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Poseida Por La Venganza/ El Despertar De La Reina

Poseida Por La Venganza/ El Despertar De La Reina

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Andreina Marquez

Un alma implacable despierta en un cuerpo ajeno.
​Tras el trágico final de la antigua Aria Thorne, un espíritu frío, astuto y deslumbrante toma el control de su vida. Decidida a vengar el humillante pasado de la chica tímida, desmantela la arrogancia de Pietro y destroza la envidia de su hermanastra Chloe.
​En la élite universitaria, la nueva Aria se convierte en una pesadilla intocable y despierta el peligroso deseo de Dante Vance. Sin romanticismos ni piedad, un juego de seducción y poder comienza.
​La víctima murió... hoy reina la destructora.

NovelToon tiene autorización de Andreina Marquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11: Máscaras en el campus

Al día siguiente, Aria se preparó desde muy temprano para asistir a la facultad. Eligió un impecable traje sastre de dos piezas que contrastaba con la blancura de su piel y resaltaba la intensidad azul de sus ojos. Al llegar al campus de la universidad, caminó con paso firme y la cabeza en alto por el pasillo central del edificio de finanzas, ignorando sin esfuerzo los murmullos y las miradas de los estudiantes que la rodeaban.

Sin embargo, al llegar cerca de la cafetería, Chloe y Alessia le cortaron abruptamente el paso. Alessia traía el rostro desencajado por la rabia y los ojos encendidos en ira al ver la seguridad con la que avanzaba Aria.

​—¡Contigo quería hablar, pedazo de ridícula! —gritó Alessia, encarando sin ningún tipo de filtro frente a decenas de estudiantes que comenzaron a reunirse alrededor—. ¡Eres una buscona y una perra arrastrada! ¿No te da vergüenza andar buscando a Pietro otra vez? Búscate un poco de dignidad, porque él ni te hace caso, ni le interesas, ni se va a fijar jamás en alguien como tú. ¡Entiéndelo de una buena vez y deja de arrastrarte!

A su lado, Chloe cruzó los brazos con una sonrisa burlona, disfrutando del espectáculo y esperando ver a su hermanastra romper a llorar como en los viejos tiempos.

Pero Aria ni siquiera parpadeó. Mantuvo la postura erguida y miró a Alessia de arriba abajo con una frialdad tan aplastante que el aire en el pasillo pareció congelarse.

​—Alessia, me resulta profundamente fascinante cómo inviertes tanto tiempo y energía en gritar como una loca en medio del pasillo, cuando deberías estar preocupada por tu propia vida —respondió Aria con voz pausada, serena y dominante—. Si la familia Visconti o la reputación de esta universidad dependieran de tu inteligencia, ambos estarían en la quiebra absoluta.

​Las personas alrededor ahogaron una carcajada. El rostro de Alessia se tiñó de un rojo violento por la humillación.

​—¡A mí no me hablas con ese tono! —chilló Alessia, perdiendo por completo el control—. ¡Te crees superior solo porque ahora decidiste cambiar de ropa!

​—No me creo superior, Alessia. Simplemente lo soy —replicó Aria con una sonrisa gélida y provocadora—. Y te sugiero que disimules la envidia. Te ves patética rogando por una atención que nadie te está dando.

​Cegada por la vergüenza y la furia, Alessia alzó la mano derecha con violencia para aceptarle una bofetada en el rostro.

​—¡Cállate la boca, maldita! —gritó.

​Aria reaccionó en una fracción de segundo. Atrapó la muñeca de Alessia en el aire con un agarre de acero, se la dobló bruscamente hacia la espalda y la stamped con violencia contra la puerta del vehículo más cercano. Sin perder un segundo, le presionó el cuello con el antebrazo, inmovilizándola por completo.

​—¡Ah! ¡Suéltame! ¡Me estás lastimando, suéltame! —chilló Alessia de dolor, sofocada y sin poder moverse.

​Chloe dio un paso atrás, pálida y con la boca abierta, aterrorizada al ver la fuerza descomunal de su hermanastra.

​—Escúchame muy bien, víbora —le susurró Aria al oído con una voz tan helada que hizo temblar a Alessia—. Ya no soy la frágil Aria a la que mandabas a golpear con matones a la salida del campus. Si vuelves a alzarme la mano, a insultarme o a cruzarte en mi camino, me voy a encargar personalmente de destruirte a ti y a la reputación de tu familia. ¿Te quedó claro?

​—¡Sí, sí! ¡Entendí, suéltame! —asintió Alessia rápidamente, al borde de las lágrimas por el dolor y el pánico.

​Aria la soltó con desdén, dejándola caer de rodillas sobre el pavimento para recuperar el aliento. Luego miró a Chloe con desprecio antes de acomodarse la solapa de su traje.

​Al darse la vuelta para dirigirse a su auto, Aria vio a Dante apoyado con elegancia contra un pilar del estacionamiento. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y una sonrisa de absoluta fascinación dibujada en el rostro. Había presenciado cada segundo del enfrentamiento.

​—Impresionante —dijo Dante a paso lento, cortando la distancia entre los dos mientras sus ojos verdes ardían con intensidad—. Admito que me vuelve loco esta versión tuya. Tienes un talento único para poner a las víboras en su lugar.

​Aria lo miró con evidente distancia, erigiendo una barrera infranqueable.

​—Vance, te sugiero que mantengas la distancia. Estoy aquí por mis estudios y por asuntos corporativos, no para entretenerme contigo.

​Dante arqueó una ceja, claramente descolocado por la frialdad repentina de la joven.

