Para asumir el mando de la mafia, Alessandro debe estar casado.
Implacable y hecho para la violencia, el príncipe de la mafia de Monreale nunca mostró bondad. Hasta que su camino se cruza con el de un joven llamado Nicolò, que despierta en él una obsesión peligrosa.
Y al descubrir las marcas dejadas por años de abuso y crueldad familiar, algo cambia en él. Aunque su instinto de posesión ya lo hace ver a ese extraño joven como su propiedad, se atreve a plantearse un desafío:
Antes de revelar la verdad y llevarlo al altar, quiere que Nicolò se enamore de él.
—Tu cuerpo ya me pertenece, aunque no lo sepas, pero también quiero tu corazón. —A. Morreale
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Capítulo 8
Al día siguiente, Alessandro no apareció en el mismo punto. Alessandro sabía que las personas heridas desconfían de patrones y él, como un cazador experimentado, reconocía eso.
Observó a Nicolò tomar una botella pequeña de jugo y un pequeño trozo de tarta y sentarse en un banco de la plaza. Aquello lo intrigó más que en los días anteriores, cuando Nicolò solo salía a hacer pequeños, aunque a menudo pesados, trabajos por la vecindad.
Aquello le pareció un momento que Nicolò se permitía relajar. Alessandro caminó hasta la tienda y pidió las mismas cosas que Nicolò y caminó despreocupadamente hasta donde el muchacho estaba.
—Buongiorno — dijo Alessandro, sentándose cerca de Nicolò, pero no mucho.
—Buongiorno! — respondió sin mirar al otro hombre, sin embargo, aquella voz le sonó familiar y Nicolò lo miró de soslayo.
—Mañana agradable, ¿no crees? — dijo Alessandro, intentando sonar casualmente.
"¿Pero qué diablos es esto que estoy hablando? Mejor que Marco no lo sepa o va a decir que me estoy ablandando y si eso llega a oídos de aquel viejo decrépito que amo, mi ascenso como Don va a demorar más que mis planes..."
Nicolò no respondió, solo miraba a aquel hombre, pero sin encararlo. Era extraño la cantidad de veces que caminó por allí y nunca lo había visto, pero después de que se tropezaran, parecía que aquel hombre vivía allí, pues siempre se encontraban de un modo u otro. Nicolò se levantó para salir, pero Alessandro sujetó la mano de Nicolò y enseguida la soltó.
—Disculpa, si te vas a levantar por mi causa, yo no muerdo — dijo, aunque pensó: "todavía no y te garantizo que te va a gustar."
Nicolò se sentó nuevamente, pero no sabía exactamente por qué había hecho eso.
Alessandro extendió la mano.
—Alessandro.
Nicolò tardó algunos segundos antes de extender la mano un poco trémula y llena de callos.
—Nicolò.
Los dos continuaron en silencio, hasta terminar de comer. Nicolò entonces se levantó y dijo que necesitaba irse.
—¿Trabajo? — preguntó Alessandro, aunque supiera exactamente la respuesta.
—Digamos que sí — dijo Nicolò alejándose.
Después de aquel día, los encuentros se hicieron más recurrentes y frecuentes. A veces, se quedaban sentados en silencio. Nicolò parecía gustar de aquello, aunque no supiera explicar por qué, tal vez fuera por tener alguien con quien conversar, alguien que no le estuviera dando órdenes todo el tiempo o aprovechándose de él de alguna forma.
Por primera vez, desde que Nicolò recuerda, él sentía que existía, sentía como era bueno sonreír de cosas simples y bobas. Por primera vez, en mucho tiempo, él no quería solo sobrevivir; él quería vivir. E incluso que no supiera de dónde venía esa voluntad, él se aferraba a ella y a los pequeños momentos que vivía al lado del nuevo amigo para aguantar los momentos de tormento que pasaba en casa.
Aunque Alessandro hubiera dejado bien claro para Vicenzo que no quería ver a su novio h3r1d0 nuevamente, no fue lo que sucedió y de vez en cuando, el muchacho aparecía con un h3m4t0m4 nuevo oculto. Pero Alessandro percibía y cada vez que veía que Nicolò estaba l4st1m4d0, un impulso casi vi0l3nt0 de sacar a Nicolò de cualquier lugar donde alguien osara tocarlo, invadía su mente.
Y esa sensación lo irritaba, pues él no estaba acostumbrado a ser un protector. Muy por el contrario, él era una máquina de combate, estaba acostumbrado a d0m1n4r, controlar, r0mp3r y m4t4r.
Ser gentil, cuidadoso y protector era algo nuevo y muy diferente para él.
—Necesitas poner la cabeza en su lugar, Alex. Estás pensando solo con la cabeza equivocada... Es el segundo cargamento que desvían bien debajo de nuestras narices. Toma luego al muchacho para ti, sácalo de allá, j0d4n un poco o mucho... Pero, necesitamos al viejo Alessandro Giordano Morreale.
Alessandro escuchó las palabras de Marco y sabía que el amigo tenía razón. Él se había involucrado mucho con Nicolò y el miedo que el muchacho descubriera su identidad lo hizo dejar de lado los asuntos de la mafia que era su vida y su ambición.
—Tienes razón, Marco. Voy a m3t3r mi cabeza de abajo en algún aguj3r0 y colocar la de arriba para pensar en cómo pillar a los miserabl3s que pillaron los cargamentos. Mientras tanto, quiero que veas quién estaba responsable por las cargas y tenga una conversadita con ellos.
Marco asintió y se alejó de Alessandro que se retiró para su cuarto a fin de tomar un buen y relajante baño.
Después del baño, él dirigió hasta una de las casas de entretenimiento y llamó un muchacho y una muchacha para acompañarlo hasta el cuarto.
Aquellos dos ya conocían los f3t1ch3s del jefe y cuando la puerta se cerró detrás de ellos, la performance comenzó.