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MI ESTUPIDO NIÑERO

MI ESTUPIDO NIÑERO

Status: Terminada
Genre:Romance / Niñero / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa




Mariana De Santis es la única heredera de una familia adinerada, acostumbrada a tener todo lo que desea al instante. Con diecisiete años, está convencida de que puede valerse por sí misma, pero sus padres la ven aún como una niña indefensa.

Cuando deben viajar a Estados Unidos por negocios, ella sueña con quedarse sola y disfrutar de libertad… hasta que le anuncian que quien la cuidará será Valentino Vivaldi, hijo de sus mejores amigos y socios. Mariana se enfurece y decide hacerle la vida imposible desde el primer día: se escapa, cambia horarios, inventa excusas y lo desafía en todo.

Sin embargo, entre discusiones y encuentros inesperados, la hostilidad se transforma lentamente en un amor profundo y recíproco.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 11

A la mañana siguiente, el sol entraba suavemente por las ventanas de la cocina. Valentino estaba sirviendo el café cuando escuchó pasos en el pasillo. Al levantar la vista, vio entrar a Mariana. No venía con el ceño fruncido ni con la mirada desafiante como siempre. Caminaba tranquila, con el cabello suelto y una expresión serena.

—Buenos días —dijo, casi sin darse cuenta, mientras tomaba asiento a la mesa.

Valentino se detuvo con la taza en la mano, sorprendido por su tono de voz.

—Buenos días, Mariana. ¿Dormiste bien?

—Sí, bastante —respondió ella, tomando una fruta del cuenco—. Gracias por esperarme ayer. Y por… escucharme.

Él sonrió con cautela, sin querer emocionarse demasiado pronto.

—No tienes que agradecerlo. Me gusta que nos entendamos mejor.

Mariana asintió, mirando por la ventana un instante.

—No prometo que deje de quejarme a veces. Pero… no tiene sentido pelear todo el tiempo. Solo nos hace sentir mal a los dos.

—Estoy completamente de acuerdo —dijo él, sentándose también—. No necesitamos ser enemigos. Podemos llevarnos bien, poco a poco, a tu ritmo.

Durante los días siguientes, la casa cambió. Ya no había portazos ni respuestas cortantes ni salidas a escondidas. Cuando Mariana iba a salir, le decía a dónde iba y a qué hora volvería. No como una obligación, sino como algo natural. Y Valentino le daba su espacio, sin hacer preguntas innecesarias, solo asegurándose de que estuviera bien.

Una tarde, él estaba arreglando unos libros en la estantería de la sala cuando ella entró con una taza de té en la mano. Se detuvo un momento y lo miró.

—¿Necesitas ayuda con eso? —preguntó, sorprendiéndose a sí misma por ofrecerlo.

Valentino se giró, con una pequeña sonrisa de gratitud.

—No es necesario, pero si quieres acompañarme un momento, no me molesta en absoluto.

Ella tomó un libro y lo colocó en su sitio con cuidado.

—Es extraño… —murmuró—. Antes sentía que eras un intruso en mi propia casa. Ahora… casi se siente bien que estés aquí.

—Me alegra escucharlo —dijo él con suavidad—. Nunca quise ser un intruso. Solo quería estar ahí si me necesitabas.

—Y si te necesito… —lo miró de reojo—, ¿de verdad vendrías? Sin importar qué?

—Sin importar qué —confirmó él, encontrándose con su mirada—. Siempre estaré aquí, Mariana. Lo prometo.

Ella apartó la vista antes de que él viera lo mucho que esas palabras le significaban, pero una pequeña sonrisa se le escapó de los labios.

—Está bien. Te creo. Por ahora.

Valentino rio bajito.

—Eso es más que suficiente para empezar.

El ambiente en la casa ya no era tenso ni pesado. Se respiraba calma. Y aunque ninguno de los dos lo dijo en voz alta, ambos sabían que algo muy especial estaba empezando a crecer entre ellos.

Una tarde lluviosa, Mariana entró a la sala con su cuaderno de notas en la mano. Se detuvo un momento, indecisa, y luego se sentó en el sofá, a cierta distancia pero cerca de él.

—¿Te molesta si me quedo aquí escribiendo? —preguntó en voz baja—. La sala está más iluminada que mi cuarto.

—Claro que no me molesta —respondió él sin levantar la vista de su libro—. Es tu casa, Mariana. Siéntete libre en cualquier lugar.

Ella sonrió levemente y abrió el cuaderno. Pasaron unos minutos en silencio, solo el sonido de la lluvia afuera y el lápiz deslizándose sobre el papel. De pronto, él habló suavemente:

—¿Sobre qué escribes hoy?

Ella dudó, mordiéndose el labio.

—Sobre alguien que… al principio parecía diferente a como era en realidad. Alguien que no se rinde.

Valentino la miró de reojo con una sonrisa suave:

—¿Es alguien que conoces?

—Quizás —respondió ella, cerrando el cuaderno un poco apenada—. No te hagas ideas. Es solo una historia. Nada más.

—No dije nada —se rio él bajito—. Y sea quien sea, suena a que es alguien importante para el personaje.

Mariana se quedó callada un instante, mirando cómo caía la lluvia por la ventana.

—Sí… creo que lo es. Más de lo que él se imagina.

 

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Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias
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