NovelToon NovelToon
Me enamoré del hijo de mis padrinos

Me enamoré del hijo de mis padrinos

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor platónico
Popularitas:8.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VivianMansano

Mis papás se fueron del país y me dejaron en casa de mis padrinos. Eso significaba vivir con Santiago Montero: su hijo mayor, seis años mayor que yo y el hombre al que todos consideraban casi un hermano.
Antes de llegar, me impuso tres reglas:
Nuestro compromiso infantil no cuenta.
No subas al tercer piso.
No me busques.
Yo pensaba obedecerlas. Santiago no.
Fue él quien comenzó a cuidarme, a ponerse celoso y a acorralarme contra la puerta de mi habitación.
—¿Por qué huyes? ¿Crees que voy a comerte?
Entonces descubrí cuatro limoneros plantados para mí y la verdad que ocultaba: llevaba catorce años esperándome.
El heredero que juró no quererme ahora estaba dispuesto a perderlo todo para hacerme suya.

NovelToon tiene autorización de VivianMansano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11: No me gusta que te digan "hermano"

Dos semanas después de la mudanza, Valentina tenía una rutina. De lunes a viernes dormía en el cuarto 214 con Lucía, Camila y Sofía. Los viernes a las cinco, la Suburban negra aparecía en el estacionamiento de la Ibero y Santiago la llevaba a la residencia Montero para el fin de semana. Los lunes a las siete, la Suburban la devolvía al campus.

Era una rutina cómoda, predecible, y completamente controlada por Santiago Montero. Valentina lo sabía. No le gustaba saberlo. Pero tampoco había encontrado una forma de romperla que no implicara caerse de unos tacones cuesta abajo.

El jueves de la tercera semana, Diego Lozano la acompañó de regreso del club de tenis.

No era la primera vez. Diego se había acercado con la naturalidad de alguien que no tiene nada que demostrar — le prestaba una raqueta los jueves, le explicaba el revés sin tocarle la muñeca, y la acompañaba hasta el dormitorio caminando despacio, como si el trayecto fuera más importante que el destino.

—¿Mañana vienes a la práctica? —le preguntó, con las manos en los bolsillos de la sudadera del club.

—Creo que sí. Si no me toca estudiar para el parcial de sociología.

—Puedo ayudarte con sociología. Me fue bien el semestre pasado.

—¿Tú estudiaste sociología?

—No. Pero memoricé las respuestas del examen de mi compañero de cuarto. Cuenta como estudio, ¿no?

Valentina se rió. Era fácil reírse con Diego. No había subtexto, no había tensión, no había la sensación de estar caminando sobre una cuerda sobre un abismo sin fondo. Era suelo firme.

Se despidieron frente al edificio de dormitorios. Diego le dio un golpecito en el hombro con el puño — gesto de amigo, nada más — y se fue caminando hacia las canchas.

---

Al día siguiente, viernes, Valentina salió del edificio a las cinco en punto. La Suburban estaba donde siempre. Santiago estaba donde siempre: recargado en la puerta, chamarra de cuero, brazos cruzados, expresión de quien lleva esperando exactamente el tiempo necesario para que parezca que no esperó.

Pero algo era diferente. Su mandíbula estaba más apretada que de costumbre. Sus ojos, cuando la encontraron entre los estudiantes que salían, tenían un filo que Valentina no había visto desde la primera noche — desde el WhatsApp de las tres reglas.

Se subió al auto.

—Hola.

Santiago arrancó sin contestar. Condujo tres cuadras en silencio. Valentina esperó. Había aprendido que los silencios de Santiago eran como las pausas en una partitura: no eran vacíos, sino parte de la melodía.

—¿Cuántos hermanos tienes? —dijo, sin mirarla.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué?

—Pregunta simple. ¿Cuántos hermanos tienes?

—Ninguno de sangre. Tú, si contamos lo de los padrinos. ¿Por qué?

Santiago detuvo el auto en un semáforo. Se giró hacia ella. La luz roja le iluminaba medio rostro.

—Mateo es tu "hermano." Ese del club de tenis es tu "amigo." El de la paleta era tu "compañero." —Hizo una pausa—. ¿A cuántos más les regalas tu sonrisa?

El semáforo cambió a verde. Santiago no arrancó. El coche de atrás tocó el claxon. Él no se inmutó.

