Dante Valero nunca fue un hombre bueno. Solo fue tolerante.
Durante años permitió que su familia viviera de su fortuna, soportó las manipulaciones de su primo Mateo y cedió una y otra vez para evitar que el enfermizo muchacho sufriera una crisis. Incluso aceptó que su prometida, Valeria Zorich, lo abandonara momentáneamente por él.
Pero el día de su boda, Mateo cruzó la última línea.
Dante dejó el altar, rompió el compromiso y abrió las puertas de un poder que todos creían dormido. Lo que nadie sabía era que el único heredero del imperio Valero jamás había sido débil. Simplemente se había contenido.
Ahora sus enemigos descubrirán lo que significa enfrentarse al verdadero Dante.
Mientras las familias que lo traicionaron caen en deudas, escándalos y ruinas, Elena Cruz, la única mujer que siempre conoció su verdadera naturaleza, regresa a su lado.
Él perdió una novia.
Ellos están a punto de perderlo todo.
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ÓPERA, ENVIDIA Y UNA PROMESA
La noche cayó sobre París con un manto de estrellas y luces doradas. Lía estaba frente al espejo del amplio vestidor, con las manos entrelazadas sobre el regazo, sin atreverse a creer lo que veía. El vestido era de un verde esmeralda profundo, de seda suave como el agua, con un escote discreto y una falda que caía hasta el suelo, ondeando con cada movimiento. Le quedaba perfecto, como si hubiera sido hecho exclusivamente para ella.
Dante entró y se detuvo en el umbral, contemplándola. No había joyas ostentosas, ni maquillaje exagerado. Solo ella, con el cabello suelto en ondas rubias, y esos ojos color esmeralda que brillaban más que cualquier piedra preciosa.
— Eres la mujer más hermosa de toda la ciudad —dijo él, con voz grave y sincera.
Lía se ruborizó, bajando la mirada.
— No digas eso… yo… no estoy acostumbrada a todo esto. A ir a la ópera, a vestirme así… a ti.
Él se acercó, le tomó la barbilla y la obligó a mirarlo.
— Pues acostúmbrate. Porque esto es solo el principio. Y hoy, Lía… vas a caminar a mi lado. Como mi pareja. Como mi igual. ¿Entendido?
Ella asintió, con el corazón latiéndole a mil por hora.
— Sí, Dante. Gracias.
🎭 LA ÓPERA
El Palacio Garnier resplandecía. Lujo, oro, terciopelo rojo, y la élite de París reunida en la entrada. Dante la tomó del brazo al bajar del coche, y todos los ojos se posaron en ellos. No porque la conocieran —nadie la conocía—, sino porque la forma en que él la miraba, la protegía, la guiaba… dejaba claro que ella era importante. Que era suya.
Se sentaron en el palco principal. Lía miraba todo con la boca entreabierta: los frescos en el techo, los candelabros enormes, la gente elegantemente vestida. Se sentía pequeña, pero a la vez… segura. Porque su mano no soltaba la suya ni un instante.
Durante el intermedio, salieron al balcón. El aire fresco de la noche les golpeó el rostro.
— ¿Te gusta? —le preguntó él, acercándose para que solo ella lo oyera.
— Es un sueño —susurró ella—. Nunca imaginé que estaría aquí. Que estaría contigo. Dante… ¿de verdad me quieres aquí? Con toda esta gente tan importante… tan perfecta…
Él la atrajo hacia sí, pegándola a su pecho, y mirándola con intensidad.
— Ellos no importan. Ninguno de ellos tiene lo que tú tienes. Tú eres real, Lía. Ellos solo son apariencias. Y yo estoy cansado de las apariencias.
En ese momento, una mujer elegante, de cabello castaño y mirada afilada, pasó junto a ellos. Se detuvo un instante, miró a Lía de arriba abajo con desprecio, y luego miró a Dante.
— ¿De verdad, Dante? —dijo ella, con voz suave pero cortante—. ¿Reemplazaste a Valeria por… esto? Una niña sin nada? ¿Esto es lo que prefieres?
Lía se tensó, queriendo soltarse, esconderse. Pero Dante la sujetó con fuerza, sin dejarla ir, y miró a la mujer con frialdad absoluta.
— Cuidado con lo que dices, Sophie —le advirtió, sin levantar la voz, pero con un tono que heló la sangre de la otra—. Ella es mi pareja. Y si vuelves a hablarle con ese tono… te aseguro que no volverás a entrar en ningún evento de la alta sociedad. ¿Quedó claro?
Sophie palideció, dio media vuelta y se marchó sin decir una palabra. Lía lo miró, con los ojos brillantes de lágrimas contenidas.
— No debiste… no vale la pena pelear por mí… —murmuró ella.
— No peleo por ti, Lía —dijo él, acariciando su mejilla—. Peleo por nosotros. Porque nadie tiene derecho a mirarte menos. Nadie. ¿Me oyes? Nadie.
🌙 LA NOCHE Y LA PROMESA
Regresaron a la suite más tarde. El silencio de la habitación los recibió, cálido y acogedor. Dante la tomó de la mano y la llevó frente al ventanal, donde la Torre Eiffel brillaba con su destello de luces cada pocos minutos.
— Hay algo que quiero darte —dijo él, sacando una caja de terciopelo negro del bolsillo de su saco.
Lía lo miró, asustada.
— Dante… no… no necesito regalos… tú ya me diste todo…
— Ábrelo —le pidió él, suave pero firme.
Ella abrió la caja con manos temblorosas. Dentro había un collar de oro blanco, con un zafiro azul profundo en el centro, rodeado de pequeños diamantes. Sencillo, elegante, deslumbrante.
— Es… hermoso —susurró ella—. Pero es demasiado… no puedo aceptarlo…
— No es solo un regalo —dijo él, tomándolo y colocándolo alrededor de su cuello, cerrándolo con cuidado—. Es una promesa. Mientras lleves esto… sabrás que eres mía. Que te protejo. Que nadie te va a hacer daño. Ni Sophie, ni Valeria, ni nadie. ¿Lo entiendes, Lía? Eres mi mujer. Y nadie te va a volver a tratar como menos.
Ella lo miró, y las lágrimas finalmente cayeron. Pero no eran de tristeza. Eran de felicidad, de gratitud, de algo que empezaba a crecer fuerte y profundo en su pecho.
— Te quiero, Dante —dijo, con voz quebrada pero firme—. No sé cuándo pasó… pero te quiero. Con todo lo que soy.
Él la abrazó con fuerza, enterrando el rostro en su cuello, sintiendo esas palabras como un terremoto en su interior. Nadie le había dicho eso sin pedir nada a cambio. Nadie lo había amado por él, no por su dinero ni su poder.
— Yo también te quiero, Lía —susurró, y por primera vez en mucho tiempo, lo dijo sin reservas, sin cálculos, sin miedo—. Y te voy a cuidar. Siempre.
Esa noche, se amaron con una ternura y una intensidad nuevas. No era solo deseo. Era pertenencia. Era el reconocimiento de dos almas que se encontraron cuando menos lo esperaban. Y mientras la ciudad de luces brillaba afuera, dentro de esa habitación, algo mucho más brillante nacía entre ellos: un amor que nada ni nadie podría romper.