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Villana Por Destino, Reina Por Elección.

Villana Por Destino, Reina Por Elección.

Status: Terminada
Genre:Romance / Mundo mágico / El Ascenso de la Reina / Completas
Popularitas:11.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad

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Capítulo 23

Alessia asintió. Se enderezó, recuperando su compostura real. Caminó hacia el centro de la sala, donde el suelo de mármol estaba más despejado.

—Silas —llamó ella. El comandante regresó rápidamente—. Traed a los representantes de los gremios. Traed a los capitanes que se rindieron. Traed a los ancianos de la Ciudad Baja. Que vengan aquí, a este lugar de ruina.

—¿Aquí, mi señora? —preguntó Silas, mirando los escombros—. El Gran Salón de los Pasos Perdidos sería más... apropiado.

—No —dijo Alessia con firmeza—. Quiero que vean lo que queda de su antiguo mundo. Quiero que sientan el olor a ceniza. No quiero que este reinado comience con alfombras rojas y música de arpas. Quiero que comience con la realidad de lo que cuesta la libertad.

°°°

El Trono de la Voluntad

Mientras los soldados partían a cumplir sus órdenes, Alessia se volvió hacia el trono destrozado. El Trono del Sol era una pieza de artesanía exquisita, pero representaba todo lo que estaba mal en Vyrwel: la exclusividad, la herencia de sangre, la luz hipócrita.

Extendió su mano y la oscuridad fluyó de ella, pero esta vez no era destructiva. Las sombras empezaron a envolver los restos del mármol y el oro. Trabajó con una precisión quirúrgica, fusionando la piedra con la energía del Abismo.

Bajo la mirada asombrada de Valerius, un nuevo trono empezó a tomar forma. No era de oro, sino de una obsidiana tan pura que parecía beberse la luz de las antorchas. Su respaldo era alto y afilado, recordando a las alas de un cuervo o a las espinas de una rosa negra. No tenía adornos innecesarios; su belleza residía en su solidez y en su oscuridad.

—El Trono del Sol ha muerto —declaró Alessia, su voz proyectándose hacia las sombras—. Este es el Trono de la Voluntad. Aquí no se sentará nadie por nacimiento. Se sentará quien tenga la fuerza para sostener el peso de un reino entero sobre sus hombros.

Se sentó en él. El contacto con la piedra fría le dio una sensación de paz que no había sentido en toda su vida. Por primera vez, no sentía que estaba ocupando un lugar ajeno. Estaba en su hogar.

Valerius se arrodilló ante ella, no por obligación, sino por elección.

—Mi Reina —dijo él, y por primera vez, el título no sonaba como una burla o un plan de guerra. Sonaba como una verdad absoluta.

°°°

El Encuentro con el Pueblo

Horas más tarde, los líderes de la ciudad empezaron a llegar. Entraban con pasos vacilantes, mirando con horror las ruinas del palacio y con un miedo reverencial a los soldados Sombríos que flanqueaban el camino.

Cuando llegaron a la Sala del Trono, se detuvieron en seco. Allí, sentada en un trono de oscuridad, flanqueada por el Lobo Negro y el espectro de su propio poder, estaba la mujer que habían llamado traidora.

Un anciano, el líder del gremio de comerciantes, dio un paso adelante. Sus manos temblaban tanto que tuvo que esconderlas en sus mangas.

—Lady Alessia... —comenzó, pero se corrigió al ver la mirada de Valerius—. Mi Reina. Estamos aquí porque nos han ordenado venir. La ciudad está en caos. Los graneros están vacíos, la magia de protección ha desaparecido y... el Rey Caleb ha caído. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Viene a terminarnos?

Alessia lo miró largamente. No había odio en sus ojos, solo una evaluación fría.

—Si quisiera terminarlos, anciano, no estarían aquí —dijo ella, y su voz llenó la sala sin esfuerzo—. Estarían bajo los escombros con los cimientos de este palacio.

Se puso de pie y bajó los escalones del trono. Cada uno de los presentes retrocedió un paso, pero ella se detuvo frente a ellos.

—Escuchen bien, porque solo lo diré una vez —dijo Alessia—. Vyrwel ha vivido durante siglos bajo una mentira cómoda. Sus reyes sacrificaron a sus hijos para que ustedes pudieran dormir tranquilos. Les dieron una paz comprada con sangre inocente. Ese tiempo ha terminado.

Caminó entre ellos, su capa de sombra rozando sus ropas.

—No les prometo una edad de oro. No les prometo que no habrá hambre ni dolor. Les prometo la verdad. Les prometo que no habrá más contratos ocultos ni sacrificios en la oscuridad. El que trabaje, comerá. El que traicione, morirá. Y el que busque la justicia, la encontrará en este trono.

Una mujer joven, una de las capitanas de la Guardia Real que se había rendido, levantó la cabeza.

—¿Y por qué deberíamos confiar en usted? —preguntó, con una valentía que hizo que Valerius pusiera la mano en su espada, pero Alessia lo detuvo con un gesto—. Usted es la que trajo el Abismo a nuestras puertas.

—Confíen en mí porque soy la única que conoce la verdadera cara del enemigo —respondió Alessia—. Confíen en mí porque fui la que sobrevivió a lo que ustedes ni siquiera se atreven a imaginar. No busco su amor. El amor es voluble y se compra con promesas vacías. Busco su respeto. Y lo ganaré, día tras día, reconstruyendo lo que la cobardía de sus líderes permitió que se pudriera.