​—¿A qué viene tanta distancia, Aria? Ayer por la tarde en la oficina no pensabas exactamente lo mismo cuando estábamos a solas.

​—Ayer fue ayer, Dante. Hoy las cosas son distintas —sentenció Aria con voz firme—. Mantengamos nuestra relación en un plano estrictamente profesional y enfócate en los negocios. No te me acerques.

​Sin darle tiempo a responder, subió a su automóvil, encendió el motor y se marchó a toda velocidad, dejándolo solo en el estacionamiento del campus.

​Por la tarde, Aria llegó al rascacielos del Grupo Thorne y caminó con paso elegante hacia la oficina de su padre. Arthur Thorne se levantó de su escritorio con una gran sonrisa para recibirla y darle un cálido abrazo paternal.

​—Aria, mi niña, qué bueno que llegas. Quería hablar contigo de un asunto muy importante.

​—Dime, papá, ¿de qué se trata? —preguntó ella tomando asiento con elegancia.

​—Esta misma noche organizaré una cena ejecutiva privada en nuestra mansión para celebrar la gran alianza entre el Grupo Thorne y la familia Vance —explicó Arthur con orgullo corporativo—. Quiero que sea una velada al más alto nivel.

​—¿Y quiénes están invitados exactamente?

​—La familia Vance al completo, los Visconti con Pietro y sus padres, y por supuesto nosotros, que somos los anfitriones —respondió Arthur—. Quiero que el mundo financiero vea la fuerza de nuestra unión. Como eres mi hija y la futura líder de esta corporación, quiero que estés al frente de la recepción junto conmigo, Victoria y Chloe.

​Aria ocultó la fría satisfacción en sus ojos detrás de una sonrisa impecable.

​—Me parece una idea extraordinaria, papá —dijo con total seguridad—. Te aseguro que me encargaré de que sea una noche inolvidable para todos.

​—Perfecto —añadió Arthur, mirando hacia la puerta—. Camila te asistirá en todo lo que necesites para la logística.

​Arthur llamó a su asistente de confianza, Camila, quien ingresó de inmediato a la oficina con su tableta digital.

​—Camila —le indicó Arthur—, mi hija Aria estará a cargo de los preparativos de la cena ejecutiva de esta noche. Apóyala en todo lo que requiera.

​—Por supuesto, señor Thorne. Señorita Aria, estoy a sus órdenes —respondió la secretaria con respeto.

​Aria tomó el mando de la situación de inmediato.

​—Camila, necesito que te pongas en contacto ahora mismo con el mejor servicio de banquetes de la ciudad. Quiero un menú de cinco tiempos, maridaje de vinos de alta gama y la decoración floral más elegante que tengan.

​—Entendido, señorita Aria. ¿Alguna especificación para la mesa principal? —preguntó Camila, tomando nota a toda velocidad.

​—Sí. La disposición de los asientos la voy a diseñar yo personalmente. Quiero que la familia Vance ocupe los lugares de honor a la derecha de mi padre, y los Visconti estarán ubicados justo frente a mí —dispuso Aria con una sonrisa calculadora—. Además, llama a la mansión y comunícale a la ama de llaves que quiero el salón principal impecable para las siete de la noche. Si Victoria o Chloe intentan cambiar algo de mis instrucciones, diles que son órdenes directas de mi padre. ¿Quedó claro?

​—Completamente claro, señorita Aria. Nos encargamos de todo de inmediato —respondió Camila antes de salir a cumplir las órdenes.

​Aria se quedó unos momentos en la oficina, afinando mentalmente cada pieza de su estrategia.

​Mientras tanto, en las majestuosas oficinas del edificio de las Inversiones Vance, el ambiente era insostenible.

​Hacía apenas una hora que Dante había regresado del campus universitario y caminaba de un lado a otro en su lujoso despacho del último piso. Se quitó el saco del traje y se desabrochó los dos primeros botones de la camisa, pasándose una mano por el cabello con evidente frustración. La actitud de Aria en el estacionamiento lo tenía al borde de la locura.

​En ese momento, la puerta de su oficina se abrió y entró su asistente ejecutivo cargando una serie de carpetas financieras.

​—Señor Vance, aquí están los informes que pidió para la reunión de la tarde...

​—Déjalos sobre la mesa y sal —ordenó Dante con voz áspera, sin siquiera mirarlo.

​El empleado tragó saliva, dejó los documentos y salió rápidamente cerrando la puerta. Dante se acercó al ventanal que dominaba la ciudad y apretó los puños con rabia.

​—¿A qué demonios estás jugando, Aria? —murmuró para sí mismo, sintiendo cómo la ira y el deseo se mezclaban en su pecho—. Ayer me mirabas como si quisieras devorarme vivo y hoy en la universidad me tratas como si fuera un desconocido más. ¿Crees que me voy a quedar con los brazos cruzados viendo cómo levantas un muro entre los dos?

​Dante soltó una risa amarga y se sirvió un vaso de whisky en el mueble bar. Le dio un trago largo mientras recordaba la mirada helada de la joven cuando sometió a Alessia.

​—No sé qué carajos cambió de la noche a la mañana, pero estás muy equivocada si piensas que me voy a alejar —continuó diciendo en la soledad de su despacho, dejando el vaso sobre la mesa con fuerza—. Esta vez no soy el niño que se hace a un lado para ver cómo juegas. Esta noche en la cena voy a descubrir qué estás tramando y no me vas a sacar de tu vida tan fácil.

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Flor R
v a super increíble espero que entre dos le den un paliza a esas basuras vamos Dante
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