Cinco años atrás, ella destrozó su corazón. Hoy, él regresa convertido en el poderoso heredero de un imperio, listo para ver caer a quienes lo despreciaron.
Cuando la familia de ella cae en la ruina, su padre la obliga a comprometerse con el magnate que puede salvarlos, sin imaginar que es el mismo hombre al que ella humilló en el pasado. Él acepta la unión solo para cobrarse cada lágrima y pisotear su orgullo.
Sin embargo, una noche de irresistible pasión arrastra a su corazón a una tregua, aunque al despertar vuelve a tratarla con crueldad. Todo cambia cuando ella se desmaya por una amenaza de aborto y sale a la luz su embarazo.
¿Seguirá buscando venganza o protegerá la vida que los une?
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Capitulo 15
La tormenta de la noche parecía haber encontrado su eco dentro de la mansión de Augusto Rothschild. Damián cruzó la puerta principal con pasos torpes, tambaleándose bajo el peso de una borrachera amarga y la devastación que le comprimía el pecho. Tenía la camisa blanca manchada con la sangre seca de Camil, la corbata deshecha y los ojos inyectados en sangre.
En el gran salón, Augusto lo esperaba despierto, caminando con impaciencia apoyado en su bastón. Al ver entrar a su hijo adoptivo en ese estado de ruina absoluta, el anciano aceleró el paso hacia él.
—¡Damián! ¿Qué pasó? ¿Cómo está Camil? —preguntó Augusto con voz temblorosa, invadido por la angustia.
Damián no respondió. Se detuvo en medio del recibidor, mirando a su padre con la vista nublada. El labio inferior le tembló imperceptiblemente antes de que la coraza de piedra que había vestido durante meses se desintegrara por completo. Soltó un gemido ahogado y sus piernas cedieron.
Augusto soltó el bastón y lo atajó antes de que se golpeara contra el piso de mármol. Damián se derrumbó de rodillas, escondiendo el rostro en el pecho de su padre adoptivo, aferrándose a su saco con los puños cerrados como un niño aterrorizado.
—¡Soy un monstruo, padre! ¡Soy un maldito monstruo! —estalló Damián en un llanto desgarrador, un sollozo ahogado que venía desde lo más profundo de sus entrañas—. ¡Yo no quería esto! ¡Te juro por Dios que yo no planeaba hacerle esto!
Augusto, sintiendo el temblor violento que sacudía el cuerpo del joven, envolvió sus brazos alrededor de sus hombros, estrechándolo con fuerza contra su pecho mientras las lágrimas también comenzaban a brotar de sus propios ojos.
—Cálmate, hijo mío, por favor... Respira —le suplicó, acariciándole la espalda con desesperación.
—Me arrepiento tanto de haberla tocado esa noche... —prosiguió Damián, con la voz rota y sofocada por el llanto—. No quería embarazarla, no quería causarle este dolor. Solo quería... quería que sintiera una fracción de lo que yo sentí, pero la amaba demasiado para detenerme. Y ahora... ahora ella prefirió pedir un aborto antes que tener un hijo mío.
El llanto de Damián se volvió más amargo, casi inaudible por la falta de aire.
—Ella no me ama, padre... Jamás me amó. El pasado no fue un error, era la verdad. Me odia tanto que prefiere destruir a nuestro propio hijo antes que llevar en su vientre algo que la amarre a mí para el resto de su vida.
Augusto lo tomó firmemente por los hombros y lo distanció un par de centímetros para mirarlo a los ojos, sosteniendo su rostro demacrado.
—Damián, escúchame bien —dijo con tono urgente pero compasivo—. No saques conclusiones apresuradas en medio de esta tormenta. Camil estaba débil, acorralada, asustada por todo lo que le has hecho sentir este tiempo. No sabes lo que realmente hay en su corazón.
—¡Ya no soporto más, padre! —gritó Damián, interrumpiéndolo con la mirada desorbitada por la desesperación—. ¡No puedo soportar un solo rechazo más de esa mujer! Siento que la mente se me rompe por dentro. Me estoy volviendo loco. Cada segundo a su lado me destruye, y a ella la estoy matando lentamente.
Se apoyó contra las rodillas de Augusto, con el pulso desbocado y la respiración agónica.
—Prepara los papeles del divorcio —musitó Damián, con una voz tan apagada que parecía haber perdido el alma—. Quiero terminar con esto. Quiero darle la libertad.
Augusto lo observó consternado.
—¿Estás seguro de lo que estás pidiendo? Un divorcio ahora...
—Sí —interrumpió Damián, apretando los dientes mientras las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas—. Pero no voy a dejarla desamparada. Conozco a su padre. Guillermo va a querer devorarla en cuanto sepa que la solté. Quiero que redactes el convenio: le cederé una suma millonaria en una cuenta privada a su nombre, además de la residencia de descanso en la costa y un porcentaje de las acciones libres del consorcio. Que tenga suficiente dinero para no volver a depender de Guillermo Fontán ni de nadie en toda su vida.
El anciano guardó silencio por un momento, midiendo el peso del dolor en el rostro de su hijo. Reconoció en sus ojos la misma mirada apagada de la noche en que lo rescató de aquella azotea años atrás.
—De acuerdo —accedió Augusto en un suspiro pesado—. Redactaré los documentos del divorcio y aseguraré la transferencia de esos bienes para Camil. Pero yo también tengo una condición para ti, Damián, y no voy a negociarla.
Damián levantó la vista, exhausto.
—No puedes seguir así —dijo Augusto con absoluta gravedad—. Tu mente está enferma por la depresión y la sed de venganza te tiene al borde de un abismo del que no vas a regresar. Aceptas internarte voluntariamente en el centro psiquiátrico de alta especialización de la clínica. Te pondrás en manos de los médicos, vas a medicarte y vas a luchar por sanar esta depresión severa. No voy a ver cómo te destruyes.
Damián cerró los ojos y dejó caer la cabeza contra el regazo de su padre. El alivio trágico de soltar el control le recorrió el cuerpo. Ya no le quedaban fuerzas para pelear contra el mundo ni contra sus propios demonios.
—Está bien... —aceptó Damián en un susurro penas perceptible—. Hazlo. Me internaré. Ya no me queda nada más por perder.
Augusto volvió a abrazarlo con fuerza, uniendo su llanto al de su hijo en medio del enorme salón helado. Mientras la lluvia repiqueteaba contra los cristales, el anciano sostuvo a Damián en la penumbra, sabiendo que esa noche ambos habían tocado el fondo más oscuro de sus vidas, pero albergando la secreta esperanza de que la verdad pudiera, algún día, rescatarlos a todos.
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