alexa —susurró—. Eres mi mayor castigo y mi única redención.

Me besó con una desesperación que me dejó sin aire. En medio del mar, rodeados de enemigos y mentiras, sus labios eran lo único que se sentía real. Le devolví el beso con una rabia hambrienta, mis manos aferrándose a su chaqueta, queriendo arrancarle la verdad y la ropa al mismo tiempo. El deseo era un incendio que no podíamos apagar, una fuerza que nos empujaba a los dos hacia el abismo.

—Dime que eres mía —gruñó contra mis labios—. Di que este contrato no importa porque ya te pertenezco.

—Soy tuya porque tú lo decidiste —respondí, mi voz quebrada por la pasión—, pero no esperes que te lo diga con una sonrisa.

Me tomó en sus brazos y me llevó hacia uno de los camarotes privados del yate. La habitación era pequeña, lujosa y olía a sal y madera. Me arrojó sobre la cama y se deshizo de su chaqueta con una urgencia que nunca le había visto. Se abalanzó sobre mí, sus manos recorriendo mis muslos, subiendo por la seda roja del vestido hasta encontrar mi piel desnuda.

Cada roce era una batalla. Sus besos bajaban por mi cuello, mordiendo la piel sensible, arrancándome gemidos que se perdían en el rugido del motor del barco. Yo buscaba su piel, desabrochando su camisa, queriendo sentir el latido de su corazón contra el mío. En ese espacio cerrado, la sensualidad se volvió abrumadora. Éramos dos fuerzas de la naturaleza chocando, destruyéndonos y reconstruyéndonos en cada caricia.

—Dilo, Alexa... —su voz era un susurro roto mientras se movía entre mis piernas, su mirada plateada clavada en la mía con una intensidad que me quemaba.

—No —logré decir, aunque mi cuerpo se arqueaba hacia él, buscando la consumación de ese deseo insoportable.

Él se detuvo un segundo, su rostro transformado por una emoción que no supe identificar. Dolor, necesidad, obsesión. Se inclinó y me besó con una ternura que me asustó más que su furia. Fue un beso largo, profundo, que parecía querer sellar nuestras almas en un pacto que no estaba escrito en ningún papel.

Nos entregamos al deseo con una ferocidad que nos dejó exhaustos, perdidos en un mar de sensaciones que no tenían nombre. Por un momento, el yate, la fusión, Julian Vane y la venganza desaparecieron. Solo quedaba el calor de nuestros cuerpos y la certeza de que, hiciéramos lo que hiciéramos, ya no podíamos escapar el uno del otro.

Horas después, cuando regresamos a la fiesta, el ambiente había cambiado. Julian Vane estaba hablando con un grupo de periodistas en la entrada. Al vernos aparecer, nos dedicó una sonrisa triunfal.

—Señor DArgent, qué oportuno —dijo uno de los reporteros, acercándonos un micrófono—. Acabamos de recibir una noticia de última hora. Parece que la empresa Hills & Co ha declarado una bancarrota fraudulenta y las autoridades están buscando al señor Arthur Hills para interrogarlo. ¿Tiene algo que decir al respecto, considerando su reciente compromiso?

Sentí que el mundo se detenía. Miré a Azkarion, esperando ver sorpresa, pero su rostro era una máscara de hielo absoluto. No me miró. No apretó mi mano.

—No tengo comentarios sobre los asuntos legales de terceros —dijo con una voz que no reconocí.

Me soltó y caminó hacia la salida, dejándome sola frente a los flashes y las preguntas asesinas. En ese instante, comprendí que Julian Vane no era el único que jugaba sucio. Azkarion lo sabía. Lo había planeado todo. La gala, el vestido, el beso... todo había sido una distracción para que su equipo terminara de destruir a mi padre mientras yo estaba en sus brazos.

La oscuridad me envolvió de nuevo, pero esta vez no era la oscuridad del deseo, sino la del odio más puro. Me quité el anillo de diamantes y lo lancé al suelo del yate, viendo cómo rodaba hacia la borda. No iba a ser su trofeo nunca más. Si él quería una guerra, yo le daría un infierno que ni todo su dinero podría apagar.

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Elizabeth Delvicier
honestamente cuántas quisieran alg🪳 que les solucione las deudas
Kelys Leal
pero al comienzo dice que la mamá de ella está viva cuando llega al apartamento a decirle q se tenía que ir q la habían acendido
Ada Zulma Lopez
una hermana, prima guuauu 😂😂
Ada Zulma Lopez
wow!!🤷tantas revelaciones ya me perdí jajaja!,,,!pero es un lindo amor si se perdona 💘🌟🌹✨️
Ada Zulma Lopez
tal vez tenga una chance huir no va a poder ,, solo queda enamorarlo🤷💘😂
Ivana Carrazán
hermosa novela pero vi que dice q la madre murió de ella, cuando en capítulos anteriores estaba sacando cuentas y le hizo los panqueques de despedida. aparte habla de un accidente que nunca antes se nombró.
Kelys Leal: aso mismo digo yo por q la mencionan a ella que le hizo todo eso y después dice q está muerta n{ entiendo
total 1 replies
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