Valentina lo miró. Algo dentro de ella — algo que no era miedo ni sorpresa sino una especie de electricidad silenciosa — le subió por la columna.

—¿Estás celoso?

Santiago arrancó. La Suburban avanzó tres metros antes de que respondiera.

—No seas ridícula.

Silencio. Periférico. Semáforos. El olor a menta del auto, los reflejos del atardecer en el parabrisas, y entre ambos, una distancia que de pronto se sentía más corta que tres metros.

—Solo digo —continuó Santiago, con una voz que había bajado medio tono, como si las palabras le costaran más de lo habitual— que no me gusta que llames "hermano" a cualquiera. Ese título es mío.

Valentina le sostuvo la mirada. O más bien le sostuvo el perfil, porque él miraba al frente con la determinación de quien se niega a voltear. Pero en el borde de sus ojos — en ese milímetro de iris visible desde el ángulo del copiloto — había algo que no era fraternal.

No lo había sido nunca.

Valentina lo supo en ese instante con la misma certeza con la que sabía su propio nombre: lo que Santiago sentía por ella no cabía en la palabra "hermano." No sabía qué era. No sabía si él lo sabía. Pero estaba ahí, vibrando bajo cada frase seca, cada regla absurda, cada vaso de agua de limón preparado a las cinco de la mañana.

Santiago pareció darse cuenta de que había dicho demasiado. Su mandíbula se relajó un milímetro. Cambió de tema con la elegancia de quien cierra una puerta antes de que alguien vea lo que hay adentro.

—¿Cómo te fue en el examen?

Valentina parpadeó. El cambio de tono fue tan brusco que casi le dio risa.

—Bien. Creo que saqué arriba de ochenta.

—¿Crees?

—Estuve estudiando hasta las dos de la mañana.

—No deberías desvelarte.

—No deberías tirarle paletas a la gente, pero aquí estamos.

La sombra de una sonrisa. No en sus labios — Santiago no sonreía así como así — sino en el aire alrededor de él, como cuando una habitación se ilumina un poco sin que puedas señalar de dónde viene la luz.

El resto del camino hablaron de cosas normales. Del examen. De que Isabel quería llevarla a un mercado de antigüedades el sábado. De que Rosario había aprendido a hacer enchiladas suizas sin crema porque Valentina prefería las verdes.

La tensión se disolvió. Casi.

---

Esa noche, a las once, en la terraza del tercer piso, el celular de Santiago sonó.

**Mateo**: Ey

**Mateo**: Pregunta rápida

**Mateo**: ¿Te gusta tu hermanita?

Santiago miró la pantalla. Luego marcó.

Mateo contestó al primer timbre.

—Antes de que digas nada...

—Di eso otra vez y te rompo la cara.

—Eso es un sí.

—Mateo.

—Santi, llevo conociéndote desde los ocho años. Nunca, NUNCA, te he visto mirar a nadie como la miraste en el restaurante. Y ella te dio su WhatsApp en tres días pero al tenista ese le sonríe en cinco segundos y tú casi le prendes fuego al auto. ¿Tú crees que yo soy tonto?

Silencio.

—No es lo que piensas —dijo Santiago.

—¿Y qué es?

Santiago se quedó mirando los limoneros de la terraza. Las hojas se movían con el viento nocturno. El olor era dulce y agrio al mismo tiempo, como todo lo que tenía que ver con ella.

—Es complicado.

—No es complicado. Te gusta. Te ha gustado desde que tenía cuatro años y le dabas cuerda a una caja de música para que no llorara. La diferencia es que ahora tiene dieciocho y tú ya no puedes esconderte detrás de "es mi hermanita."

Santiago cerró los ojos.

—Buenas noches, Mateo.

—Buenas noches, Santi. Y para que sepas: no te voy a romper la cara. Pero tampoco te voy a dejar mentirte a ti mismo.

Colgó.

Santiago se quedó en la terraza con el celular tibio en la mano y el viento moviendo las hojas de los limoneros que había plantado a los diez años, cuando una niña de cuatro se fue en un avión y él se prometió que, si algún día volvía, iba a tener un lugar que oliera a ella.

No durmió esa noche. Otra vez.

1
Equipo Motorola
buenos días escritora, enamorada de tu historia, felicitaciones
Lineth: bonito
total 1 replies
Equipo Motorola
excelente historia felicitaciones escritora
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play