Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..
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EP 4: - Perspectiva de Isaac 2
Había pasado una semana desde la primera vez que entré a Noir Coffee.
Siete días.
Ciento sesenta y ocho horas desde que vi a Maeve por primera vez detrás de aquella barra.
No recordaba haber tomado una decisión consciente de volver al día siguiente. Simplemente había regresado.
A las 3:30, Exactamente a las 3:30.
La cafetería tenía algo que me resultaba insoportablemente tranquilo. El sonido de las tazas, la máquina de café, las conversaciones apagadas de los clientes, la lluvia golpeando los cristales. Todo parecía funcionar con una rutina perfectamente predecible.
Y yo necesitaba eso.
La misma mesa.. La número 6.
Al fondo, lejos de la puerta y de las ventanas.
Desde allí podía ver la barra, Podía verla a ella.
La primera vez que entré, Maeve apenas me prestó atención. Me preguntó qué quería, anotó el pedido y se marchó.
Americano negro: Sin azúcar.
No había nada especial en la orden.
Pero la segunda vez que regresé, ella recordó el café. La tercera, ya no tuve que decir nada.
Eso fue lo primero que me llamó la atención. La memoria, Maeve observaba más de lo que aparentaba.
Así que empecé a observarla también.
No era algo que necesitara esfuerzo. Desde la mesa 6 podía seguir sus movimientos sin levantar demasiado la cabeza.
A las siete y media llegaba Sasha.
Maeve normalmente ya estaba trabajando.
A veces acomodaba las tazas. Otras veces limpiaba las mesas. Algunas mañanas parecía distraída mientras miraba por la ventana.
Yo aprendí sus pequeños hábitos sin proponérmelo.
La forma en que sujetaba una bandeja, La manera en que se apartaba el cabello cuando estaba ocupada, El pequeño movimiento que hacía cuando alguien dejaba una mesa demasiado desordenada, La forma en que miraba el reloj cuando se acercaban las tres.
Detalles insignificantes, Detalles que nadie parecía notar. Yo sí.
Y cuanto más los reconocía, más fácil era saber dónde estaría.
Eso fue lo que hizo que empezara a aparecer a las 3:30.
Siempre a la misma hora, Siempre en la mesa 6, Siempre con el mismo café.
No necesitaba hablar con ella, No todavía.
Prefería observar.
Durante los primeros días, Maeve parecía no darse cuenta.Después empezó a hacerlo.
Lo noté una tarde cuando levantó la mirada desde la barra y nuestros ojos se encontraron durante apenas un segundo.
Apartó la mirada inmediatamente.
Sonreí apenas, No porque me causara gracia.Porque había confirmado algo.
Ya sabía que la estaba mirando, Sasha también se dio cuenta.
—Maeve, nunca lo vi así —dijo una tarde mientras lavaba unas tazas.
Yo no podía escuchar cada palabra desde la mesa 6, pero sí lo suficiente.
—Antes venía, miraba la ventana como un fantasma y se iba. Ahora no te saca los ojos de encima.
Maeve respondió algo que no alcancé a entender.
No importaba.
Yo seguí mirando mi café.
Ella intentó ignorarme, Eso también era fácil de notar.
Cuando llegaba a mi mesa, dejaba la taza y se marchaba rápidamente.
—Tu café. -Nada más-.
Nunca le pregunté por qué evitaba mirarme.
Nunca le dije que sabía cuándo estaba nerviosa, No hacía falta.
Dejaba cincuenta euros sobre la mesa cada día.
El café costaba tres.
No era por el café, Era una forma de dejar algo detrás.
Algo que demostrara que había estado allí.
Pero después empecé a verla fuera de la cafetería.
El martes salí antes que ella. Me quedé al otro lado de la calle, apoyado contra una pared.
Tenía el teléfono en la mano y fingía hablar, No sabía exactamente qué esperaba.
Quizá quería comprobar cuál era su camino a casa.
Cuando salió, me vio. Nuestros ojos se cruzaron.
Colgué el teléfono.
Me alejé.
Ella siguió caminando.
Desde la distancia pude verla desaparecer por una de las calles, No pensé demasiado en lo que acababa de hacer.
Al día siguiente volví a verla,Esta vez cerca del supermercado.
La reconocí inmediatamente. Llevaba una bolsa con pan.
Caminaba sola y Cuando nuestras miradas se encontraron, continué caminando como si no la hubiera visto.
Era sencillo, Demasiado sencillo.
El jueves la encontré cerca de la biblioteca.Había llovido durante horas.