Se volvió hacia Valerius.

—Valerius, abre los graneros reales. Reparte la comida entre la Ciudad Baja y los refugiados. Silas, toma a tus hombres y asegura los muros. No somos conquistadores; somos la nueva guardia. Si alguien intenta saquear o herir a un civil, su vida será el precio.

Los presentes se miraron entre sí. El miedo seguía allí, pero algo nuevo empezaba a brotar: una chispa de alivio. Por primera vez en décadas, tenían una dirección clara. No había intrigas palaciegas ni susurros de sacerdotes. Había órdenes, y había una mujer que parecía capaz de sostener el mundo con una mano.

—Pueden irse —dijo Alessia—. Mañana, al amanecer, comenzará el censo. Todos los que quieran quedarse en la nueva Vyrwel serán bienvenidos. Los que no... tienen hasta el mediodía para cruzar la frontera. No habrá persecuciones, pero tampoco habrá regreso.

Uno a uno, los líderes hicieron una reverencia y se retiraron. Sus rostros estaban pálidos, pero sus pasos eran más firmes que cuando entraron.

°°°

La Soledad del Mando

Cuando la sala volvió a quedar vacía, Alessia se sentó de nuevo en el trono de obsidiana. La adrenalina estaba desapareciendo, dejando un vacío helado en su lugar.

Valerius se acercó y se sentó en los escalones a sus pies. Le tomó la mano, entrelazando sus dedos con los de ella.

—Lo hiciste bien —dijo él.

—¿De verdad? —preguntó ella, cerrando los ojos—. Siento que les he dado una carga demasiado pesada.

—Les has dado la realidad, Alessia. Es la carga más pesada de todas, pero es la única que permite a un hombre caminar erguido.

Se quedaron así durante mucho tiempo, mientras el cielo empezaba a aclararse. A través de las grietas del palacio, los primeros rayos de luz del nuevo día empezaron a filtrarse. Pero no era la luz dorada y cegadora de los Reyes de Oro. Era una luz pálida, plateada, que iluminaba las sombras sin borrarlas.

Alessia miró sus manos. La marca de la profecía en su palma seguía allí, pero ya no pulsaba con el dolor del Abismo. Estaba silenciosa, como una herida que finalmente ha cicatrizado.

—¿Crees que alguna vez me perdonarán? —preguntó ella.

—Algunos lo harán —respondió Valerius—. Otros te odiarán hasta el día de su muerte. Pero todos sabrán que, cuando el mundo se sumergió en la oscuridad, tú fuiste la que sostuvo la antorcha.

Alessia sonrió, y esta vez, la sonrisa llegó a sus ojos violetas.

—Entonces que así sea.

°°°

La Proclamación

Al amanecer, Alessia salió al balcón principal de las ruinas del palacio. Abajo, miles de personas se habían reunido. El silencio era total.

Ella no llevaba corona. Su cabello blanco ondeaba al viento, brillando como la plata. A su lado estaba Valerius, y detrás de ella, el ejército de proscritos que la había seguido desde el fin del mundo.

Alessia no necesitó magia para que su voz se escuchara. El silencio de la multitud era su amplificador.

—Pueblo de Vyrwel —dijo ella—. El sol de los Ashworth se ha puesto. El reinado de la mentira ha terminado. Yo no soy su salvadora, y no pretendo serlo. Soy Alessia, la que regresó de la muerte. Soy su Reina, no por sangre, sino por voluntad.

Señaló hacia el horizonte, donde las tierras del reino se extendían bajo la luz de la mañana.

—Hoy, enterramos nuestro pasado. Hoy, dejamos de ser víctimas de los dioses y de los reyes cobardes. A partir de este momento, cada uno de ustedes es dueño de su destino, siempre y cuando tengan el valor de defenderlo.

Se giró hacia Valerius, quien le entregó una espada sencilla, de acero oscuro. Alessia la levantó hacia el cielo.

—¡Por la voluntad! ¡Por la verdad! ¡Por la nueva Vyrwel!

El grito que surgió de la multitud no fue un grito de guerra. Fue un rugido de liberación que se escuchó hasta en las montañas más lejanas.

Alessia bajó la espada y miró a Valerius. El camino por delante sería difícil. Habría rebeliones, hambre, dudas y enemigos que buscarían su caída. Pero mientras miraba los ojos del hombre que la amaba y sentía el poder del Abismo bajo su control, supo que no importaba.

Ella ya no era la pieza de un juego de ajedrez divino. Ella era la jugadora.

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Seok
Excelente
Sara Rojas Retamal
y no tuvieron hijos?🤭
MARIA FERNANDA OSPINO PAHUANA
excelente
Barbara Cecilia Barraza Vega
buenísima me encantó mucho !!!! 🤩🤩🤩
Maria Elena Gomez
Bueno
Roxana C Añez
Muyyyy buena novela, devoré sus páginas, adoro cuando son cortas y sin tantas vueltas y personajes de relleno. Me gusta tu forma de escribir, gracias por compartir tu hermoso don, un abrazo.
Olga Lidia Leal
maravillosa, gracias
Lorena Itriago
Excelente Novela, Felicidades
Para trabajo Y negocios
Me encantó 🙏🏻🥰
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