Kareena es una joven de 16 años que será forzada a contraer matrimonio con un hombre para salvar a su familia.
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Me haría el honor de concederme este baile.
Kareena con el pasar de los días, solo se sentía más triste, ella anhelaba los besos y caricias de su esposo, lo necesitaba a su lado, pero tal vez él no la extrañaba, y era cierto lo que Sebastián había dicho, tal vez él tenía mujeres en cada pueblo, él no había escrito ninguna carta, no había respondido a las suyas, ella sufría pues no podía exigirle nada, siempre venía a su mente que él la había rescatado de una peor vida, decidió dejar de pensar en eso, se preparó para el Baile al que asistiría está vez sola, pues Carl tendría que arreglar unos asuntos urgentes, así que era más difícil asistir, pues ni siquiera tendría la compañía del que se había convertido en su amigo Carl.
Carl se había ofrecido a acompañarla al Baile, y él iría por ella también, ya que los viajes de la Emperatriz no podía ir sola, Carl le explicó que unos guardias estarían a su lado en todo momento, nada le pasaría, ni nadie la molestaría.
-Aun así Carl, será muy aburrido sin ti, estos bailes son tan largos, y yo no estoy de humor pero tengo que asistir en nombre de Donovan.
-Así es su Majestad, tiene usted que asistir, pero no se preocupe disfruté el baile, tal vez encuentre como divertirse, algún buen hombre con quien bailar, es normal que al venir sola, algún caballero le pida una pieza, no se niegue, si eso sucede, es parte de las labores de su Majestad en estos eventos.
Kareena no entendía por qué Carl le decía eso, él sabía que ella no bailarina con nadie más que su esposo, así que eso no pasaría. Pero le restó importancia.
Al llegar al lugar, Carl bajo del carruaje y ayudo a bajarse a la Emperatriz, él tenía una sonrisa que era raro pues era muy serio normalmente.
-Estás muy raro el día de hoy, estás feliz por algo?
-No por nada, luce usted muy bella su Majestad, espero disfruté la fiesta, nos vemos.
Kareena lo despidió y entró al gran salón, al presentarla los nobles iban a saludar y hacían reverencias, ante ella, ella veía a los invitados, sin ningún tipo de emoción, quería volver por donde había llegado, extrañaba a Donovan y encima Carl la había dejado sola, sería una fiesta interminable.
Estuvo hablando con algunas damas, siguiendo sus conversaciones tan aburridas, hablaban del chismorreo, de ropas, de joyas, cosas que a Kareena le resultaban tan aburridas, pero tenía que estar ahí poniendo una buena cara.
Kareena estaba a punto de salir corriendo, ese ambiente la aturdía, y ella solo quería tomarse un respiro, cuando sintió a alguien tomar su cintura por la parte de atrás, ella vio a todos los presentes con cara de asombro, ella pensó quien es el atrevido que me abraza, y sin darse tiempo a reaccionar se vio girada hacia el hombre a sus espaldas, quedando frente a él.
Ahí estaba tan deslumbrante, tan guapo, tan perfectamente vestido, su amado y añorado esposo, él había viajado para poder verla, estar con ella, ya que Carl le mando un mensaje, sobre lo que había pasado con el Duque Sebastián, de como ella había dudado del amor de su esposo, de como lo echaba de menos y como se veía tan triste, Donovan al leer el mensaje no lo dudo y comenzó el viaje de regreso, dejando a Albert a cargo de los pueblos que hacían falta, el tenía que regresar a ver a su amada Kareena, así como ella, él también la extrañaba mucho, el viaje fue pesado pero llegó justo a tiempo para darle la sorpresa, ella al verlo no pudo evitar derramar lágrimas de felicidad, el saco su paño las limpio, y la beso, frente a todos, su beso era la mayor demostración del amor que el Emperador sentía por su Emperatriz. Los invitados quedaron encantados por ver a la hermosa pareja.
-Mi bella Emperatriz, yo vine antes, pues quería pedirle un gran favor.
-Me da mucho gusto verte, que es lo que necesitas, mi querido y entrañable esposo.
Donovan vio con una sonrisa a Kareena, ella se veía tan hermosa con un vestido en color azul turquesa que dejaba una vista hermosa de sus pechos y resaltaba su cintura, ella poseía una gran belleza, y él estaba deseoso de tomarla, de hacerla suya, pero primero.
-Me haría el enorme honor de concederme este baile, mi bella Emperatriz.
Kareena recordó que Carl, le había dicho que si alguien le pedí a un baile no se negara, tal vez él tenía que ver con que su esposo volviera antes.
- Por supuesto sería un gran honor para mí, concederle este baile.
Donovan se inclinó hacia ella, hizo una reverencia ante su Emperatriz, si él lo hacía, todos en el Baile lo seguían, ella era la mujer más importante del imperio, y su Emperador le daba su lugar.
Ambos caminaron hacia la pista, Bailaron por un buen rato, él la veía con tanto amor, la había extrañado, todo el tiempo que estuvo fuera. Sabía lo que había pasado con Sebastián, se encargaría de eso más adelante, pero esa noche la haría suya y le demostraría que él no tenía más mujer que ella, su cuerpo sus pensamientos le pertenecían a ella, a su mujer, él no podía ver a nadie como a ella, no sentía deseos más que por su mujer, su amada Kareena.
Llegó la hora de marcharse al Palacio, al subir al carruaje, Donovan ya no soportaba las ganas de poseer su cuerpo, habían sido varios meses sin estar con ella, sin poder derramar su pasión, así que él no podía esperar al Palacio, la haría suya ahí mismo.
Después de varios besos apasionados, Donovan comenzó a desatar los cordeles de su pecho, para dejar al descubierto sus enormes cimas, él besaba cada pecho y acariciaba con sus manos haciendo que ella comenzará a ponerse húmeda, sentía el calor sé ambos cuerpos, ella lo había necesitado tanto, así que disfrutaba de sus besos, por sus pechos, Donovan la tomó en sus brazos y la acomodó encima de él dejando sus pechos frente a él.