Descripción
Esta historia comienza con Samantha, una joven universitaria de 21 años que siempre ha dicho que le gustan los hombres mayores, porque los considera más maduros y seguros de sí mismos. Un día conoce a un hombre de 31 años que ya tiene un compromiso sentimental. Sin embargo, su relación está llena de discusiones y problemas constantes, y él siente que cada vez se distancia más de su pareja. Entonces conoce a Samantha. Entre ambos nace una conexión que ninguno esperaba, pero que los lleva por un camino complicado. Ella terminará convirtiéndose en su amor prohibido, mientras él deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
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Capítulo 11: Una tarde diferente
Llegamos al restaurante cerca de la universidad. Era un lugar tranquilo, bastante bonito y con ese ambiente de los restaurantes de Cali a la hora del almuerzo. Había estudiantes conversando, algunas familias y personas que, como nosotros, habían salido a comer después de una mañana ocupada.
—¿Te gusta este lugar? —le pregunté a Samantha.
Ella miró alrededor y sonrió.
—Sí, está chévere. Nunca había venido.
—Entonces espero que te guste la comida.
Nos sentamos en una mesa junto a una ventana. Una mesera se acercó y nos entregó las cartas.
Samantha empezó a revisar el menú con atención.
—¿Ya sabés qué vas a pedir? —le pregunté.
—Todavía no. Hay muchas cosas.
—Pues escogé con calma.
—Eso estoy haciendo.
Me reí.
—Sos bastante indecisa.
—No soy indecisa —contestó entre risas—. Es que todo se ve rico.
—Bueno, entonces te toca decidir rápido porque ya me dio hambre.
Ella soltó una carcajada.
Después de unos minutos hicimos el pedido. Mientras esperábamos, comenzamos a conversar.
—¿Y cómo te ha ido en la universidad? —pregunté.
—Bien. Aunque Medicina es bastante pesada.
—Me imagino.
—Hay días en los que llego a la casa cansadísima, pero igual toca estudiar.
—Eso demuestra que sos juiciosa.
—Intento serlo.
La observé durante unos segundos.
Había algo en su manera de hablar que me resultaba agradable. No era solamente su apariencia. Era la tranquilidad con la que conversaba, su forma de responder y la seguridad que tenía cuando hablaba de sus estudios.
—¿Qué pasa? —preguntó Samantha al notar que la estaba mirando.
—Nada.
—Me estabas mirando.
Sonreí.
—Es que estaba pensando que sos muy bonita.
Ella se quedó callada por un momento.
—Gracias.
—Te lo digo con respeto. No quiero que lo tomés a mal.
—No, tranquilo.
Continuamos conversando.
—Además —agregué—, tenés una sonrisa bonita.
Samantha sonrió nuevamente.
—Ahora sí me vas a hacer poner roja.
—No era la intención.
—Pues lo estás logrando.
Los dos nos reímos.
La conversación continuó de manera natural. Samantha me preguntó por mi trabajo y le expliqué que dirigía la empresa familiar.
—Debe ser una responsabilidad muy grande —comentó.
—Sí. Hay días en los que termino agotado.
—Entonces deberías aprender a descansar.
—Eso me lo han dicho varias veces.
—Y deberías hacer caso.
—Tal vez.
En ese momento llegó la comida.
—Bueno, por fin —dijo Samantha—. Ya tenía hambre.
—Yo también.
Comenzamos a comer mientras seguíamos hablando.
Ella me contó algunas cosas sobre sus clases, sus compañeras y lo mucho que le gustaba Medicina. Yo escuchaba con atención.
Después de un rato, Samantha me preguntó:
—¿Y vos siempre has querido ser empresario?
Me quedé pensativo.
—No exactamente. La empresa es de mi familia y terminé haciéndome cargo de ella.
—Ah, entiendo.
—Ha sido una responsabilidad que llegó bastante temprano a mi vida.
—¿Y te gusta?
Miré mi plato durante unos segundos.
—A veces sí. Otras veces siento que es demasiado.
Samantha no insistió.
Agradecí que respetara mi silencio.
Después de terminar la comida, permanecimos unos minutos conversando.
—Me alegra que hayas aceptado venir —le dije.
—Yo también la pasé bien.
—Fue una buena idea salir a comer.
—Sí.
Miré el reloj.
—¿Tenés que regresar a la universidad?
—Sí. Tengo que estudiar un rato.
—Entonces no te voy a quitar más tiempo.
Nos levantamos de la mesa.
Cuando salimos del restaurante, el calor de Cali nos recibió nuevamente.
Caminamos unos metros hasta llegar cerca de la universidad.
—Gracias por la invitación —dijo Samantha.
—Con gusto.
—Nos vemos después.
—Claro.
Nos despedimos y ella regresó hacia la universidad.
Yo me quedé unos segundos observándola alejarse antes de dirigirme hacia mi carro.
Mientras caminaba, pensé en todo lo que había ocurrido.
Hacía mucho tiempo que no tenía una conversación tan tranquila con alguien.
Pero también recordé mi realidad.
Tenía una hija de 15 años, un matrimonio que estaba prácticamente roto y una conversación pendiente con Valeria.
No podía ignorar aquello.
Samantha me había parecido hermosa, inteligente y agradable, pero antes de permitir que esa cercanía avanzara, tenía que resolver mi propia vida.
Me subí al carro y encendí el motor.
—Primero tengo que arreglar mis problemas —dije para mí mismo.
Y emprendí el camino de regreso a la empresa.
Con uno era suficiente.
Si ya no quiere a la esposa, pues empezar el trámite del divorcio y volver a hablar con ella y la hija.
Si está interesado en Samantha, también ser honesto y maduro para decirle la realidad de su situación y dejar que ella tome la decisión de si continuar con la incipiente relación.
Así cómo va, sólo crearà conflictos entre todos y se sentirán traicionadas por él.
gracias por compartir esta atrapante movida interesante novela 💥✨❤️🧬🌹🇨🇴🌹🇨🇴