Maeve salió corriendo de la entrada con un paraguas en una mano y algunos libros en la otra.
No me vio, Yo sí la vi.
Hasta que chocó conmigo, El paraguas cayó al suelo.
Ella perdió el equilibrio Y La sujeté del brazo antes de que cayera.
Su piel estaba fría.
—Cuidado. -Fue todo lo que dije-.
Le entregué el paraguas.No esperé una respuesta.
Me alejé bajo la lluvia.
No necesitaba que entendiera lo que estaba pasando...Todavía.
Tres encuentros, Tres días, Tres lugares diferentes.
Para ella podían parecer coincidencias, Para mí no lo eran.
Yo había empezado a modificar mis recorridos, A calcular horarios, A recordar calles, A saber cuánto tardaba desde la cafetería hasta la biblioteca, Cuánto tardaba desde la universidad hasta el supermercado, Y Hasta Cuánto tardaba ella en volver a la pensión.
Había algo peligroso en conocer demasiado bien los movimientos de otra persona.Lo sabía.
Y aun así seguí haciéndolo.
El viernes Sasha no apareció.
Maeve estaba sola.
Yo llegué a las 3:30.
La campanilla de la puerta sonó.Ella levantó la cabeza. Me vio.
Durante un instante pude notar algo diferente en su expresión.
Ya no era simple incomodidad, Era desconfianza.
Dejé que la mirada se encontrara con la suya y Después caminé hasta la mesa 6.
Me senté.
Ella preparó el café: Americano negro a Ochenta grados.
Cuando llegó a mi mesa, sus manos temblaban ligeramente.
Lo noté.
—Tu café. -Dijo-.
No la miré de inmediato. Solo Esperé.
Ella permaneció allí menos de dos segundos antes de regresar a la barra.
Yo levanté la taza.
El café estaba perfecto.
Pero esa tarde no estaba interesado en el café.
Estaba interesado en la forma en que Maeve miraba hacia mi mesa cada pocos minutos.
Sabía que estaba empezando a entender.
A las cinco me levanté.
Dejé los cincuenta euros y Salí.
Esperé.
La lluvia había aumentado.
Me quedé en una calle cercana, bajo la oscuridad, observando la entrada de la cafetería.
A las 5:10 Maeve salió.
Miró hacia ambos lados y Después comenzó a caminar.
La seguí a distancia, No necesitaba acercarme, No necesitaba hablar.Solo quería saber qué haría cuando estuviera sola.
Caminaba rápido.
La lluvia hacía que las calles estuvieran casi vacías.
Entonces disminuí el paso Y dejé que aumentara la distancia.
Veinte metros o Quizá un poco más.
Después se detuvo, Se dio vuelta.
Me había visto.
Estaba bajo un farol amarillo y yo estaba empapado.
No llevaba paraguas.
Ella tampoco parecía entender por qué seguía allí.
Durante unos segundos ninguno de los dos se movió.
Entonces gritó:
—¿Por qué me sigues?
Su voz se perdió parcialmente entre la lluvia.
La escuché perfectamente.
No respondí de inmediato.
Caminé hacia ella: Uno, Dos, Tres pasos.
No corrí, No tenía sentido hacerlo.
Cuando estuve cerca, pude ver el miedo en su rostro.
Eso debería haber sido suficiente para hacerme retroceder. No lo hice.
Ella me miró como si finalmente hubiera encontrado la respuesta que llevaba varios días intentando evitar.
—No te estoy siguiendo, Maeve.
Pronuncié su nombre lentamente.
Lo había repetido tantas veces en mi cabeza que ya no sonaba extraño.
—Solo tomo el mismo camino que tú.
La mentira salió con facilidad, Incluso yo podía escuchar lo falsa que era.
Porque ambos sabíamos que no era cierto. Yo había cambiado mis caminos,Había cambiado mis horarios y Había aprendido sus rutinas.
Ella todavía no sabía hasta qué punto.
Y quizá era mejor así.
Porque si hubiera sabido todo lo que había observado durante aquella semana, probablemente habría corrido.
Y esa noche comprendí algo que hasta entonces había intentado ignorar.
Ya no se trataba de casualidades.
Tampoco de curiosidad.
Había convertido la rutina de Maeve en algo que yo podía seguir.
Y ella acababa de darse cuenta.
La lluvia continuó cayendo entre nosotros.
Por primera vez desde que había entrado a Noir Coffee, Maeve no parecía una parte más de mi rutina.
Parecía una persona que podía decidir alejarse.
Y esa posibilidad era mucho más incómoda de lo que estaba dispuesto a admitir.