Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
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Capítulo 1 — Mi vida en la finca
Hola, soy Elkin Franco, tengo 19 años y soy de Manizales, Caldas. Nací el 12 de mayo de 2007 y toda mi vida he vivido en el campo, en una finca que pertenece a mi familia.
La finca fue construida por mis abuelos hace muchos años. Ellos trabajaron muy duro para levantarla y convertirla en el hogar de nuestra familia. Con el paso del tiempo, se la heredaron a mi papá, y desde entonces él se ha encargado de mantenerla junto con nosotros.
Aquí vivimos todos: mis padres, mis tres hermanos, mi cuñado, mi sobrino y yo.
Tengo tres hermanos.
La mayor es Mariela. Tiene 25 años y me lleva seis años. Ella vive aquí con su esposo, Efraín, que tiene 30 años, y con su hijo de dos años. Mi sobrino es un niño bastante alegre y mantiene a todos entretenidos.
Mariela siempre ha sido muy trabajadora. Desde que tenía 13 años empezó a aprender las labores del campo con mi mamá. Aprendió a alimentar a los animales, recoger huevos, cuidar las gallinas, ayudar con el ganado y colaborar con los diferentes trabajos de la finca.
Mi mamá siempre le enseñó que había que saber hacer de todo.
Ahora Mariela es quien está ayudando a Viviana, nuestra hermana menor.
Después está Miguel, que tiene 15 años. Yo le llevo cuatro años. Él estudia, pero también trabaja con nosotros cuando termina sus clases o cuando tiene tiempo libre. Es un muchacho juicioso, aunque como cualquier hermano menor, a veces me hace perder la paciencia.
Y está Viviana, la más pequeña de todos. Tiene 13 años.
Vivi todavía está aprendiendo las labores del campo. Mi mamá y Mariela son quienes más le enseñan. Ella apenas está comenzando a acostumbrarse a levantarse temprano y ayudar con los animales y las tareas de la finca.
Esta mañana, por ejemplo, estábamos todos ocupados.
Mi papá y yo estábamos revisando una de las cercas, mientras Mariela ayudaba a mi mamá con algunas cosas de la casa. Miguel estaba terminando de organizar unas herramientas y Viviana acompañaba a Mariela.
—Vivi, mija, tenga cuidado con esos huevos —le dijo Mariela.
—Sí, Mari, estoy teniendo cuidado.
—Eso espero, porque si se le cae uno, después nos toca recoger todo.
Yo escuché desde afuera y me reí.
—Déjela, Mariela. Apenas está aprendiendo.
Mi hermana salió y me miró.
—¿Y vos qué? Cuando tenías su edad ya estabas trabajando por acá.
—Pues claro, pero yo era juicioso.
Mariela soltó una carcajada.
—¡Ay, sí! Eso decís vos.
—Es verdad.
—Bueno, pues.
Seguimos trabajando entre risas.
La verdad es que me gusta vivir así. El trabajo del campo puede ser pesado, pero estoy acostumbrado. Desde pequeño aprendí a ayudarle a mi papá y a hacerme responsable de mis cosas.
Aquí todos tenemos nuestras tareas.
No somos una familia de esas que pasan todo el día encerradas en la casa. Desde temprano estamos ocupados. Hay que alimentar a los animales, revisar los cultivos, arreglar cercas, limpiar los corrales y estar pendientes de que todo esté en orden.
Cuando llega la tarde, después de terminar nuestras obligaciones, nos reunimos en la casa.
En cuanto a mi vida sentimental, pues...
No tengo novia.
Hay algunas muchachas de por aquí que sé que están interesadas en mí. No es que yo sea presumido ni nada de eso, pero uno se da cuenta cuando una muchacha lo mira diferente o cuando busca cualquier excusa para hablarle.
Mi mamá también se ha dado cuenta.
—Elkin, mijo, ¿usted cuándo piensa conseguirse una novia? —me preguntó una noche durante la cena.
—No sé, mamá. Por ahora estoy bien así.
—Pero alguna muchacha le tiene que gustar.
—Pues no.
Mi mamá me miró sorprendida.
—¿Ninguna?
—Ninguna.
Mi papá se rio desde el otro lado de la mesa.
—Déjelo tranquilo. Ya llegará el momento.
Yo simplemente sonreí.
La verdad es que no quiero estar con una muchacha solo porque ella esté enamorada de mí. Si algún día tengo novia, quiero que sea porque yo también siento algo por ella.
Por ahora estoy tranquilo.
Tengo 19 años, vivo con mi familia, trabajo en la finca y disfruto de esta vida.
No sé qué me traerá el futuro, pero tampoco estoy preocupado por eso.
Por ahora, lo único que me importa es seguir ayudando a mi familia y disfrutar cada día aquí, en nuestra finca.